sábado, 24 de octubre de 2026

Un mundo en disputa: La crisis de la civilización humana es la crisis del sistema capitalista mundial

 La sociedad nueva, distinta al capitalismo decadente, se está construyendo en las luchas de las clases trabajadoras y la juventud en todo el mundo que resisten los embates de las injusticias contra los derechos humanos y sociales, contra las políticas represivas, contra la destrucción y saqueos promovidos por el capitalismo internacional.

Olmedo Beluche / Para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá
 
Una crisis multidimensional amenaza el futuro de la humanidad
 
Crisis social creciente empujada por la polarización de la riqueza en pocas manos y la pobreza entre las mayorías; una juventud sin futuro, víctima del desempleo estructural insuperable a la que se la ha robado el derecho a una vida digna y a jubilarse; fracaso estrepitoso del Estado moderno en garantizar servicios básicos de calidad para su población (vivienda, salud, empleo, educación, etc.); descreimiento creciente en la democracia liberal burguesa y sus instituciones; crisis del sistema de relaciones internacionales entre Estados; cambio climático irreversible y deterioro ambiental; crecimiento de proyectos políticos reaccionarios y antidemocráticos que amenazan con retroceder al siglo XIX los derechos conquistados por las generaciones precedentes (Roberts, 2026).
 
Esa crisis multidimensional que amenaza el futuro de la humanidad y la vida en planeta Tierra tiene un nombre: el sistema capitalista internacional. Estamos sufriendo la agonía de una forma de organización social, política, económica, moral basada en el objetivo de la ganancia capitalista y no en el bienestar de las mayorías; un sistema que obedece a una racionalidad instrumental egoísta e individualista. "El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos", ha dicho Antonio Gramsci hace cien años.
 
Un mundo en disputa, la gente lucha y resiste
 
La contracara de esta crisis es la resistencia de la clase trabajadora, de la juventud y los pueblos del mundo que con sus luchas frenan el deterioro de sus derechos y calidad de vida que impone el capitalismo decadente en todos lados. La juventud, cuyo presente y futuro está amenazado, sale masivamente a las calles a luchar en todos los países: Francia, España, Albania, Argentina, Estados Unidos, India, etc. 
 
Los objetivos varían, pero el enemigo es el mismo: el sistema capitalista, que se roba el financiamiento de la educación, la salud, el empleo, las pensiones en favor de la banca o la industria de armamentos.
 
Esa resistencia que produce enormes movilizaciones populares, en algunos lados guerras civiles, posee una debilidad respecto a las luchas que libraron nuestros abuelos: la ausencia de un proyecto político alternativo claro. 
 
Es contradictorio, puesto que al no haber un proyecto político alterno al que mirar, prevalece en gran medida el escepticismo y la incertidumbre; pero, por otro lado, en las luchas juveniles y populares en defensa de los derechos económicos, sociales, políticos y reproductivos el enemigo es el mismo, por ende, sigue faltando la dirección política que, con inteligencia, eduque a quienes luchan que la defensa consecuente de la democracia y los derechos pasa por cambiar el orden social y políticos. “Socialismo o barbarie”, dijo hace cien años Rosa Luxemburg.
 
La guerra y el genocidio, la cara más violenta del imperialismo capitalista
 
La manifestación más dramática de esa crisis son las guerras que se desarrollan en diferentes regiones del planeta: Medio Oriente, Ucrania, África, etc. Guerras que reviven amenazas nucleares, por parte de Estados Unidos e Israel contra Irán, entre la OTAN y Rusia. Otra cara de la guerra lo es el moralmente insoportable y descarado genocidio de Israel contra el pueblo palestino con el apoyo activo de Estados Unidos y la Unión Europea.
 
La inversión en armamentos crece a un ritmo inversamente proporcional al que decrece el gasto social. El armamentístico y el energético son los únicos sectores de la industria a los que les va bien. Varios países reviven el servicio militar obligatorio, Alemania se rearma. La guerra es la respuesta de la casta dirigente del sistema para intentar frenar la decadencia de la “civilización capitalista”.
 
La guerra tiene por objetivo, al igual que en las dos guerras mundiales del siglo XX, controlar fuentes de materias primas, principalmente energéticas (petróleo, litio, tierras raras) y de controlar mercados cautivos procurando expulsar los productos e influencias de potencias competidoras. La guerra también sirve al desgaste social y económico de países que amenazan la hegemonía de la cabeza y los músculos del sistema capitalista mundial: Estados Unidos y sus aliados vasallos de la OTAN.
 
Criminalidad y represión, dos caras de la misma moneda
 
Donde no hay guerra directa la crisis capitalista va imponiendo una “propaganda de guerra” permanente, contra supuestos enemigos y amenazas fantasmagóricas (como el terrorismo o el narcotráfico, los migrantes, se califica a la izquierda, el socialismo, el comunismo, el antifascismo como “terrorismo”), lo cual pretende justifica un estado de represión constante, de coerción a las libertades políticas y demandas sociales, con aumento de los presupuestos policiales a costa de los sociales. 
 
El sentimiento de inseguridad, incertidumbre y miedo difundido por los medios de manipulación de masas y las redes sociales contra esos supuestos “enemigos que nos amenazan” es el caldo de cultivo en que crecen las propuestas político-electorales de la extrema derecha en todo el mundo.
 
Como el sistema capitalista es incapaz de cumplir las demandas sociales de bienestar y vida digna, solo puede responder con represión. Mega cárceles al estilo de Bukele, redadas masivas y violentas al estilo “ICE”, perfilamiento racial y social de quienes deben ser reprimidos, utilización de las últimas tecnologías, como la Inteligencia Artificial en el oficio de vigilar y castigar a la ciudadanía, son parte de las respuestas del sistema capitalista decadente a su crisis creciente. Pero eso no bastará cuando los pueblos se subleven, recodemos que la Rusia zarista era una enorme cárcel con decenas de miles de condenados (como escribía Tolstoi en alguna de sus novelas) poco antes de estallar la Revolución de 1917 (Manera, 2026).
 
Hambre, pobreza, desempleo son el pan de cada día para la mayoría de la humanidad
 
Otras manifestaciones dramáticas de la crisis civilizatoria capitalista lo son: la creciente desigualdad social que se expresa en el crecimiento desmesurado de la riqueza en manos de un pequeño sector de la sociedad y el crecimiento exponencial de la miseria entre la mayoría de las personas (UN, 2025). 
 
Esa polarización se produce tanto entre clases sociales a lo interno de los Estados nacionales, como en lo externo entre países capitalistas dominantes (imperialistas) y naciones dependientes. Las enormes olas migratorias que se están produciendo son una expresión de este fenómeno, por el cual millones intentan sobrevivir dirigiéndose a los polos de acumulación de riqueza en los países del “norte”.
 
La vida en el planeta Tierra está amenazada, por el capitalismo
 
El planeta Tierra, el espacio de la naturaleza en que habita la especie humana, también sufre y está bajo amenaza: calentamiento atmosférico, con sus violentas manifestaciones climáticas, producto del consumo masivo de fuentes de energías contaminantes para la industria; polución a escalas enormes de los mares con materiales plásticos y otros tipos de desechos industriales; métodos extractivistas de saqueo de las fuentes de todo tipo de minerales, o de enormes plantaciones de monocultivos, que se cargan ecosistemas y bosques completos que son irremplazables; una de las mayores extinciones masivas de plantas y animales en poco tiempo (Gaynor, 2020). 
 
Todo ello es producto de una economía capitalista irracional que, como advirtiera Carlos Marx, tiende a la destrucción de sus dos fuentes de riqueza, la naturaleza y la clase trabajadora.
 
Un proyecto ultra reaccionario amenaza la democracia y los derechos humanos
 
La crisis capitalista también crea a sus actores sociales y políticos: la ignorancia supina, la desfachatez, la vulgaridad, la violencia verbal, la franqueza brutal de sus objetivos antisociales y antihumanos, caracteriza desde Donald Trump, cabeza de esa “internacional de la extrema derecha”, hasta los Miley, De la Espriella, Bolsonaro, Abascal, etc.
 
La internacional ultraderechista, cuya cabeza dirigente está integrada por la burguesía dueña no solo de la banca y la industria tradicional, junto a los políticos de los partidos derechistas y fascistoides, también incluye a los tecnócratas dueños de poderosas redes sociales, tecnologías inteligentes, como la Inteligencia Artificial, y centros de datos gigantescos que pretenden contralar no solo la información, sino también reescribir la verdad (Santos, 2025).
 
Ellos sostienen un proyecto que aspira a no solo retrotraer los derechos sociales y económicos, como viene haciendo el neoliberalismo desde hace 40 años, sino que pretenden llevarnos de vuelta a etapas previas a la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), borrar los derechos alcanzados por las mujeres (políticos, económicos, sexuales y reproductivos) para volver a la supuesta “familia tradicional”, así como los derechos de la población LGBTI, e incluso las “minorías raciales” a las que ven como amenazas.
 
Doctrina Monroe y corolario Trump, una respuesta a la decadencia de Estados Unidos
 
Tanto la actualización de la Doctrina Monroe (“América para los americanos”) realizada por el presidente Donald Trump, a la que se ha llamado “corolario Trump” o Doctrina Donroe, así como la emisión de su nueva Doctrina de Seguridad Nacional, de noviembre de 2025, no son otra cosa que una respuesta violenta a la decadencia económica y política del imperialismo estadounidense, especialmente en su competencia con la creciente influencia de China (Beluche, 2025).
 
La actualización de la Doctrina Monroe expresa claramente que Estados Unidos influirá, por las buenas o por las malas, para cerrar el espacio del “hemisferio occidental” a potencias extracontinentales que pretendan adquirir recursos estratégicos como el petróleo, litio o tierras raras, o influir sobre pasos estratégicos, como el Canal de Panamá. Ese mensaje alude a una potencia competidora, China, con la cual Estados Unidos viene perdiendo espacio en la economía mundial en las últimas décadas.
 
La aplicación consecuente de esta doctrina por el gobierno norteamericano encabezado por Donald Trump ha tenido efectos dramáticos en América Latina: empezando por el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa, la diputada Cilia Flores; el estrechamiento del bloqueo y cerco de hambre contra Cuba; la intervención descarada y fraudulenta en los procesos electorales de Argentina, Honduras, Ecuador, Perú, Bolivia, Colombia y Brasil para  imponer candidatos de ultraderecha dóciles a las políticas del imperialismo yanqui, etc.
 
En general, la política de castigos arancelarios, incluyendo aliados históricos como la Unión Europea o Canadá, así como la promoción de la reindustrialización de Estados Unidos, responden al intento del sector gobernante norteamericano de frenar la pérdida de competitividad de las exportaciones norteamericanas producidas por la política de la globalización neoliberal de la fase anterior. En esta política proteccionista coinciden tanto republicanos como demócratas en ese país (Katz, 2025).
 
 
Ni los BRICS, ni el “progresismo” representan alternativas reales porque son parte del sistema
 
Los regímenes antidemocráticos que gobiernan los llamados BRICS, contrario a lo que creen algunos ilusos, no son la alternativa a la crisis sistémica capitalista, sino la otra cara de la misma moneda. Porque, si bien es mejor un mundo multipolar a un mundo unipolar, los regímenes totalitarios de Putin, Xi Jinping, Mori, etc., no expresan una sociedad distinta a la que aspirar sino a lo sumo un capitalismo de Estado, al estilo chino, muy antidemocrático. De hecho, las estrechas relaciones diplomáticas y económicas de Venezuela y Cuba, con China o Rusia ni siquiera les ha servido como contención a las agresiones por parte Estados Unidos (Toussaint, 2026).
 
En el caso de Latinoamérica los hechos recientes muestran una crisis de lo que se ha llamado el proyecto político “progresista”. No es casual que algunos gobiernos progresistas han dado paso a gobiernos ultraderechistas en procesos electorales, aunque manipulados mediante sofisticadas tecnologías, pero expresando los límites e inconsecuencias del llamado “progresismo”. 
 
El problema es que, en su mejor etapa (2006-2015), estos gobiernos realizaron programas sociales importantes (basados en la redistribución capitalista de ingresos), sin tocar los intereses de las burguesías nacionales, apelando a los buenos precios de las exportaciones de materias primas, como el petróleo. 
 
Agotada esa fase (de los buenos precios de los commodities), el progresismo, al querer actuar como la cara amable del capitalismo, sin tocar la esencia del sistema, no ha logrado resolver los problemas sociales de fondo por los cuales la gente los eligió, con lo cual han retrocedido electoralmente hasta ceder el poder a proyectos derechistas. 
 
En algunos casos, como Nicaragua o Venezuela, la degeneración del progresismo original ha llevado a esas direcciones políticas a aplicar directamente proyectos neoliberales apoyándose en la represión, con lo cual se convirtieron en lo opuesto de lo que supuestamente representaban.
 
En las luchas de resistencia se construye a trompicones el proyecto alternativo que, a la larga será socialista, o no será 
 
La sociedad nueva, distinta al capitalismo decadente, se está construyendo en las luchas de las clases trabajadoras y la juventud en todo el mundo que resisten los embates de las injusticias contra los derechos humanos y sociales, contra las políticas represivas, contra la destrucción y saqueos promovidos por el capitalismo internacional.
 
La alternativa a la crisis sistémica capitalista que estamos padeciendo es la resistencia de la clase trabajadora, de los pueblos, de las naciones originarias, de las mujeres, de la juventud, de la población LGTB, etc., que defienden un modelo social basado en los derechos humanos, económicos y sociales, los derechos de la naturaleza para todos los seres vivos del planeta.
 
Esa resistencia heroica es la que impide que el proyecto reaccionario del capitalismo se imponga. Esa resistencia en las calles, que adquiere diversas formas en diferentes países: el máximo sacrificio lo está poniendo el pueblo palestino este momento, así como la resistencia de los hutíes e iraníes frente a la agresión sionista y norteamericana, o los pueblos del Sahel africano que enfrentan al imperialismo francés, o del Congo que luchan por su subsistencia e independencia frente a los interese imperialistas mineros (europeos, norteamericanos y chinos)
 
Esa resistencia también incluye desde la lucha estudiantil en Francia, y toda Europa, en la India o Argentina, pasando por la lucha por la vivienda en España, los trabajadores indígenas de Bolivia, a quienes se movilizan en Brasil, Colombia, etc. 
 
La nueva sociedad a la que debemos aspirar surgirá de la defensa feroz y principista de los derechos democráticos, sociales y humanos por los que lucha la gente en todos lados. La lucha principista por defender y aspirar a una “vida digna” para todos y todas es la semilla con la que se podrá edificar un mundo nuevo. 
 
Ello requiere una vanguardia consciente que se ponga al frente de las movilizaciones en las calles, pero que también lleve la lucha a los parlamentos y todos los escenarios que presenten, ayudando a la clase trabajadora a desenmascarar a las propuestas políticas que son enemigas de esos derechos o que simplemente son inconsecuentes en su defensa (Albamonte, 2026).
 
La sociedad nueva, que está por construirse, no puede ser sino socialista, es decir, donde los medios de producción estén controlados por el conjunto de la sociedad para someterlos a una lógica que beneficie y promueva la riqueza de la colectividad, y no de una minoría, lo cual implica la preservación de la naturaleza para las generaciones humanas que nos sucederán. 
 
No se puede desconocer las enormes posibilidades de la economía socializada. Ahí están los progresos sociales indiscutibles de las revoluciones rusa, china, vietnamita, yugoslava, cubana antes de degenerarse burocráticamente. Habrá que partir de esas experiencias, valorando sus aportes positivos, como los enormes errores cometidos, pero las presentes generaciones no deben desconocer los atisbos de prosperidad que probó la socialización de los medios de producción.
 

Bibliografía
 
Albamonte, M. M. (27 de septiembre de 2026). Pensar la estrategia revolucionaria en el siglo XXI. Izquierda Diario.
Beluche, o. (22 de enero de 2025). Panamá: las amenazas de Trump y la Doctrina Monroe. Sin Permiso.
Gaynor, T. (2020). El cambio climático es la crisisdeterminante de nuestro tiempo y afecta especialmente a las personas desplazadas. Nueva York: ACNUR.
Katz, C. (27 de febrero de 2025). Proteccionismo a destiempo de Trump. Mundo Obrero.
Manera, C. (20 de julio de 2026). Economía e incertidumbre. Rebelion.
Roberts, M. (17 de septiembre de 2026). De vuelta a Keynes para la "buena vida". Rebelion.
Santos, B. d. (9 de abril de 2025). ¿Qué época es esta? Obtenido de Aporrea: htps://aporrea.org
Toussaint, E. (17 de Septiembre de 2026). Los BRICS e Israel en tiempos de genocidio: cuando el comercio desmiente las condenas. Obtenido de https://rebelion.org
UN. (2025). New UN report warns of globe socialcrisis driven by insecurity, inequality, and distrust. Newww York: Department of Economic and social Affairs.

 

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