sábado, 11 de agosto de 2012

Historia ambiental latinoamericana. Nuevos desafíos, nuevas oportunidades.

Hoy, empezamos a entender que el neoliberalismo no creó los problemas que padecemos en la relación de nuestras sociedades con la naturaleza, sino que llevó hasta sus últimas consecuencias la premisas del culto al crecimiento económico como un fin en sí mismo creadas por el liberalismo desarrollista que lo precedió.

Guillermo Castro H. / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá

Una de las debilidades de la historia ambiental latinoamericana radica en su limitado dominio de la economía, que resulta sobre todo de una formación académica organizada en la tríada Ciencias Naturales / Humanidades / Ciencias Sociales. Esta debilidad viene a ser, así, tan importante como la que resulta del limitado dominio del razonar correspondiente a las ciencias naturales, aun cuando en este caso el problema suele ser menos agudo, dada la evidente afinidad de los problemas que interesan a la historia ambiental con aquellos de que se ocupan disciplinas como la ecología.

La economía, en tanto disciplina que se ocupa de la asignación de recursos escasos entre fines múltiples y excluyentes en cambio, ha priorizado en nuestro medio académico los problemas correspondientes a un crecimiento económico incesante, antes que a los relativos a la producción de las condiciones sociales, territoriales y naturales que hacen posible la producción y pueden garantizar – o no – la sostenibilidad del desarrollo de la especie que somos. Esta tendencia, ya presente en el desarrollismo liberal entre 1950 y 1970, vino a adquirir rasgos cuasi patológicos en los años de hierro del pensamiento único neoliberal.

La intervención imperial en Siria. Marco regional y global.

Siria es una pieza fundamental para el control primario del Medio Oriente, región rica en recursos energéticos, incluyendo el agua dulce de los Ríos Tigris y Éufrates y por su ubicación geográfica. Quienes pretenden mostrar lo que ocurre en Siria como una guerra civil, en realidad de lo que están hablando es de lo que quisieran que aconteciera.

Sergio Rodríguez Gelfenstein / Especial para Con Nuestra América
Desde Caracas, Venezuela

Los medios de prensa occidentales se han apresurado en informar que el gobierno sirio vivía sus últimos días. Sin embargo, las cosas parecen estar cambiand: el domingo pasado, citando un cable de la Agencia Francesa de Prensa, el periódico El Tiempo de Bogotá informó en una nota: “Bastión rebelde sirio, acorralado”.

Lo más increíble de esta situación es constatar cómo Estados Unidos y Europa, ahora con el apoyo de las monarquías árabes,  manejan a su antojo y tergiversan los patrones del comportamiento democrático para –sin inmutarse- imponer “soluciones particulares” a un problema que lo ven como general. Así, produjeron recambios en Túnez y Egipto, invadieron Libia, antes lo habían hecho en Afganistán e Irak, acusan al gobierno sirio de estar constituido por una minoría religiosa, pero en Bahréin,  donde ocurre lo mismo, apuntalaron la grosera y brutal entrada de los tanques sauditas que reprimieron a la población causando muchos muertos entre la población civil. En Yemen, trataron hasta el final de sostener el régimen, para que, cuando esto se hizo imposible, hacer una transición acorde a sus intereses.

Economía y medallas

En muchos países de América Latina las políticas sociales han variado radicalmente desde los noventa y se han realizado grandes esfuerzos para mejorar las condiciones de vida de los habitantes y, sobre todo, luchar contra la pobreza. Sin embargo, para que esto se vea reflejado en el resultado de los Juegos Olímpicos falta mucho.

Roberto Utrero / Especial para Con Nuestra América
Desde Mendoza, Argentina

El triunfo olímpico también es expresión de políticas
públicas y una cultura de promoción del deporte.
En algún momento en mi época de profesor de secundaria, tuve la peregrina y no muy original idea, de intentar incentivar el interés de los alumnos por la materia que dictaba, Política Económica y, para ello, viendo que los jóvenes estaban entusiasmados con los juegos olímpicos de Atlanta, cruzamos producto bruto per cápita, gasto social (extraído del mismo) y resultado en el medallero. Me hago cargo del grosero método y la torpeza de emplear las estadísticas en tal empeño, en la remota pretensión de dejar algo.

Con sorpresa fuimos advirtiendo, incluido yo mismo, que Cuba superaba de lejos a los grandes de América Latina, Argentina, Brasil y México. Cuba en Atlanta 1996, se ubicó en 8vo. lugar, luego de EEUU, Rusia, Alemania, China, Francia, Italia y Australia, con 25 preseas (9 de oro, 8 de plata y 8 de bronce). En tanto los tres grandes, Brasil, en puesto 25, con 15 preseas (3 – 3 – 9), Argentina, puesto 54, con 3 medallas (0 – 2 – 1) y México, en el puesto 72 con una medalla de bronce.[1]

Comparando los gastos del gobierno central, entre 1986 y 1992, según UNICEF, los porcentajes del mismo para Salud, Educación y Defensa eran Argentina: 3(salud), 10 (educ) y 10 (def); Brasil: 7, 3, 4; Cuba: 23, 10, 0 y México: 2, 14, 2. La inversión de Cuba en salud y educación era lejos, la más elevada y, si a esto le sumábamos la promoción al deporte, la cuestión estaba clara. [2]

Comentarios de un deportista amateur

La práctica deportiva en tanto desarrollo sistemático de habilidades y destrezas físicas, en tanto recreación sana, ocupa indudablemente un lugar importante entre las construcciones humanas; pero secundario si se la compara con el peso específico que ha ido adquiriendo su profesionalización. El deporte, desde hace ya varias décadas, y cada vez más, se ha tornado 1) gran negocio, y 2) instrumento de control político.

Marcelo Colussi / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala

"El espíritu amateur que se pusiera en marcha con la reedición moderna de los Juegos Olímpicos de la mano del Barón Pierre de Coubertin en 1896 en Atenas, ya no existe. El deporte, por cierto, no nació como actividad profesional; distintas sociedades, a su modo, lo han cultivado a través de la historia, siempre como culto a la destreza corporal. La profesionalización y su transformación en gran negocio a escala planetaria es algo que solo el capitalismo moderno pudo generar", declaró hace unos años un funcionario del Comité Olímpico Internacional. Por supuesto, eso le valió su expulsión.

Hablar de "amateurismo" en el deporte hoy puede ser motivo de risas, de escarnio, por no decir causa para ir al manicomio (que es una forma elegante de sacar de circulación a quien no encaja en los patrones normales, quizá algo menos violento que ir a la cárcel). Es más: muchos jóvenes ni siquiera escucharon jamás el término "deporte amateur" en toda su vida. Y pronunciarlo ahora, en medio de la fiebre olímpica que invade el planeta (culto a la hiper-profesionalización y al mercado de atletas), hasta podría pasar por un absoluto absurdo.

Venezuela: “Son tantas las emociones”

Razón y emoción se encuentran en este desborde de cariño por el líder que superó la enfermedad, que conmovió a su pueblo feliz de verlo hablar durante 2 horas bajo el sol, sin ninguna manifestación de debilidad. Verlo afirmar que el camino socialista para Venezuela solamente es posible si el pueblo es capaz de garantizarlo.

Theotonio Dos Santos / ALAI

El presidente Chávez visitó el estado Zulia
el pasado 21 de julio, como parte de su campaña.
Nuestras oligarquías están acostumbradas a desvalorizar el rol de la emoción en la actividad política.  Les gusta descalificar a los líderes con apoyo popular. Fidel habla demasiado. Hugo Chávez apela a la jocosidad, al baile, etc. Correa es más moderado pero también es muy emocional. Lula juega con su pasado popular y se vuelve burlesco. Evo Morales usa trajes  indígenas que desentonan en las recepciones formales. Mujica, además de usar zapatos empolvados, se hace pasar por hacendado pobre. Cristina Kirchner trata de imitar los vestidos “exagerados” de Evita Perón. 

Cuanto más liderazgo muestren   se les descubrirá este aire popular y romántico que, según ellos, pertenece al mundo de la demagogia y no al de los “jefes de Estado”. Los jefes de Estado usan trajes sobrios, hablan moderadamente y no cumplen sus compromisos electorales, pues no son demagogos que hacen lo que el pueblo exige. A las oligarquías les duele así el mundo democrático, las victorias electorales de los “demagogos” y sus diálogos con las fuerzas populares organizadas, aún después de electos. No lo confiesan, pero les duele incluso el juego democrático norteamericano, pero frente a esto se quedan tranquilos, porque sus líderes no pretenden cumplir sus promesas electorales.

Por esto me siento obligado a establecer un marco romántico y emocional para describir mi último viaje a Venezuela. No puedo dejar de consignar el sentimiento de victoria popular y el placer de contar con su líder otra vez. ¿Por qué no apelar entonces a la música de Roberto Carlos?:  ¿“Son tantas las emociones”?

Bolivia antes y después de Evo

En siete años Bolivia erradicó el analfabetismo, su economía ha crecido a un promedio de 4.7 por ciento anual, casi sextuplicó sus reservas internacionales de divisas, duplicó el PIB por habitante y dejó de ser aquel Estado mendicante, calificado de fallido, que dependía de la ayuda internacional hasta para pagar a sus empleados públicos.

Ángel Guerra Cabrera / LA PUPILA INSOMNE

Evo Morales, presidente de Bolivia.
En Bolivia una exigua minoría opulenta oprimía y negaba sus derechos humanos básicos a aimaras, quechuas, guaraníes y otros pueblos originarios que forman la mayor parte de la población. Mucho menos les reconocía sus derechos colectivos a la identidad cultural, la autonomía y el territorio. 90 por ciento de la población rural vivía en la pobreza y el país disputaba a Haití y Honduras  el peor desempeño  en la región por su índice de desarrollo humano.   Las empresas públicas creadas por la revolución de 1952 fueron privatizadas a precio de remate en cumplimiento de las directivas del Consenso de Washington mediante disposiciones anticonstitucionales y escandalosos negocios armados entre la oligarquía y las transnacionales. Valga este ejemplo para ilustrar el saqueo: sólo el presidente neoliberal Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-97; 2002-03) hizo una fortuna superior a los 250 millones de dólares a expensas de las privatizaciones, del desempleo ocasionado por estas a decenas de miles de trabajadores, de la entrega de los recursos naturales y la soberanía nacional y la sangrienta represión contra los movimientos que rechazaban estas políticas.

América Latina: Entre el qué hacer y los cambios

“Existe una alternativa al capital”, dice Isabel Rauber, autora del libro “Revoluciones desde abajo”. Pero no se trata de una cuestión de fe sino, como muestra en esta charla, una manera de rastrear las reacciones de los pueblos ante la realidad.

Miguel Russo / Miradas al Sur

La investigadora Isabel Rauber.
Acaba de publicar un libro que se llama Revoluciones desde abajo y, bajo el subtítulo “gobiernos populares y cambio social en Latinoamérica”, hace foco en los desafíos culturales de la región. Mientras prepara su nueva ponencia en un nuevo congreso europeo que, como los de todo el mundo, la tiene como presencia inevitable a la hora de hablar de América latina, Isabel Rauber se hace un tiempo para un cortado en el bar de la esquina del Congreso. Y con el cortado, la charla.

–¿Qué cambios culturales deben hacerse para llevar adelante la pelea con el postcapitalismo?

–Yo siempre hablo desde el pie de América latina, que es donde vivo y desde donde dialogo con los movimientos sociales. Desde allí busco el porqué de la gran derrota de los ’70 y los ’80 en la región y la desaparición del sistema socialista mundial como el fin de las alternativas. En ese tiempo del eterno capitalismo, emergen en el continente nuevos movimientos sociales fuertes: Chiapas, que es el que más llama la atención por su cuestión mediática; el Movimiento Sin Tierra, de Brasil; el movimiento indígena de Bolivia, que era muy fuerte aunque desconocido por cierta prensa de izquierda.

Qué reclamar al capitalismo neoliberal en crisis

El gran desafío es cómo procesar la transición rumbo a un mundo postcapitalista liberal, entendido como un sistema social que esté orientado por el Bien Común de la Humanidad y de la Tierra, que sustente toda la vida y que exprese una relación nueva de pertenencia y de sinergia con la naturaleza y con la Tierra.

Leonardo Boff / Servicios Koinonia

La crisis del neoliberalismo ha alcanzado el corazón de los países centrales que se arrogaban el derecho de conducir no solo los procesos económico-financieros sino también el propio curso de la historia humana. Es la crisis de la ideología política del estado mínimo y de las privatizaciones de los bienes públicos, pero también del modo de producción capitalista exacerbado en extremo por una concentración de poder como nunca antes se había visto en la historia. Estimamos que esta crisis tiene carácter sistémico y terminal.

El genio del capitalismo siempre ha encontrado salidas para su propósito de acumulación ilimitada. Para eso ha usado todos los medios, inclusive la guerra. Ganaba destruyendo y ganaba reconstruyendo. La crisis de 1929 se resolvió no por la vía de la economía sino por la vía de la Segunda Guerra Mundial. Ese recurso parece ahora impracticable, pues las guerras son tan destructivas que podrían exterminar la vida humana y gran parte de la biosfera. Pero no estamos seguros de que, en su insania, el capitalismo no use este medio.

Expropiando a los expropiadores

En plena crisis está cobrando forma una clase integrada por los más oprimidos, los del sótano, que van descubriéndose entre sí y van develando los modos y formas de la opresión, hasta mostrar a la luz pública a los expropiadores. Cuando los de abajo se atreven a gritarle a la cara a los de arriba –nos enseña James C. Scott– es porque ha llegado el momento de las grandes y contundentes acciones.

Raúl Zibechi / LA JORNADA

Militantes del Sindicato Andaluz de Trabajadores
irrumpieron en supermercados para llevar alimentos
a los comedores social afectados por los recortes.
Las crisis suelen ser momentos de honda creatividad colectiva que, en buena medida, consisten en ir más allá de lo establecido, inventando formas de acción que superan las constricciones y los límites que impone el sistema. La más importante, la que marca el límite que los de arriba no están dispuestos a tolerar, es la acción colectiva y directa para resolver problemas de la vida cotidiana: alimentación, vivienda, salud, empleo y educación.

Los obreros organizados en el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), en el sur de España, ingresaron el martes pasado en grandes supermercados (Mercadona, Carrefour), llenaron carros con alimentos y salieron a repartirlos en comedores sociales donde acuden desocupados e inmigrantes. Desde hace 15 días el SAT mantiene ocupada una finca del Ejército reclamando la cesión de tierras a los agricultores que estén pasando hambre.

Se conmemora el bicentenario de las primeras cartas magnas en América Latina y el Caribe: 1812-2012

Del 11 al 15 de diciembre, se realizará en La Habana el Coloquio Internacional Bicentenario de las primeras constituciones latinoamericanas, que organiza la Sección Cubana de la ADHILAC, y cuyo objetivo es reflexionar sobre las constituciones y su papel en la historia posterior de América Latina.

Raquel Marreno Yanes / Granma

Sergio Guerra Vilaboy, historiador cubano
Este año conmemoramos el aniversario 200 de las primeras constituciones de los países latinoamericanos. Fue en 1812 cuando se aprobaron las cartas magnas fundacionales de las actuales repúblicas de Ecuador (Quito), el 15 de febrero; Colombia (Cartagena), el 15 de junio; y Chile el 27 de octubre. Ello abrió el proceso de consolidación institucional de los nuevos estados como parte de la lucha por la independencia.

A propósito de estos acontecimientos, Granma conversó con el doctor Sergio Guerra Vilaboy, presidente de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC), quien, además, es el secretario ejecutivo del Grupo Nacional del Bicentenario de la Independencia de América Latina.

En Buenos Aires —explica—, el 8 de octubre de 1812, las tropas de José de San Martín derrocaron al gobierno moderado exigiendo “Independencia y Constitución”. Este proceso se inició en Caracas, el 21 de diciembre de 1811, con la aprobación de la Constitución de la República de Venezuela, la primera en establecer un estado independiente.

sábado, 4 de agosto de 2012

Desde que el mundo es mundo, la unión hace la fuerza

Las iniciativas para construir la tan ansiada aproximación entre nosotros mismos, la integración, son posibles por la presencia de una nueva generación de políticos con conciencia latinoamericanista.

Rafael Cuevas Molina /Presidente AUNA-Costa Rica

La unión hace la fuerza en nuestra América.
La reciente integración de Venezuela al MERCOSUR permite la conformación de un bloque económico poderoso regido por aspiraciones latinoamericanistas como no se había visto nunca en nuestro subcontinente.

Es, por lo tanto, uno de los signos más esperanzadores de los tiempos que vivimos.

Desde el siglo XIX, cuando accedimos a la independencia política de España y se conformaron los estados nacionales en nuestras tierras, una desiderata ha estado presente siempre, la de una unión similar a la que pudieron mantener los territorios otrora bajo dominio lusitano, pero que en nosotros no fue posible.

Las fuerzas centrípetas que ya venían de la administración colonial, los interés creados en las mismas guerras de independencia y los estrechos horizontes de los mandamases regionales (aquellos a los que Martí ridiculizó en su ensayo Nuestra América: “Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea…”) dieron al traste con lo que era una de las aspiraciones máximas del Libertador quien, al morir en Santa Marta en diciembre de 1830 y ver la fragmentación y las pugnas de todos contra todos, solo atinó a decir: “He arado en el mar”.

La integración estratégica de nuestra América

Los cambios que hoy tienen lugar en el Mercosur, y los temas de debate que allí se han instalado en los últimos meses, confirman que hay una transformación en curso: el paso del paradigma economicista dominante en los años noventa del pasado siglo, al nuevo paradigma de la integración independiente y multidimensional de nuestra América.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

La Cumbre del Mercosur en Brasilia formalizó el
ingreso de Venezuela a ese organismo regional.
El ingreso de Venezuela al Mercosur, formalizado el pasado 31 de julio en la Cumbre de Brasilia, es más que la simple apertura de una plaza para el comercio en América del Sur: constituye una acción estratégica de la mayor importancia, enmarcada en las grandes líneas de la política exterior suramericana –en sus expresiones progresistas y nacional-populares- y en lo que el exrepresentante de este organismo, Samuel Pinheiro Guimaraes, definió hace unos días como “la disputa por [la] influencia económica y política en América del Sur y de su futuro como región soberana y desarrollada”, frente al proyecto de libre comercio panamericanista de los Estados Unidos.

Desde el Congreso Internacional de Washington de 1889, esta pretensión de los Estados Unidos de imponer y afirmar su hegemonía a través del comercio ha sido uno de los ejes fundamentales de las relaciones interamericanas. “Nunca hubo en América Latina, desde la independencia, un asunto que exigiese más conocimiento, que obligase a más vigilancia, que demandase un examen más claro y minucioso, que la invitación cursada por los Estados Unidos, poderosos, desbordantes de productos invendibles y determinados a extender su dominación en América”, escribió José Martí, en una de sus crónicas para el periódico argentino La Nación, relatando su experiencia de aquel cónclave[1].

Derrota del imperio: Venezuela ingresó al Mercosur

Comienza una nueva y decisiva etapa, en donde a un conjunto de países sudamericanos grandes productores de alimentos -y, en los casos de Argentina y Brasil, poseedores de una importante base industrial y significativas riquezas mineras- se le agrega la mayor potencia petrolera del planeta: Venezuela.

Atilio A. Borón / Para Con Nuestra América
Desde Buenos Aires, Argentina

En el día de ayer [31 de julio] se ratificó en Brasilia el ingreso de Venezuela al Mercosur. De este modo el bloque comercial sudamericano se refuerza tanto cuantitativa como cualitativamente. Lo primero, porque agrega a un nuevo socio con un producto bruto estimado -por el World Economic Outlook del FMI en paridad de poder adquisitivo- en 397.000 millones de dólares. Es decir, se agrega una economía de un tamaño ligeramente superior a la de Suecia. El Mercosur agrandado cuenta ahora con un producto interno bruto total de 3.635.000 millones de dólares, lo que lo convierte en la quinta economía del mundo, sólo superado por Estados Unidos, China, India y Japón, y claramente por encima de la locomotora europea, Alemania.[i]

Cualitativamente hablando la incorporación de Venezuela significa integrar a un país que, según el último anuario de la OPEP, dispone de las mayores reservas certificadas de petróleo del mundo, habiendo desplazado de ese sitial a quien lo ocupara por varias décadas: Arabia Saudita.[ii] Además, desde el punto de vista de la complementación económica de sus partes el Mercosur luce como un espacio económico mucho más armónico y equilibrado que la Unión Europea, cuya fragilidad energética constituye su  insanable talón de Aquiles y una fuente permanente de dependencia externa.

Venezuela: La demencial política internacional de Capriles

Los últimos años marcan un cambio radical respecto de la presencia de Venezuela en el mundo, con los efectos positivos que esto ha tenido en el funcionamiento de la economía y en el mejoramiento de las condiciones de vida de los ciudadanos. Todo eso se perdería si volviéramos al pasado de sumisión colonial e imperial que ofrece el candidato de la derecha Capriles Radonsky.

Sergio Rodríguez Gelfenstein / Especial para Con Nuestra América
Desde Caracas, Venezuela

En 1998 Venezuela era un país que poseía un marco muy estrecho en sus relaciones internacionales. Visto de otra forma, sus vínculos con el mundo –más allá de con cuántos Estados tuviera relaciones- se orientaban casi exclusivamente a ser un apéndice de la hegemonía estadunidense, lo cual se manifestaba en el aspecto político y también en el económico.  Nuestro papel en los organismos multilaterales siempre fue opaco, restringido y poco protagónico.

Eso comenzó a cambiar con la llegada del presidente Chávez al poder, se reorientaron las  prioridades, se diversificaron los mercados para nuestros productos de exportación, en primer lugar -por razones obvias- para el petróleo, se privilegiaron las relaciones sur-sur,  se puso de relieve la necesidad vital de la integración latinoamericana y caribeña, se reavivó la OPEP, se jugó un protagonismo trascendente en la creación de nuevos mecanismos de integración como Alba, Petrocaribe, Unasur, Celac y el Banco del Sur y hemos hecho los mayores esfuerzos por entrar a Mercosur con el objetivo de ser partícipes y pugnar por relaciones económicas de otro tipo entre los países de la región. Por otro lado hemos abierto vínculos con innumerables países de África, Asia,  los que en el pasado  -salvo en muy escasas excepciones- prácticamente no existían en el quehacer cotidiano de nuestra diplomacia.  Hemos establecido relaciones de equidad con centros de poder mundial como China, Rusia y Europa, dejando atrás la dependencia unilateral hacia Estados Unidos.

Partidos políticos y dinero

En países como los latinoamericanos, privilegiar el financiamiento  privado ahonda más lo que ya estamos observando: campañas multimillonarias de fuentes oscuras y hasta ilícitas, poderes ocultos que resultan determinantes, corrupción incontrolable, anulación de lo público ante lo privado, grandes medios de comunicación enriquecidos por una política televisiva y radiofónica que privilegia las guerras de lodo.

Carlos Figueroa Ibarra / Especial para Con Nuestra América
Desde Puebla, México

En un contexto  en el cual  el sector  más desprestigiado desde hace muchos años en América latina son los partidos políticos y la clase política, el tema del financiamiento de los primeros  ha cobrado importancia. El argumento que escucho frecuentemente en los medios de comunicación electrónicos y escritos, es que los partidos políticos no deben recibir  subsidios estatales para  realizar sus funciones porque los contribuyentes no debemos  estarles pagando a una bola de zánganos. Y hay que reconocer que el argumento tiene consistencia: los partidos en mi experiencia se han convertido en grupos de interés cada vez más alejados de los intereses de los ciudadanos. Sus dirigencias tienen su principal interés en conservar cotos de poder, influencias y dinero. Los partidos han dejado de ser lo que eran antaño: agrupaciones  articuladas ciertamente en torno a intereses económicos y sociales  y por ello mismo articulados en torno a intereses políticos e ideológicos. Comparemos a los grandes partidos de la Guatemala de hace 50-60 años con los actuales y veremos claramente la diferencia. La ultraderecha anticomunista contaba con el Movimiento de Liberación Nacional, el pensamiento social cristiano tenía a la Democracia Cristiana, la socialdemocracia tenía una vertiente de derecha en el Partido Revolucionario y una de centro izquierda en la Unidad Revolucionaria Democrática y sus siglas sucesoras. Finalmente en la clandestinidad y fuertemente reprimido, el comunismo se agrupaba en el partido Guatemalteco del Trabajo.