Representantes de cerca de 130 países se han dado cita en Nueva York, este 22 de septiembre para dar comienzo al debate general del octogésimo primer período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en medio de múltiples crisis internacionales.
Roberto Utrero Guerra / Especial para Con Nuestra América
Desde Mendoza, Argentina
Una situación compleja y difícil de revertir como las guerras en Irán, Gaza y Ucrania, dentro de los 58 conflictos bélicos ecuménicos, junto con la gobernanza de la inteligencia artificial, son cuestiones que atravesarán las intervenciones de las delegaciones. El programa preestablecido de la Asamblea se está desarrollando desde el 22 al 26 de septiembre y concluirá el lunes 28, bajo el lema “Restablecer la confianza, gestionar la transformación: unas Naciones Unidas que cumplan para todos”.
Jefes de Estado, de Gobierno y otros representantes de alto nivel están presentes en la Gran Manzana, en medio de conflictos armados; la agenda abarcará el cambio climático, un desarrollo sostenible, la prevención de pandemias, el aumento del nivel del mar y la gobernanza de la IA.
La ONU en esta delicada situación busca revitalizar la cooperación internacional en un escenario marcado también por cuestionamientos a la eficacia de este sistema multilateral. Una propuesta demasiado ambiciosa para ser cumplida, entre protagonistas tan dispares.
Vivimos tiempos aciagos, violentos y crueles, donde las mayorías más desfavorecidas están envueltas en guerras, donde mueren centenas de miles de niños, mujeres y ancianos. Todos civiles inocentes, mientras los ejércitos arrasan territorios y se apropian de sus bienes y medios de supervivencia, condenando a los sobrevivientes a migrar a lugares que no serán bienvenidos, cosa que viene sucediendo desde décadas.
Un mundo donde las grandes potencias imponen su prepotente poder en la apropiación de combustibles fósiles y sus reservas, práctica reiterada e imparable que nos ha arrastrado a un calentamiento global que causa estragos, estragos que, como siempre, los padecen los más pobres. Esa ilusa carrera desbocada, alguna vez deslumbrada por el progreso indefinido a sabiendas de la finitud de todo lo existente en el planeta. Una modernidad fracasada a ojos vistas y padecida por las mayorías indefensas.
Ese capitalismo desmedido, enceguecido por el maquinismo industrial resultó al cabo de unos pocos siglos, una trampa. Una trampa mortal aunque intentemos edulcorar el final con agendas a futuro. De allí que hablemos de naciones entrampadas en este momento particular de la Asamblea de Naciones Unidas.
Nadie es ajeno tampoco a la escalada violenta y cruel del presidente de la mayor potencia bélica mundial, el octogenario Donald Trump, cuyos desplantes e ideas de ultraderecha se han expandido peligrosamente en el mundo y en la región. Quienes desde acá lo llamamos simplemente, Tramp, también nos tiene entrampados, como se lo ha recordado estos días a sus sumisos acólitos regionales, comenzando por el presidente argentino Javier Milei, cuya exitosa elección de medio término en 2025, fue por su especial participación, cuestión que le recuerda en cada oportunidad al mandatario local, para asegurar sumisión y obediencia.
Entrampada la sociedad global en una pesadilla provocada por el provocador mayor, que insiste en reclamar lo que no es suyo y apropiarse de recursos ajenos en desmedro de sus dueños naturales, insiste con soberbia renovada en sus desplantes patoteros dejando sin espacio a la esperanza colectiva.
Demasiado burdo y bruto, torpe como elefante en bazar; es un pésimo ejemplo para las mayorías y un faro en medio de la tormenta para sus fanáticos seguidores. Un maniqueismo renovado y perverso que nos mantiene en permanente alerta. Lejos de traer tranquilidad a los pueblos representados por los gobiernos asistentes al debate de esta nueva reunión de la ONU, a los más nos deja hundidos en la zozobra. Mucho más en esta región amenazada descarnadamente, cuando al mandamás le apetece.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, fue el encargado de abrir los discursos de los mandatarios y llega a Nueva York con un mensaje dirigido a Donald Trump, en medio de las tensiones entre ambos gobiernos y a menos de dos semanas de las elecciones presidenciales brasileñas del 4 de octubre. “Voy a la reunión de la ONU para tener una charla con Trump y decirle: no se meta en las elecciones de Brasil”, anticipó Lula durante un acto de campaña en Ceilandia, Brasilia. Los mandatarios tendrán sus intervenciones de manera sucesiva, aunque por el momento no está prevista una reunión bilateral entre ambos.
En su último mensaje el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres explicó a los jefes de Estado y de Gobierno, “cómo el poder está siendo reconfigurado de tres maneras fundamentales” con el surgimiento de nuevos centros de poder económico, político y tecnológico, la transferencia de poder de los gobiernos a un puñado de corporaciones e individuos y la creciente delegación en las máquinas de nuestra capacidad de decisión.
A más de ocho décadas de la creación de la Organización de las Naciones Unidas, no se han podido organizar y hacen más presente su pretendida ilusión: la unión, cuando la unión siempre fue un intento, ante la realidad de una des unión, expresada en la confrontación hegemónica de los que mandan dentro del Consejo de Seguridad, ganadores de la Segunda Guerra, mientras la inmensa mayoría de los países que la conforman semejan perros ladrándole a la luna.
Una demostración de lo dicho, son los discursos de los presidentes y representantes de los países ante la Asamblea, que si bien, esperan ser escuchados por sus pares presentes y propias delegaciones, la mayoría de las veces lo hacen para sus connacionales, dado que en el caso de las campañas electorales que realizan, expresan sus ideas y proyectos cumplidos o a realizar, una estrategia electoral privilegiada que les brinda ese espacio ecuménico. Cosa que nuestro Javo hizo, amén de denostar el rol de la ONU en momentos en que uno de los candidatos a suceder a Guterres es un consagrado diplomático argentino y, con sus palabras, le echó tierra. Pero bueno, eso fue lo mínimo, dado que se arrastró ante Trump que no lo recibió ni se sacó la obligada foto y, enalteció a Israel y a Benjamín Netanyahu, cuando la mayoría de los países asistentes lo abuchearon y retiraron del recinto. Pero bueno... su extravagante posición, lo dejó en la intemperie. Nadie le dio bola y se vino, sin foto ni inversiones, quejándose que la culpa fue la llegada de Axel Kicillok, que elevó el riesgo país por encima de 500, es decir, el riesgo Kuka. Para peor de males, Brasil tiene un riesgo país de 100 y Uruguay de 70, dos gobiernos populistas.
El gobernador Kicillof, tuvo oportunidad de reunirse con el alcalde de Nueva York, Zorhan Mamdani y el mandatario español Pedro Sánchez, dejando claro su postura con respecto de la situación del país y el abultado endeudamiento contraido por el gobierno de Milei, además de destacarles que Buenos Aires representa el 40% de la población argentina y un porcentaje similar en la producción.
Paralelamente, Trump se reunió con el Primer ministro inglés, Andy Burnham, estableciendo buenas relaciones en el futuro respecto a las islas Malvinas; de modo que las posturas mileicas de mantenimiento de la soberanía sobre el territorio usurpado, no dejan de ser un cacareo vaciado de contenido, una mascarada electoralista en momentos en que su popularidad viene en picada.
Para colmo de males, de nuestros males la pobreza trepó, según los últimos registros, al 32,3%, aunque según los especialistas opinan, que si la base de consumo que conforman el índice fuera actualizada, la misma superaría el 40%.
Sin embargo, la mayoría de los observadores y la gente de a pie, para quienes las personas no somos simplemente números, la situación es mucho peor y, con seguridad, sólo igualada en los momentos críticos del país, cuando nos desbandamos en las crisis anteriores, sobre todo en diciembre de 2001.
Una situación que mezcla escalada de precios y ausencia de demanda por escasez de salarios, salarios que vienen en rápido descenso, y a la vez, cierre de empresas y un desempleo extremo, como un empleo informal impresionante, semejante a los países asiáticos y africanos. Una precarización que crispa los nervios, miles de profesionales universitarios: médicos, ingenieros, arquitectos, técnicos especializados, agrónomos e infinidad de ex empleados públicos de organismos técnicos de los Institutos Nacionales de Tecnología Agropecuaria, de Tecnología Industrial, Comisiones Nacionales de Energía Atómica, por nombrar una mínima parte de los mismos, víctimas de la motosierra, sin contar con las más de 30 mil empresas cerradas de toda índole, que hacen evidente el cambio de matriz productiva propia de una república bananera a la que hemos sido reducidos en escasamente mil días del gobierno libertario. Pero claro... este es el camino de espinas y lamentos de los sufrientes gobernados por el eximio exégeta que, ocacionalmente funge de mandatario argentino.
En la otra esquina del universo, en su nube olorosa, el presidente argentino Javier Milei en su décimo noveno viaje a EEUU brindó un discurso en la institución educativa judía ortodoxa Yeshiva Darchei Torah, ubicada en Queens, Nueva York, tras recibir el Premio Ohev Yisrael ("Amante de Israel") tras su paso por la ONU.
Allí anunció la publicación de su próximo libro: Capitalismo, la divina maquinaria del paraíso. Y según sus palabras comienza así: “Hay textos que se escriben para informar, hay textos que se escriben para convencer y hay textos que se escriben porque no escribirlos sería una traición.” Desde el podio expuso que el capitalismo es la máxima creación divina y el estado socialista es la condena diabólica y el infierno de los mortales. Una sarta de cruces de párrafos de los libros sagrados a piachere. Algo imposible de creer. Esperamos que pueda confrontar personalmente éstos y otros temas más terrenales, cuando se reúna con el Papa León XIV en noviembre.

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