Bajo el manto de la Constitución de 2008, Ecuador logró poner fin al
nefasto modelo empresarial (“neoliberal”) y recuperar un activo rol para el
Estado, con una nueva institucionalidad democrática. Además, en la primera fase
gubernamental (2007 hasta 2013), se logró una promoción históricamente inédita
de mejores condiciones sociales y laborales. Pero no se ha edificado ningún
“socialismo”.
Juan J. Paz y Miño Cepeda / El
Telégrafo
La Constitución de 2008, vigente en Ecuador, define para el país un
sistema económico “social y solidario”, con una “relación dinámica equilibrada
entre sociedad, Estado y mercado, en armonía con la naturaleza”, para lograr el
“buen vivir” (Art. 283). Reconoce “sectores estratégicos” exclusivos del Estado
(Art. 313); añade que este “podrá delegar la participación en los sectores estratégicos
y servicios públicos a empresas mixtas en los cuales tenga mayoría accionaria”;
y agrega que el Estado “podrá, de forma excepcional, delegar a la iniciativa
privada y a la economía popular y solidaria el ejercicio de estas actividades,
en los casos que establezca la ley” (Art. 316).













