El espacio era el símbolo del futuro y se convirtió en una selfie para pasajeros ricos y narcisistas.
Mariana Enriquez / Página12
Hace unas semanas, un grupo de mujeres hizo un viaje turístico a bordo de un cohete de Blue Origin, la empresa de Jeff Bezos, dueño de Amazon, billonario involucrado en planes espaciales –el otro es Elon Musk con su empresa Space X, que está mucho más avanzada tecnólogicamente--. Las mujeres eran la estrella pop Katy Perry, Lauren Sánchez (la novia de Bezos), la activista Amanda Nguyen, la presentadora de TV Gayle King, la productora Kerianne Flynn y la científica de la NASA Aisha Bowe. Hicieron un vuelo suborbital de once minutos. Fue pura promoción de la empresa con un discurso disfrazado de feminismo pionero, y la respuesta del público fue un bloque de disgusto y enojo. Algo tan problemático, exclusivo y perjudicial para el medio ambiente como el turismo espacial fue difundido como un viaje de amigas divertidas y una conquista de género.











