sábado, 25 de abril de 2026

Francisco entre nosotros

Esta semana se cumplió un año de ausencia del Papa Francisco, y empieza a tomar forma el juicio sobre su legado, en el que lo teológico y lo político se ligan estrechamente.

Guillermo Castro H./ Especial para Con Nuestra América
Desde Alto Boquete, Panamá

“La esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal,  de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte,  para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna. Caminemos en esperanza.”

Francisco, Fratelli Tutti, 55


Jorge Mario Bergoglio nació en el barrio de Flores, Buenos Aires, el 17 de diciembre de1936, falleció en el Vaticano el 21 de abril de 2025, a los 88 años de su edad, tras haber sido electo papa el 13 de marzo de 2013 y adoptar como Pontífice el nombre de Francisco. Esta semana cumplió, así, un año de ausencia, y empieza a tomar forma el juicio sobre su legado, en el que lo teológico y lo político se ligan estrechamente, como lo expresa su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, de 2013, quizás el más juvenil de sus textos de plena madurez.[1]

 

Su obra mayor incluye, entre otras publicaciones, las encíclicas Laudato Si’, Sobre el Cuidado de la Casa Común, de 2015, dedicada a la crisis socioambiental,[2] y Fratelli Tutti, Sobre la Fraternidad y la Amistad Social, de 2020, dedicada a la crisis socio-cultural y política de nuestro tiempo.[3] La primera tuvo un singular éxito editorial, por la novedad de que la Iglesia asumiera un rol de liderazgo en el planteamiento de la crisis socioambiental en un momento de especial intensidad, cuando las negociaciones internacionales en torno al cambio climático parecían ofrecer la posibilidad de un acuerdo de complejidad y responsabilidades correspondientes a las del problema, posteriormente frustrada. 

 

Aquí, lo esencial quedó plasmado en el parágrafo 139 de Laudato Si’, que pasó a sintetizar lo fundamental del ambientalismo comprometido con el cambio social, particularmente en nuestra América. Allí se dice que

 

Cuando se habla de «medio ambiente», se indica particularmente una relación, la que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita. Esto nos impide entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella y estamos interpenetrados. Las razones por las cuales un lugar se contamina exigen un análisis del funcionamiento de la sociedad, de su economía, de su comportamiento, de sus maneras de entender la realidad. Dada la magnitud de los cambios, ya no es posible encontrar una respuesta específica e independiente para cada parte del problema. Es fundamental buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza.

 

A partir de razonamientos como este, cabe plantear que si deseamos un ambiente distinto debemos contribuir a la creación de una sociedad diferente: próspera, equitativa, sostenible y democrática. Desde esta perspectiva, la dimensión social de lo planteado en Laudato Si’ encontraría expresión cultural y política cinco años después en Fratelli Tutti, en una circunstancia histórica que ya anunciaba el drama humano de nuestro tiempo en todo lo que va de los conflictos en curso en Ucrania, el Medio Oriente y el África Subsahariana, al incremento de las tensiones sociales – en torno a realidades como la inmigración y el ascenso de los neofascismos del siglo XXI en el mundo Noratlántico y sus dependientes en el Sur Global.

 

Para 2020, en efecto, el proceso de globalización iniciado a fines del siglo XX había avanzado en la creación de nuevas estructuras de relacionamiento en el sistema mundial en las que tendían a combinarse las demandas de extrema libertad en el plano económico con crecientes tendencias al enfrentamiento en el plano político. A ese respecto, Francisco detalló en Fratelli Tutti advertencias que ya había planteado siete años antes en Evangelii Gaudium. “Abrirse al mundo”, dijo

 

es una expresión que hoy ha sido cooptada por la economía y las finanzas. Se refiere exclusivamente a la apertura a los intereses extranjeros o a la libertad de los poderes económicos para invertir sin trabas ni complicaciones en todos los países. Los conflictos sociales y el desinterés por el bien común son instrumentlaizados por la economía global para imponer un modelo cultural único. Esta cultura unifica al mundo pero divide a las personas y a las naciones, porque la sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos. Estamos más solos que nunca en este mundo masificado que hace prevalecer los intereses individuales y debilita la dimensión comunitaria de la existencia. Hay más bien mercados, donde las personas cumplen roles de consumidores o de espectadores. El avance de este globalismo favorece normalmente la identidad de los más fuertes que se protegen a sí mismos, pero procura licuar las identidades de las regiones más débiles y pobres, haciéndolas más vulnerables y dependientes. De este modo la política se vuelve cada vez más frágil frente a los poderes económicos transnacionales que aplican el ‘divide y reinarás’.

 

Fratelli Tutti examina en detalle los grandes males del momento histórico en que vivimos, en lo que va de la inequidad en el acceso a los bienes creados por el trabajo de todos en sociedad a la negación de derechos a minorías y migrantes, el vaciamiento de contenidos en la comunicación y la cultura, y el creciente recurso a la fuerza en las relaciones internacionales. Al propio tiempo, hace esto sobre todo en la perspectiva de una nueva construcción de relaciones humanas basadas en la fraternidad y la amistad social. La primera, distinta a la hermandad sustentada en vínculos de familia o de intereses en común, se refiere a nuestra capacidad para reconocernos como prójimos de los demás seres humanos, en particular aquellos sujetos a necesidad, a partir de una original lectura de la parábola del buen samaritano. La amistad social, por su parte, se refiere en particular a nuestras capacidades para la vida en comunidades de pequeña y gran escala que comparten valores y relaciones solidarias. Ambas, cabría añadir, son vistas como capacidades para enfrentar y trascender los males de la dimensión oscura de una globalización carente hoy de un rumbo común, recurriendo a las virtudes de la solidaridad para pensar y gestar un mundo abierto.

 

Esta visión, por otra parte, es planteada desde una perspectiva ecuménica, en diálogo no solo con la cristiandad sino con todas las grandes religiones del mundo. Así, en lo que hace al Islam, Francisco se refiere con detalle a su diálogo con el Gran Imán Ahmed Al-Tayyeb, en el que “Ampliando la mirada, recordamos que ‘la relación entre Occidente y Oriente’” 

 

es una necesidad mutua indiscutible, que no puede ser sustituida ni descuidada, de modo que ambos puedan enriquecerse mutuamente a través del intercambio y el diálogo de las culturas. El Occidente podría encontrar en la civilización del Oriente los remedios para algunas de sus enfermedades espirituales y religiosas causadas por la dominación del materialismo. Y el Oriente podría encontrar en la civilización del Occidente muchos elementos que pueden ayudarlo a salvarse de la debilidad, la división, el conflicto y el declive científico, técnico y cultural. Es importante prestar atención a las diferencias religiosas, culturales e históricas que son un componente esencial en la formación de la personalidad, la cultura y la civilización oriental; y es importante consolidar los derechos humanos generales y comunes para ayudar a garantizar una vida digna para todos los hombres en Oriente y en Occidente, evitando el uso de políticas de doble medida.

 

En este espíritu llega Fratelli Tutti a su capítulo octavo y final, titulado justamente “Las religiones al servicio de la fraternidad en el mundo”. Allí dijo Francisco, en nombre de “la Fraternidad humana que abraza a todos los hombres, los une y los hace iguales”, de “esta fraternidad golpeada por las políticas de integrismo y división y por los sistemas de ganancia insaciable y las tendencias ideológicas odiosas, que manipulan las acciones y los destinos de los hombres”

 

En el nombre de la libertad que Dios ha dado a todos los seres humanos, creándolos libres y distinguiéndolos con ella. En el nombre de la justicia y de la misercordia, fundamentos de la prosperidad y quicios de la fe. En el nombre de todas las personas de buena voluntad, presentes en cada rincón de la Tierra. En el nombre de Dios y de todo esto […] “asumimos” la cultura del diálogo como camino; la colaboración común como conducta; el conocimiento recíproco como método y criterio.

 

Él está con nosotros, sin duda. Comparte con otros como José Martí y Fidel Castro su condición de visionarios comprometidos con el ejercicio de la utilidad de la virtud en la lucha por mejoramiento humano y el equilibrio del mundo. Fue en vida uno de los nuestros: nuestra América está en él, como él está con nosotros.

 

Alto Boquete, Panamá, 23 de abril de 2026

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