Nada más sintomático de los tiempos que corren que las dos visitas que realizaron funcionarios del gobierno de Estados Unidos esta semana.
Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica
Eso sí, para los grandes gigantes corporativos norteamericanos no hay restricciones. Todo lo contrario, porque, a estas alturas, las dos más grandes economías del mundo se encuentran tan imbricadas que no les queda otra que colaborar entre ellas.
Así que la comitiva llega para eso, para hacer negocios, y en las enormes mesas de los banquetes se sientan quienes de facto manejan el mundo, los que tienen acaparada la riqueza y no tienen empacho en comportarse como tales, aunque se salten las reglas del protocolo de los anfitriones.
Con ellos saben que tienen valladares que no se pueden saltar, y el jefe de la delegación norteamericana se deshacer en cumplidos y lisonjas, pero en Cuba su comportamiento es otro: ahí envían a un funcionario menor después de haber tomado todas las medidas para asfixiarla.
Se muestra la lógica del gobierno norteamericano, insolente con unos y lisonjero con otros. Con el que no pueden vencer, hartas reverencias, con el que está exhausto, a punto de la inanición, con ínfulas de gallo del gallinero.
Quienes -todavía muchos en nuestra Latinoamérica- ven con admiración y aplauden como focas este comportamiento ayuno de toda ética, vergonzoso, sucio, inaceptable, deben andar con pies de plomo: en cualquier momento se puede volver contra ellos porque es totalmente utilitario, y uno nunca sabe en qué momento la ruleta de las ocurrencias de Trump se detiene en nuestro número y atrás viene el hachazo. Es lo que están viviendo los que lo apoyaron fervorosamente para que llegara a la presidencia, y hoy son perseguidos por el ICE.
Desde América Latina uno no puede dejar de pensar en esa población hambrienta de Cuba cuando ve las opíparas comidas con las que se agasaja a la comitiva norteamericana en China. Viendo tanta injusticia uno llega a comprender esa luz que el cristianismo pone después de la muerte, la de que, en algún momento, aunque sea en el más allá, habrá justicia.

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