sábado, 22 de enero de 2011

La revista Oriente y la enseñanza racionalista

La revista Oriente apareció por vez primera el sábado 15 de septiembre de 1917, impresa y elaborada totalmente por los alumnos. Rápidamente se convirtió en el principal órgano de difusión de la Escuela Racionalista. En sus páginas se pueden encontrar narraciones de los alumnos sobre las formas de aprendizaje, la vida cotidiana en la escuela, los juegos y los trabajos que realizaban.

Cristóbal León Campos / Especial para CON NUESTRA AMERICA

(Ilustración: retrato de José de la Luz Mena)

En 1917, el suburbio de Chuminópolis de la ciudad de Mérida, vio abrir sus puertas -en la calle 17 número 108- a la primera Escuela Racionalista en Yucatán bajo la dirección del profesor José de la Luz Mena y Alcocer, quien acompañado del entusiasmo de un grupo de profesores y alumnos había propagado desde años atrás su pensamiento radical educativo.

Afirmaba José de la Luz Mena que la escuela tradicional coarta la convivencia entre los sexos; modera al alumno, convirtiéndolo en un ser dependiente; reprime los instintos, actividades y tendencias naturales de los niños, además de ser dogmática y clasista. En cambio por su parte, la Escuela Racionalista promueve la educación mixta y permite la libertad en el educando; es de carácter científico; ayuda a desarrollar la capacidad de análisis y razonamiento del niño; aprovecha todos los medios para el aprendizaje y fomenta la igualdad entre los miembros de la comunidad escolar.

El carácter radical de los ideales racionalistas pueden observarse en la puesta en práctica de su método, pues éste se basaba en la participación directa del alumno en el proceso de enseñanza-aprendizaje, para lo cual, como parte de las actividades de la Escuela Racionalista de Chuminópolis, se propuso elaborar una revista que contribuyera a la adquisición de los aprendizajes esperados.

La revista Oriente apareció por vez primera el sábado 15 de septiembre de 1917, impresa y elaborada totalmente por los alumnos. Rápidamente se convirtió en el principal órgano de difusión de la Escuela Racionalista. En sus páginas se pueden encontrar narraciones de los alumnos sobre las formas de aprendizaje, la vida cotidiana en la escuela, los juegos y los trabajos que realizaban.

La revista se distribuyó por toda la República, pues la labor propagandista de José de la Luz Mena no se circunscribió únicamente a Yucatán. Como él mismo recuerda visitó al menos 300 poblaciones del país. Además, al efectuarse el Congreso Nacional de Maestros en noviembre de 1920 en la ciudad de México, el mismo José de la Luz Mena al lado de Eduardo Urzaiz, pudo comprobar la distribución de la revista al escuchar los relatos de maestros de diferentes latitudes que le confesaron conocer la existencia y marcha de la escuela de Chuminópolis por su órgano difusor: la revista Oriente.

María Pérez Hernández, alumna de la Escuela Racionalista y primera directora de Oriente, escribió un artículo titulado “Cómo se hace Oriente” en el cual cuenta que al nacer la revista la intención de sus integrantes era canjearlo por otras producciones educativas y literarias, pero por la necesidad de conseguir el papel y la tinta para la impresión, se comenzó a vender. Además, del papel sobrante al recortarse la revista, elaboraban los alumnos sus cuadernos. “Los artículos se escriben -cuenta Pérez Hernández- debajo de los árboles; se corrigen y se pasan en la máquina. Después se llevan a la imprenta y cada escritor toma su artículo y lo entrega para entrar en prensa”. La humilde imprenta constaba de dos cajas de lectura y tres de titulares, y una prensita de mano. Una vez impreso, los voceadores salían a las calles a ofrecer a diez centavos el ejemplar.

Con la elaboración de Oriente los alumnos obtenían muchas enseñanzas, pues les proporcionaba aprender entre otras cosas a redactar con ortografía; leer, escribir a mano y a máquina; hacer operaciones, al llevar la cuenta de lo que se vende y gasta en su formación; a relacionarse con el comercio, artistas, fotograbadores y tipógrafos; a conocer los colores, tonos y medios tonos, al mezclar las tintas.

Otra importante enseñanza adquirida durante la elaboración de Oriente la describe Juan Herrera en su artículo “Conocimientos útiles”, pues nos cuenta que para enfajillar los periódicos utilizaban goma, pero desde que descubrieron que “la resina del pich es como la goma que se vende en las boticas, entonces todos los días al pasar debajo de la hermosa mata que hay cerca de la escuela, tomo la resina y la llevo para que nos sirva”. “Y desde entonces me he propuesto buscar más árboles que tengan goma, y ya tengo la del cedro y he podido apreciar que esta última es más pegajosa que la anterior”. Un aprendizaje que además les permitía “economizar y aprovechar las riquezas naturales de nuestra tierra”.

José de la Luz Mena explica en su libro La Escuela Socialista. Su desorientación y fracaso que su método de enseñanza buscaba “satisfacer las leyes biológicas de que el niño vive para adquirir experiencia, es decir, que el niño necesita desarrollarse, lo que se traduce en observación y experimentación para inferir por sí mismo los principios generales de la ciencia que en él existen latentes por herencia: necesita, pues, reproducir en su orden y sintéticamente todo cuanto la humanidad ha hecho para crear su civilización, y su cultura”.

Los planteamientos radicales e innovadores de José de la Luz Mena mantienen vigencia por centrar el proceso de enseñanza en el niño, la publicación de Oriente fue una eficaz herramienta didáctica, que proporcionó la oportunidad de desarrollar capacidades y habilidades a los alumnos, además las ideas racionalistas constituyen una parte muy importante del patrimonio pedagógico de Yucatán, que a través de los tiempos las generaciones de profesores nos han legado, por lo que conocerlos, estudiarlos y preservarlos es de gran importancia.

*El autor es historiador mexicano egresado de la Universidad Autónoma de Yucatán. Colabora en periódicos, revistas y páginas web a nivel local, nacional e internacional.

El Salvador: 19 años de la firma de los Acuerdos de Paz

Volver la mirada a los Acuerdos de Paz con la intención de retomar la ruta trazada por ellos significa comprometerse con un El Salvador distinto al que tenemos.
Luis Armando González / ContraPunto (El Salvador)

Quién sabe cómo serán las cosas dentro de 81 años en El Salvador en lo que refiere a los Acuerdos de Paz --cuando se cumpla el Primer Centenario de su firma — o dentro de 181 años –cuando se cumpla su Bicentenario--, pero la celebración de sus 19 años ha sido francamente opaca y pobre.



Es probable que quienes vivieron de cerca el fin de la guerra civil mediante la firma de los Acuerdos de Paz creyeran que esa fecha sería recordada siempre –y sobre todo, en los años inmediatos a su firma— con magnas celebraciones tanto oficiales como de parte de la sociedad civil. A lo mejor cuando pase el tiempo suficiente, se haga de los Acuerdos de Paz algo grande y se valore mejor su significado –o, a lo mejor, se termine por borrarlos de la memoria histórica, quedando con suerte como algo episódico e intrascendente—. Quién sabe qué sucederá en el futuro.



Pareciera que, a estas alturas del proceso histórico salvadoreño, nadie –o sólo una minoría— quiere hacerse cargo o asumir como propios los Acuerdos de Paz. Da la sensación de que, para la mayor parte de actores socio-políticos, los históricos documentos significan bien poco en la ruta para la construcción de una sociedad distinta, más justa, inclusiva y solidaria. 



Y no se trata de un anacronismo sin sentido. Porque en la postguerra la ruta para la construcción de una sociedad nueva fue iniciada (y trazada originalmente) en los Acuerdos de Paz. Otra asunto es que ese camino se recorriera mal y que en el trayecto que inició en 1992 se torciera la senda que nos llevaría a una sociedad fundada en una democracia social, económica y política. Con todo y las debilidades de los Acuerdos de Paz, su letra y su espíritu apuntaban a algo bueno para los salvadoreños y salvadoreñas; pero esa letra y ese espíritu fueron traicionados por quienes antepusieron sus intereses mezquinos al bien común.



Los Acuerdos de Paz dictaban una serie de arreglos institucionales, políticas públicas y bienestar social –y no sólo desmilitarizar a la sociedad, desarmar al FMLN y celebrar elecciones periódicas— que de haberse hecho realidad le hubieran cambiado el rostro al país.



Pero, lamentablemente, entre quienes gestionaron el aparato estatal desde 1992 sobraban los que estaban en contra de los Acuerdos de Paz. Y desde el poder que tenían en sus manos hicieron todo lo que estuvo a su alcance para hacer lo contrario de lo que los Acuerdos de Paz exigían en materia social y económica.



El resultado lo tenemos a la vista: un país descalabrado socialmente, con una población insatisfecha con sus condiciones de vida, con una violencia que tiene su caldo de cultivo en la marginalidad urbana y rural, y, como contrapartida, unos sectores minoritarios que --pese a la crisis y al deterioro social generalizado— ostentan su riqueza y bienestar sin el mayor recato.



Los Acuerdos de Paz, en este sentido, son una negación de la realidad actual de El Salvador; expresan lo que “pudo haber sido” este país, si la voluntad y los compromisos de las élites políticas y económicas de El Salvador hubieran sido distintos. Constituyen, pues, la prueba fehaciente de una oportunidad perdida –como tantas otras en la historia salvadoreña—. En la historia de los pueblos no hay destinos inevitables o trayectorias inamovibles, trazadas de antemano por fuerzas divinas o naturales.



En la historia hay, como decía una y otra vez el filósofo Xavier Zubiri y repetía Ignacio Ellacuría— “posibilidades”. Y son esas posibilidades las que al hacerse realidad, por la praxis de individuos y grupos, configuran la trayectoria histórica de los pueblos. Los Acuerdos de Paz fueron una posibilidad histórica de enorme riqueza; se trató de una posibilidad que, sin embargo, no se hizo realidad en toda su plenitud y en lo que mejor podía dar de sí.



Sobre la conciencia de quienes abortaron este proceso que pudo haber dado vida a un país distinto recae una enorme responsabilidad histórica. Sobre su conciencia recae la responsabilidad del descalabro social actual, la violencia, la frustración colectiva, de la expulsión hacia el exterior de salvadoreños y salvadoreñas que no encuentran en su patria las condiciones para vivir dignamente… Los Acuerdos de Paz abrieron una ruta que no se siguió. Se tiene que retomar de nuevo esa ruta, en otro contexto y en otras condiciones sociales, económicas, culturales, políticas y medioambientales. 



Así como se sigue volviendo la vista hacia lo mejor de la herencia dejada por el proceso de Independencia –el republicanismo, el respeto a la ley, el control del poder, la primacía del bien común sobre el interés particular— con idénticas o mejores razones se debe volver la vista a los Acuerdos de Paz, que no es descabellado llamar nuestra segunda Acta de Independencia.



Volver la mirada a los Acuerdos de Paz con la intención de retomar la ruta trazada por ellos significa comprometerse con un El Salvador distinto al que tenemos, del cual lo menos que podemos es sentirnos orgullosos… A menos que nos enorgullezcan los cadáveres en las calles, la matonería de quienes se sienten por encima de la ley, los abusos y ostentación de los poderosos, la expulsión hacia el exterior, de salvadoreños y salvadoreñas, la insalubridad de nuestras calles, la voracidad de los banqueros, el deterioro agrícola, el desempleo o los bajos salarios.

El Pentágono y el Plan Centroamericano contra las Drogas

El Plan Centroamericano contra las Drogas es un nuevo instrumento creado para contener la migración sur y centroamericana. Al definir políticas represivas para frenar la corriente migratoria, lejos de contener a la población tendrá un efecto de expulsión masiva.

Rodolfo Sánchez Men / ALAI
El Pentágono iniciará una nueva intervención militar en Centroamérica a partir del 2011, conforme al Plan Centroamericano Contra las Drogas, PCCD: un clon de los planes Colombia y México, con el pretexto de combatir al tráfico de drogas, lo que ampliará el negocio del mercado de las armas en los pobres países y será pagado con la violencia y las muertes de inocentes.

La intervención militar y de inteligencia en Centroamérica es parte del plan de seguridad del Pentágono desde México a Colombia, para delimitar su área geopolítica respecto de Unasur y, específicamente, impedir la irrupción de las potencias emergentes del BRIC, poniendo en peligro el abasto y dominio de su capital y corporaciones sobre recursos estratégicos.

Los migrantes sur y centroamericanos han desafiado la política de seguridad norteamericana, impedirles por la fuerza el acceso al mercado laboral, recurriendo al servicio de mercenarios para secuestrar y ejecutar a centenares de ellos.

Estados Unidos devastó con la violencia a América Central para imponer el libre comercio, así han creado las condiciones para el traslado masivo de los centroamericanos a Estados Unidos en busca de ingreso para sobrevivir.

El Plan Centroamericano contra las Drogas es un nuevo instrumento creado para contener la migración sur y centroamericana. Al definir políticas represivas para frenar la corriente migratoria, lejos de contener a la población tendrá un efecto de expulsión masiva.

La violencia del gobierno de Calderón demuestra que el Plan México ha incrementado la migración masiva no solo de las comunidades afectadas por la presencia militar y policiaca, sino también que las áreas de clases medias salgan huyendo del país al estar en peligro sus vidas, después de registrarse más de 30 mil muertes y esperar más de 70 mil como saldo de un gobierno sangriento.

La intervención militar en los países centroamericanos con el Plan Contra las Drogas, amplía la escalada de desestabilización política a la que ha sido sometida la región noroeste de México, integrada por los estados de Tamaulipas, Coahuila, Chihuahua y Nuevo León.

Los zetas son el instrumento creado y dirigido por el Pentágono para desestabilizar desde el norte de México hasta Centroamérica, mediante la guerra especial o 4GW. Los zetas son un ejército paralelo a las fuerzas armadas nacionales de México, entrenado en tácticas contrainsurgentes, denominados Gafes, cuya tarea inicial fue la de crear un escenario de violencia y de terror, para auspiciar la intervención militar del Comando Norte, North Com, y de los servicios de inteligencia norteamericanos.

El Pentágono le ha asignado ahora a Los zetas la misión de integrar un cártel que opere el tráfico de drogas en los países centroamericanos con fuerzas militares centroamericanas capacitadas en guerra contrainsurgente como los Kaibiles de Guatemala, y otras bandas de diseño como Los maras salvatruchas,

Por su parte el Comando Sur, participará junto con las fuerzas militares norteamericanas y de inteligencia, para delimitar geopolíticamente la región como área de seguridad y de integración a Estados Unidos, y sellarlo contra la influencia del bloque emergente de potencias del BRIC y los países que tratan de liberarse de la tutela de los organismos financieros, dominados por la banca mundial privada. En suma, crear gobiernos y fuerzas políticas locales favorables a la intervención militar y de inteligencia.

Informes de inteligencia de Guatemala informan que exmilitares mexicanos, Los zetas, con ayuda de guatemaltecos, han tomado por completo algunas de las comunidades locales.

La prensa local reporta que la población vive intimidada por hombres que pasean con vehículos todo terreno, con armas de asalto y contra los que las fuerzas de seguridad se han visto incapacitadas de actuar. Finqueros denuncian y dicen ser amenazados para entregar sus tierras a los traficantes.

El ministro de la Defensa de El Salvador, David Mungía Payés, sincronizado con el cronograma intervencionista del Pentágono, afirma que la lucha que libran las autoridades mexicanas genera nuevos desafíos para toda Centroamérica. Al presionar en el norte, los cárteles mueven su retaguardia estratégica hacia el sur, están llegando a Centroamérica y con fuerza a Guatemala; la presencia de Los zetas es real, han llegado a Honduras. El narcotráfico se está convirtiendo en un tema de seguridad nacional.

El ministro de Relaciones Exteriores del gobierno salvadoreño, Hugo Martínez, no se anda por las ramas y actúa como vocero del Comando Sur: "Como lo hemos dicho siempre, si hay una Plan Colombia en el sur, si hay un Plan Mérida en el norte, y si hay presión en esas regiones, es lógico que haya un desplazamiento del crimen organizado y el narcotráfico hacia Centroamérica".

Honduras será el país plataforma de las operaciones del Plan Centroamericano Contra las Drogas. El Pentágono dio el golpe de Estado contra el presidente Zelaya para impedir que la región centroamericana cayera bajo la influencia de los países de Unasur. Ahora tras el golpe de Estado cuenta con un gobierno que irá de la mano con los tres mil marines que han llegado a Costa Rica a dar inicio a la nueva etapa del Condeca.

Fuente: Forum en línea: http://www.forumenlinea.com/

La remilitarización de Panamá

El presidente Ricardo Martinelli, el ministro de Seguridad, Raúl Mulino, y la embajada de EEUU han informado poco sobre las 9 bases “aereo-navales” que se están construyendo. A pesar de las denuncias y protestas de las organizaciones sociales panameñas, el silencio del gobierno es hermético.

Marco A. Gandásegui, hijo / ALAI

El gobierno panameño denunció el 13 de enero de 2011 que había encontrado un campamento abandonado con equipo sofisticado cerca de Bahía Piñas (provincia del Darién), en el Pacífico, cerca de la frontera con Colombia. Los aparatos de seguridad panameños lo relacionaron con la organización guerrilla colombiana FARC. Sin embargo, hay información que en esa área EEUU está invirtiendo 4 millones de dólares en la construcción de barracas con fines militares y un muelle para naves con capacidad de interceptar barcos en alta mar.

EEUU, según el Tratado del Canal Torrijos-Carter, evacuó su última base militar de Panamá el 31 de diciembre de 1999. A pesar de no existir presencia de tropas norteamericanas en el Istmo desde aquella fecha, Panamá ha firmado con EEUU cinco acuerdos que le permiten a ese país tener presencia militar en el país, ignorando la ley panameña. El Departamento de Defensa de EEUU, incluso, ha firmado, desde el 31 de diciembre de 1999, 715 contratos con empresas norteamericanas para que desarrollen actividades en Panamá.

Con el último acuerdo de asistencia militar entre ambos países, firmado en 2009, la mayoría de los contratos del Departamento de Defensa son para la construcción de “bases aéreo-navales” sobre las dos costas de Panamá. El presidente Ricardo Martinelli, el ministro de Seguridad, Raúl Mulino, y la embajada de EEUU han informado poco sobre las 9 bases “aereo-navales” que se están construyendo. A pesar de las denuncias y protestas de las organizaciones sociales panameñas, el silencio del gobierno es hermético.

Según información del Departamento de Defensa de EEUU, en su año fiscal 2011 se invertirán casi 16 millones de dólares en 6 bases militares en Panamá. En 2010 el Departamento de Defensa invirtió 6 millones de dólares en otras tres bases.

A fines del año pasado el Departamento de Defensa firmó un contrato por un total de 4 millones de dólares para construir barracas militares y un muelle con capacidad militar en “Puerto” Piña. El lugar donde se efectuará (o ya se está efectuando) la inversión para las barracas militares coincide con el área donde el gobierno panameño denunció la existencia de un campamento de las FARC.

Las barracas que construirá EEUU tienen, según el contrato, capacidad para desarrollar operaciones “contra-narcóticos”. Esta iniciativa de EEUU, en particular, bajo la coordinación del Comando Sur, incluye 6 bases. Además de “Puerto” Piña, se construirán centros de operaciones militares en La Palma y Punto Coco. En Meteti, Yaviza y Rambala ya se hicieron importantes avances en 2010.

Según los contratos del Departamento de Defensa, la empresa J&J Maintenance, con sede en Austin, Texas, va a construir un "CN (Counternarcotics) Ops Center/Barracks" y un muelle en Punta Coco, que estará listo antes de octubre de 2011. Otro contrato firmado por el gobierno norteamericano proyecta construir un "CN Pier Renovation and Jet Docks" en La Palma, para terminar en agosto de 2011.

Por otro lado, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EEUU construirán tres bases aéreo-navales adicionales, tipo "CNT [Counter Narcoterrorism] Ops Center/Barracks", en Isla Grande, Obaldía y El Porvenir. Los centros militares deben estar terminados entre julio y septiembre de 2011. En cada una de estas instalaciones se invertirá un total de 3.5 millones de dólares. EEUU contempla invertir en Isla Grande, Obaldía, El Porvenir y “Puerto” Piña, un total de 15.5 millones de dólares en 2011.

En el marco de los protocolos militares norteamericanos, que hablan de actividades “humanitarias”, también se construirán tres escuelas y un centro de salud por un total de 946 mil dólares en áreas rurales de Panamá. Forman parte de las "acciones humanitarias" de las Fuerzas Armadas de EEUU en países que supuestamente no cuentan con presupuesto para construir sus propias instalaciones.

Además de las bases aéreo navales en construcción, EEUU continúa realizando “pruebas tropicales” con fines militares en Panamá. Según revelaciones de los contratos existentes, desde principios de la década pasada, el Departamento de Defensa tiene acuerdos con dos empresas. Por un lado, con Kvaerner Process Services que recibió 12 millones de dólares para realizar “pruebas tropicales” y “otros servicios de apoyo administrativo”. Con Trax International, asociado con Yuma Proving Ground, (Arizona, EEUU) se han suscrito contratos por una suma de por lo menos 18 millones de dólares.

En Panamá los militares norteamericanos realizaron pruebas documentadas sobre soldados puertorriqueños y de otras nacionalidades a mediados del siglo XX para conocer su resistencia a cierto tipo de armamentos y químicos. En la actualidad, algunos diarios de la localidad han publicado avisos reclutando personal para trabajar en “pruebas tropicales” no especificadas.

El Departamento de Defensa de EEUU también ha contratado a J&J Maintenance (de Texas) para reparar y actualizar varios polígonos de tiro en el país. Un acuerdo firmado con la empresa le proporciona medio millón de dólares para mejorar los polígonos ("Upgrade Ranges") en el primer semestre de 2011.

- Marco A. Gandásegui, hijo, es docente de la Universidad de Panamá e investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA) Justo Arosemena. http://marcoagandasegui10.blogspot.com

Glosario de la guerra contra el narcotráfico en México

El gobierno de Felipe Calderón ha trascendido en el ámbito noticioso mundial a partir de su anunciada “guerra contra el narcotráfico”. Como además resulta que recientemente anunció que no anunció lo que anunció, considero conveniente ofrecer un glosario de términos claves para mayor comprensión de los analistas extranjeros que frecuentemente se interrogan sobre la escalofriante y trágica realidad mexicana.
Gilbe
rto López y Rivas / LA JORNADA
1) Guerra contra el narcotráfico. Eufemismo con el que se pretende ocultar: a) la estrategia de un usurpador para afianzarse en el poder; b) el emplazamiento del Ejército en todo el territorio como fuerza de ocupación represiva; c) el apoyo a uno de los cárteles frente a sus rivales a través de una carnicería sin fin; d) el incremento del enriquecimiento inexplicable de una buena parte de la jerarquía castrense, policiaca, judicial, religiosa y de la clase política en general; e) el afianzamiento de la injerencia y control de Estados Unidos sobre México; f) la criminalización de los movimientos sociales; g) la guerra social contra jóvenes y pobres y la guerra sucia contra los opositores.

2) Guerra sucia. Crimen de Estado que al margen de la Constitución tiene como propósito el aniquilamiento de los considerados “enemigos internos” por medio de su localización, seguimiento, captura, interrogatorio a través de la tortura, mantenimiento en cárceles clandestinas, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales por parte de las fuerzas armadas, agentes policiacos, de inteligencia y grupos paramilitares que actúan bajo las órdenes –usualmente– de la sección segunda del Ejército.

3) Estado fallido: a) término utilizado para describir a los gobiernos trasnacionalizados y colaboracionistas que fallan en todas sus tareas sociales, mientras fortalecen sus aparatos y estrategias privatizadoras, desnacionalizadoras y represivas; b) también es utilizado para justificar la ocupación militar de países, obviamente humanitaria y democratizadora, de Estados Unidos, cuyos ejemplos más recientes son Irak y Afganistán. LEA EL TEXTO COMPLETO AQUI...

Cuba cambia el modelo económico (III)

Lo que permite y exige diseñar ahora un modelo económico a largo plazo es la cantidad y calidad de capital humano formado por la revolución; la complejidad y diversidad alcanzada por la sociedad cubana; el análisis crítico de la propia experiencia y de las causas del derrumbe soviético; la nueva situación de independencia e integración en América Latina y la declinación de la hegemonía de Estados Unidos
Angel Guerra Cabrera / LA JORNADA
En las dos entregas anteriores argumenté la ineludible necesidad de cambiar el modelo económico de Cuba, rectificando errores paradójicamente originados en la voluntad de conseguir toda la justicia social, aunque también en la copia de ciertos modos de hacer de otras experiencias que buscaron construir el socialismo. Si estudiamos el mensaje de Fidel a los estudiantes del 17 de noviembre de 2010 (síntesis de las ideas de su discurso de la Universidad de 2005) y los discursos de Raúl Castro desde el 26 de julio de 2009 hasta el que sirviera de conclusión de la última sesión de 2010 de la Asamblea Nacional y los resúmenes de los debates de aquella publicados en la prensa cubana, encontramos varios aspectos centrales.

Primero, este proceso lo anima la inquebrantable decisión de asegurar la irreversibilidad de la revolución socialista en Cuba y de sus conquistas emblemáticas mediante la aplicación de un máximo de racionalidad en todos los sectores de la economía, rectificando los errores y prácticas que entorpecen ese objetivo, particularmente aquellos que conspiran contra el poder estimulador del salario. Se busca detonar un gran proceso de acumulación de capital que dé sustento material a aquel objetivo crucial, comenzando por la forma más simple de lograrlo, que es el ahorro de recursos de todo tipo en lugar del gasto injustificado que ha existido. LEA EL TEXTO COMPLETO AQUI...

Haití: el retorno de un dictador

Durante los 15 años que permaneció en el poder, Baby Doc encabezó uno de los regímenes más represores y sanguinarios en la historia de ese país y del continente, acaso sólo superado por el que diri
gió su padre y antecesor en el cargo, François Duvalier, quien tomó el poder en 1956 mediante un golpe militar.
Editorial de LA JORNADA (México, 18 de enero de 2011)
El inesperado regreso del ex dictador haitiano Jean-Claude Duvalier, Baby Doc, quien arribó a su país el pasado domingo procedente de Francia –donde se re fugió tras ser derrocado por una revuelta popular en 1986–, ha provocado expresiones de “sorpresa” y preocupación en la comunidad internacional, por los posibles episodios de inestabilidad que el hecho pudiera suscitar en la nación antillana. Por su parte, Human Rights Watch (HRW) y Amnistía Internacional (AI) han demandado a las autoridades haitianas la captura del ex dictador –sobre quien pesan acusaciones por crímenes de lesa humanidad– y su presentación ante la justicia.
El retorno de Duvalier a Haití representa, en efecto, un factor adicional de tensión en un país sobrado de ellos, y constituye una afrenta histórica para los habitantes de la nación más pobre del hemisferio. Durante los 15 años que permaneció en el poder, Baby Doc encabezó uno de los regímenes más represores y sanguinarios en la historia de ese país y del continente, acaso sólo superado por el que dirigió su padre y antecesor en el cargo, François Duvalier, quien tomó el poder en 1956 mediante un golpe militar. En conjunto, la dinastía de los Duvalier fue responsable de la muerte y desaparición de decenas de miles de personas, ya fuera a manos de las fuerzas armadas de Haití o de las milicias leales al gobierno, los tristemente célebres tonton macoutes. LEA EL TEXTO COMPLETO AQUI...

Chile: La sublevación de Magallanes

La protesta social más amplia, organizada y prolongada de los últimos veinte años -sólo comparable a las manifestaciones en contra de la dictadura militar en la década de 1980-, sacudió a la Región de Magallanes, tres mil kilómetros al sur de Santiago, luego que el gobierno del presidente Sebastián Piñera decidiera au
mentar en 16,8 por ciento la tarifa del gas, combustible indispensable para una vida normal en la zona más austral del territorio continen
tal chileno.
Manuel Salazar Salvo / Punto Final y Rebelión
Loshabitantes de Punta Arenas, capital de Magallanes, se unieron para reclamar por la medida en torno a la Asamblea Ciudadana Magallánica (ACM), instancia pluralista surgida hace poco más de dos meses y que reúne a dirigentes de un amplio espectro de actividades, similar a la organización que en los años 80 desempeñó un papel fundamental en la oposición al régimen militar y en la lucha cívica para conseguir el retorno a la democracia.
Junto a la ACM se alinearon también representantes locales de la patronal Confederación de la Producción y el Comercio, los parlamentarios y alcaldes de la XII Región y la totalidad de los partidos políticos existentes en la zona, incluidos los oficialistas Renovación Nacional y Unión Demócrata Independiente. No obstante, los dirigentes partidarios, los senadores y diputados, fueron ampliamente superados por el clamor de los ciudadanos.
Miles de personas marcharon por las calles de Punta Arenas en días sucesivos, portando banderas negras y el emblema magallánico (una bandera azul y dorada con las estrellas de la Cruz del Sur) adoptado en septiembre de 1996, gritando consignas contra el alza del gas y contra el gobierno de Piñera. Por las noches, los puntarenenses levantaron barricadas, encendieron fogatas y tocaron cacerolas en repudio al alza del precio del gas, que consideraron una medida centralista, autoritaria e inconsulta del gobierno. La intendenta regional, Liliana Kusanovic Marusic, reconoció que la decisión no le fue comunicada ni menos consultada antes de que se hiciera efectiva. LEA EL ARTICULO COMPLETO AQUI

Romper las trampas, subvertir el poder

Entrevista con la investigadora mexicana Ana Esther Ceceña: «El concepto de “progreso” ha sido construido desde los centros de poder y ha sido definido y acuñado excluyendo lo que, por ejemplo, entienden y viven los pueblos y nacionalidades indígenas de nuestro continente»

Idania Trujillo / LA JIRIBILLA Y LA VENTANA

Ana Esther Ceceña es una de esas mujeres inquietas a las que se puede encontrar lo mismo en Chiapas, Honduras, Ecuador, Argentina, México, que ahora en Cuba. La he visto, escuchado y entrevistado en no pocas oportunidades. Esta vez conversamos con el mar de fondo y la ciudad abierta a numerosas voces que, desde diferentes sitios de Cuba y Latinoamérica, llegaron para participar, por estos días, en el IX Taller Internacional sobre Paradigmas Emancipatorios, organizado por el Grupo GALFISA, el Instituto de Filosofía y el Centro Memorial Martin Luther King.

Ana Esther coordina desde hace un tiempo el Observatorio Latinoamericano de Geopolítica de la Universidad Nacional Autónoma de México, un grupo de profesionales que a partir de una metodología que permite entender la coyuntura como parte activa de un proceso de disputa de larga duración se han propuesto estudiar, diagnosticar y dar a conocer cuál es el nudo crítico en el que se enfrentan, se disputan y se remodelan los proyectos sistémicos o civilizadores sobre los que se construye la hegemonía y las relaciones de poder en el mundo contemporáneo, desde una perspectiva compleja que integra la territorialidad como dimensión básica de organización de la vida social.

En un reciente artículo, Ana Esther dice: “Estamos en un momento de afloramiento de culturas que desbordan los límites de acotamiento impuestos por el capitalismo. La complejidad caótica de la realidad exige explicaciones complejas y la naturaleza de los fenómenos reclama el protagonismo de los sujetos en los cuerpos explicativos”. Sobre este tema, precisamente, iniciamos nuestra plática...

En tu intervención en el primer día del Taller, al hablar de las crisis, colocabas a los sujetos en el centro de la discusión sobre las alternativas civilizadoras frente al capitalismo, ¿quiénes son estos sujetos y desde qué lugares están actuando?

No hay sujetos definidos per se, sino que ellas y ellos se construyen en la lucha y la lucha es muy diversa. En nuestro continente esta lucha tiene muy larga data. No existe un solo lugar desde donde emanen esos sujetos, son muchos ya que el sistema de dominación capitalista abarca muchos aspectos y para erigirse en su origen histórico tuvo que construir una monarquía cultural; hubo un avasallamiento cultural muy fuerte que fue, digamos, el hecho fundacional del capitalismo. La idea del avasallamiento, como origen de una relación social, permanece y aparece por todos lados y tiene diferentes expresiones: de clase, raza, género, cultura, religión, etc. Se trata de una relación que establece su dominio a partir de que unos individuos someten a otros, y unas formas de pensamiento y producción someten a otras.

»De manera que los conquistadores al imponer su dominio económico, cultural, social no solo sometieron a otras y otros sujetos, sino también a la manera en que esos sujetos establecían su relación con la naturaleza. Por eso se dice que impusieron su pensamiento androcéntrico, europeizante, patriarcal y discriminatorio sobre otras formas de vida, que en el caso de América Latina tenían existencia y consistencia precedente».

LEA LA ENTREVISTA COMPLETA AQUI...


Los desafíos de la educación popular

Debemos enfocar la discusión acerca de los nuevos paradigmas de la educación popular, rescatando su dimensión libertadora, para desarrollar una metodología que incorpore el legado de Paulo Freire y lo haga avanzar.
Frei Betto / LA JIRIBILLA
En las líneas que siguen, expongo algunas inquietudes acerca de los desafíos que enfrenta la educación popular en la coyuntura en que vivimos. Son reflexiones que compartimos con Paulo Freire en sus últimos años de vida.
La deshistorización del tiempo
En la educación popular debemos aprender a colocar los conceptos en lenguaje plástico. Existe un principio sagrado: no se trata de que el pueblo entienda lo que hago, sino que “vea” lo que yo hago. Si no logramos transformar el concepto en metáfora, en imagen, seguiremos hablando un lenguaje ajeno y corremos el riesgo de llevar al pueblo a usar un lenguaje intelectualista. Un ejemplo de ello es el caso del carcelero que leía nuestras cartas en la prisión para censurarlas. Un día conversaba con nosotros y se quejaba de sus problemas sentimentales con su novia; al poco tiempo le pregunté cómo iban las cosas y me respondió: “Ay, hermano, el asunto está difícil, nos encontramos en un antagonismo”. Él había leído en nuestras cartas la palabra “antagonismo”, la encontró bonita y la incluyó en su lenguaje.
Otro principio de la educación popular es la necesidad de “tener un tendedero donde se puedan colgar los conceptos y analizar la realidad”. El tendedero es la percepción del tiempo como historia. Es un hecho que existen civilizaciones, tribus y grupos que no tienen la idea del tiempo como historia, como los antiguos griegos, para quienes el tiempo era cíclico.
La esencia del neoliberalismo es la “deshistorización del tiempo”. Cuando Fukuyama declaró “el fin de la historia”, no hizo sino expresar lo que el neoliberalismo quiere lograr: “hemos llegado a la plenitud del tiempo: el método neoliberal de producción capitalista, el mercado. Son pocos los escogidos y muchos los excluidos; y ya no tiene caso querer luchar por una sociedad alternativa”.
Actualmente es difícil hablar de sociedad alternativa; de socialismo, ni pensarlo. Se ha creado una especie de pudor, un bloqueo emocional alrededor de este asunto. LEA EL TEXTO COMPLETO AQUI

sábado, 15 de enero de 2011

Costa Rica y el ejército

Hay una campaña orientada a revertir lo que consideramos que es uno de los grandes logros políticos y sociales de la América Latina del siglo XX: la abolición del ejército en Costa Rica. En este sentido, no solo los costarricenses son los llamados a defenderlo. Todos los latinoamericanos que aspiramos a construir una sociedad distinta, más justa, deberíamos hacerlo.
Rafael Cuevas Molina /Presidente AUNA-Costa Rica
rafaelcuevasmolina@hotmail.com
(Fotografía: José Figueres, presidente de la Junta Fundadora de la Segunda República, en el acto de abolición del ejército. 1 de diciembre de 1948)
Como puntales en los que se atisban aspectos, elementos, dimensiones del mundo del futuro que queremos empezar a construir hoy, existen en América Latina logros magníficos que se encuentran desperdigados en distintos puntos de su inmensa geografía.
Hace unos pocos días, Atilio Borón llamaba, desde la Argentina, a defender colectivamente lo que la Revolución Cubana ha logrado construir en 50 años de inclaudicable trabajo y resistencia. No solo su sistema educativo, el de salud, el que sustenta a la práctica del deporte sino, también, su espíritu solidario que se expresa en su médicos, maestros y técnicos desperdigados por todo el mundo, para solo mencionar algunas de las cosas más obvias.
Si esos logros han sido posibles gracias a una revolución que asumió un carácter socialista, también los hay en otras latitudes bajo sistemas de otro signo, que se han construido siguiendo un derrotero diferente. Uno de ellos, que vale la pena mencionarlo aquí por inédito, por sus implicaciones humanistas que apuntan, al igual que los logros cubanos, hacia el perfilamiento de una nueva humanidad, es el de los costarricenses que, a mediados del siglo XX, abolieron el ejército.
Esta apreciación positiva de la no existencia del ejército no parte de una bobalicona adscripción a un pacifismo descontextualizado. En el mundo contemporáneo, en donde sigue predominando la preeminencia del más fuerte sobre el más débil, en donde la imposición a sangre y fuego de los intereses de las grandes potencias es la norma, la existencia de los ejércitos sigue siendo una realidad insoslayable.
Pero lo deseable es su no existencia.
Ellos representan el lado oscuro del ser humano, la imposición de los intereses de unos sobre los de otros. La sociedad del futuro debe aspirar a un grado de civilización mundial que los haga prescindibles, en donde el diálogo, la negociación y el consenso priven sobre cualquier tipo de violencia.
Es por eso que la abolición del ejército en Costa Rica es un momento revolucionario en la historia de América Latina. Es un signo de avance civilizatorio que debe valorarse y sumarse a la lista de aspiraciones que debemos tener todos en este continente.
Pero como todo logro, al igual que los de los cubanos que Borón llama a defender, éste también debe apuntalarse porque no se encuentra escrito en piedra. No hay irreversibilidad en ninguno de ellos, están propensos a desaparecer y no son pocos a los que o no les importa que eso suceda o, peor aún, se proponen desmantelarlos conscientemente en función de intereses para los que son obstáculo.
Desde hace algún tiempo, en Costa Rica viene expresándose de forma cada vez más abierta y agresiva una fuerte tendencia que pretende restablecer el ejército en el país. Las excusas esgrimidas para tales fines son dos: el combate al narcotráfico y la defensa de la integridad territorial del país. Hemos utilizado conscientemente el término “excusa” para referirnos a los argumentos utilizados.
En relación con el combate al narcotráfico, el Asamblea Legislativa aprobó, dos veces consecutivas en los últimos 8 meses, el ingreso de destacamentos armados norteamericanos que, a todas luces, no están orientados para tales fines. Son miles de soldados, portaviones, helicópteros artillados.
Por otra parte, en los últimos meses se ha desencadenado un conflicto fronterizo con Nicaragua que, en nuestra opinión, ha sido magnificado precisamente para orientar a la opinión pública en dirección de mostrar la necesidad de contar con un ejército que defienda la soberanía nacional. Declaraciones de altos funcionarios del gobierno apuntan de forma sistemática en ese sentido. Se habla de crear un impuesto para la defensa, de reconsiderar la tradición pacifista del país, de crear un ejército sui géneris que nadie entiende muy bien cómo sería.
En suma: hay una campaña orientada a revertir lo que consideramos que es uno de los grandes logros políticos y sociales de la América Latina del siglo XX. En este sentido, no solo los costarricenses son los llamados a defenderlo. Todos los latinoamericanos que aspiramos a construir una sociedad distinta, más justa, deberíamos hacerlo.

México y Centroamérica: refundación o “estado de guerra”

Frojar un nuevo pacto social fundacional debería ser el horizonte utópico en las batallas contra los poderosos enemigos que agobian a México y Centroamérica desde hace varias décadas, y que incubaron el actual “estado de guerra”: la pobreza y la desigualdad; la violencia y el miedo social; el autoritarismo, la corrupción y la negación de la democracia profunda; la ignorancia y el egoísmo.
Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica
(Ilustración: cartel de la campaña mexicana "¡Basta de sangre!", encabezada por el caricaturista Eduardo del Río (Rius) y el periodista Julio Scherer)
Muy lejos de la promesa de libertad y prosperidad económica, utopía del discurso neoliberal que irrumpió a finales del siglo XX, México y Centroamérica inician la segunda década del siglo XXI con enormes desafíos de reparación y justicia social por delante, pero también con una amenaza inminente: la de convertirse, acaso de modo irreversible, en una zona de libre comercio de mercancías, drogas y armas, que atrae capitales extranjeros y expulsa seres humanos.
Sin tomar en cuenta la realidad mexicana, ya un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo calificó a Centroamérica como la región más violenta del mundo en el año 2009[1]. Ahora, las estadísticas correspondientes al 2010, sumadas a los hechos de narco-violencia, paramilitarismo, asesinato, persecución política y secuestro ocurridos en los últimos meses, auguran la persistencia de esa condición.
Según datos del gobierno federal de México, durante el 2010 “se registró la mayor cantidad de homicidios de los últimos años, con un total de 15 mil 273 homicidios dolosos”, de los cuales, el 89% fueron ejecuciones “cometidas presumiblemente para disciplinar” a socios o rivales de los grupos criminales organizados (del narcotráfico)[2].
En Guatemala, 8 defensores de los derechos humanos fueron asesinados y se documentaron 304 ataques contra activistas sociales[3]. También, el pasado mes de diciembre, los enfrentamientos entre cárteles de la droga (refugio de los kaibiles, fuerzas de élite creadas por la política de contrainsurgencia norteamericana en la década de 1970) y el ejército nacional, en el departamento de Alta Verapaz (al norte del país), dieron un triste recibimiento a un año electoral en el que los partidos políticos de derecha intentarán recuperar el poder del debilitado Estado guatemalteco.
En Honduras, tras el derrocamiento de Manuel Zelaya en junio de 2009, la situación de violencia generalizada –y tolerada por las fuerzas golpistas- se expresa en los asesinatos de miembros del Frente Nacional de Resistencia, campesinos, sindicalistas y dirigentes populares, a manos de sicarios y grupos paramilitares. La magistrada salvadoreña Mirna Jiménez, miembro de la Comisión de la Verdad en Honduras, afirma que “si esta situación se consolida, va a ser una amenaza que puede afectar a otros países, como por ejemplo a El Salvador, donde hay un proceso de democratización aún débil y donde el gobierno se siente amenazado, o a Guatemala. En Honduras se está jugando la posibilidad de un avance democrático o de un retroceso hacia la dictadura en Centroamérica[4].
De ese retroceso democrático da cuenta el informe anual de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), en el que se consignan los asesinatos de dos comunicadores en Guatemala; 10 en Honduras, y 17 en México, solo durante el 2010.
Para FELAP, “resalta la situación en Honduras adonde los crímenes poseen una tónica política y el número de víctimas contrasta con la pequeñez del país y de su población (…) todos los asesinatos de periodistas corresponden al período del actual presidente [Porfirio] Lobo”. En tanto que en México, “los esfuerzos en la denuncia y la acción de la Federación de Asociaciones de Periodistas (FAPERMEX) se han encontrado con la inoperancia de las autoridades para los efectos de, siquiera, descubrir a los delincuentes[5].
La onda expansiva de la crisis estimula las respuestas represivas de las élites mesoamericanas, incluso en un país como Costa Rica, que optó por no tener ejército desde 1949. Aquí, la coyuntura del conflicto fronterizo con Nicaragua, y su discusión en la Corte Internacional de La Haya, ha sido aprovechada por algunos sectores del gobierno de Laura Chinchilla para profundizar las tendencias que apuestan por la cuasi militarización de la política de seguridad nacional. Ya no se trata solo del ingreso de buques y marines de la Armada estadounidense al país, sino de dar un paso más allá: el Canciller de la República sugirió que era tiempo de “reconsiderar” la tradición pacifista y armar fuerzas de seguridad especiales, a las que solo un resto de pudor y bastante cálculo político, le impiden llamarlas ejército.
Se trata de un panorama abrumador, tanto por la dimensión de los problemas como por la ausencia de soluciones integrales, estructurales, que superen las visiones guerreristas o el simplismo de la sumisión a los planes estratégicos de la “alianza de seguridad” con los Estados Unidos, como el Plan Mérida y la Iniciativa Regional Centroamericana de Seguridad (lo que no significa negar la corresponsabilidad de este país, el mayor consumidor de drogas y el principal exportador de armas del mundo, en la búsqueda de soluciones).
Sin embargo, el enfoque de sumisión tampoco parece viable en el largo plazo, pues deliberadamente omite la crítica al sistema social, económico, productivo y político en que se ha desarrollado la cultura de la violencia, sobre todo en Centroamérica: base de las relaciones de explotación, expoliación y dominio –que en algunos momentos llegó hasta el genocidio- de unos grupos de poder sobre amplios sectores de la población.
Construir y articular un proyecto emancipador alternativo, amplio e inclusivo, con alcance regional (Honduras demuestra que los procesos de cambio confinados a un solo país pueden ser derrotados con relativa facilidad), que retome la experiencia reciente de movilización social plural y de lucha popular, debería ser una tarea prioritaria para las fuerzas progresistas mesoamericanas.
Ese nuevo pacto social fundacional, en primera instancia, tendría que recuperar para los pueblos la capacidad de decisión sobre su destino; y luego, constituirse en el horizonte utópico en las batallas contra los poderosos enemigos que agobian a México y Centroamérica desde hace varias décadas, y que incubaron el actual “estado de guerra”: la pobreza y la desigualdad; la violencia y el miedo social; el autoritarismo y la negación de la democracia profunda; la ignorancia y el egoísmo.
NOTAS
[1] PNUD (2009). “Abrir espacio a la seguridad ciudadana y el desarrollo humano”. El documento en formato PDF puede descargarse en la siguiente dirección: http://economiccluster-lac.org/index.php?option=com_content&view=article&id=170&Itemid=56&lang=es
[2]Fueron ejecuciones 89% de los 15 mil 273 homicidios de 2010”, La Jornada, 13/11/2011. Disponible en: http://www.jornada.unam.mx/2011/01/13/index.php?section=politica&article=005n1pol
[3] CERIGUA. Guatemala: “Crimen organizado podría estar detrás de 304 agresiones contra defensores de derechos humanos”. En Argenpress.info, 12/01/2011. Disponible en: http://www.argenpress.info/2011/01/guatemala-crimen-organizado-podria.html
[4] Trucchi, Giorgio. “En Honduras hay crisis institucional y reina la impunidad”. Entrevista a la magistrada salvadoreña Mirna Perla Jiménez. ADITAL, 7 de enero de 2011. Disponible en: http://www.adital.org.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=53376
[5] Uribe, Hernán. "Funesto récord en 2010: eliminados 40 periodistas en seis países latinoamericanos". Revista Sur y Sur. Enero de 2011. Disponible en: http://www.surysur.net/?q=node/15544

Contra la cultura de la complicidad, dondequiera que aflore

La congresista Gabrielle Gifford ha sobrevivido al intento de asesinarla. Esperemos que eso anuncie, también, que sobrevive la disposición de quienes creen en los valores de la libertad, la democracia y el gobierno de todos para el bien de todos, para encarar y revertir la agresividad creciente de quienes no creen en esos valores y se esfuerzan cada día en erradicarlos de la vida política, allá, acá, y en todas partes de un mundo en crisis.
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Guillermo Castro Herrera / Especial para CON NUESTRA AMÉRICA
Desde Ciudad de Panamá
Para Gabrielle Gifford, que lucha por su vida en Tucson, Arizona
El 8 de enero pasado, en Tucson, Arizona, Jared Loughner, un joven desquiciado, disparó en un acto público contra la congresista demócrata Gabrielle Gifford, la cual resultó herida de gravedad, al tiempo que otras seis personas fueron asesinadas. Los motivos del homicida, arrestado de inmediato por las autoridades, parecen estar vinculados a su desequilibrio mental. Aun así, el hecho de que el atentado ocurriera en momentos en que los Estados Unidos enfrentan una severa crisis económica y una escalada en la agresividad política de los sectores más conservadores de esa sociedad, mueve a reflexión – una vez más – sobre el papel de la violencia en la historia de ese país.
Al respecto, diversos comentaristas de medios de prensa de norteamericanos han hecho referencia al asesinato del Presidente James Garfield en 1881, precedido en 1865 por el de Abraham Lincoln y seguido por los de William McKinley en 1901 y John F. Kennedy en 1963. En todos los casos, los homicidas - John W. Booth, Charles Guiteau, León Czogolz, Lee H. Oswald y el propio Lougher - resultaron ser individuos perturbados, de oscuro origen social y sin filiaciones políticas claras, que parecían haber actuado por propia iniciativa.
Desde una perspectiva latinoamericana, la reflexión sobre estos hechos puede y debe ser enriquecida con el aporte de los numerosos artículos que el escritor cubano José Martí – por entonces exilado en Nueva York, donde era corresponsal del periódico La Opinión Nacional, de Caracas – dedicara a la muerte de Garfield y al juicio y ejecución de su asesino, entre septiembre de 1881 y junio de 1882. Así, por ejemplo, hoy – cuando se discute si Jared Lougher mantenía vínculos con la extrema derecha conservadora, o simplemente se vio estimulado en su locura por el clima de confrontación política que ésta promueve -, conviene recordar lo que observara Martí sobre los motivos de Charles Guiteau para atentar contra el Presidente Garfield. Dijo entonces el cubano:
“Mas ¿quién sabe cuántos empujan la mano que finalmente cae sobre la víctima? ¿Quién sabe qué misteriosos y grandes cómplices tendrá este hombre, de cuya complicidad ni él mismo sospecha? ¿Qué lazo singular ha venido a unir a un mismo tiempo el resultado de los insanos y desmesurados apetitos del asesino, y el interés de un partido político, que con la vida y actos de Garfield no tenía ya esperanza alguna de existencia? ¿Qué sutil veneno no se habrá tal vez vertido por hábiles manos en el espíritu de este criminal, conocido y servidor de todos aquellos en quienes caería irremediablemente la herencia del poder, si muere Garfield? A tales abismos desciende el interés humano, - y había postrado en tierra la inusitada y brillante energía del nuevo Presidente tantos intereses; había arremetido, con tan noble vehemencia, contra los que, en su provecho y en el de su gloria, estaban en camino de deshonrar a su partido y a su patria; había levantado tan alta valla a ambiciones desmedidas, ilimitadas, criminales; había hecho saltar, como acero mal templado, planes e intrigas tan trascendentales y sombríos, - que si el ánimo generoso se aflige de dar cabida a una sospecha injusta, las lecciones históricas, los intereses en lucha, y el carácter y momento del suceso la hacen surgir y la autorizan.”[i]
De entonces data, también, la observación que hace Martí en un artículo posterior, donde relata lo siguiente:
“Un americano pregunta al Sun de Nueva York: - “Al señor editor del Sun.- Señor.- Este es un gran país, y sin embargo, es un hecho que dentro de los últimos 16 años dos Presidentes han muerto asesinados; otro Presidente fue procesado; y a poco se le echa de su puesto; y otro Presidente ocupó su puesto por abominable fraude. ¿No es éste un interesante estado de cosas? ¿Qué viene ahora?”[ii]
El “¿Qué viene ahora?” del lector del New York Sun en 1881 sigue teniendo una preocupante vigencia. En los Estados Unidos - como en todas las sociedades desarrolladas al calor de las contradicciones y conflictos característicos del moderno sistema mundial-, la violencia ha desempeñado un papel en su vida política. Además de las víctimas de atentados individuales, por ejemplo, más de 600 mil norteamericanos perecieron en la Guerra Civil de 1860 – 1865, una cifra equivalente a las bajas combinadas de combatientes en todas las guerras con otros países en que se ha visto involucrado el Estado norteamericano.
Convendrá, una vez más, prestar atención a los llamados a la reflexión y la cordura que han hecho tanto el Presidente Obama como Fidel Castro, que en esto han coincidido por encima de las diferencias que los separan en otros múltiples terrenos. Lo ocurrido a la congresista Gifford – una demócrata liberal, comprometida con la reforma migratoria y la lucha a favor del ambiente en su país y en el mundo – ha sido, en efecto, un crimen atroz cometido en un clima de antagonismos exacerbados. Que haya o no complicidades de otros en el hecho es algo que corresponderá establecer a la justicia norteamericana. Para el mundo entero, sin embargo, como en primer lugar para los propios norteamericanos, resalta hoy el contraste entre una cultura política que favorece un clima de complicidades entre partidarios de la confrontación, y otra que favorece un clima de responsabilidad hacia las normas, los valores y las instituciones que garantizan la convivencia ciudadana en una circunstancia política tan compleja y difícil como la que enfrentan hoy los Estados Unidos.
Gabrielle Gifford ha sobrevivido al intento de asesinarla. Esperemos que eso anuncie, también, que sobrevive la disposición de quienes creen en los valores de la libertad, la democracia y el gobierno de todos para el bien de todos, para encarar y revertir la agresividad creciente de quienes no creen en esos valores y se esfuerzan cada día en erradicarlos de la vida política, allá, acá, y en todas partes de un mundo en crisis.
NOTAS
[i] “Carta de Nueva York.” La Opinión Nacional, Caracas, 5 de septiembre de 1881. En los Estados Unidos. Periodismo de 1881 a 1892. Casa de las Américas, La Habana, Cuba, 2003, p. 8.
[ii] “Cartas de Nueva York. Expresamente escrita para La Opinión Nacional. Garfield ha muerto.” La Opinión Nacional, Caracas, 19 de octubre de 1881. En los Estados Unidos. Periodismo de 1881 a 1892. Casa de las Américas, La Habana, Cuba, 2003, p. 45.