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sábado, 20 de noviembre de 2021

El Salvador: reflexiones en el 32 aniversario del asesinato de los jesuitas

 Hoy, la Teología de la Liberación, que era la dimensión ideológica a la que adscribían los jesuitas, ha quedado relegada a espacios en los que su influencia es casi testimonial. Sufrió no solo los embates bárbaros que culminaron en la muerte, como la de los jesuitas de la UCA, sino también la persecución encarnizada de las cúpulas eclesiásticas al interior del aparato de la Iglesia Católica.

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica


El asesinato de los jesuitas en El Salvador hace 32 años muestra la vorágine en la que se encontraba Centroamérica en la década de los ochenta. Los hechos sangrientos, seguramente sin parangón en América Latina, dejaron en nosotros, los centroamericanos, una huella indeleble que hoy vivimos como una marca que nos distingue no necesariamente de forma positiva en el mundo.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Con los mártires de la UCA, hoy.

El martirio de los jesuitas nos interpela para repensar y revitalizar sus contribuciones a la filosofía y las ciencias sociales, como herramientas necesarias en el análisis de los problemas que nos agobian actualmente, en los contextos de desigualdad, exclusión, violencia, pobreza y desesperanza que caracterizan a toda Centroamérica.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

Ignacio Ellacuría (1930-1989).
Recientemente se conmemoraron 27 años del asesinato de los sacerdotes jesuitas Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín-Baró, Segundo Montes, Amando López, Joaquín López y López y Juan Ramón Moreno, acribillados a tiros en el centro pastoral del campus de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) en San Salvador, donde ejercían la docencia. El crimen fue organizado por altos mandos del ejército salvadoreño y perpetrado por soldados del batallón Atlacatl, en la madrugada del 16 de noviembre de 1989. La Comisión de la Verdad que investigó los crímenes cometidos durante la guerra de 12 años en El Salvador (1980-1991), estableció que el de los jesuitas constituyó un caso ilustrativo de la violencia del Estado y sus agentes contra los opositores al régimen cívico-militar.

sábado, 17 de noviembre de 2012

El Salvador: Días de dolor y compromiso

A 23 años del asesinato de los jesuitas, si queremos ubicar bien a los mártires en nuestra realidad y ubicarnos nosotros bien ante ellos, hay que situarlos junto a los pobres y las víctimas. Ese fue el lugar que escogieron los mártires de la UCA para realizar su misión desde la vocación universitaria.

Carlos Ayala Ramírez* /  ALAI

Memorial a los mártires de la Universidad Centroamericana
En la madrugada del 16 de noviembre de 1989 fueron asesinados a tiros, en el campus de la UCA, seis sacerdotes jesuitas, una cocinera y su hija de dieciséis años. Las víctimas: los padres Ignacio Ellacuría, rector de la Universidad; Ignacio Martín-Baró, vicerrector; Segundo Montes, director del Instituto de Derechos Humanos; Amando López, Joaquín López y López y Juan Ramón Moreno, todos ellos profesores de la UCA; y la señora Julia Elba Ramos y su hija, Celina Marisela Ramos.

Según el Informe de la Comisión de la Verdad, el entonces coronel René Emilio Ponce, en la noche del 15 de noviembre de 1989, en presencia de y en confabulación con el general Juan Rafael Bustillo, el entonces coronel Juan Orlando Zepeda, el coronel Inocente Orlando Montano y el coronel Francisco Elena Fuentes, dio al coronel Guillermo Alfredo Benavides la orden de dar muerte al sacerdote Ignacio Ellacuría sin dejar testigos. Con ese fin se utilizó una unidad del batallón Atlacatl que dos días antes había sido enviada a reconocer y registrar la residencia de los sacerdotes.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Los mártires de la UCA. Exigencia y gracia.

Los mártires, ellos y ellas, nos confrontan con nosotros mismos sin escapatoria, iluminan las realidades más profundas de nuestro mundo y lo que hay que hacer con él. Tenemos que enfrentarnos a los ídolos que exigen víctimas en el tercer mundo, aunque sus raíces más hondas están en el primero, y tenemos que trabajar por revertir la historia, y salvar así a una civilización que está gravemente enferma, como decía Ignacio Ellacuría.

Jon Sobrino / ADITAL

Hace veinte años asesinaron a mis hermanos jesuitas de la UCA, a Julia Elba y Celina. Yo estaba en Tailandia, y de regreso a El Salvador tenía que pasar por San Francisco. En el aeropuerto me esperaban, con rostros impávidos, Steve Prevett y Peggy O’Grady. En las calles de San Francisco, con un parlante en la mano, Paul Locatelli condenaba los asesinatos, y Tessa Rouverol le acompañaba. Me trajeron a la universidad de Santa Clara. La comunidad me acogió como a un hermano y en ella pasé varias semanas. Al llegar me encontré con ocho cruces plantadas delante de la Iglesia. Y cuando un desalmado las arrancó, Paul Locatelli inmediatamente las volvió a plantar. Nunca lo olvidaré. Por eso, ahora tengo un sentimiento de "volver a casa".

Sobre estos mártires quiero hablarles, con agradecimiento por lo que fueron e hicieron, pero también con la convicción de que es vital mantenerlos vivos y de que sería fatal dejarlos morir. Los mártires, ellos y ellas, nos confrontan con nosotros mismos sin escapatoria, iluminan las realidades más profundas de nuestro mundo y lo que hay que hacer con él. Tenemos que enfrentarnos a los ídolos que exigen víctimas en el tercer mundo, aunque sus raíces más hondas están en el primero, y tenemos que trabajar por revertir la historia, y salvar así a una civilización que está gravemente enferma, como decía Ignacio Ellacuría, a un mundo en trance de muerte, como dice Jean Ziegler. A los cristianos los mártires nos señalan, mejor que nada y sin temor a equivocarnos, el camino a seguir. Son los que más nos empujan al seguimiento de Jesús y mejor nos introducen en el misterio de su Dios.

En el mundo que llamamos de abundancia la palabra "mártir" produce extrañeza, incluso repulsión, pero entre nosotros -y aquí asoma la paradoja cristiana- también produce luz, ánimo y agradecimiento. Por eso no debiéramos permitir que la palabra "mártir" pierda su vigor. Debe mantenerse como referente cristiano y social insustituible para humanizar a este mundo. Exactamente como la cruz de Jesús. Por esa razón hablaré ahora sobre los ocho mártires de la UCA.

Para ponerlo en un contexto, no sólo académico, sino humano, comienzo recordando cuál fue la reacción ante sus muertes de dos personas bien conocidas. Uno, el Padre Arrupe. Cuando los mataron, estaba ya en cama prácticamente sin poder pronunciar palabra ni comunicarse. Cuenta el enfermero que, al darle la noticia, "el Padre Arrupe se echó a llorar". Era todo lo que podía hacer, pero en el llanto el Padre Arrupe se dio a sí mismo por entero. El otro, Noam Chomsky. Al cumplir 80 años en marzo de este año, un periodista le preguntó qué le daba fuerza para continuar en la lucha. "Imágenes como ésa", respondió. Y señaló con la mano un cuadro en el que aparece el arzobispo Romero y los seis jesuitas de la UCA.

Estos seres humanos tocan las fibras más hondas de cualquier persona honrada. Son un referente vivificante. Ciertamente los seis jesuitas. Y también Julia Elba y Celina, aunque éstas siempre nos dejan sin palabra. En ellas se hace presente el mysterium iniquitatis. Leer más...