sábado, 19 de diciembre de 2009

Conocer, para resolver. A veinte años de la invasión de los Estados Unidos a Panamá.

La parte de verdad dejada hasta hoy en el olvido consiste en que - como país, como sociedad y como nación inconclusa – nos enfrentamos a una situación en la que, si por un lado era y es necesario aspirar a una ruptura con las inercias de un pasado más remoto de lo que creemos para abrir paso a un futuro quizás más cercano de lo que imaginamos, por el otro parece evidente que no existe de momento entre nosotros ninguna fuerza capaz de dar respuesta a esa necesidad.
Guillermo Castro Herrera * / Especial para Con Nuestra América (AUNA-Costa Rica)
Desde Ciudad de Panamá
Para Rodrigo Noriega, maestro, amigo, caballero
Dicho en breve, la invasión de 1989 fue un golpe de Estado ejecutado por un ejército extranjero para resolver mediante el uso de la fuerza una crisis política interna en la República de Panamá. Ese golpe incluyó acciones de una violencia desmesurada con respecto a los propósitos utilizados para justificarlo, que dejaron un saldo de víctimas inocentes muy superior al de la violencia política que caracterizó la vida nacional entre 1968 y 1970, primero, y entre 1987 y 1989, después.
En su gestación y en sus consecuencias, por otra parte, la invasión dejó un legado de severas lesiones a la autoestima de los panameños. La invasión, en efecto, culminó un doble proceso cuyos orígenes pueden ser rastreados quizás hasta 1979. A lo largo de esos años, Panamá asistió primero a la destrucción – en virtud primordialmente de sus contradicciones internas – del movimiento de liberación nacional populista que, entre 1970 y 1977, había conducido el proceso de ampliación de los espacios de participación social en la vida nacional y en el acceso a los frutos del desarrollo, que creó la base política necesaria para culminar la liquidación del enclave militar – industrial establecido por el Estado norteamericano en Panamá desde 1903.
Las contradicciones que llevaron a esa destrucción habían empezado a manifestarse antes incluso de la muerte del principal creador y conductor de aquel movimiento, el General Omar Torrijos Herrera. Las luchas fratricidas por el control del Estado entre quienes pretendieron suceder a Omar Torrijos condujeron a la liquidación desde el poder de las bases de apoyo social construidas en la década anterior – las capas medias profesionales, el movimiento obrero, los campesinos pobres -. Con ello, crearon las condiciones políticas para la derrota militar que llevó a la destrucción de unas fuerzas armadas que ya no sabían ni a quien guardar lealtad sin precio ni duda, ni cuál era la patria por la que debían estar dispuestas a darlo todo.
Por otra parte, aquel proceso liquidó la posibilidad de realizar una transición exitosa entre el régimen militar dominante en la década de 1970, y una democracia de base social ampliada, capaz de legitimar y conducir el vasto proceso de transformaciones que el país debía enfrentar a partir de la liquidación del enclave militar – industrial extranjero. El movimiento conservador populista que sostuvo la lucha política contra el régimen militar terminó marginando a sus sectores más avanzados de capas medias profesionales; no supo incorporar a las organizaciones de trabajadores, y redujo las consecuencias prácticas de su propio éxito a la pretensión de instaurar un statu quo imaginario en el que la sociedad era reducida a una vasta empresa comercial, con el Estado como gerencia, la ciudadanía como masa de accionistas, y la fuerza pública como mero instrumento de control social interno.
En suma, si un sector creó las condiciones políticas necesarias para su propia derrota militar, el otro terminó creando las condiciones sociales que han conducido al descrédito político que hoy aqueja y paraliza al régimen de gobierno surgido de la invasión de 1989. Así, la década de 1980 reveló a la sociedad panameña la incapacidad de sus élites para afianzar lo conquistado en el decenio anterior de un modo que permitiera pasar del Pro Mundi Beneficio que adorna el escudo nacional de 1906, a un Pro Domo Beneficio que estableciera finalmente en el Istmo una República capaz de ejercerse con todos y para el bien de todos.
Aun así, nada justifica la ofensiva incesante contra nuestra propia autoestima que promueven aquellos que atribuyen a una supuesta incapacidad de los panameños para ejercerse en República su propia incapacidad para conducirlos en esta tarea. Aquí solo cabe decir, con José Martí, que la incapacidad “no está en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil”, sino en quienes “ponen de lado, por voluntad u olvido”, alguna parte del problema a resolver, y con ello caen a la larga, por la verdad que les faltó,”que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella.”[i]
La parte de verdad dejada hasta hoy en el olvido consiste en que - como país, como sociedad y como nación inconclusa – nos enfrentamos a una situación en la que, si por un lado era y es necesario aspirar a una ruptura con las inercias de un pasado más remoto de lo que creemos para abrir paso a un futuro quizás más cercano de lo que imaginamos, por el otro parece evidente que no existe de momento entre nosotros ninguna fuerza capaz de dar respuesta a esa necesidad. Crear esa capacidad, adecuada a la circunstancia de quienes deben ejercerla – y en primer término de los sectores más sanos de nuestra sociedad, los trabajadores manuales e intelectuales, del campo y de la ciudad, aquellos que saben que “un vaso de agua y un pedazo de pan no engañan nunca” – es la única manera de superar el trauma provocado por los hechos que llevaron a la invasión, y se prolongaron en las consecuencias que se derivan de ella.
Para avanzar en esa dirección, debemos encarar la creación de estas capacidades como una oportunidad de liberación. Y eso implica, muy en primer término, regresar al esfuerzo de conocernos para poder ejercernos. Debemos recuperar y enriquecer esfuerzos como los de Hernán Porras, que nos recordó que las clases sociales están integradas por grupos históricos; de Alfredo Castillero y Ana Elena Porras, que buscan en la construcción de conceptos como los de transitismo e interoceanidad herramientas para conocer y comprender la historicidad de esos grupos; de Marco Gandásegui y de Nils Castro, que tanto han hecho por iluminar las razones de la conducta de las clases sociales integradas a partir de esos grupos; de Manuel Zárate y Rodrigo Noriega, que tanto nos han ayudado a comprender el vínculo entre la política y la cultura en nuestra sociedad; de Ligia Herrera y Richard Cooke, que nos ayudan a entender de maneras insospechadas la riqueza natural y cultural de nuestro medio, y de Xavier Gorostiaga y Rodrigo Tarté, que han contribuido a iluminar de manera nueva nuestras opciones para un desarrollo más equitativo y como tal más sostenible en el futuro.
Esa construcción, como advertía Martí, demandará entrar en la verdad “con la manga al codo, como entra en la res el carnicero”, para dar respuesta a preguntas que nuestra cultura dominante condena al reino de lo que no se debe decir, para no tener que escuchar lo que no queremos oír. La formación de la veta racista que recorre toda nuestra cultura, acentuada por el temor que se alienta hasta hoy a la inmigración afroantillana, asiática y sudamericana a nuestra tierra, por ejemplo, o el hecho de que la negociación de cada uno de los Tratados entre Panamá y los Estados que llevaron a la liquidación del Hay Buneau Varilla de 1903 estuvo precedida por un golpe de Estado, del mismo modo que todos ellos fueron firmados por dirigentes políticos involucrados en esas alteraciones del orden constitucional.
De todas esas preguntas, sin embargo, ninguna tendrá tanta importancia para nosotros como la que se refiere al papel de la violencia en nuestra historia, desde la Guerra de los Mil Días hasta la invasión cuyo vigésimo aniversario conmemoramos hoy, pasando por el sacrificio ejemplar de los Mártires del 9 de enero de 1964, precisamente porque la guerra es forma más extrema de la política – esto es, de la cultura en acto –, y esto hace de la política el elemento decisivo para ejercer o prevenir el ejercicio de la violencia en la vida social.
En la tarea de construcción que nos espera, conocer la verdad nos permitirá entender, en primer término, que no estamos condenados a la salvación ni a la perdición. Pero sobre todo nos ayudará a comprender que sólo la construcción de una sociedad democrática – estos es, de una norma de vida cotidiana e institucional sustentada en relaciones de verdadera equidad – nos permitirá desterrar la violencia de nuestra vida política, y reducir al mínimo su papel como medio de control social.
Hasta entonces, podemos señalar el camino a seguir de la manera más sencilla, poniendo en futuro nuestro himno nacional, y convirtiendo en un mandato para mañana lo que ayer fue compuesto para una celebración: “Alcancemos por fin la victoria, en el campo feliz de la unión / con ardientes fulgores de gloria, se ilumine la nueva nación. / Es preciso arrancar todo velo / del pasado, el calvario y la cruz / y que alumbre el azul de nuestro cielo / de justicia la espléndida luz.
Muchas gracias
*Texto elaborado para la mesa redonda "20 años de la Invasión a Panamá: ¿trauma o liberación?", con la participación de Gilberto Marulanda, Guillermo Castro, Elmer Miranda, Guido Bilbao, Ana Elena Porras y Raúl Leis. Biblioteca Nacional de Panamá, 19 de diciembre de 2009.

NOTA
[i] Martí, José: “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. En Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975 VI, 16 - 17.

¡Bolívar no estaba muerto!

En esta centuria, El Libertador Simón Bolívar es un pensamiento vivo, hecho carne y acción gracias a las luchas libradas por los pueblos de nuestra América, la cual ha comenzado a andar con pasos propios -para escándalo de los herederos de la doctrina Monroe-, en un camino no exento de dificultades.
Homar Garcés / Argenpress.info
Cuando las campanas piadosas de alguna iglesia anunciaron en 1830 el fallecimiento de uno de los tres majaderos más grandes del mundo, sus enemigos fraguaron la idea homicida de borrar para siempre su memoria y su legado histórico, de modo tal que los pueblos que encaminó hacia la libertad fueran presas fáciles de su rapiña insaciable.
Confabulados luego con el incipiente imperialismo anglosajón, la nueva jauría de depredadores se dio a la tarea no alcanzada totalmente de utilizar la figura de aquel singular majadero como el ropaje de legitimidad que requería para el dominio eficaz y permanente de aquellos pueblos irredentos, disminuyendo así el significado fundamental y aleccionador de la gesta libertadora cumplida bajo su guía. De esta manera, al destierro que sufriera en vida, vino a agregársele el más ominoso destino al concedérsele una gloria estatuaria inocua, descontextualizada y vacía, emparentándolo -incluso- con un panamericanismo bajo la égida imperial de Washington jamás compartido por él, ya que su convocatoria a una gran reunión de plenipotenciarios en el Istmo de Panamá estaba dirigida esencialmente a las recién independizadas naciones americanas, excluyendo explícitamente a Haití y a las antiguas colonias británicas.
En esta centuria, El Libertador Simón Bolívar es un pensamiento vivo, hecho carne y acción gracias a las luchas libradas por los pueblos de nuestra América, la cual ha comenzado a andar con pasos propios -para escándalo de los herederos de la doctrina Monroe-, en un camino no exento de dificultades ciertamente, pero con el ánimo y la esperanza suficientes para ocupar el digno sitial que le corresponde y le fuera arrebatado tempranamente por aquellos que siempre se han considerado a sí mismos superiores, tanto los de la vieja como de la nueva Europa. Esta feliz circunstancia histórica representa el despertar nerudiano de Bolívar, convirtiéndose así nuestra América en la vanguardia de las luchas populares a nivel mundial, cuestión que molesta y atemoriza sobremanera a los principales beneficiarios de un modelo de civilización capitalista ya agotado, aunque aún capaz de engullirnos en su loco empeño de destruir al planeta entero para satisfacer sus mezquinos intereses económicos. Por ello, el pensamiento, la acción y el ejemplo del insigne caraqueño se han convertido en un referente histórico altamente subversivo, aún para quienes le invocan, seguros de su nueva ortodoxia.
Pero, hay que resaltar que, así como las elites dominantes aspiraron inútilmente desterrarlo definitivamente de la memoria colectiva de nuestra América, Bolívar se ha hecho ícono irreemplazable en sus múltiples luchas políticas, económicas, sociales y culturales. De nada valió que se aplicara en estas naciones la doctrina de seguridad nacional concebida por el imperialismo yanqui, ni la sumisión vergonzosa de tales elites, asesinando, encarcelando, desapareciendo o exiliando a cientos de miles de mujeres y hombres de distintas edades, cuyo único pecado fue determinarse a hacer realidad los ideales de Simón Bolívar y de otros próceres latinoamericanos y caribeños de una sociedad libre y democrática. De ahí que pretendan cercenar una vez más los sueños y las luchas de los pueblos de nuestra América. Sin embargo, éstos no se detendrán. Hay un camino que comienza a despejarse y tiene en el Libertador la mejor guía para transitarlo exitosamente, sin olvidarse por ello de las acechanzas de los imperialistas del norte y de sus aliados europeos, así como de la necesidad estratégica de la integración continental bajo parámetros absolutamente distintos a los meramente económico-comerciales.
De esta forma, Bolívar vive. ¡No estaba muerto! Su espada -como lo proclama la consigna voceada en todo el continente- recorre la América Latina en un despertar de pueblos que signará, sin duda, el siglo que recién iniciamos.

Obama: regresión y respuesta

En Uruguay y Bolivia la población se anticipó a las arrogantes e insolentes amenazas de Clinton a la ALBA y Mercosur.
Jonh Saxe-Fernandez / http://jsaxef.blogspot.com/
En el primer año de Barack Obama la población latinoamericana fue objeto de agresiones y regresiones militaristas: fue la continuidad de una ofensiva imperial que desde la reactivación de la cuarta flota por Bush, Obama prolonga, recién iniciado su mandato, articulando un artero golpe de Estado en Honduras, país integrante de la Alba; en el acuerdo sobre bases con la Colombia de Álvaro Uribe, así como de aumentos a erogaciones militares en áreas tan sensibles como las asignaciones para las fuerzas especiales; el refuerzo de efectivos y equipo para despliegues simultáneos de las tres armas y más contratos para fortalecer la flota de aguas profundas y de litorales.
A la proyección de la marina sobre las comunicaciones oceánicas del orbe, donde transita la tajada mayor del comercio mundial y de los recursos naturales estratégicos –minerales, combustibles fósiles, etcétera–, se agrega la cuarta flota, un dispositivo para mayor vigilancia y capacidad de interdicción marítima y por lo tanto, del comercio internacional de una región en que todavía prevalece, y se incrementa, la extracción y exportación de grandes volúmenes de recursos naturales.
De paso por el DF en ruta a Puerto España, Obama endosó la Iniciativa Mérida para México y Centroamérica. Su par, el Plan Colombia, es un sangriento esquema contrainsurgente para la intervención y ocupación, que opera bajo la cubierta de la guerra anti-narcóticos y contra el crimen. Estados Unidos abre nuestras comunicaciones terrestres y aéreas y el transporte marítimo intra y extra-regional con la mira en el Amazonas, Orinoco, La Plata, etcétera, y persiste en la disposición de fuerzas militares, para-militares y de ejércitos mercenarios: como en Irak y Afganistán, bajo impulso de guerras de agresión por recursos, condenadas en Núremberg.
En Honduras creció la resistencia al golpe, en medio de ejecuciones extra-judiciales: volvió la democracia de los escuadrones de la muerte. La Casa Blanca apoyó las elecciones bajo la bota militar en contraste notable, cuando agonizaba 2009, con la victoria de la izquierda uruguaya y la relección de Evo Morales a la presidencia de Bolivia, ese paisito pobre al que se refirió un conocido político, aunque la Alemania unificada cabe tres veces en su casi millón de kilómetros cuadrados, repletos de recursos naturales de alto valor estratégico y con una población movilizada a defender y ejercer soberanía sobre cada milímetro de su territorio. Ese proceso no sólo marcó otro hito en Bolivia porque, como dijo Morales, “dejará de existir la denominada media luna para convertirse en luna llena de unidad entre todos los bolivianos”. También mostró a los pueblos que lo que está en marcha va con el paso firme de las fuerzas sociales desatadas por el poder y las contradicciones de la expoliación y represión oligárquico-imperial: fueron decenios de brutal guerra de clase a la que se responde con un ¡basta! por movimientos sociales que andan con ritmo y dirección propios y son gobierno para más de 85 por ciento de la población y territorio de la región. Desde Ecuador dicen: si nosotros no tenemos bases en la Florida, ¿por qué EU va a tener Manta?
En Honduras es la regresión. En Bolivia es un jalón histórico que cimbra por el peso, como dice Alejandro Moreano (eltelegrafo.com) de la permanente movilización social de los pueblos indios, aymaras y quechuas, de las centrales campesinas, de la COB, de los sectores populares de El Alto y las grandes ciudades, y la solidaridad internacional, que en una reunión de UNASUR hizo saber "que no aceptaría la desintegración de Bolivia".
En Uruguay y Bolivia la población se anticipó a las arrogantes e insolentes amenazas de Clinton a la Alba y Mercosur. Bien señala Moreano que “el contundente triunfo de Evo Morales pronunciará la fortaleza de la Alba y la alternativa radical y aislará aún más el espurio régimen hondureño y sus ‘reconocedores’ Panamá, Colombia, Perú y el inefable Mr Obama”.

La desconcertación chilena

Esta “democracia” a la chilena, maniatada y coja, llena de enclaves autoritarios, como bien señala el sociólogo chileno Manuel Garretón, parece también haberse agotado. Y para mayor alarma, en su atrofia creciente va dejando una estela de desencanto entre sectores significativos de la población, especialmente sus nuevas generaciones.
Carlos Rivera Lugo / Semanario Claridad
Soplan aires de cambio en Chile, aunque contrario a lo acontecido recientemente en Uruguay y Bolivia, son más bien de carácter regresivo. Luego de los comicios del pasado domingo en Chile, la Concertación de Partidos por la Democracia, una coalición de fuerzas social-liberales y demócrata-cristianas, se enfrenta al posible final de su predominio político de veinte años al frente del gobierno chileno. Su apuesta decidida por la continuidad del orden político y económico neoliberal legado por la dictadura de Augusto Pinochet, finalmente fue agotando su unidad interna y poder de convocatoria.
A ello se suma el poco atractivo, por no decir mediocre, candidato presidencial, el ex presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, a quien de nada le valió la altísima tasa de popularidad que disfruta la actual mandataria Michelle Bachelet, que alcanza la friolera de casi 80 por ciento. A pesar de ello, Frei sólo fue capaz de cosechar un 29.62 por ciento del voto, frente al 44 por ciento obtenido por el candidato de la derecha, Sebastián Piñera Echenique. Con ello, la derecha, quien ya concentra en sus manos gran parte del poder económico en el país, parece estar próxima a conquistar también la jefatura del gobierno en una segunda vuelta en la que a Frei se le hace bastante cuesta arriba conseguir los veinte puntos porcentuales adicionales que por lo menos le harían faltan para imponerse. “Nos enfrentamos a la posibilidad de que la derecha gane las elecciones y debemos prepararnos para ello”, advertía poco tiempo antes de los comicios el reconocido periodista chileno Manuel Cabieses, director de la revista Punto Final.
Ningún candidato de la Concertación había obtenido menos del 45 por ciento en la primera vuelta de comicios anteriores. Incluso el propio Frei obtuvo en 1993 un 58 por ciento de los votos emitidos. El cuadro se le complicó además por la división sufrida al interior de la Concertación, lo que llevó a la presentación de otros dos candidatos presidenciales: el socialista allendista Jorge Arrate y el joven diputado social-liberal independiente Marco Enríquez-Ominami. Este último obtuvo un sorprendente 20.13 por ciento del voto y el primero poco más del 6 por ciento. Unido el voto de centro-izquierda, éste suma poco más del 53 por ciento del total del voto emitido en la primera vuelta.
Así las cosas, Frei se verá obligado a negociar con Arrate y Enríquez-Ominami, cuyos electores, a pesar de ser críticos de la Concertación, le son imprescindibles para superar a Piñera en la segunda vuelta del 17 de enero.
Si bien es cierto que Arrate declaró en la noche del domingo que está inclinado a pedirles a sus seguidores que voten por Frei en la segunda vuelta, Enríquez-Ominami no ha sido tan claro. Inicialmente, ha entendido mejor dejar a su electorado libre para votar por quien desee: “Ustedes son responsables y sabrán qué hacer en la segunda vuelta, que enfrenta a dos líderes del pasado”. Ahora bien, aclaró: “Mi domicilio es la izquierda progresista y un Gobierno de Sebastián Piñera sería un evidente retroceso histórico para Chile”, agregó. El voto de los electores de Enríquez-Ominami será decisivo para decidir quién se alza finalmente con la victoria, aunque éste ha advertido que si triunfa finalmente la derecha, la única responsable de ello será la propia Concertación por la pérdida del favor de la mayoría del electorado.
Ahora bien, esta “democracia” a la chilena, maniatada y coja, llena de enclaves autoritarios, como bien señala el sociólogo chileno Manuel Garretón, parece también haberse agotado. Y para mayor alarma, en su atrofia creciente va dejando una estela de desencanto entre sectores significativos de la población, especialmente sus nuevas generaciones, sobre todo ante las terribles desigualdades que aún subsisten en el país no obstante el crecimiento económico de los últimos años. La quinta parte más rica se apropia de poco más del 50 por ciento del ingreso nacional, mientras la quinta parte más pobre recibe el 5 por ciento. Chile está entre los quince países con peor distribución de ingreso a nivel mundial.
A este serio déficit democrático le acompaña su incapacidad para reformar el sistema político legado por la dictadura, incluyendo la Constitución, el cual propicia el dominio de los grandes bloques políticos como la Concertación y la derechista Alianza por Chile. Por ejemplo, la actual mandataria ha calificado al sistema electoral como “una camisa de fuerza que consagra un empate artificial y distorsiona la voluntad ciudadana”.
La desafección política resultante se refleja en el hecho de que de los aproximadamente 12 millones de chilenos con edad para votar, sólo un 53 por ciento, es decir, 8,285,186 se registraron y de éstos 6,539,570 (un 53 por ciento) acudieron a las urnas. De los electores inscritos y obligados por ley a votar, se estima que aproximadamente un millón dejó de hacerlo, doscientos mil anularon su voto y otros 80 mil depositaron su voto en blanco. Además, en lo que algunos analistas califican de “envejecimiento” del padrón electoral vigente, sólo poco más de un 7 por ciento de los chilenos entre las edades de 18 a 30 años de edad estaba inscrito para votar. Ello constituye un descenso significativo frente al 35.5 por ciento que representaba dicho sector en 1988. Esto se ha interpretado como otra manifestación de la crisis de representatividad y legitimación del actual sistema político.
Estos comicios han puesto fin a veinte años de exclusión de representación de los comunistas en el Congreso Nacional. Producto de un pacto electoral suscrito por el Junto Podemos Más (coalición en la que está integrada el Partido Comunista, junto con la Izquierda Cristiana) con la Concertación, fueron electos tres candidatos comunistas a la Cámara de Diputados, entre éstos Guillermo Teillier y Lautaro Carmona, su presidente y secretario general. En ese sentido, a cambio de dicha representación congresional, los comunistas aportaron una nueva ampliación de la Concertación hacia la izquierda. En términos generales, la lista pactada entre ambos para la Cámara de Diputados quedó primero con el 44.41%, superando el 43.42% obtenido por la derechista Coalición por el Cambio.
Así las cosas, había quienes, desde la izquierda, se lamentaban de “la servidumbre a un proyecto ajeno”, como calificó Cabieses el apoyo que dicha izquierda chilena resignadamente le seguía prestando a una Concertación en crisis “desgastada por la corrupción y un pragmatismo sin principios”. “Más de lo mismo o algo peor”, constituirse en opción alternativa para la refundación económica y política del país más allá de la actual institucionalidad liberal-capitalista o reducirse al papel de mera rabiza del actual bloque de poder para anidar en sus márgenes. He ahí el dilema que crecientemente consume a la izquierda chilena, en sus diversas manifestaciones: asumir el reto de articular un nuevo proyecto de país, que lo refunda democráticamente, para hacer frente al evidente ocaso de la Concertación y el agotamiento del orden político y constitucional actual.
Algunos observadores internacionales quisieron ver en la candidatura de Enríquez-Ominami, postulada al margen de los bloques hegemónicos, una alternativa refrescante que prometía romper con viejos esquemas ideológicos y prácticos. Sin embargo, a pesar del significativo impacto mediático y de sus impresionantes resultados electorales, Enríquez-Ominami representó una gama indefinida de fuerzas que iba desde sectores de la derecha neoliberal hasta fracciones de una izquierda desafecta de los partidos tradicionales. De ahí las serias contradicciones de su programa electoral y la incertidumbre en torno al peso real de su presencia futura en la nueva coyuntura. Ahora bien, en lo inmediato tiene en sus manos el destino de la balanza política que resultará finalmente de esta contienda electoral.

Clarinada de la cumbre del Alba

Lo principal del Alba no es el PIB sumado de sus integrantes ni el “grado de inversión” otorgado por las fraudulentas calificadoras de riesgo, sino los lazos de equidad, complementariedad y justicia social que cimentan las relaciones entre ellos, la trascendental contribución a su desarrollo facilitada por esos vínculos y el ejemplo que significan para una mayoría de países.
Ángel Guerra Cabrera / LA JORNADA
La VIII Cumbre de la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (Alba), celebrada en La Habana el 13 y 14 de diciembre, marcó un agudo contraste entre el espíritu fraternal y de amor a la naturaleza allí reinante, y el ambiente envenenado por el egoísmo y el desprecio a la vida de los países desarrollados prevaleciente en la Cumbre de Copenhague. Como veremos, fue también una oportuna clarinada.
El Alba (en "El Alba: haciendo historia", La Jornada, 29/6/09 explico por qué uso el artículo masculino “el” en lugar del “la” impuesto por la regla de concordancia) se inició con Cuba y Venezuela en 2004 y a medida que fueron surgiendo gobiernos derivados de otros procesos revolucionarios en el continente se sumaron Bolivia, Nicaragua y Ecuador; también Honduras y tres estados insulares del Caribe anglófono: Dominica, Antigua y Barbuda y San Vicente y las Granadinas.
Lo principal del Alba no es el PIB sumado de sus integrantes ni el “grado de inversión” otorgado por las fraudulentas calificadoras de riesgo, sino los lazos de equidad, complementariedad y justicia social que cimentan las relaciones entre ellos, la trascendental contribución a su desarrollo facilitada por esos vínculos y el ejemplo que significan para una mayoría de países.
En el Alba hay proyectos, en fase de diseño o de producción, como la refinería Camilo Cienfuegos en Cuba, obviamente cuantificables en el orden económico en tanto empresas. ¿Pero cómo valorar en términos de ganancia el más de un millón seiscientas mil personas que han recuperado la vista con la Operación Milagro? ¿O los cientos de miles de alfabetizados en países como Venezuela, Bolivia y Nicaragua, ya declarados territorios libres de analfabetismo, o en aquellos que están por proclamar esa condición? ¿Cómo cuantificar el impacto económico y social del esfuerzo conjunto de Cuba y Venezuela que hace posible la colosal labor de la brigada médica de la primera en Haití? Y es que estas acciones nada tienen que ver con la egoísta “economía de mercado” que no es más que otro nombre para el capitalismo.
Las realizaciones del Alba como mecanismo de integración en sus primeros cinco años son una señal de los tiempos que parecía imposible cuando fue concebido por Fidel Castro y Hugo Chávez. De ello he escrito y seguiré escribiendo en el futuro. Pero en esta ocasión creo más importante dedicar este breve espacio a sintetizar el preciso diagnóstico sobre el estado actual del conflicto entre América Latina y Estados Unidos emanado de los trabajos y documentos de la Cumbre, pues constituye un marco de referencia insoslayable para la afinación por las fuerzas revolucionarias y progresistas de la región, apoyadas por sus intelectuales, de la táctica y estrategia de lucha adecuadas a un momento sumamente complejo y riesgoso de la ruta de nuestros pueblos hacia la conquista de su soberanía y autodeterminación.
En este terreno es iluminador el mensaje enviado por Fidel Castro a Hugo Chávez para ser leído en la reunión, del cual tomo esta idea central: El golpe de Estado en Honduras y el establecimiento de siete bases militares en Colombia son hechos recientes ocurridos con posterioridad a la toma de posesión del nuevo presidente de Estados Unidos. Su predecesor había restablecido ya la IV Flota… Son obvias las intenciones reales del imperio, esta vez bajo la sonrisa amable y el rostro afronorteamericano de Barack Obama.
Mientras, la Declaración Final de la cumbre caracteriza la coyuntura presente de “ofensiva política y militar de los Estados Unidos sobre la región de América Latina y el Caribe, manifestada fundamentalmente por los acuerdos promovidos con países de la región para el establecimiento de bases militares… la amenaza más grave a la paz, la seguridad y la estabilidad de América Latina…”. Y añade que es inaceptable ese incremento de fuerzas con el pretexto de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo “cuando el verdadero objetivo… es el control de los recursos económicos, de los mercados y la lucha contra los cambios sociales en curso”. Complementa esta clarinada el rechazo a las insolentes declaraciones de la secretaria de Estado Clinton en las que blande el garrote contra los países de América Latina que se relacionen con Irak, en particular Venezuela y Bolivia. Los documentos de la cumbre alertan sobre la nueva amenaza yanqui a la que no se le está dando la debida atención en el campo progresista latinoamericano.

Frei Betto: "No hay futuro para la humanidad fuera del socialismo"

"No hay futuro para la humanidad fuera del socialismo, estoy convencido, o sea, compartir los bienes de la tierra y los frutos del trabajo humano. El socialismo es la única manera de crear un marco civilizatorio verdaderamente humano, digno y feliz", dice el fraile dominico en esta entrevista.
Nirma Acosta / LA JIRIBILLA
Frei Betto ha regresado a La Habana. Esta vez, invitado a recibir el Premio ALBA de las Letras[I] durante la inauguración de la primera Casa del ALBA que tuvo lugar en Cuba como parte de las acciones por la celebración de la VIII Cumbre de esta alianza continental.
El escritor y teólogo brasileño[II] tiene más de 50 títulos publicados —ficción, ensayo, memorias, epistolarios— y una intensa labor periodística, pero es una referencia indiscutible su Bautismo de sangre[III], resultado de la investigación y las vivencias juveniles que narra la participación de un grupo de frailes de la Orden de Santo Domingo en la lucha contra la dictadura militar en Brasil[IV]. En 1973, luego de permanecer cuatro años en prisión como consecuencia de su relación con Acción Libertadora Nacional (ALN) liderada por Carlos Marighella, comienza las indagaciones que quedan recogidas en el texto y luego en un filme de Helvecio Ratton [V]. Tardó, según cuenta, unos diez años en escribir esta historia. “Me dolió describir con detalles, la pasión de frei Tito de Alentar Lima, llevado al suicidio en 1974, a sus 28 años, debido a las torturas sufridas en las dependencias del 2º Ejército, en Sao Paulo.”
El fraile dominico ha sido reconocido en dos ocasiones con el Premio Jabuti, uno de los más importantes de su país; fue Jurado del Premio de Ensayo Pensar a Contracorriente y entre sus obras sobresalen, además, De las catacumbas, 1988: La noche en que Jesús nació, La mosca azul, Calendario del poder, Trece cuentos diabólicos y uno angélico, Uala, o amor y El vencedor, entre muchos otros títulos. Visitó la Isla por primera vez en 1981 para ser jurado del Premio Casa de las Américas, y en varias ocasiones ha recalcado que desde muy joven tenía admiración por el proceso revolucionario. “Para mí Cuba era un paradigma”, asegura. No obstante, su encuentro literario con los cubanos fue varias décadas después, en 1985, con la publicación de Fidel y la religión, un libro que ha acopiado elogios y reseñas de lectores de distintos idiomas e ideologías y por el que le distinguieran como Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores. Desde entonces ha mantenido una entrañable relación con la Isla y con Fidel[VI], a quien reconoce como un “ejemplo de hombre nuevo”.
La primera edición de Fidel y la religión va a cumplir 25 años en el 2010. Fue un libro revelador y sigue siendo recurrente al hablar con usted volver a la importancia de ese texto. ¿Qué valores le concede hoy luego de haber sido releído por distintas generaciones y en coyunturas diferentes?
Mi primer encuentro con Fidel fue en julio de 1980, en Managua, durante el primer aniversario de la Revolución Sandinista; en 1981 vine por primera vez a Cuba y ahí se estableció una amistad muy fuerte; en 1985 tuve la oportunidad de hacer el libro. Se han publicado más de un millón de ejemplares en Cuba, y calculo más tres millones en todo el mundo, en 32 países y 23 lenguas. Es un libro que tuvo un impacto muy fuerte porque quitó el prejuicio de los comunistas y el miedo de los cristianos, creó puentes en dos orillas de un mismo río.
El proceso cubano es muy singular pero hasta ese momento, sobre todo en relación con la iglesia católica, no había puentes, había dificultad de diálogo, sospechas recíprocas. Había una característica en Cuba que fue fruto de la general del proceso socialista en el mundo, la declaración del Partido del estado como ateo. En Cuba esto cambió, son laicos como conviene en la modernidad.
El libro tuvo un impacto tremendo porque los cristianos, los creyentes ―no solamente de la religión cristiana sino de otras denominaciones también― históricamente han participado en los procesos revolucionarios, no como un conjunto de iglesias, pero aquí mismo en Cuba están el Padre Sardiñas, José Antonio Saco, Varela. Mucha gente luchaba desde su fe, y en este momento de la entrevista con Fidel era mucho más fuerte por el proceso sandinista, el salvadoreño, los procesos liberadores revolucionarios o no; por ejemplo, en Brasil, las comunidades eclesiales de base eran muy activas en la lucha contra la dictadura. Entonces el libro fue una especie de sacramentalización, porque Fidel fue el primer dirigente comunista que manifestó una visión positiva de la religión, demostrando que la religión no era ontológicamente el “opio del pueblo”, que dependía de la visión religiosa, eso vale para la religión y para cualquier otro aspecto en la vida, vale para la enseñanza, para la medicina...
Hoy, a la luz de los 25 años del libro, es importante subrayar que América Latina vive una primavera democrática y la figura paternal de ese proceso es Fidel; el ejemplo de Cuba y el ejemplo de Fidel han permitido desarrollar en nuestros pueblos una conciencia crítica hacia las dictaduras militares primero y hacia los gobiernos mesiánicos neoliberales después; hoy la mayoría de la gente en nuestros países de América Latina vota por candidatos democráticos populares que no vienen de las oligarquías, incluso que muchos son creyentes y revolucionarios como Lula, Lugo, Correa, Evo, Daniel Ortega, el propio Chávez que es un hombre espiritualista; todo eso es fruto de la visión muy aguda de Fidel de que como decía aquí en Cuba una vez Monseñor Méndez de Arceu, no había incompatibilidad entre cristianismo y revolución; pero en ese momento tampoco había identificación. Las ideas de Fidel en este sentido eran muy revolucionarias y partían sobre todo de su experiencia política.
En un nuevo contexto para América Latina se le concede a Frei Betto el Premio ALBA de las Letras. ¿Qué compromisos entraña este reconocimiento no solo a la obra sino al quehacer de quien ha estado consecuentemente del lado de los desposeídos?
El premio no es propiamente para mí como autor, como escritor, es el reconocimiento de una literatura que procura dar voz y voto a la gente que no lo tiene, una literatura que se encuentra en toda la historia literaria de América Latina: Pablo Neruda, Jorge Amado, Nicolás Guillén, Juan Rulfo, una literatura que tiene como personaje central a los desposeídos, a los pobres, a la gente marginada del continente; es un premio que demuestra que la literatura sí tiene una función social, claro que cuando escribimos ficción no pensamos en transformar nuestra literatura en un mensaje, la ficción no es ni de izquierda ni de derecha, debe ser bella, pero el autor sí tiene que definirse y cuando uno define su obra de alguna manera refleja sus compromisos, su sensibilidad, su ideología, su fe; por eso mi obra literaria, sobre todo la parte ficcional, está muy centrada en este mundo de la gente que es víctima del sistema capitalista.
En este nuevo proceso integrador de América Latina reaparece un golpe de Estado, esta vez en Honduras. ¿Qué reflexiones trae a quien ha vivido la experiencia y sufrido las consecuencias de una dictadura?
América Latina vive su mejor momento desde hace años. En Honduras, es una lástima, se rompió ese proceso de conquistas democráticas de América Latina y ahora vemos que Obama no difiere mucho de Bush, o sea, Obama al reconocer a Micheletti, al legitimar las últimas elecciones, abre precedentes, estimula los sectores más de derecha de nuestro continente a repetir golpes de Estado por ahí. Hay un chiste en Brasil que dice: ¿por qué nunca hubo un golpe de Estado en los Estados Unidos ? Porque en Washington no hay embajada de los Estados Unidos.
Internet además de una ventana al conocimiento se ha convertido en un nuevo espacio de batallas. ¿Qué significados —y usos— debemos darle a esta nueva tecnología?
Hay que aprovechar todos los medios, y la Internet tiene la ventaja de ser un medio muy rápido, muy universal. Es sorprendente la cantidad de personas que accede en todas partes del mundo a los textos que se colocan en Internet, y la Internet refleja las contradicciones sociales, ideológicas y culturales que hay en el mundo; nosotros tenemos que aprovechar y transformar la Internet en una trinchera de utopías, de ideales, de principios, de ética, de sueños de este otro mundo posible del cual el Foro Social Mundial tanto habla. Nuestra misión es utilizar todos los medios, no solamente la Internet, pero la Internet tiene una función muy importante.
Algunos medios construyen las realidades que les interesan sobre Cuba. Las noticas sobre la Isla no escapan de las tergiversaciones y silenciamientos como precio a pagar por haber llevado adelante desde 1959 un proyecto independiente de las reglas impuestas por el imperio. ¿Cuál es para Ud. esa verdad “otra” que no suele publicarse?
Vivimos en un mundo unipolar, hegemonizado por el capitalismo, por el carácter neoliberal del capitalismo, y tenemos que de un lado aprender a convivir con eso y de otro guardar el pesimismo para días mejores, o sea, seguir luchando, sabiendo que, en especial en América Latina, los procesos políticos han avanzado muchísimo en los últimos diez años, desde que Chávez llegó al poder en el 98; entender también que para la gente que vive en países capitalistas como yo, no es fácil mirar una realidad socialista como la de Cuba por otros espejuelos que no sean los del sistema capitalista, la gente hace una transposición automática de lo que ellos viven en sus países como clase dominante.
Por ejemplo, hace poco en una conferencia en Brasilia un señor me dijo que en Cuba no había libertad. Y yo le pregunto: ¿cómo que no hay libertad? Y me dice: Sí, en Cuba la gente no puede salir al exterior, moverse y no sé cuántas cosas más. Yo le digo: Usted tiene un ama de casa, una señora que va a hacer la limpieza todas las semanas. ¿Cuántas veces esa señora ha ido al exterior? Otras preguntas: ¿Esa señora tiene hijos? ¿Usted está seguro de que ese hijo va a llegar a la universidad?, pues yo estoy seguro de que no. ¿Esa señora tiene cultura? ¿Cuál es su grado de escolaridad? ¿Cuando está enferma, esa señora tiene médico, tiene hospital? Esa señora es la mayoría del pueblo de Brasil; en Cuba la gente tiene todo eso, y cuando un cubano individual o comunitariamente, un grupo de ballet, un evento científico, necesita ir al exterior va.
Lo que no hay en Cuba es turismo como lujo individual y evasión de divisas. Nunca había pensado desde esta óptica, me lo han dicho después. Es así, la gente hace esas comparaciones sin percibir que mira a Cuba como si los Derechos Humanos fueran los derechos a ser burgués. ¿Cuánta gente es burguesa? Una minoría en todo el mundo.
¿Sigue creyendo en el socialismo como alternativa?
No hay futuro para la humanidad fuera del socialismo, estoy convencido, o sea, compartir los bienes de la tierra y los frutos del trabajo humano. El socialismo es la única manera de crear un marco civilizatorio verdaderamente humano, digno y feliz.
¿Qué es Cuba para Frei Betto?
Soy apasionado por Cuba, tengo una relación entrañable con todo lo que significa la cubanidad, y para mí Cuba es un acto de amor.

NOTAS:
[I] La tercera edición de los Premios ALBA de las Letras y las Artes se otorgó al escritor y pensador brasileño Frei Betto y al pintor argentino León Ferrari, concedidos por la Fundación Cultural de la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), a creadores vivos que hayan consagrado su vida y obra a engrandecer el patrimonio cultural de América Latina y el Caribe con aportes originales en los géneros literarios y las manifestaciones artísticas.
[II] Carlos Alberto Libânio Christo nació el 25 de agosto de 1944, en Belo Horizonte, Minas Gerais. Es considerado uno de los máximos exponentes de la teología de la liberación.
[III] Batismo de sangre fue reconocido en 1982 con el Premio Jabuti, de la Cámara Brasilera del Libro y con el Premio Juca Pato, en 1985.
[IV] El golpe de Estado en Brasil tuvo lugar con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos la noche del 31 de marzo de 1964. Tras el golpe, comenzó en Brasil una dictadura militar que duró hasta la elección de Tancredo Neves en 1985.
[v] Helvecio Ratton, director de cine, guionista y productor brasileño. Como consecuencia de la dictadura militar en Brasil, se exilió en Chile en los años 70. Llevó al cine Batismo de sangue en el año 2006.
[VI] En el año 2000, Frei Betto fue reconocido con la Medalla de Solidaridad otorgada por el gobierno cubano.

Puerto Rico: Un “Estado libre asociado”

Son más de 110 años de dominación norteamericana, después de más de cuatro siglos de colonización española, que busca apartar a Puerto Rico de su continente: América Latina.
Emir Sader / Sinpermiso.info
La capital queda en el centro del Caribe, más al sur, cercada por las otras islas de la región, donde están sus vecinos más próximos: Jamaica, Haití, República Dominicana, Curaçao, Barbados, Trinidad, Cuba. La ciudad está bien cerca de Caracas y no lejos de Belén y de Fortaleza.
En tanto, para llegar aquí es preciso sacar una visa en la embajada de los Estados Unidos. Cuando se llega, normalmente vía vuelos indirectos desde otros países, somos recibidos por un gran letrero: Welcom to United States of América. Y, para darle un color local: San Juan welcomes you.
Asimismo, sin siquiera una versión bilingüe, para que no queden dudas sobre dónde se está llegando: Puerto Rico, “Estado Libre Asociado” de los Estados Unidos.
Los funcionarios de inmigración se encargan de terminar de componer el cuadro: fotografía e impresiones digitales de todos los dedos de la mano (además del rigor, que me llevó a ser transferido por un guardia a una sala especial, porque “la compañía aérea mandó mal su nombre”, en inglés, claro).
Tenemos que salir de América Latina para llegar a uno de los dos más latinoamericanos de nuestros países. País lindo, más tropical no podría ser, lleno de playas, mar, palmeras y cocos, donde se habla castellano y se baila frenéticamente la mejor música de la región.
La moneda, como se podría esperar, desde la invasión y anexión norteamericana, en el final de la guerra hispano-norteamericana, en 1895, es el dólar, pese a que las personas te digan el precio en una supuesta moneda local: “ dos pesos”, esto es: dos dólares. Y para las fracciones inventan “peseta” y otros nombres populares.
El país tiene gobernador, como si fuese un Estado de los EE.UU. y no un presidente, lo que correspondería a un país soberano, cuando se trata, en la práctica, de una semi-colonia.
Puerto Rico, Cuba y Brasil fueron los tres países que no tuvieron guerra de Independencia, para los que las conmemoraciones que comienzan en todos los otros países del continente en 2010, el Bicentenario de la Independencia, no tienen ningún sentido. Los países caribeños tuvieron los destinos más radicalmente contrapuestos del continente: uno se tornó socialista, el otro casi una estrella en la bandera de los Estados Unidos. Y en Brasil, como consecuencia, entre otros factores, de no haber terminado con la esclavitud –como los países que tuvieron guerras de independencia, expulsaron a los españoles por invasores de sus territorios y pasaron de colonias a repúblicas – prolongamos la cuestión de la esclavitud a las cuestiones agraria y social, con el fortalecimiento del latifundio y que hasta hoy pagamos en términos de desigualdad y de atraso de las relaciones agrarias.
Puerto Rico vive, por primera vez, una secuencia de siete años de declinación económica. Hay la misma cantidad de inmigrantes en los Estados Unidos – 4 millones – que la población de la isla. Existe hasta una expresión para los portorriqueños en Nueva York: nuyoricans.
Los movimientos populares demostraron gran combatividad en algunas luchas recientes. Consiguieron la expulsión de la base militar norteamericana de la isla de Vieques, aunque los yanquis siguen haciendo explotar las bombas que tenían enterradas allí, prosiguiendo con la contaminación local.
Pero el sentimiento general de la ocupación se disemina por toda la vida del país. El gobernador actual, de extrema derecha, Luis Fortuño, partidario de la anexión definitiva y completa a los EE.UU., asumió este año, con un programa de ortodoxia neoliberal. Para empezar, despidió a 20 mil trabajadores del servicio público. Eligió los más recientemente contratados, con lo que las víctimas privilegiadas fueron los sectores nuevos, como los vinculados a la ecología, al feminismo, a los temas étnicos, entre otros.
Los Estados Unidos controlan el comercio exterior del país, Puerto Rico no puede tener relaciones económicas directas con otro país sin autorización del Departamento de Comercio norteamericano. De la misma forma, los portorriqueños tuvieron que hacer el servicio militar durante la guerra de Vietnam. La pena de muerte –existente en los Estados Unidos, pero no en Puerto Rico– puede ser aplicada, en casos en que la Justicia considera que son de competencia de la Justicia Federal (Federal siempre remite al Estado norteamericano).
Como ocurre en La Habana, en Santo Domingo y en otras capitales de la región, hay un Capitolio, copia del norteamericano, para abrigar a los Parlamentos, para confirmar cuál es el modelo de democracia que deberían tener.
Son más de 110 años de dominación norteamericana, después de más de cuatro siglos de colonización española, que busca apartar a Puerto Rico de su continente: América Latina. Uno de cada dos boricuas - como se los conoce a los originarios de la isla – vive en los Estados Unidos. Aunque el 25 por ciento está desempleado por los efectos de la crisis en la economía norteamericana.
La izquierda sigue dividida, entre sectores independentistas y socialistas, que no consiguen unirse a pesar de la situación de virtual ocupación del país. El semanario Claridad es la mejor expresión de los sectores populares. Un fuerte movimiento comunitario, que lucha para no ser desalojado de los planes inmobiliarios, por el derecho a la casa.
Nostálgicos los portorriqueños cantan:
“Una tarde partí
Hacia extraña nación
Porque quiso el destino.
Pero mi corazón
Se quedó junto al mar
Junto al Viejo San Juan.”
Y, combativos:
“Qué bonita bandera
Qué bonita bandera
Qué bonita bandera
Es la bandera portorriqueña.
Más bonita se viera
Más bonita se viera
Más bonita se viera
Si los yankis no la tuvieran.”
Emir Sader es director ejecutivo de Clacso y miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO.

Cada vez más pobres luchan contra el racismo ambiental

Los conflictos en el mundo aumentan debido a que quienes no tienen poder deben hacer frente a las grandes empresas que explotan los recursos, además de que los tiraderos de basura o de desechos tóxicos se construyen donde la gente es humilde, no donde viven los ricos y poderosos.
Angélica Enciso / LA JORNADA
(En la fotografía, el economista Joan Martínez Alier)
En el mundo hay “racismo ambiental”. Cada día crecen más los conflictos en la materia porque los pobres, sin poder político y económico, defienden los sitios que habitan ante la permanente expansión de la industria, que busca apropiarse de los recursos naturales o depositar los desechos en sus territorios, señaló Joan Martínez Alier, economista de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Invitado por el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades y el Programa Universitario de Medio Ambiente de la UNAM, el especialista estuvo en México y se dio tiempo para analizar, en entrevista con La Jornada, la razón de las crecientes manifestaciones del ecologismo de los pobres ante el agotamiento de los recursos naturales.
–¿Cómo se puede entender el ecologismo de los pobres?
–Cada vez hay más conflictos ambientales en el mundo, y en México (están los de) la presa el Zapotillo, el basurero de Zimapán o los surgidos por la extracción de petróleo y la generación de residuos. En todos la gente pobre defiende la conservación de la naturaleza porque la necesita para vivir. Cuando el medio es perjudicado por la extracción de recursos o por los residuos, frecuentemente protestan. Al estudio de esto y las redes que forman le llamamos “ ecologismo de los pobres ” .
–¿Estos casos han crecido?
–Sí. Hace poco estuve en Perú. El pasado 5 de junio hubo un encuentro en la Amazonia, donde la gente protestó por decretos que el presidente Alan García firmó para privatizar tierra indígena y comunitaria. Lo hace porque los industriales le piden abrir esa zona para sacar madera y producir agrocombustibles, petróleo, cobre y gas. La demanda extranjera de estos productos lleva a querer privatizar la tierra comunitaria.
“En México hay redes de afectados por las hidroeléctricas, las mineras y por diversos conflictos ambientales. Esto ocurre en todo los lugares que son fronteras de la extracción, donde hay gente pobre que no tiene mucho poder político y, además, aunque la compensen, el dinero es poco. Son pobres, son más baratos para compensar. Si les preguntas si son ambientalistas dirán que no, que son personas normales, y es verdad.
“Muchas veces las mujeres van a la vanguardia de las peleas, debido a que el problema ambiental, la contaminación, la falta de leña, les toca muy de cerca. En México se puede ver dicha situación en el movimiento de defensa del maíz contra las semillas transgénicas, contra represas hidroeléctricas, contra la minería, como en San Luis Potosí.
“Cuando la economía crece, también lo hace el consumo de energía, materiales y agua. Lo que entra en la economía sale como residuos, esto es lo que llamamos metabolismo social. Todo eso se gasta una vez, no se puede reciclar. Son materiales cada vez más escasos y se buscan en las fronteras de la extracción, en los últimos confines del mundo: la Amazonia de Perú y Ecuador; el delta del Níger, en Nigeria, donde no se debería sacar petróleo porque es una zona muy poblada. Ahí la gente protestó contra la Shell, conflicto que ha dejado muertos y muertos. Cada barril de petróleo tiene un trozo de cadáver. ”
–¿Estos conflictos tienen que ver con el deterioro de los recursos?
–Así es. Los recursos más fáciles de obtener ya los hemos usado. Por ejemplo, ahora se piensa en agrocombustibles, por la necesidad de contar con suficiente energía para el tipo de economía que tenemos, a pesar de que podríamos idear otra y no gastar tanto petróleo. Se buscan los recursos donde sea. En muchos lugares habrá grandes plantaciones de palma de aceite o de caña para generar los agrocombustibles que requieren los automóviles, que es una cosa bastante absurda y económicamente no salen las cuentas. Cuando una economía crece también lo hacen la cantidad de materiales y la energía que se usa. Este año, con la crisis financiera, se redujo la producción de bióxido de carbono, algo que el Protocolo de Kyoto no logró.
“Muchas comunidades se oponen a la extracción de recursos o a que echen residuos donde viven. Estas protestas forman redes y todo esto ayuda a que se hable más de los conflictos ambientales. El ecologismo popular es una fuerza social importante, la más importante que hay en el mundo. Y no hay partidos políticos. ”.
–¿Han tenido éxito?
–A veces tienen éxito. Aquí hay ejemplos. En San Luis Potosí ganaron el juicio (contra la operación de Minera San Xavier) y lo lógico sería esperar que se ejecute la sentencia y que pare la mina. Muchas veces se gana, otras se pierde. o se gana provisionalmente.
“En Perú hubo un referendo en Islay, Arequipa, contra un plan de expansión de Southern Peru Copper Corporation, del Grupo México. Es un proyecto de minería de cobre; hicieron una consulta vecinal y los pobladores votaron en contra. De momento el proyecto se parará.
“En Estados Unidos se usa el término de justicia ambiental, que es lo mismo que el ecologismo de los pobres. Pero también se habla de racismo ambiental, es decir, cuando se colocan residuos donde hay negros o hispanos pobres en el fondo. Se ponen ahí porque los habitantes de dichas áreas no tienen poder político y no pueden protestar. Si en México se abre un tiradero nuevo de basura no se pone en las Lomas, sino donde no haya gente o donde ésta sea más pobre.”
–¿Qué salidas tienen estos movimientos cuando, a pesar de contar con todos los elementos de razón, no tienen éxito?
–El ecologismo está lleno de muertos. ¿Cuántos han muerto en México? La derecha empresarial cree que lo que importante es hacer crecer la economía. Dice que así se arreglarán los temas ambientales, pero no es así. En el centro y la izquierda veo un olvido de estos temas. Si se toma la izquierda de origen marxista, se observa que les ha costado mucho ocuparse de esto. Cuesta mucho que los partidos políticos lo tomen en serio porque todavía están adorando el crecimiento del PIB, como lo único sagrado que hay en el mundo. El movimiento obrero se defendió con sindicatos. El movimiento feminista fue un cambio a nivel cultural, un cambio de ideas, poco a poco. Puede ser una mezcla de organización, cambio cultural y que se difunda este ecologismo.

Volteados

Algo pasó en sus vidas y cambiaron de rumbo ideológico, al punto que hoy son irreconocibles como políticos y hasta como personas...
Jorge Núñez Sánchez / El Telégrafo (Ecuador)
La sola mención de una Quinta Internacional, hecha por Hugo Chávez, ha servido para ver cuántos ovejos han cruzado a la otra orilla del río, o “se han volteado”, como dicen los campesinos.
Ahora encuentro entre los opositores de la idea a algunos que en otro tiempo eran rojillos, rojos y hasta infrarrojos. Entonces militaban en partidos de izquierda, escribían sesudas críticas contra el sistema, desentrañaban filosóficamente la esencia ruin del capitalismo y su discurso político. Entre ellos había escritores, pensadores, agitadores universitarios y hasta revolucionarios profesionales, que iban de uno a otro país tejiendo las redes del internacionalismo proletario. Pero algo pasó en sus vidas y cambiaron de rumbo ideológico, al punto que hoy son irreconocibles como políticos y hasta como personas.
Siempre me he preguntado cuál fue la razón para que se voltearan. Y hallo que hubo razones colectivas, generacionales, y quizá también otras personales e íntimas. Pienso que, para unos, fue terrible el desengaño causado por la descomposición política del “socialismo real”, dictatorial y burocratizado. Pero para otros, el desengaño estuvo en la desaparición del mundo comunista, lo que los hizo descubrir que ya no tendrían en el futuro los viajes y prebendas a que se habían acostumbrado. Unos desde la ética política y otros desde la ambición, descubrieron que se habían afiliado al equipo equivocado. Y empezaron a rectificar el rumbo, es decir, a buscar nuevos sueños o nuevos padrinos.
El sistema de dominación tiene su sabiduría. Frente a cada nueva amenaza, sus detentadores plantean respuestas abiertas o solapadas. Cuando llegó la revolución de independencia, con sus amenazas de libertad e igualdad, casaron a sus hijas con los generales triunfantes y eliminaron el peligro. Cuando llegó la revolución liberal, con sus aires de justicia y laicidad, repitieron la dosis. Cuando arribaron las ideas socialistas y comunistas, por medio de intelectuales lúcidos y sindicalistas bravos, aplacaron a unos dándoles ministerios y a otros reprimiéndolos o dividiéndolos. Y cuando las revoluciones empezaron a propagarse por América Latina, respondieron con masacres masivas en unos países y con reclutamientos selectivos en otros.
Surgió, así, un nuevo tipo de intelectual: el liberal de nuevo cuño, que renegaba de sus antiguas ideas de izquierda y se convertía en defensor del sistema desde la crítica, es decir, criticando lo existente por errado, populista y utilitario, pero con la mira en un sistema liberal puro, abierto y democrático, donde reinaran la libertad individual, la libre empresa y el libre comercio. Ya en ese camino, algunos se afiliaron al proyecto separatista guayaquileño, con la pretensión de convertirse en los “intelectuales orgánicos” del mismo.
No hay, pues, que extrañarse de que se hayan convertido en las estrellas intelectuales de la derecha y en editorialistas de los grandes periódicos, donde proclaman todo lo contrario de lo que proclamaban ayer. Hasta parece que eso era lo que buscaban desde su lejana juventud, criticando al sistema para merecer la atención de éste.

sábado, 12 de diciembre de 2009

La profecía maya del 2012, Copenhagen y el buen vivir

Una película que lleva por título 2012 circula en estos días batiendo todos los records de dinero recaudado por concepto de taquilla. Es el fin del mundo convertido en negocio. Algo parecido está sucediendo esta semana en Copenhague, la capital de Dinamarca: los países desarrollados parecen ignorar las señales cada vez más alarmantes que evidencian el cambio climático en la Tierra.
Rafael Cuevas Molina/Presidente UNA-Costa Rica
rafaelcuevasmolina@hotmail.com
Un fantasma recorre el globo, el fantasma del fin del mundo.
Las predicciones catastrofistas que predicen el fin de la humanidad no son nuevas, han asustado a los ingenuos casi desde los inicios de los tiempos, y nuestra época no es la excepción. Recuérdese las voces que anunciaban cataclismos universales al terminar el siglo XX, o la debacle cibernética que ocasionaría un blackout que dejaría a todos en la edad de las cavernas.
Ahora resulta que, desde el corazón de las selvas mesoamericanas, los mayas habrían avizorado que en el 2012 no hay más allá. No se trata, sin embargo, sino del término de un ciclo de la llamada “cuenta larga” que se iniciaba el 0.0.0.0.0 4 ahau 8 cumkú que sería el 13 de agosto del 3.114 antes de nuestra era en el calendario gregoriano, y que vendría culminando el 13.0.0.0.0, lo que equivale al 21 de diciembre del 2012. Según la cosmogonía maya, en esa fecha culmina el quinto mundo, es decir, uno de los períodos por los que pasa la humanidad.
Una película que lleva por título 2012 circula en estos días batiendo todos los records de dinero recaudado por concepto de taquilla. Es el fin del mundo convertido en negocio.
Algo parecido está sucediendo esta semana en Copenhague, la capital de Dinamarca: los países desarrollados parecen ignorar las señales cada vez más alarmantes que evidencian el cambio climático en la Tierra.
Tal vez hemos dicho mal. No se trata de que ignoren lo que se avecina, sino que, dentro de la lógica capitalista dominante en esos países, lo que interesa no es la vida sino los negocios.
Grandes compañías transnacionales han empezado a sacar las cuentas de las ganancias que podrán significar el tránsito marítimo por donde ahora se sitúan los hielos del Polo Norte, o la explotación de las riquezas del subsuelo cuando queden a mano las tierras de la Antártida.
Es una lógica inhumana que nos lleva a la verdadera debacle, y solo cambiándola podremos salvarnos. No es ésta una nueva profecía, es la conclusión a la que se llega después de analizar científicamente las consecuencias del estilo de vida dominante en el mundo contemporáneo. La Tierra no lo soporta.
La humanidad se encuentra ante la más importante encrucijada a la que se haya enfrentado nunca y, si por las vísperas se saca el día, parece que no estamos a la altura requerida para resolverla positivamente. Lo que se impone es una revisión total de nuestro modo de vida, aquel que deriva de la dominante civilización occidental que, hoy por hoy, se expande dominante a través de las dinámicas globalizadoras.
Es necesario revisar conceptos que parecen naturales, y cuyo cuestionamiento puede hacernos parecer como desquiciados. Dos de ellos son los de desarrollo y el de progreso.
En efecto, dadas las condiciones actuales del globo terráqueo, debemos preguntarnos hasta cuándo las sociedades humanas deben seguir entendiendo el desarrollo y el progreso como una creciente capacidad de bienestar asociado al consumo.
Necesitamos nuevas formas de relación entre nosotros, los seres humanos, y de los seres humanos con nuestro entorno.
En Bolivia, en el contexto de la revolución social que se lleva a cabo bajo la conducción del MAS y Evo Morales, se ha empezado a relevar una visión de mundo que encuentra sus raíces en las antiguas comunidades andinas que pueblan ese territorio hace miles de años. Se trata del “buen vivir”, es decir, una idea que podemos asociar con el de “calidad de vida”.
El buen vivir, la calidad de vida, debe asociarse más con el ser que con el tener. Se trata, evidentemente, de un modo de vida distinto al que se mueve por el motor del lucro y el consumo. Lo que el buen vivir anuncia es un mundo nuevo en el que no tienen lugar las visiones catastrofistas. Tal vez por eso, ninguna empresa de la industria hollywoodense le ha puesto atención.
No habrá película del buen vivir.

Obama: el “cambio” para que nada cambie

Pobre y débil presidente este que, en medio de sus manotazos de ahogado en el mar de la crisis del sistema capitalista, no comprende aún las causas profundas de la movilización social-popular en América Latina
Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica
Extraño presidente del “cambio” resultó Barack Obama, quien recibió en Oslo el Premio Nobel de la Paz tan solo unos días después de anunciar, desde ese templo militar que es la Academia de West Point, el envío de 30 mil soldados más para “construir” la democracia por las armas en Afganistán.
Avieso presidente este de las “guerras justas”, que ya en América Latina, en menos de un año, llevó más lejos que su antecesor el proyecto imperialista: logró posicionar la idea de la militarización de la frontera con México como una cuestión inevitable, que ocurrirá más temprano que tarde; apuntaló el control sobre Centroamérica por medio del Plan Mérida; y clavó siete puñales en el corazón de América, como certeramente definió Fidel Castro la instalación de las bases militares en Colombia.
Ambiguo presidente este que, en la Cumbre de Puerto España, anunció a los vientos del Caribe su ideal de construir una nueva “Sociedad de las Américas”, pero hoy, casi ocho meses después, es evidente que esa Sociedad se concibe solo desde los intereses y la lógica de exclusión de los dominadores históricos de nuestra América, y no desde las realidades y utopías de los protagonistas de la América marginada, la de los vencidos de ayer que ahora se levantan.
Contradictorio presidente este que, en Trinidad y Tobago, habló de la necesidad de “compartir con sentido de unión” los nuevos desafíos de los tiempos que corren, pero que, en la práctica, ha reivindicado la peor tradición de Washington en la conducción de sus relaciones interamericanas: esa que fomenta los odios, corroe los consensos, instiga, conspira y subvenciona a sus aliados, para reinar sobre el caos y la desunión de nuestros países.
Taimado presidente este que legitimó el “blanqueo” del golpe de Estado en Honduras, y que a partir de la ruptura del orden constitucional en el país centroamericano, desplegó una rápida ofensiva de reposicionamiento geopolítico, que incluye, al mejor estilo imperial, la puesta a prueba de su sistema de alianzas –militares y comerciales- en Centro y Suramérica, forjando de paso un nuevo eje panamericanista: con México, Costa Rica, Panamá, Colombia y Perú.
Abusivo presidente este que, aprovechándose de la dependencia de los países más pobres, ejerce a través de sus emisarios una vergonzosa coerción diplomática y comercial -la disciplina del terror imperial- como la que viene sufriendo el gobierno de El Salvador, y de modo particular el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, al que ahora se persigue por defender públicamente sus posiciones antiimperialistas en los foros internacionales, en lo que constituye un acto soberano, democrático y absolutamente consecuente con su historia y su identidad política.
Pero pobre y débil presidente, también, este que en medio de sus manotazos de ahogado en el mar de la crisis del sistema capitalista, no comprende aún las causas profundas de la movilización social-popular en América Latina, ni se percata que la derecha regional se aprovecha de sus “dificultades políticas internas (…) para forzarle la mano”, como bien lo explicó Immanuel Wallesrtein en un artículo reciente.
Triste ejemplo, en fin, el de este presidente que llegó el poder precedido de fama y esperanza, y que ha sumido su mandato en un profundo gatopardismo político: ese en el que todo cambia para que siga siendo lo mismo.
Tal parece que míster Obama no comprendió bien el sentido del obsequio recibido de manos del presidente Hugo Chávez en Puerto España: “Las venas abiertas de América Latina”, la obra clásica de Eduardo Galeano. O no leyó el libro, o si lo hizo, prefirió seguir jugando en el bando de los saqueadores de riquezas, de los opresores y de los que mancillan la dignidad de los pueblos. Porque hoy, como desde hace más de dos siglos, Washington apuesta a dividirnos para vencer y ejercer sobre nosotros su imperio.

El más ardiente y valeroso corazón de la patria, ha dejado de latir

Nos deja un hombre indispensable, un luchador insustituible, el que a pesar de sus años, era el único dirigente a cuya convocatoria nadie se negaba.
Álvaro Montero Mejía / Especial para CON NUESTRA AMÉRICA
(Fotografía: Rodrigo Carazo Odio, 1926-2009)
Don Rodrigo Carazo Odio, Presidente de la Republica 1978-1982, falleció el pasado 9 de diciembre de 2009.
30 años después de las grandes reformas sociales e institucionales de Calderón y Figueres, nuestra Patria comenzó a deslizarse, poco a poco, hacia el abismo neoliberal. El primero en hacerle frente fue Rodrigo Carazo. El aparece como el cruzado intransigente que decidió impedir la venta de la Patria y la subordinación a los organismos financieros internacionales.
Carazo emerge como el defensor y reconstructor de la democracia nacional. Si Don Juanito (Mora) sumó las fuerzas necesarias por salvar a Costa Rica de la primera horda filibustera (1856), Rodrigo Carazo fue el primero en llamar y urgir a la unidad nacional, para impedir que la Patria fuera devorada por una nueva horda, aún más poderosa que aquélla.
Esas fuerzas oprobiosas, tal como ocurre en las luchas sociales de los pueblos, no aparecen de un día para otro, sino que se incuban, van tomando posiciones, se enmascaran, fingen, mienten, asumen puestos de preeminencia y trabajan con tesón y paciencia. Los enemigos de la Patria actúan con astucia, crean confusión, saben dividir, encuentran aliados y ponen a su servicio a personas, medios e instituciones.
Ya en su gobierno, la oligarquía entreguista y los banqueros mundiales, llegaron a la conclusión de que Rodrigo Carazo era incomprable, que sus ataduras con la Patria eran indestructibles, que su pasión latinoamericanista y su determinación de resistir la globalización neoliberal, lo convertían en un enemigo irreductible.
Había que destruirlo políticamente. Había que aislarlo, hacerlo responsable y culpable de los grandes daños de la espantosa crisis social y económica provocada por esas mismas fuerzas, creada en todos sus extremos, por las imposiciones del FMI y el Banco Mundial, que luego coparía a todo el continente y que convertiría a los años 80, en lo que se dio en llamar la “década perdida”.
Carazo fundó, en 1996, el Consejo de Defensa de la Institucionalidad, CDI. Desde allí convocó a todos los patriotas, nos convocó a todos, a construir una trinchera intelectual y humana, capaz de resguardar y conservar toda la herencia democrática acumulada por el pueblo a través de su historia. Ahí estuvimos, con Cristian Tattenbach Yglesias, Julio Jurado del Barco, Ricardo Rodríguez Solórzano, Ricardo Segura Ballar, Rosario Incer y la propia Doña Estrella Zeledón, siempre oportuna y discreta, junto a muchos otros patriotas beligerantes.
Mucho antes que se precipitara la ofensiva final del neoliberalismo, con el actual gobierno de los Arias, Carazo alzó la voz, dijo que la Patria estaba en peligro, señaló sin ambages a las fuerzas agresoras: los organismos financieros internacionales, las grandes corporaciones mundiales y los sectores entreguistas locales. Consciente de la magnitud de las amenazas, insistió más y más en la necesaria unidad de los patriotas. Pero conocedor como era de los seres humanos, actuaba con condescendencia y paternal comprensión.
Nos deja un hombre indispensable, un luchador insustituible, el que a pesar de sus años, era el único dirigente a cuya convocatoria nadie se negaba. Ya habrá tiempo para exponer y reseñar su obra gubernamental y humana. Ahora hemos venido hasta aquí a acompañar al amigo de corazón, paciente, acogedor, consejero, guía y patriota sin par.

Construido por el Pueblo

Hoy, 27 años después de la salida de Rodrigo Carazo del gobierno, la historia parece reivindicarle. No solo se trata de los gobiernos latinoamericanos que se han ido destetando del FMI (excepto el nuestro que después de muchos años de no tener compromisos con el Fondo decidió volver a las relaciones carnales); sino porque el modelo fallido del neoliberalismo ya no puede sostener moral ni económicamente sus contradicciones más básicas.
Saúl Buzeta Dhighiam / Redcultura.com
(En la fotografía, el expresidente don Rodrigo Carazo Odio. Tomada de la revista Proceso)
El poder históricamente se ha nutrido de personalidades fuertes y de egos débiles. Un líder empuja a sus seguidores a ir más allá por la fuerza de sus convicciones. Sin embargo, están esos líderes formales que viven de ser reconocidos por lo poco o nada que hacen.
En Costa Rica es una tradición que las obras públicas tuvieran una placa diciendo en qué administración fue construida y en letras grandes el nombre del presidente que gobernaba en ese momento. Quizás el caso más ostentoso fue el del presidente Arias en cuya primera administración las placas salían hasta con su logotipo de campaña.
Pero fue en la administración de Rodrigo Carazo Odio entre 1978 y 1982 cuando apareció una placa con el mapa de Costa Rica y la leyenda “Construido por el Pueblo. 1978 – 1982”. Y no estaba en cualquier obra: Los puentes sobre las rotondas de San Pedro y la Uruca (ahora puente Juan Pablo II) que en ese momento eran un adelanto a la época; los muelles Alemán, Moín y Caldera; la represa de Arenal; y en un sinnúmero de obras de infraestructura que no ha logrado empatar gobierno alguno desde la fundación de la Segunda República.
La placa es clara: El Pueblo (sin distingo de clases) a través de su aporte solidario pagando impuestos ha redistribuido la riqueza en beneficio de la colectividad. El Pueblo es sujeto, el Pueblo es la razón de ser del Estado, el Pueblo como totalidad es quien entrega y recibe en un contrato de confianza con sus gobernantes.
Aunque el mensaje podría calificarse de oportunista, tenía un claro antecedente en el lema de campaña de Carazo: “Progreso con dignidad”. En ese sentido, el Estado está en función de los intereses de la totalidad de la sociedad y su trabajo es facilitar el desarrollo a través de la educación, la salud, la obra pública, la política económica, la prestación de servicios y la protección de los intereses de las personas con menos poder relativo.
Así, el ICE, el INS, Recope, la Caja, el Consejo Nacional de la Producción, los ferrocarriles y todas las instituciones y organismos del Estado son herramientas para que la población del país mejore día a día su calidad de vida. Todos y todas somos dignos de vivir de la mejor manera dentro de las posibilidades materiales.
La dignidad como concepto es realmente abstracto, pero quizás su manifestación práctica más contundente fue cuando el ex presidente Carazo mandó para su casa al representante del Fondo Monetario Internacional. Con el petróleo por las nubes, los precios de exportación por los suelos y el colón especulativamente a 60 colones por unidad; el Fondo pretendía que el Estado se deshiciera del lastre que significaba la pobreza destruyendo la capacidad redistributiva de la riqueza que había en las instituciones públicas.
Los editorialistas de La Nación se dieron cuatro gustos (como lo hacen hoy) pregonando el fracaso del Estado y la necesidad de que todo se venda en aras de que los ricos nos hagan vivir mejor.
Sin embargo, lo que no se decía es que un país de 2 millones de habitantes fue bloqueado económicamente desde el exterior y saboteado desde el interior por quienes solo piensan con el bolsillo. En aquel entonces muchos nos tragamos el cuento del error del gobierno de no obedecer mansamente a quienes han distribuido miseria por el mundo entero como quien reparte volantes en un semáforo.
Hoy, 27 años después de la salida de Rodrigo Carazo del gobierno la historia parece reivindicarle. No solo se trata de los gobiernos latinoamericanos que se han ido destetando del FMI (excepto el nuestro que después de muchos años de no tener compromisos con el Fondo decidió volver a las relaciones carnales); sino porque el modelo fallido del neoliberalismo ya no puede sostener moral ni económicamente sus contradicciones más básicas.
Don Rodrigo vio morir amigos en la Guerra Civil del 48; como diputado se le plantó a ALCOA y a don Pepe Figueres; no aceptó prebendas; defendió la patria frente a Somoza; pagó con la impopularidad más cruel su abnegación por la democracia económica; apoyó las causas justas sin importar quién las promoviera; y defendió esta patria con su verbo, carisma y fuerza de espíritu contra ese poder económico centroamericano que hoy nos ha convertido en otra republiqueta bananera asociada a un TLC.
Cuando en medio de otra campaña política pobre de ideas parece que no hay santo en el cual persignarse, la vida de don Rodrigo nos recuerda que la política extraordinaria es de personas ordinarias que viven fieles a principios de vida regidos por la justicia y la equidad. Nos recuerda que somos Pueblo y que somos capaces de construir puentes, puertos y represas, pero fundamentalmente nuestro propio destino. Ese es el legado más maravilloso que un gobernante, un líder, nos pudo dejar.
Que su memoria sea tratada con justicia.

Oscar Arias monta a Costa Rica en el carrusel de la guerra y la agresión norteamericana

Denunciamos desde ya que Costa Rica se ha convertido en una plataforma de agresión y reiteramos desde la Comisión Nacional de Enlace nuestra solidaridad con el pueblo y el movimiento social hondureño, que enfrentando el golpe militar a lo largo de cinco meses y medio, ha sufrido decenas de muertos, cientos de heridos, torturados y detenidos.

COMUNICADO POLÍTICO DE LA COMISIÓN NACIONAL DE ENLACE*
(En la fotografía: Ricardo Martinelli, Oscar Arias y Porfirio Lobo, reunidos en San José)
El pasado martes 8 de diciembre 2009 se reunieron en Costa Rica, por invitación de Oscar Arias, el Presidente de Panamá Ricardo Martinelli y el golpista hondureño José Porfirio Lobo, quien vino acompañado de tres excandidatos golpistas derrotados en las elecciones ilegítimas recién celebradas en ese país.
Esta reunión fue para comunicar el reconocimiento oficial de los dos gobiernos a la farsa electoral hondureña, que según palabras de Oscar Arias “fueron elecciones limpias” (La Nación, 9/12/09). Y además comprometerse ambos gobiernos con los golpistas a realizar gestiones diplomáticas con el fin de que otros países sigan el ejemplo de Costa Rica y Panamá, basado principalmente en lo que el mismo Arias reconoció: “la posición de ambos (países) está respaldada por Estados Unidos y así se lo dijo Hilary Clinton, secretaria de Estado.” (La Nación, 9/12/09).
Lo sucedido en nuestro país este pasado martes 8 de diciembre tiene y tendrá gravísimas consecuencias, tanto a nivel nacional como internacional. Quedó en evidencia finalmente el rol jugado por Oscar Arias en toda la crisis hondureña, siempre actuando como el peón al servicio de los intereses de los Estados Unidos, en primera instancia como “supuesto mediador” colocado por la administración Obama, con tres propósitos: darle estatus político a los golpistas militares, obligar a Zelaya a la rendición política y finalmente consolidar el golpe. Ahora su rol en esta etapa definido por los Estados Unidos, es fracturar la unidad latinoamericana que se mantiene firme en no reconocer unas elecciones ilegítimas producto de un golpe de Estado.
Es muy grave esta situación, porque se trata de colocar directamente a nuestro país bajo la política de la administración estadounidense de agresión a todos los gobiernos y fuerzas progresistas del continente; que se viene impulsando por medio del Plan Colombia y ahora revitalizada militarmente con la activación de la IV Flota Naval y de las bases militares estadounidenses en Colombia, es decir, formamos parte de la plataforma militar y de agresión de la Administración Obama. Oscar Arias con esta decisión nos pone al lado del gobierno narco/paramilitar de Uribe, del gobierno corrupto/derechista de Allan García, y obviamente del gobierno de extrema derecha de Panamá. Estos son los únicos tres países junto a Costa Rica que están reconociendo a los golpistas hondureños en concordancia con la política norteamericana.
Reconocer las elecciones hondureñas y además señalar que fueron limpias, significa apoyar la versión de los golpistas militares; ha sido muy documentado por Amnistía Internacional y organismos internacionales de derechos humanos, incluida la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, que las elecciones se llevaron en un clima de hostigamiento a los medios de comunicación, de total militarización del país, de represión a los movimientos sociales, con detenciones arbitrarias el mismo día de las elecciones y una fuerte represión a una manifestación pacífica en San Pedro Sula.
Mientras el resto de los países de América Latina no reconocen ni el golpe militar, ni las elecciones ilegítimas, por medio de pronunciamientos contundentes como los del GRUPO DE RIO, MERCOSUR, UNASUR, ALBA, Oscar Arias con una hipocresía absoluta, le pide al golpista electo Porfirio Lobo que para facilitar el reconocimiento internacional lo mejor es que Roberto Micheletti debe renunciar.
Frente a esta afrenta nacional perpetrada por Oscar Arias de colocar a nuestro país al lado de la extrema derecha latinoamericana (Colombia, Perú, Panamá y los golpistas hondureños) y de montar a Costa Rica en el carrusel de la guerra de agresión imperialista, sólo cabe una contundente respuesta de condena general de la sociedad costarricense, reiteramos el llamado a las organizaciones sociales y principalmente a los partidos políticos que participan en el actual proceso electoral para que se pronuncien y rechacen la decisión de Arias y exigirle que se retracte de este reconocimiento al golpismo militar hondureño.
Denunciamos desde ya que Costa Rica se ha convertido en una plataforma de agresión y reiteramos desde la Comisión Nacional de Enlace nuestra solidaridad con el pueblo y el movimiento social hondureño, que enfrentando el golpe militar a lo largo de cinco meses y medio, ha sufrido decenas de muertos, cientos de heridos, torturados y detenidos; demostrando que es un pueblo que no se rinde, ni se doblega frente a las armas de los golpistas, a ese pueblo heroico nuestro reconocimiento y solidaridad militante.

Comisión Nacional de Enlace
09 diciembre 2009
San José, Costa Rica.

*La Comisión Nacional de Enlace es una instancia de diálogo y coordinación política que, desde su creación en noviembre del 2003, impulsa la resistencia social y popular frente al TLC con Estados Unidos y las nuevas formas de dominación del neoliberalismo.