Gabriel Boric es el presidente con el mayor grado de desaprobación, por debajo de Sebastián Piñera. Según la encuesta Cadem (mayo, 2024), la más prestigiosa en Chile, el apoyo entre los suyos baja de 30 a 24 por ciento y el hastío de la población con su gobierno llega a 70 por ciento.
Marcos Roitman Rosenmann/ LA JORNADA
La crítica política se ha transformado en un sinnúmero de adjetivos. Las descalificaciones por apetencias sexuales, fobias, gustos culinarios, descendencia, estatura, tatuajes, cortes de pelo, han sustituido el argumento. En otros términos, el debate busca inhabilitar a las personas en lugar de contrastar la palabra dada, con los hechos. Es irrelevante si el presidente, sus ministros y cargos públicos son partidarios de la liga antitabaco o antiabortistas. Por contra, si les descubren fumando y practicando el aborto, deja de ser superfluo. Están vulnerando la confianza y dignidad de quienes les votaron. Al hacerlo, están renunciando a los principios declamados. Es el caso del gobierno chileno. Veamos los hechos.



