sábado, 26 de septiembre de 2026

Estamos avisados

Dijo Donald Trump, con todas las letras y con desparpajo en el podio de la ONU, que quien se porte mal en este continente le irá mal o, mejor dicho, le irá como a Venezuela, porque Estados Unidos tiene -dijo- el aparato militar más formidable del mundo, y él no vacilará en usarlo para volver al redil al que se porte díscolo.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

Dijo también Trump que “Estados Unidos ya no permitirá que las amenazas contra América ganen terreno en ningún lugar del hemisferio occidental”, lo que traducido a lenguaje simple y llano significa que nos dejemos de veleidades con los chinos porque -según pudimos darnos cuenta en vivo y en directo - solo él puede hacerle arrumacos a Xi Jimping, a quien recibió y homenajeó con honores sin paralelo en la Casa Blanca menos de 72 horas después de haber dicho lo que dijo en el antes mencionado podio internacional.
 
Frente a la impertérrita Delcy Rodríguez, quien en ese preciso momento se encontraba a menos de veinte minutos en auto de la cárcel en la que ese mismo Trump mantiene secuestrado a Nicolás Maduro, calificó de “gran operación militar” la invasión a Venezuela, el bombardeo de Caracas, el asesinato de los 32 militares cubanos y el secuestro del presidente, operación a la que el “glorioso Ejército Bolivariano”, “baluarte de la soberanía nacional”, integrado “por los más selectos hijos de Bolívar” no movió un dedo dizque para “evitar inútil derramamiento de sangre”.
 
Frente a ella, a la que no se le movió un músculo de la cara, celebró frente a su auditorio que no le cabe la menor duda que Estados Unidos, él personalmente y, tal vez -suponemos- su adlátere Marco Rubio, son los grandes vencedores de la única batalla librada en lo que llaman el Hemisferio Occidental, la de Venezuela, y que por lo tanto, como en cualquier batalla librada desde que tenemos memoria, “al vencedor le corresponden los despojos”.
 
No nos cabe duda que cuando dijo despojos quiso decir petróleo, y precisamente a ello se refirió cuando expresó que ambos países había realizado “el mayor acuerdo petrolero de la historia”. “Acuerdo” llama eufemísticamente este señor a la cesión por parte del país ocupado del 20% de sus reservas petrolíferas, las más grandes del mundo, lo que le asegura a la potencia del norte la comodidad de no depender de los suministros del Medio Oriente, y le quita de encima la preocupación porque sus propias reservas se agotarán en cinco años.
Así que de “acuerdo” nada. Imposición pura y dura a un país ocupado y tutelado que se nos presenta, por parte de Estados Unidos, como ejemplo de lo que le puede suceder a quien no se alinee con sus necesidades y mandatos de gran potencia declinante.
 
Claro que tenemos otras opciones, faltaba más, no se trata de que nos dejen una sola puerta abierta. La otra es la de Cuba, a la que ahí mismo le vaticinó que caerá, pero no como Venezuela, seguramente porque en La Habana tendrían más arrestos para enfrentar una posible invasión, sino por el inhumano cerco a la que la tienen sometida. Entre el público, Marco Rubio asentía, porque él está de acuerdo -y es ejecutor principalísimo- de esta estrategia de estrangulamiento del pueblo del que es originario, y del que no logran que baje las banderas de la resistencia.
 
Una Asamblea General de la ONU en la que se nos dijo cosas como esas, muy claramente, así como la presidenta encargada de Venezuela nos dijo que iban a dejar atrás una era de polarización y enfrentamiento en su país, y que ahora sí van a construir un sistema verdaderamente democrático, con lo que deducimos que lo que antes existió no lo era, y que ahora, que tiene la oportunidad que le brinda Donald Trump -a quien visitó y con quien se fotografió sonriente (siempre, recuérdese, a menos de veinte minutos en auto de donde se encuentra secuestrado Maduro), lo harán.
 
Nos dimos cuenta, además, con toda claridad, que tontos todos nosotros que nos tragamos como verdadero el discurso antimperialista que los chavistas post Chávez esgrimían, que creímos que era cierto que había como cinco millones de milicianos decididos a inmolarse, un ejército galvanizado en torno a la idea de defender a la Patria hasta el último hombre, y que la dirección del proceso era un baluarte que defendería la soberanía nacional con la misma convicción con la que arengaban en las tribunas.  
 
“He arado en el mar”, dijo Bolívar.  

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