No puede decirse que la guerra imperialista contra Irán haya terminado. Lo que Irán ha ganado en la guerra es una batalla, pero es una batalla estratégica, una batalla que como las que ganó la Unión Soviética en Stalingrado y en Kursk, resulta decisiva y crea una nueva correlación de fuerzas político-militar en el curso del conflicto bélico.
Carlos Figueroa Ibarra / Para Con Nuestra América
Desde Puebla, México
En 1968 el gran periodista australiano Wilfred Burchett publicó en Monthly Review su libro Vietnam Will Win, basado en sus reportajes desde la guerra de Estados Unidos contra ese pequeño y heroico país. Burchett daba por derrotado a los Estados Unidos desde mediados de la década de los sesenta. En 1977, la editorial Era de México publicó una versión actualizada de dicho libro con el título de La derrota norteamericana en Vietnam. Como es sabido en 1977, la derrota estadounidense vaticinada por Burchett desde mediados de los sesenta ya era un hecho consumado pues el 30 de abril de 1975 cayó Saigón a manos de Vietnam del Norte y salieron las ultimas tropas estadounidenses del país. El hecho aconteció siete años después de que fuera publicado el libro del periodista australiano que vaticinaba en su título la victoria vietnamita.
De igual manera, después del 7 de abril de 2026, cuando Donald J. Trump anunció que se había acordado una tregua de dos semanas con Irán, puede pensarse que el imperio estadounidense aliado con el subimperio sionista han sido derrotados. La tregua planteada por Estados Unidos era la única salida de Trump de la trampa en la que se metió. Como era previsible, la tregua la presentó como una victoria contundente de los Estados Unidos después de destruir 13,000 objetivos militares y dejar devastado a Irán. El Consejo de Seguridad Nacional de la República Islámica de Irán tiene otra narrativa: los criminales enemigos de Irán no lograron el dominio político y militar de Irán; tampoco lograron destruir al Eje de la Resistencia en Líbano, Irak, Yemen y Palestina y han terminado por aceptar el plan de 10 puntos presentado por Irán para terminar la guerra. Esto último no necesariamente es así, pero es cierto que el plan de los 10 puntos será ineludible en las negociaciones.
No puede decirse que la guerra imperialista contra Irán haya terminado. Lo que Irán ha ganado en la guerra es una batalla, pero es una batalla estratégica, una batalla que como las que ganó la Unión Soviética en Stalingrado y en Kursk, resulta decisiva y crea una nueva correlación de fuerzas político-militar en el curso del conflicto bélico. Al día siguiente del anuncio de la tregua, el genocida Estado israelí lanzó el más grande bombardeo sobre el sur del Líbano que mató a aproximadamente 300 civiles y Trump, a pesar de que dicho bombardeo pretendía reventar la tregua, se apresuró a decir que Líbano no estaba entre las condiciones de la tregua. Por supuesto que Irán refutó dicha afirmación y volvió a cerrar el Estrecho de Ormuz. No podía ser de otra manera, entre las posiciones de principio de la República Islámica se encuentra la alianza con la resistencia chiíta Hezbolá y la defensa del pueblo palestino contra el genocidio que sufre a manos de Israel.
La tregua acordada tras cuarenta días de combates, crea nuevas condiciones de negociación pues la correlación de fuerzas ha cambiado drásticamente. Irán pudo resistir en esta primera batalla la matanza de su población y la devastación de su territorio. Llega al final de dicha batalla con un arsenal, al cual le falta mucho para agotarse a diferencia de los de Estados Unidos e Israel. Logró bombardear y en muchos casos destruir la mayoría de las 25 bases estadounidenses ubicadas en el Golfo Pérsico, ha logrado agotar el Domo de Hierro de Israel y consiguió afectar considerablemente con sus drones y misiles a Tel Aviv, Haifa y a otras ciudades israelíes. Hezbolá, a quien se daba por desarticulada, reapareció en los combates logrando impactar con sus bombardeos al norte de Israel. Los Hutíes en Yemen han reaparecido y desde ese país se han empezado a lanzar los primeros misiles sin que todavía este participe de lleno en la guerra. Y el imperialismo, el sionismo y Occidente entero no pueden desbloquear el Estrecho de Ormuz, a no ser costa de miles de bajas.
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y la República Islámica se ha revelado como notables estrategas al combinar la guerra propiamente militar con la guerra económica la cual comprende los efectos financieros sobre el petróleo y el bloqueo en el estrecho de Ormuz. Un hecho que no es menor es el fracaso del supuesto operativo de búsqueda y rescate del piloto estadounidense cuyo avión fue abatido. El mismo se realizó entre el 3 y 5 de abril en las provincias de Juzestán, Kohgiluyeh y Boyer Ahmad. Según informó Estados Unidos, el piloto logró ser rescatado, pero en el operativo las pérdidas de aeronaves estadounidenses fueron un avión A-10, dos helicópteros Black Hawks y dos aviones C-130. La suspicacia de los más avezados analistas de la guerra, apuntan a que en realidad la enorme movilización estadounidense en realidad no se debía al rescate del piloto, sino a una encubierta y fallida operación para extraer los 450 kilos de uranio enriquecido que posee Irán.
Después de cinco semanas de combate, Irán transita de ser una potencia media regional a considerarse como un actor mundial de gran peso. Después de la primera batalla que finaliza con la tregua de dos semanas, el referido tránsito de Irán hace considerar irrisorias las condiciones que ponía la Casa Blanca para no desencadenar la guerra: la suspensión del enriquecimiento del uranio, el desmantelamiento de los misiles iraníes y la finalización de la alianza de Irán con Hezbolá, las milicias chiítas en Irak, Hamas en Palestina y los Hutíes en Yemen. En pocas palabras, lo que pedía la alianza imperialista-sionista era la rendición iraní. Hoy el plan de 15 puntos de Washington demanda para el cese definitivo de la guerra entre otros los siguientes: desmantelamiento de las instalaciones nucleares de Natanz, Isfahán y Fordow; compromiso permanente de no desarrollar armas nucleares; entrega de las reservas de uranio enriquecido ante el Organismo Internacional de Energía Atómica; límites al alcance y al número de misiles iraníes: fin del apoyo a milicias y a grupos armados regionales. En suma, lo que exigía antes del 28 de febrero, pero ahora ofrece el levantamiento de las sanciones estadounidenses e internacionales; eliminación del mecanismo de la ONU que permite reimponer sanciones y apoyo estadounidenses al desarrollo de la energía nuclear civil, incluida la central de Busheir.
La propuesta de 10 puntos de Irán revela la nueva correlación de fuerzas: garantías de que Irán no volverá a ser atacado; fin permanente de la guerra no solamente un cese al fuego; fin de los ataques israelíes a Líbano; levantamiento de todas las sanciones estadounidenses a Irán; finalización de todos los ataques regionales contra los aliados de Irán; reapertura del Estrecho de Ormuz; imposición de un peaje de2 millones de dólares por barco; división de ese peaje con Omán; establecimiento por parte de Irán de las reglas para el tránsito seguro de los barcos en el estrecho; uso del dinero de los peajes para la reconstrucción de Irán.
Las negociaciones para poner fin a la guerra previstas para ser iniciadas el 11 o 12 de abril, se avizoran complejas y largas. Irán tiene el sartén por el mango. Pese a la amenaza del Calígula del norte de “borrar en una noche a la civilización iraní y devolverla a la edad de piedra” (no puede ser hecho esto sino a través de un ataque nuclear), Irán no solicitó la tregua. Logró salir airosa de la primera batalla de la guerra. Estaba dispuesta a afrontar el devastador ataque previsto para el 8 de abril y el apoyo del pueblo iraní a su gobierno al formar masivos escudos humanos alrededor de los posibles objetivos de ataque, muestran también una correlación de fuerzas distintas entre Irán y Estados Unidos. Mientras Irán muestra lo que René Zavaleta llamaba “el óptimo social” (relación fluida entre Estado y sociedad) en Estados Unidos, Trump manifiesta un descenso notable de su aceptación, una oposición creciente a la guerra manifiesta en encuestas y el ánimo de un grupo importante de legisladores federales demócratas, pero también republicanos, para pedir su dimisión. Difícil pensar que las negociaciones lleven prontamente a la finalización de la guerra. La delegación estadounidense estará encabezada por el vicepresidente J.D. Vance y los impresentables Jared Kushner y Steve Witkoff (los mismos que traicionaron las conversaciones de paz previas a la guerra de los doce días en junio de 2025) y por Irán el canciller Abbas Araraghchi y el presidente del Parlamente, Mohamad Baqher Qalibaf. Lo mejor que puede suceder no es que la guerra finalice, sino que al menos la tregua se prolongue lo más posible.

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