sábado, 15 de septiembre de 2018

¿Argentina o Venezuela? Esta es la cuestión… del imperialismo (II)

Decir que el neoliberalismo está fracasando nuevamente en Argentina es por lo menos inexacto, porque para esa concepción de la economía el éxito no está asociado a bienestar social o popular, sino a la eficiencia en la acumulación de capital en manos de los más ricos.

Gregorio J. Pérez Almeida / Para Con Nuestra América
Desde Caracas, Venezuela

En nuestro anterior artículo, afirmábamos que en los planes imperialistas, Argentina y Venezuela eran dos trenes que corrían en direcciones contrarias: una hacia el éxito y la otra hacia el fracaso, pero advertíamos que las cosas no estaban saliendo como Washington esperaba, porque ni les estaba funcionando la guerra económica contra Venezuela ni el neoliberalismo grosero de Macri.

Sin embargo, para ser consecuentes con nuestra visión crítica con Marxdefondo, debemos examinar estos conceptos de “éxito” y “fracaso” cuidadosamente al aplicarlos a los programas económicos neoliberales, porque para este “virus” como lo llama Samir Amin, estos términos significan todo lo contrario de lo que simbolizan en una concepción marxista y socialista.

Decir que el neoliberalismo está fracasando nuevamente en Argentina es por lo menos inexacto, porque para esa concepción de la economía el éxito no está asociado a bienestar social o popular, sino a la eficiencia en la acumulación de capital en manos de los más ricos. Desde esta perspectiva, miremos algunos datos para ejemplificar nuestra tesis.

El Observatorio de la Deuda Externa de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET), en Buenos Aires, afirma lo siguiente en su informe del 26 de febrero 2018:

“Desde que Mauricio Macri asumió la Presidencia, las emisiones de deuda totalizaron 132.969 millones de dólares […] De ese total, el Tesoro Nacional emitió 108.173 millones de dólares (76.032 millones fueron en moneda extranjera), las provincias 12.336 y las empresas privadas 12.459 millones.
Según el informe, la fuga de divisas totalizó 82.087 millones de dólares, salida que supera toda la emisión en moneda extranjera del tesoro nacional” (https://www.pagina12.com.ar/97989-deuda-externa-sin-freno-para-financiar-la-fuga)

Prestemos atención al monto del las divisas “fugadas”: 82.087 millones de dólares, es decir se llevaron hasta febrero, el 61,72% del total de la “deuda soberana” que, para el día de hoy, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Inec), asciende ya a 250 mil millones de dólares.

La pregunta obligatoria es: ¿Quién se llevó y se sigue llevando los dólares y para dónde los lleva? La historia del neoliberalismo confirma que se los llevan lxs mismos que generan la deuda hacia sus propias arcas en bancos y empresas en el extranjero, en palabras criollas: los macristas se pagan y se dan el vuelto, con intereses y regalías, a costillas del pueblo argentino. Y nunca más le devolverán un céntimo, ¿O es que alguien ha visto a un zamuro regurgitar la carne que se come?

Desde esta realidad descrita, preguntemos por el significado de los términos “éxito” y “fracaso”: ¿Fracasó el neoliberalismo en Argentina o fracasó el pueblo que eligió a Macri como alternativa al kirchnerismo? Para lxs capitalistas argentinos y sus socios extranjeros ha sido todo un éxito, porque en muy pocos años han multiplicado sus capitales.

El neoliberalismo aplicado por Macri (y cualquier otro) no se puede valorar desde los intereses y expectativas de sus promotores y beneficiarios sin contrastarlo con los intereses y expectativas de sus víctimas, que son, si se puede decir, sus ingenuos agentes: quienes votaron por él confiando en sus ofertas electorales.

Lo que muestra claramente el caso argentino, es que el capitalismo es “exitoso” mientras mantiene su hegemonía, es decir, mientras sus víctimas, explotados y excluidos, están dominadas ideológicamente y no encuentran contradicciones entre sus intereses y los de sus explotadores. Cuando se debilita la hegemonía, en tiempos de crisis generadas por el capitalismo, como esta que sufre Argentina, entonces se despiertan con los golpes de la realidad económica y deciden confrontar a sus victimarios, como lo hicieron en 2001 y lo está haciendo en 2018… Y lo hicimos lxs venezolanos en 1989. Y esta es la gran diferencia entre ambos procesos.

La hegemonía capitalista en Venezuela, se rompió definitivamente ese año y aunque la mediática mundial hable del “fracaso” del modelo “populista” o “socialista” impuesto por Chávez y continuado por Maduro, más allá de los indicadores económicos y sociales reconocidos por organismos multilaterales, hay un indicador determinante e incontestable: el apoyo del pueblo consciente que les ha dado 22 victorias de las 24 elecciones que se han realizado desde 1999.

Precisamente, la victoria de Chávez surgió en el seno de la resistencia violenta del pueblo venezolano al neoliberalismo. Resistencia que encontró continuidad en la rebelión militar en febrero de 1992, en la Constitución de 1999, en las leyes habilitantes de 2001 y en las políticas sociales que representan el 60% del presupuesto nacional.

Para los pueblos conscientes, no hay éxito político sin resistencia antiimperialista, sin defensa de la soberanía y la independencia, no otra cosa explica que el gobierno de Nicolás Maduro Moros, haya ganado cuatro elecciones entre octubre 2017 y mayo 2018, en medio de los más inhumanos estragos provocados por la guerra económica y la violencia terrorista.

La derecha ha gobernado históricamente con coitos interruptus que definen sus períodos electorales: cada cuatro o cinco años simulan un cambio de gobierno que promete mejorar la vida del pueblo. Cuando la izquierda gobierna, tiene que poner en práctica planes a largo plazo para reconstruir la economía y la sociedad en su conjunto que van avanzando progresiva y continuamente, por lo que la derecha las acusa de “dictaduras”, pero los pueblos conscientes, como el venezolano, tienen la capacidad política para diferenciar a sus gobiernos de los de las burguesías.

Este es el indicador irrefutable del éxito del proyecto chavista en Venezuela y debería serlo para cualquier otro gobierno en el mundo.

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