sábado, 23 de mayo de 2026

Un asedio implacable e inhumano

 El asedio obsesivo e inhumano que sufre Cuba por parte de Estados Unidos se debe a la posibilidad que tiene la isla de erigirse en ejemplo de desarrollo alternativo al descarnado modelo neoliberal que asola al mundo.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

Esta administración norteamericana se ha enseñado con ella hasta llevarla al borde el colapso, pero no es un asunto solo de Donald Trump y Marco Rubio, son ya más de sesenta años de persistente martilleo que los cubanos han resistido estoicamente, como seguramente ningún otro pueblo lo podría hacer en el mundo contemporáneo. 
 
El cerco implacable que se estrecha cada vez más cada día que pasa no excluye otras acciones punitivas que implican hasta la invasión militar. Para que no le queden dudas a nadie, un portaviones ronda como zopilote sus aguas territoriales y hay frecuentes vuelos “de reconocimiento” de aviones de guerra.
 
Estados Unidos abre un abanico de opciones de intervención para que no se sepa por donde va a tirar el golpe. La penúltima que ha mostrado es la acusación a Raúl Castro por el derribo de dos avionetas que violaban el mar territorial cubano cuando era Ministro de Defensa hace treinta años.
 
Es decir, dejan entrever que también se plantean la posibilidad de repetir una acción fulminante como la que llevaron a cabo en Venezuela, porque saben las implicaciones que tendría una invasión en toda regla. Ya tienen suficiente con el pantanal en el que se encuentran en Irán como para meterse en otro que lleve a la administración más abajo en las encuestas de cara a las elecciones de medio período de noviembre.
 
Pero, mientras tanto, provocan una situación inhumana en la isla. Que no se tocan el alma para hacer este tipo de cosas lo hemos visto ya recientemente en Gaza, y ya saben que con el poderío militar que tienen nadie se les va a oponer, y si lo hace -aunque sea tímidamente como es el caso del gobierno de España- les recetarán las respectivas medidas disciplinarias. 
Nadie puede atreverse a decirles nada, ni lo más mínimo. Ya esto lo vivió en carne propia Alemania, cuando su Canciller tuvo la osadía de exponer lo que pensaba sobre el berenjenal en el que está metido Estados Unidos en Irán. Y menos aún atreverse transgredir alguna de las draconianas medidas que imponen arbitrariamente para ahogar a la isla. El ejemplo más reciente es el de la prohibición de venderle petróleo que incluso gobiernos dignos, vecinos, amigos -como México- han tenido que acatar so pena de ser objeto de medidas disciplinarias que extiendan el sufrimiento al que someten a los cubanos hacia sus propios pueblos.
 
¿Creía el mundo que la derrota del fascismo alemán había erradicado este tipo de regímenes prepotentes y abusivos como el que ostenta hoy Estados Unidos? Ya vemos que no, con el agravante del potencial exterminador que tiene ahora la mayor potencia mundial.
 
Con todo este poderío, catalogan a Cuba, a solo noventa millas de sus costas, como una “amenaza inminente” a su seguridad nacional. Claro que se trata solo de parafernalia legal para tener vía libre para tomar más medidas “legales” para asfixiarla, pero todos sabemos, incluso quienes le cantan loas en Miami, que todo es una farsa.  
 
Cuba, en el corazón del mar Caribe, sufre ante nuestros ojos sin que podamos hacer mucho para aliviar su situación. Podemos expresar nuestra solidaridad, condolernos de lo que se ven obligados a vivir, pero todo eso tiene un valor más simbólico que práctico. Es una especie de circo romano en el que los leones gringos ofrecen el espectáculo de amenazar con devorar a un pueblo entero. La historia les va a pasar factura.

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