Las contradicciones son
muchas, y amplias las vías por las que pueden transitar desvíos y retrocesos.
Pero cabe la apuesta a construir un proyecto transformador que pueda tener en
América Latina un punto importante de irradiación hacia el resto del mundo.
Siempre es oportuna la
reflexión sobre Gramsci, un hombre de la militancia y el pensamiento que, desde
la cárcel fascista y casi al mismo tiempo en que el pensamiento codificado y
esquemático de la era de Stalin se consolidaba, produjo una visión compleja y creativa
dentro de la tradición marxista, que nos interpela hasta el día de hoy. El
itinerario de nuestros países en los tiempos recientes constituye un acicate
para intentar hacerlo.
La América Latina en lo
que va del siglo XXI inspira lecturas de raíz gramsciana, a partir del devenir
de una crisis multidimensional y de larga duración, uno de cuyos resultados fue
la activa puesta en cuestión del modelo neoliberal, tanto desde el llano como
por parte de algunos gobiernos, con el planteo de un grado de confrontación con
el capital concentrado y excluyente, resuelto a imponer la hegemonía
indisputada del enfoque neoliberal de resolución de las crisis.













