sábado, 18 de abril de 2026

Argentina: Lo público y lo privado

El ejercicio del poder por parte de plutócratas como Trump o Macri, o desquiciados obedientes como Milei, diluye la frontera entre lo público y lo privado, dado la impunidad que siempre gozaron.

Roberto Utrero Guerra / Especial para Con Nuestra América
Desde Mendoza, Argentina

Hay una delgada línea roja que separa lo público de lo privado cuando se asume la función pública, al punto que la salud de un presidente o un gobernador ya no es algo privado, sino público, dado que el estado de salud - muchas veces o casi siempre, secreto de Estado - suele despertar suspicacias que comienzan a barajar posibles sucesores, haciendo posible el viejo dicho: muerto el rey, viva el rey.
 
“Difícil seguir siendo emperador en presencia de un médico, y difícil también preservar la propia cualidad humana. El ojo del médico no veía en mí más que una masa de humores, triste amalgama de linfa y sangre”, le hace decir la escritora belga Marguerite Yourcenar al emperador Adriano, el hispánico, en presencia de su médico Hermógenes, en su famosa novela, Las memorias de Adriano, escrita a través de 27 años de idas y venidas en donde se cuestionaba el oficio de escribir y su audacia en elegir un personaje tan particular.
 
Esta intimidad que pone de manifiesto las debilidades humanas de los gobernantes, pone de manifiesto que su salud es una cuestión pública, mucho más allá de las cuestiones privadas que abarcan la familia y el círculo íntimo. Siempre y cuando, impere la racionalidad y el buen criterio.
 
Esto es y ha sido una cuestión altamente reconocida y respetada hasta que las ultraderechas llegaron al gobierno, en el caso argentino, su pasado de jugador de fútbol como arquero o cantante de rock, no le ha impedido hacer shows públicos siendo presidente de la nación y usar sus canciones para agredir o defenestrar a los grupos opositores; situación compartida y aplaudida por los miembros de su gabinete, transformando todo en un espectáculo macabro que intenta eludir la destrucción que han realizado con la sociedad argentina en todos sus aspectos y sectores, donde un pequeño grupúsculo empresario y el círculo rojo, prosperaron en detrimento de decenas de millones que observan desde afuera, sin tener vela en su propio entierro.
 
Seguramente, dentro del profundo cambio cultural propuesto - cosa que a pesar de todo lo ocurrido últimamente, insiste el presidente Javier Gerardo Milei - llegó para realizar la revolución moral, para ser un modelo ético en que se miren las nuevas generaciones de esa Argentina potencia que enarbola cada vez que toma el micrófono en algún escenario. Una fachada que se cae a pedazos día a día, como su mismísimo plan económico, cuya prueba es el presupuesto 2026 proyectado con un 10% de inflación anual y ya, en los tres primeros meses agotó esa meta utópica. Cuestión que tanto él como su ministro de Economía Luis Toto Caputo, la han dejado de lado para echarle la culpa a la suba de los combustibles impuestas por la guerra de Oriente medio.
 
El ejercicio del poder por parte de plutócratas como Trump o Macri, o desquiciados obedientes como Milei, diluye la frontera entre lo público y lo privado, dado la impunidad que siempre gozaron. Este último enamorado de su propia imagen y la fama que le produce, le encandilan su futuro inmediato. Situación que ya vivió cuando jugador de fútbol, como cantante mediocre de rock y luego como polémico comentador económico. Alguien que espera una brújula, un llamado del más allá, luego de este cargo transitorio de presidente, al que realmente le cabe el término, prescindente, porque él prescinde de la elevada función que cumple para pasarse horas frente al teléfono celular, llegando la semana pasada a 17 horas diarias. Ni un adolescente pasa tanto tiempo, cuestión también que alguien debería llamarle la atención debido que representa la primera magistratura del país. Dentro de su definición más íntima, debería ser “el jefe”, su hermana Karina, Secretaria General de la Presidencia. Pero bueno... otra vez lo público y lo privado entran en discusión.
 
Detenerse a reflexionar sobre lo público y lo privado en un mundo de pesadilla, es justamente, una pesadilla, porque ambos espacios tan delimitados y específicos se unen por un túnel de ida y vuelta, confundiéndose permanentemente. Razón de más para justamente, recuperar la razón y poner bajo la lupa las acciones de un gobierno que desde un primer momento tuvo claro eliminar a grandes sectores de la población, los más desprotegidos, los más vulnerables, quienes más necesitan de la acción estatal.
 
En declaraciones, el ministro de salud, Mario Lugones dijo: “los jubilados de 80 años son una carga para el sistema jubilatorio”, continuando, “el PAMI tiene un millón de personas, más o menos, con más de 80 años, de los cinco millones que hay en total.” Ello expuesto en un momento en que cientos de miles de jubilados se quejan por falta de atención, dado que los médicos mal pagos y la escasez de medicamentos hacen estragos entre la gente mayor. La insensibilidad del funcionario, justamente un médico, pone de relieve lo que piensa la mayoría del gobierno.
 
Felizmente, el deslumbramiento general que produjo este adolescente melenudo, Milei, que irrumpió disruptivamente diciendo barbaridades, comienza su caída libre. Algo tan imparable como su ascenso al poder. Lo público y lo privado eclosionan. Y eclosionan porque ya es imposible parar a la justicia investigando al Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, a pesar de que los hermanos Milei, quienes realmente gobiernan, lo tratan de proteger a capa y espada, mostrándolo en el yacimiento de Vaca Muerta como si nada hubiera pasado. Como si nada hubiera pasado, el presidente Javier Milei parte para Israel a conmemorar la creación del Estado israelí, en un momento muy particular de medio oriente. Otro dato que borra la línea entre lo público y lo privado, porque su viaje nada tiene que ver con la misión gubernamental y sí con sus caprichos mesiánicos que confluyen con los de Estados Unidos e Israel.
 
Lo público y lo privado, es un terreno sumamente amplio como para dejarlo al azar y la improvisación, porque justamente las acciones públicas intervienen en las vidas privadas de la gente común. La disminución de un pequeño porcentaje del presupuesto público pone en riesgo la salud, el bienestar, la educación, la previsión social; en definitiva la vida de millones de personas. Esa potestad ha sido motivo de preocupación de infinidad de gobernantes que saben que sólo el recto obrar conduce al Bien común, la mínima aspiración que suponen los gobernados que tienen a la democracia como el mejor sistema garante de la distribución de la riqueza y las oportunidades. Principios a la vez elementales de las disciplinas sociales que han ido depurándose a lo largo de siglos de evolución; preocupación que exponen los programas universitarios de las instituciones públicas en la formación de profesionales idóneos que manejen la compleja maquinaria institucional. Formación de la que no deberían escapar los personajes de la política, cualquiera sea su ideología.
 
Eso en teoría, lo sabemos, aunque la práctica en los tiempos actuales, está en las antípodas. Prueba de ello son nuestras crónicas semanales que dan cuenta de las atrocidades gubernamentales en su destrucción permanente del Estado, infinidad de cuestiones que no resisten el mínimo análisis como es la negación del cambio climático y la separación de los especialistas contratados del Servicio Metereológico Nacional, quienes en protesta no harán sus pronósticos haciendo que las líneas aéreas comerciales no puedan despegar de los aeropuertos nacionales. Algo insólito, estúpido, una decisión totalmente errada que solo a dementes se les puede ocurrir. De allí que lo público y lo privado es un hilo conductor que hilvana el tejido de la vida de la comunidad en toda su extensión en todos los aspectos y lugares de nuestro amplio territorio nacional. Una tarea especialísima que conlleva una responsabilidad inmensa que a cada instante el gobierno libertario demuestra que no estuvo ni está a la altura de ella y que su llegada al poder ha sido un tremendo disparate colectivo.
 
Al menos, solo al menos, una pequeña luz se comienza a encender entre tanta confusión y obscuridad, la Cumbre progresista a realizarse estos días en Barcelona donde unos cuarenta países se van a reunir para contrarrestar la acción de las ultraderechas mundiales lideradas por el magnate imperial, donde ya han arribado el presidente colombiano, Gustavo Petro, de México, Claudia Sheinbaum, de Brasil, Inácio Lula Da Silva, de Uruguay, Yamandú Orsi, entre los mandatarios de cuarenta países, a la que se suma una delegación argentina encabezada por el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof quienes serán recibidos por el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez y otras personalidades peninsulares, como el ex presidente Rodríguez Zapatero. Una esperanza para los millones de habitantes que padecen las políticas neoliberales que arrasan con todo y sólo benefician a una pequeña minoría.
 
Lo público y lo privado es un tema de discusión abierta y permanente que deberán plantearse las nuevas generaciones en democracia si quieren realmente tener un futuro mejor, promisorio, teniendo como ejemplo los tremendos sacrificios y barbaridades impuesto por el experimento macabro libertario. Algo que no debe repetirse jamás.

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