sábado, 29 de agosto de 2020

Agresiones antizapatistas

 Las agresiones paramilitares siempre buscan golpear la medula del corazón zapatista; en el continuo actuar de estos grupos se puede notar que atentan contra todo aquello que genere y articule a la comunidad: autogobierno, territorios, cooperativas o individuos.

Cristóbal León Campos / Para Con Nuestra América

Desde Mérida, Yucatán. México.



Un nuevo ataque paramilitar se ha perpetrado en contra de las bases de apoyo del Ejército de Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el pasado 22 de agosto, integrantes de la Organización Regional de Cafeticultores de Ocosingo (Orcao), dispararon, saquearon e incendiaron dos bodegas de café en la comunidad de Cuxuljá, municipio rebelde de Moisés Gandhi. Las imágenes difundidas en las redes sociales son claras, el fuego en los tejados de las bodegas y las huellas de la agresión, evidencian a toda luz lo que reiteradamente la Comandancia General del EZLN ha dicho, la guerra contra las comunidades zapatistas es continua y sin tregua.
  

La historia del paramilitarismo en México es larga, en Chiapas se recrudeció después de la aparición pública del movimiento zapatista hace más de 26 años, desde entonces, matanzas como la de Acteal (1997) o el asesinato del Samir Flores (2019), así como la invasión-despojo de tierras, el desplazamiento de comunidades y el asedio permanente mediante grupos armados, han marcado el diario acontecer contra las comunidades autónomas. Los grupos paramilitares han sido creados como brazos armados de gobiernos, partidos políticos (del color que sean) y/o empresarios-terratenientes cuyos intereses se ven afectados por el proyecto rebelde comunitario del zapatismo, su actuación se logra por la libertad que les proporciona un marco impunidad avalado por los diferentes gobiernos regionales, estatales y federales, son defensores del capitalismo del Estado Mexicano, por ello, el acoso ininterrumpido contra las comunidades zapatistas. 

 

El proyecto de vida zapatista es opuesto a la lógica del desarrollo y la modernidad capitalista, su naturaleza se suscribe en la organización de base comunitaria-solidaria de los pueblos, cosa que no es comprensible a los ojos y las medidas de la tradición racional occidental que persiste en las interpretaciones de intelectuales de derecha o “progresistas” y de gobiernos condicionados a los límites del sistema, el anticapitalismo del zapatismo era notorio incluso antes de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona de 2005, por el hecho mismo de la tradición histórica profunda que se manifiesta en las formas de autonomía, autogobierno y autodeterminación de los territorios rebeldes. 

 

Si se observa, las agresiones paramilitares siempre buscan golpear la medula del corazón zapatista; en el continuo actuar de estos grupos se puede notar que atentan contra todo aquello que genere y articule a la comunidad: autogobierno, territorios, cooperativas o individuos. Para el zapatismo todas las partes son indispensables en la conformación de su proyecto revolucionario, no hay elemento disociado en su propuesta de vida y de sociedad. 

 

La violencia de hoy reitera la de ayer, las Bases de Apoyo Zapatistas se mantienen bajo ataque, aún así articulan el proyecto emancipador con su existencia y con su práctica consciente anticapitalista. La guerra de baja intensidad de los gobiernos mexicanos se ha alimentado con los grupos paramilitares y los ha usado en momentos coyunturales, actualmente el zapatismo se opone a los mega-proyectos del capital que continúan con el gobierno de la Cuarta Transformación como el mal llamado “Tren Maya”, la coyuntura muestra que nada acontece por casualidad. 

 

Los sectores de la izquierda, si son congruentes, no pueden permanecer en silencio y sin sumarse al grito generalizado que dice: ¡Alto a las agresiones en contra de las Bases de Apoyo Zapatistas!

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