Las nuevas y muy jóvenes generaciones no conocen nada diferente, nacieron bajo este sistema, que constantemente les refuerza, desde muy disímiles posiciones, la doctrina mercantilista de la felicidad, el distanciamiento de las luchas sociales de toda la gente y la criminalización de la protesta cuando se trata del pueblo entero.
Nuria Rodríguez Vargas / Especial para Con Nuestra América
Desde siempre el ser humano ha anhelado encontrar su propia noción de la felicidad, deseo entendible. En los últimos tiempos, hemos pasado de la aspiración del gobierno del pueblo al gobierno de la felicidad. La escritora Eva IIIouz y el psicólogo Edgar Cabanas explican cómo el concepto abstracto de la felicidad se ha convertido en un valor cuantificable y medible de la mano de la economía y legitimado por instituciones educativas, mediante los estudios de la psicología positiva. Así, se ha convertido en producto por excelencia de los estados, de las universidades y de los mercados. Se ha vendido como apolítica y neutral. Por eso, países diferentes como Estados Unidos, China, Emiratos Árabes Unidos, Inglaterra, India, España, Finlandia, Chile, entre muchos otros, han buscado su implementación en diferentes áreas de sus sociedades.

