La paz de Piedad, es epicentro de muchas solidaridades, amistades y organizaciones, creación, extensión humanista en su propio ser y fuente ella misma de beligerancias simbólicas ordenadas bajo el mandato de la realidad. Muchos aprendimos a ver, con Piedad Córdoba, la síntesis de la revolución con los afectos más sinceros.
Fernando Buen Abad Domínguez / LA JORNADA
A Piedad Córdoba le tocaron todas las adversidades juntas y secuenciadas. Su vida y obra son insistencia que milita sus convicciones revolucionarias para “transformar el mundo” con su capacidad única de amar la paz para su pueblo y para todos los pueblos. Eso es imborrable. Se trata de una militancia y brújula, de pasiones concretas y espíritu con magia, sentidos, unión, elección, explosiones... y dolores. Y lucha de clases. Una convicción incómoda para la burguesía.
