Inversiones privadas, muy prósperas para los inversionistas, y
represión garantizada ante la propuesta popular. De eso se trata, y ninguna
otra cosa. La prosperidad parece que deberá seguir esperando para las grandes
mayorías de a pie. Y la migración irregular –supuesta razón de la Alianza para
la Prosperidad– no parece que vaya a terminar con todo este montaje.
Marcelo Colussi / Para Con Nuestra
América
Desde
Ciudad de Guatemala
“Lo que sucede en los países del Triángulo
Norte afecta directamente la seguridad y el interés económico de Estados Unidos
y otros países de la región”.
Rex
Tillerson, Secretario de Estado de Estados Unidos
I
Los
tres países del denominado Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El
Salvador), presentan datos socioeconómicos indicativos de una tremenda
situación para sus poblaciones (entre el 50 y 60% de sus habitantes bajo la
línea de pobreza). A esa pobreza estructural y crónica se suma el hecho que los
índices de violencia delincuencial reinantes (en buena medida producto de ese
estado de empobrecimiento) son alarmantes. Toda la región sufrió en décadas
atrás sangrientos conflictos armados (Guatemala con 245,000 víctimas, El
Salvador con 75,000 muertes, Honduras sirviendo de base de operaciones a la
Contra nicaragüense), lo cual potencia una cultura de violencia asumida como
normal en muy buena medida, dado que los respectivos Estados no han trabajado
adecuadamente las secuelas dejadas por las guerras. Esa explosiva combinación
de pobreza y violencia, sumada a una corrupción e impunidad históricas por
parte de los gobiernos, hacen la vida cotidiana sumamente difícil, por lo que
infinidad de habitantes de la región marcha en circunstancias irregulares a los
Estados Unidos en búsqueda de mejores condiciones de sobrevivencia.

