sábado, 26 de septiembre de 2026

Desarrollo sostenible: aquello de que se trata

 Aún está en curso el proceso que otorgue al desarrollo su sentido pleno como proceso de formación y maduración del capitalismo a escala mundial, que parece haber entrado en una crisis terminal cuyos resultados aún pueden ser muy diversos.

Guillermo Castro H./ Especial para Con Nuestra América
Desde Alto Boquete, Panamá

El desarrollo es un concepto que parece acompañarnos desde siempre. En realidad viene haciéndolo desde 1949, se iniciaba la transformación de las antiguas colonias que habían conformado la periferia del sistema mundial en Estados nacionales independientes. En esa circunstancia, y en el marco de su confrontación con la Unión Soviética por incidir sobre aquel proceso, la administración del presidente Harry Truman ideó un programa de asistencia técnica al desarrollo para concitar el apoyo de esos nuevos Estados – y otros ya independientes, como los de América Latina. Así, en su discurso de investidura del 20 de enero de aquel año, Truman planteó la necesidad de

 

emprender un nuevo y audaz programa para poner los beneficios de nuestros avances científicos y progreso industrial a disposición de las zonas subdesarrolladas para su mejora y crecimiento. Más de la mitad de la población mundial vive en condiciones cercanas a la miseria. Su alimentación es insuficiente. Son víctimas de enfermedades. Su vida económica es primitiva y estancada. Su pobreza representa una desventaja y una amenaza tanto para ellos como para las zonas más prósperas. Por primera vez en la historia, la humanidad posee el conocimiento y la capacidad para aliviar el sufrimiento de estas personas. Estados Unidos es una nación preeminente en el desarrollo de técnicas industriales y científicas. Los recursos materiales que podemos destinar a la asistencia de otros pueblos son limitados. Sin embargo, nuestros incalculables recursos en conocimiento técnico crecen constantemente y son inagotables. [1]

 

Al propio tiempo, Truman negó que se tratara de una empresa colonial para dominar a otros países. Por el contrario, dijo,

 

El antiguo imperialismo —la explotación para el beneficio extranjero— no tiene cabida en nuestros planes. Lo que prevemos es un programa de desarrollo basado en los principios de la equidad democrática. Todos los países, incluido el nuestro, se beneficiarán enormemente de un programa constructivo para el mejor aprovechamiento de los recursos humanos y naturales del mundo. 

 

Veinte años después, ese proceso de desarrollo se vio afectado por problemas tanto asociados a los avances en el desarrollo desigual y combinado al que se veían sometidos los Estados de la periferia, como por el impacto ambiental generado por el modelo de crecimiento económico que lo sostenía. Así, tomó forma una circunstancia en la cual, al decir del internacionalista brasileño Fernando Estenssoro, emergieron “profundas discrepancias” sobre el carácter de esa crisis y, por tanto, sobre las medidas que demandaba su solución, “entre los países capitalistas más ricos, desarrollados e industrializados del mundo […] y los países subdesarrollados o en vías de desarrollo”.[2] Así,

 

para el mundo subdesarrollado o Sur, quienes causaron esta crisis, o sea sus principales responsables, fueron los países capitalistas más ricos, industrializados y desarrollados, los cuales al construir la llamada Civilización Industrial, impusieron un modo de producción, una división internacional del trabajo y un estilo de vida altamente consumista, que si bien los llevó a la cúspide del poder global simultáneamente [generó] la crisis ambiental. Además, establecieron un orden internacional caracterizado por una profunda asimetría de poder y oportunidades de vida, en donde el mundo desarrollado es el que se lleva las mejores opciones y, además, dicta las reglas. Por lo tanto, para el mundo subdesarrolado la solución real y definitiva a esta crisis sólo se conseguirá cuando el llamado mundo desarrollado o Norte, asuma su responsabilidad en la generación de este problema, cambie su actitud dominadora, comience a actuar con criterios de justicia redistributiva internacional y pague la deuda social y ecológica que han generado con el resto de la humanidad.

 

Para Estenssoro, América Latina desempeñó un importante papel en la construcción de la visión de la crisis desde el Sur, en tanto “fue pionera y orientadora” de “una perspectiva ambiental del mundo subdesarrollado en el debate ambiental mundial” que tenía lugar en la ONU. Así, “la evolución y maduración de la perspectiva ambiental latinoamericana durante los cuarenta años que transcurren a lo largo de las cumbres ambientales convocadas por la ONU” entre 1972 y 2012 se sintetiza en cuatro importantes eventos internacionales: 1) Los inicios del debate con la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Estado del Medio Humano en Estocolmo 1972; 2) La consolidación del pensamiento de América Latina y el concepto de ecodesarrollo entre 1973 y 1983[3]; 3) desde la acuñación del concepto de desarrollo sostenible en 1987 hasta la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y Desarrollo de Rio de Janeiro en 1992[4], y 4) desde la Cumbre Rio 92 a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible en Rio de Janeiro 2012 (conocida como Rio + 20). 

 

Tras aceptar el concepto de desarrollo sostenible en 1989, la Asamblea General de la ONU convocó a realizar en 1992 en Rio de Janeiro una Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y Desarrollo, “destinada a relanzar el tema ambiental como uno de los más importantes de la agenda política mundial.” En los veinte años transcurridos desde Estocolmo 1972, los latinoamericanos habían sostenido que “desarrollo y medio ambiente eran un solo problema y que, mientras existieran más de dos tercios del mundo sumidos en el subdesarrollo, no había posibilidades de solucionar la crisis ambiental. En este sentido, para el Sur en general y los latinoamericanos en particular, la dimensión social del tema ambiental era absolutamente prioritaria y urgente.” 

           

Para entonces, por su parte, el Norte había derivado su discurso hacia perspectivas destinadas a superar la crisis ambiental sin la necesidad de detener el crecimiento económico siempre y cuando el proceso estuviera regido por principios de libre mercado. Con ello, el discurso ambiental del Norte tras el fin de la Guerra Fría será el de avanzar hacia un capitalismo “verde” liderizado por sus empresas transnacionales, que pasará a ser determinante en las subsiguientes cumbres ambientales.

 

Así, en la conferencia de Johannesburgo 2002 tuvo un papel destacado la ideología de la globalización neoliberal, para la cual “lograr eficiencia en la consecución de los objetivos del desarrollo sostenible” demandaba “retirar al Estado y sus regulaciones de las soluciones ambientales para imponer las soluciones de libre mercado.” Al propio tiempo, los representantes del Norte “continuaron con sus políticas evasivas respecto de asumir su responsabilidad en la generación de la crisis ambiental y pagar la deuda ecológica contraída con el conjunto de la humanidad y, sobre todo, con los países menos desarrollados.”

 

Finalmente, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible de 2012 (Rio+20) tuvo lugar cuando “bajo la plena hegemonía de un capitalismo neoliberal, en donde las grandes potencias del Norte se habían caracterizado por impulsar política y discursos que entregaban la principal, sino toda, la responsabilidad de la lucha contra la crisis ambiental a lógicas del mercado y a los intereses de sus grandes empresas multinacionales.” Con ello, el desarrollo sostenible “había perdido su sentido político de acercar las posiciones Norte-Sur en el debate ambiental.” Esto contribuye a entender el proceso de modelación del objeto de la discusión desde el desarrollo sostenible al crecimiento sostenido entre Rio 92 y Rio + 20, y su desplazamiento hacia el tema del cambio climático – a encarar mediante recursos financieros y tecnológicos -, que ha venido a ser dominante en la práctica.

 

En lo que hace a la América Latina en este proceso de medio siglo, concluye Estenssoro, “la lucha contra la crisis ambiental global siempre ha estado íntimamente relacionada con la lucha contra la pobreza, la desigualdad social y las relaciones desiguales en el comercio internacional.” Y en momentos en que se hace evidente la crisis del propio sistema internacional, ese planteamiento gana en importancia en un debate “que se proyecta al futuro con igual o mayor tensión que la manifestada en las décadas analizadas.” 

 

En breve, aún está en curso el proceso que otorgue al desarrollo su sentido pleno como proceso de formación y maduración del capitalismo a escala mundial, que parece haber entrado en una crisis terminal cuyos resultados aún pueden ser muy diversos. Entre ellos está el de pasar del crecimiento sostenido realmente existente a encarar el problema de construir las condiciones que demanda la sustentabilidad del desarrollo de nuestra propia especie humana dentro de la bisofera que compartimos con el resto de la vida en la Tierra, y superamos el riesgo creciente de crear las condiciones de nuestra propia extinción. De eso se trata, si de nuestro futuro hablamos.

 

Alto Boquete, Panamá, 26 de septiembre de 2026

 

 

NOTAS:

[1] https://en.wikipedia.org/wiki/Point_Four_Program

 

[2] Estenssoro, Fernando (2020): “Historia de América Latina en la política ambiental mundial. De Estocolmo 1972 a Rio de Janeiro 2012”. Direito em Debate. Revista do Departamento de Ciencias Jurídicas e Sociais da Unijuí.

https://www.academia.edu/44593618/HISTORIA_DE_AM%C3%89RICA_LATINA_EN_LA_POL%C3%8DTICA_AMBIENTAL_MUNDIAL_De_Estocolmo_1972_a_R%C3%ADo_de_Janeiro_2012

 

[3] Para Estenssoro, el ecodesarrollo fue un concepto de vanguardia en América Latina, que “unía las ideas de medio ambiente y desarrollo, defendía la existencia de diferentes estilos de desarrollo, adecuados tanto a las caracterísitcas ecológicas como culturales e históricas de cada región y que, además, refutaba las tesis del Primer Mundo que hacían recaer las causas de la crisis ambiental en el crecimiento demográfico del Tercer Mundo y sus intentos de industrialización destinados a superar las condiciones de miseria, sub desarrollo, así como su voluntad de terminar con las históricas condiciones de sometimiento y relaciones sub-alternas respecto de los centros hegemónicos mundiales.”

 

[4] En la búsqueda de un consenso entre las tendencias enfrentadas desde Estocolmo 1972, la ONU creó en 1983 la  Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo “destinada a reponer el tema ambiental en la agenda de las prioridades mundiales”. Se nombró presidenta de esta Comisión a la noruega Gro Harlem Brundtland, razón por la que se la conoció como Comisión Brundtland.” En 1987, la Comision adoptó el concepto de desarrollo sostenible, en torno al cual transcurre el debate sobre el tema desde entonces.

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