A Centroamérica, al igual que lo sucedido a finales del siglo XIX, el capitalismo, esta vez el de las plataformas, nuevamente la toma como campo de prueba.
Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica
Las primeras inversiones que llegaron fueron las plantaciones de banano y los ferrocarriles necesarios para sacar la producción a los puertos, en donde la fruta exótica se exportaba a las mesas estadounidenses en donde pronto se ganó un lugar preferencial.
Las compañías bananeras se establecieron como enclaves sobre todo, aunque no exclusivamente, en las fértiles tierras del Caribe, en donde constituyeron verdaderos estados dentro del estado, y procedieron a importar fuerza de trabajo de origen afrocaribeño de las islas próximas, modificando el perfil étnico de la región.
El efecto de esta forma de implantación del capitalismo fue tremendo. El mote despectivo con el que muchas veces se nombra a las naciones centroamericanas, el de banana republics, deriva de las pesadas consecuencias que tuvo este tipo de explotación transnacional en países que apenas estaban organizándose, y en las que prevalecía una formación económico social oligárquica con un gran peso de la herencia colonial.
La presencia del capital norteamericano a finales del siglo XIX prefiguró el destino de estas pequeñas naciones, que desde entonces han estado marcadas por la dinámica que imponen a su economía los capitales estadounidenses, y a su política las decisiones de Washington.
De alguna forma, Centroamérica tuvo un lugar central en la dinámica de ese nuevo ropaje que asumía el capital. Lo es ahora nuevamente.
Como es conocido, el capitalismo se ha travestido nuevamente en los últimos diez años en el llamado capitalismo de plataformas. Se trata de estas gigantescas compañías transnacionales que lucran a través de su presencia en la red Internet, en la cual cada día acrecientan su poder no solo económico y tecnológico, sino también político.
Su gran poder político se ha hecho más patente con la administración de Donald Trump. Además de que los dueños de las más importantes compañías que dominan Internet fueron invitados estelares en la toma de posesión del actual presidente, y de que en varias oportunidades fueron invitados a la Casa Blanca, uno de ellos, Elon Musk, fue llevado a participar en la administración gubernamental al inicio de la nueva gestión.
La aspiración del capitalismo de plataformas es manejar la vida económica política y cultural del mundo. Es una aspiración que deriva del interés central del capital, que es el de su reproducción. Para ello, utiliza una serie de mecanismos tecnológicos que pueden tener una amplia y profunda influencia en la sociedad.
A nadie escapa hoy el poder de los algoritmos y, más recientemente, de la inteligencia artificial. Su presencia e influencia es innegable, y el mundo se encuentra inmerso en la discusión de cómo orientarlas por vías que no sean las que dicta el afán de lucro.
A Centroamérica, al igual que lo sucedido a finales del siglo XIX, el capitalismo, esta vez el de las plataformas, nuevamente la toma como campo de prueba.
En El Salvador, el gobierno de Nayib Bukele ya mostró su inclinación a ser conejillo de indias para ellas. Al inicio de su mandato, convirtió al Bitcoin en moneda oficial del país junto con el dólar, haciendo en él grandes inversiones de fondos públicos, y atrayendo a todo tipo de especuladores y charlatanes estadounidenses que acudieron como abejas a la miel para tratar de explotar al máximo las oportunidades que ni siquiera su propio país les brindaba en ese momento.
El experimento del Bitcoin no ha resultado como Bukele se lo había imaginado, pero eso no lo ha desanimado a seguir intentando incorporarse a las dinámicas que establecen las plataformas digitales.
Ahora, ha introducido a compañías de inteligencia artificial en la administración de la justicia y la salud. Estas, reciben expedientes de supuestos criminales -para el caso del sistema judicial-, los clasifican y orientan dentro del sistema. Y para el caso de la salud, administra expedientes, orienta a los pacientes y ofrece recetas para los que sufren males crónicos.
Costa Rica es otro ejemplo que muestra cómo el modelo Bukele de penetración del capitalismo de plataformas ha trascendido, más allá de su tan llevado y traído sistema represivo y carcelario. En este país se acaba de firmar un contrato entre la compañía Open English y el gobierno de Rodrigo Chaves, con el que se pretende que estudiantes de colegio se conviertan en bilingües.
En el caso de Costa Rica, este millonario contrato se firma en el contexto del recorte del presupuesto a las universidades públicas, que hasta ahora han logrado sobresalir como las mejores no solo de Centroamérica.
Cómo se puede ver, Centroamérica se encuentra, como en el siglo XIX, en la punta de lanza de la penetración de formas avanzadas del capital transnacional.
Repúblicas de gobiernos lábiles, gobernadas por ocurrentes como entonces, son fáciles presa de este tipo de buitres transnacionales. La educación, la justicia y la salud dependientes de compañías que se harán dueñas de sus datos y que podrán hacer uso de ellos para lucrar. Todo vendido como un avance de primer orden que los pone a la vanguardia por el uso de la tecnología.

No hay comentarios:
Publicar un comentario