sábado, 24 de octubre de 2026

Elecciones presidenciales en Brasil: La superioridad dialéctica de Lula

 El presidente saliente Lula ganó ampliamente el debate presidencial frente a su adversario de extrema derecha, Flávio Bolsonaro, antes de la segunda vuelta del 25 de octubre de 2026.

Salim Lamrani / Para Con Nuestra América
Desde La Réunion

Durante casi dos horas, Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, confrontaron sus proyectos para el futuro de Brasil. El debate se inclinó claramente a favor de Lula, quien hizo gala de toda su experiencia, su dominio de los temas, su agilidad para responder y su capacidad para poner a su adversario frente a sus propias contradicciones.
 
Desde el principio, Lula puso de manifiesto las debilidades del candidato de extrema derecha en materia de seguridad. Bolsonaro afirmó que adoptaría una política de tolerancia cero, calificaría a las organizaciones criminales como grupos narcoterroristas y reduciría la edad de responsabilidad penal a 16 años. El presidente saliente no dejó de señalar varias contradicciones. Bajo la presidencia de su padre, Jair Bolsonaro, cerca de un millón de armas de fuego y mil millones de municiones entraron en circulación en Brasil con la aprobación del Estado entre enero de 2019 y enero de 2022. ¿Cómo se puede afirmar que se pretende aplicar una política de mano dura contra el crimen organizado mientras se favorece la circulación de armas de fuego en el país?
 
Interrogado sobre las cuestiones económicas y sociales, Lula destacó su balance de gestión. Cuando llegó al poder en 2003, el país se encontraba prácticamente en bancarrota, con reservas nacionales inexistentes y una deuda pública muy elevada. Durante sus dos mandatos, no solo pagó la deuda de 30.000 millones de dólares contraída con el Fondo Monetario Internacional, sino que también dejó 270.000 millones de dólares en reservas nacionales, además de alcanzar un crecimiento económico del 7,5% en 2010. Insistió en su política de redistribución de la riqueza, en la creación de la figura del microemprendedor, de la que se beneficiaron 17,5 millones de personas, en el acceso al sistema bancario para 40 millones de brasileños que hasta entonces carecían de este servicio, en sus políticas de inclusión social que permitieron a los pobres y a las minorías acceder a la universidad, así como en la mayor demarcación de tierras indígenas desde la presidencia de Fernando Henrique Cardoso. Por su parte, su adversario se limitó a prometer que ayudaría a los brasileños a pagar sus deudas, al tiempo que lanzaba un ataque personal contra Lula, a quien acusó de corrupción: «Le quitaré a Lula para darles a ustedes».
 
Frente a esta promesa electoral, Lula recordó los antecedentes antisociales de Flávio Bolsonaro. En 2009, había sido el único diputado de la Asamblea Legislativa del estado de Río de Janeiro, de un total de 55 parlamentarios, que votó en contra de una ley que permitía ampliar la licencia de maternidad de las empleadas públicas. Interrogado al respecto, el candidato de extrema derecha se negó a responder y prefirió desviar la atención multiplicando las acusaciones contra su adversario. Así, afirmó que la tasa de criminalidad se había disparado durante el tercer mandato de Lula. Sin embargo, según el portal Aos Fatos, que realizó una minuciosa verificación de las declaraciones de ambos candidatos, «este indicador no se disparó durante el tercer mandato de Lula. Por el contrario, la tasa viene disminuyendo desde 2021».
 
El presidente saliente hizo gala de su agilidad de respuesta en lo que sin duda quedará como el momento más destacado del debate. Al negarse a responder las preguntas precisas de Lula sobre los escándalos de corrupción en los que está implicado, Bolsonaro volvió a intentar desviar la atención con la siguiente pregunta: «¿Puede explicar por qué el 73% de los presos votó por usted?». La réplica fue inmediata: «¡Quisiera que el 100% de ellos votara por mí, incluido su padre!», en referencia al expresidente de extrema derecha condenado a 27 años de prisión por un intento de golpe de Estado tras su derrota electoral de 2022.
 
En materia de salud, el candidato Bolsonaro prometió crear un expediente médico electrónico, pero el portal Aos Fatos reveló que «Brasil ya dispone de sistemas que cumplen esa función». También propuso tomar como modelo para el país el Hospital Einstein, cuyo director sería nombrado ministro de Salud. Lula no dejó pasar esta reveladora declaración: «Quiere privatizar el Sistema Único de Salud» del país, que se basa en la universalidad, la gratuidad y la atención integral de los servicios médicos.
 
El poder adquisitivo también ocupó un lugar central en el debate. Frente a las promesas del candidato de extrema derecha, Lula recordó las estadísticas: durante el mandato de Jair Bolsonaro, el aumento acumulado de los precios de los alimentos superó el 56%, mientras que bajo su gobierno se limitó al 16%. Sobre este punto, el candidato Flávio Bolsonaro anunció su intención de aprobar una ley que permitiera a los brasileños vender productos por Internet y administrar tiendas en línea, hasta que Aos Fatos reveló que esta posibilidad ya existe desde… 2016.
 
La política exterior también ocupó un lugar destacado en los intercambios. Lula interrogó a su adversario sobre sus relaciones con la administración Trump y le preguntó si tenía intención de entregar a las empresas estadounidenses los yacimientos minerales y las tierras raras del país. Negándose a responder, Bolsonaro justificó su apoyo al Escudo de las Américas, una iniciativa militar y de seguridad lanzada por Washington en el continente, que se inscribe en la reafirmación de la doctrina Monroe en detrimento de la soberanía de los Estados y reúne, entre otros, a los gobiernos de extrema derecha de Argentina, Chile, Ecuador y El Salvador.
 
El presidente Lula demostró claramente su superioridad en todos los terrenos durante este debate previo a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Frente a los incesantes ataques personales de su adversario, destacó su balance de gestión, puso de manifiesto las contradicciones del candidato de extrema derecha y recordó al pueblo brasileño que los hechos cuentan más que las promesas.

 

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