La guerra de Cuba, la mayor de las islas del Caribe, por liberarse del yugo colonial del entonces decadente imperio español, constituye una de las páginas más gloriosas de los pueblos de Nuestra América.
Arnoldo Mora Rodríguez / Para Con Nuestra América
Esta gesta heroica tiene hoy sabor de mito homérico, por lo que la narración de esos hechos históricos es lectura obligada para todos aquellos que buscan las raíces de su identidad y las razones de un auténtico patriotismo americanista. Quienes han indagado en las páginas y archivos de la historia y nos vierten en libros sus prolijas investigaciones, merecen un no menor reconocimiento. De nuestra parte, la mejor manera de honrar a los próceres del pasado y a sus seguidores del presente, es leer y disfrutar de obras que reviven las gestas del pasado como la que comento. Honrar honra; al honrar la memoria de sus antepasados, Hugo Crombet Bravo, autor del libro EXPEDICIÓN DEL HONOR (Ande, San José, 2018, 4ta.edición) no sólo rinde tributo a su heroico abuelo, sino que, igualmente, hace un aporte invaluable a la memoria histórica de nuestros pueblos; por lo que su vigencia va más allá del círculo, selecto pero limitado, de quienes se dedican a indagar profesionalmente las raíces de nuestra identidad como naciones soberanas.
El siglo XIX en nuestra historia es el siglo de las guerras por nuestra independencia, guerras que nos posibilitaron ser algo más que colonias del vasto imperio español y, con ello, ser reconocidos por la comunidad internacional como repúblicas soberanas. La primera fase de estas luchas terminó en Ayacucho (1824), pero realmente sólo culminó con la independencia de Cuba a inicios del siglo XX. Las gestas de Bolívar y San Martín están inscritas en las páginas más sublimes de la historia universal. Pero las dos guerras emprendidas por el pueblo cubano, lideradas por sus próceres y sus mambises rebasa todo lo imaginable. Las páginas de este libro constituyen un testimonio de lo dicho. Y no es para menos. España había perdido uno de los más grandes imperios de la historia; a finales del siglo XIX sólo le quedaban algunos retazos de ese manto imperial: las dos mayores islas del Caribe, Cuba y Puerto Rico, en Nuestra América y el Archipiélago Filipino en el Sudeste Asiático. La distancia facilitó el éxito de las luchas de los patriotas asiáticos, pero acrecentó la fiereza de la guerra en Cuba y Puerto Rico. Pero nuestros pueblos habían saboreado las mieles de la libertad y de la soberanía; por lo que la tardanza de las luchas de los patriotas caribeños contó con el apoyo incondicional de los pueblos hermanos, haciendo realidad aquello que dijo Martí: Nuestra América no será libre mientras Cuba no haya logrado su independencia; por lo que el apoyo a los patriotas cubanos contribuye a la plena liberación de todos los pueblos de nuestro subcontinente.
Las páginas de este libro son un testimonio del apoyo militante que los costarricenses, desde sus gobernantes hasta nuestros más humildes compatriotas, dieron a quienes encontraron, si quiera sea por un período limitado, un refugio acogedor; la Patria de Juanito Mora fue para los próceres cubanos su propia patria. Varias fueron las figuras destacadas que encontraron en Costa Rica un rincón fraterno; por lo que, agradecidos, nos compensaron con sus invaluables aportes. Pensemos, a guisa de ejemplo, tan sólo en un nombre insigne, Antonio Zambrana. Maestro de varias generaciones de abogados y políticos y, en especial, de la “Generación del Olimpo”, a la que debemos la forja de nuestro Estado de Derecho, Zambrana fue un insigne jurista y creador de la retórica como arte literario.
En concreto, en la obra que comentamos se destacan tres grandes figuras, próceres de la independencia de Cuba: los hermanos Antonio y José Maceo, y Flor Crombet. En lo personal, no fueron amigos. Además, el gobierno español los seguía y espiaba muy de cerca, pues sabían de sus nexos con el Partido Revolucionario de Cuba, liderado por el apóstol José Martí; por lo que nunca ocultaron su intención de organizar, desde Costa Rica, una invasión a su adorada Cuba. Para lo cual debían contar con la complicidad de las autoridades costarricenses, comenzando por el propio Ministro de Relaciones Exteriores. Nuestro gobierno no quería enemistarse con el de España; por lo que accedió a que ambos próceres vivieran alejados entre sí; Maceo se relegó a una región muy alejada de la capital, hoy denominada La Mansión de Nicoya. Crombet se fue a vivir al Caribe. Maceo hará un aporte inmenso a nuestro incipiente desarrollo industrial al construir un ingenio para producir azúcar de la caña. La segunda visita a Costa Rica de Martí, líder indiscutible de la gesta libertaria cubana, tenía como objetivo organizar la invasión a Cuba, liderada por los hermanos Maceo y Flor Crombe; por lo que los sacó del refugio costarricense y los indujo a emprender la campaña libertaria. Para ello lograron embarcarse en un barco titulado significativamente HONOR. En esta lucha estos próceres entregarían heroicamente sus vidas, Crombet y José Maceo a temprana hora, Antonio Maceo cuando ya estaba el pueblo cubano a punto de lograr su independencia. El libro termina cuando Maceo logra, de manera increíble, reunirse con los mambises y así lanzar la gesta final.
Desde el punto de vista formal, la obra que reseñamos sigue los lineamientos de un relato literario propio de la crónica histórica; su tempo es prolijo . un tanto distante en sus inicios, pero dando respiro al lector mediante el recurso al lenguaje gráfico de fotos y reproducciones de documentos históricos; el relato acrecienta su intensidad dramática a medida que la trama se vuelve compleja para terminar imprimiéndole un tono dramático, sin nunca, por ello, perder el rigor que caracteriza al historiador que recurre siempre fielmente a las fuentes primarias. El lector termina leyendo hasta la última página sosteniendo el aliento como en un suspenso, donde la emoción se confunde con el apego a los hechos narrados en un relato expresado en una impecable y castiza prosa.
Esta edición, gracias a la Asociación Nacional de Educadores (ANDE), constituye un justo y merecidísimo homenaje de las actuales generaciones, no sólo a los próceres de la independencia de Cuba, sino también a aquellos de nuestros antepasados que supieron estar a la altura de tan sublime gesta.

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