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sábado, 21 de junio de 2025

La historia no ha terminado: África lo demuestra

 Siguiendo los pasos de Thomas Sankara, está surgiendo en estos momentos la idea de conformar la Alianza de Estados del Sahel -integrada en principio por Malí, Burkina Faso y Níger-, una unión panafricana de Estados que se considera el primer paso hacia una África unificada y antiimperialista…

Marcelo Colussi / Para Con Nuestra América

Desde Ciudad de Guatemala


Democracia burguesa: ¿fin de la historia?
 
En 1992, luego de la caída del emblemático Muro de Berlín, inmediatamente vendido en trozos para turistas que compraban un “souvenir” de épocas ya pasadas -y que, para la derecha triunfante, no deberían volver nunca más-, el pensador nipón-estadounidense Francis Fukuyama escribía su hoy ya clásico libro “El fin de la historia y el último hombre”. Planteaba allí que con la caída del socialismo real quedaba fehacientemente demostrado que el socialismo era una quimera, un sueño trasnochado que no tenía posibilidad de consumarse en la realidad. Ante la desintegración del campo socialista europeo y la desaparición de la Unión Soviética, la síntesis de su texto: “fin de la historia y de las ideologías” pretendía resumir el triunfo inapelable de las “democracias de mercado” (léase: capitalismo puro y duro, con formas políticas de democracia burguesa, con elección de autoridades por voto popular). La economía planificada y el partido único, según su parecer -y el de la clase dominante mundial, que levantó el grito triunfal de Fukuyama como una consigna sin atenuantes- pasaban a ser rémoras de la historia

sábado, 11 de diciembre de 2021

China-África. Amor con amor se paga

 Ante el llamado de alerta hecho por la OMS, la única respuesta positiva ha sido la de la República Popular China. El presidente Xi Jinping, ha reiterado que para su país la cooperación solidaria con África deviene una prioridad.

Sergio Rodríguez Gelfenstein / Para Con Nuestra América

Desde Caracas, Venezuela


Gran impacto ha causado en el mundo el surgimiento de la variante Ómicron del virus de la Covid19. Por supuesto, no soy un especialista en el tema pero me llama la atención que no haya aparecido ningún científico afirmando que esta cepa sea más contagiosa o letal que las anteriores. Al contrario, todas las opiniones de voces autorizadas hasta ahora –incluyendo a la OMS- apuntan a que es más leve y menos mortífera.

sábado, 25 de mayo de 2019

"La causa más bella de la humanidad": La contribución de Cuba a la liberación de África y a la lucha contra el apartheid

Para comprender el prestigio de la Revolución Cubana en América Latina, África y Asia, lejos de la imagen a menudo caricatural vehiculada en Occidente, es necesario recordar el papel fundamental que desempeñó una pequeña isla asediada por Estados Unidos en la lucha mundial por la emancipación humana.

Salim Lamrani / Para Con Nuestra América
Desde La Réunion

Cartel del presidente Agostinho Neto y Fidel Castro,
en la celebración de la independencia de Angola, 1975.
Desde el advenimiento de la Revolución en 1959, Cuba ha hecho de la solidaridad con los pueblos en lucha por su emancipación un pilar de su política exterior. Desde los primeros instantes, pese a la hostilidad de Estados Unidos y las innumerables dificultades internas ligadas al proceso de transformación social, Fidel Castro hizo de Cuba una tierra de asilo para todos los grupos revolucionarios y movimientos de liberación nacional de América Latina, África y Asia. Cuba desempeñó un papel importante en los distintos procesos de liberación nacional en África, ofreciendo ayuda y recursos.

sábado, 3 de octubre de 2009

Dos mundos

La II Cumbre América del Sur-África es algo totalmente inédito aunque no por ello menos ansiado y esperado: la relación y colaboración entre nosotros, entendiendo el “nosotros” como los que hemos sido colonizados, explotados y vilipendiados a través de la historia.
Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica
rafaelcuevasmolina@hotmail.com
Dos mundos se han mostrado con evidencia en los últimos días: el de los poderosos del Norte y el de los pobres del Sur. Dos tendencias presentes en la vida contemporánea, dos vías, dos concepciones. Una, la reunión del llamado G-20, realizada en Pittsburg, Estados Unidos, inmediatamente después de la cumbre de la ONU en Nueva York; la otra, la II Cumbre América del Sur-África (ASA), llevada a cabo en la isla de Margarita, Venezuela.
Las dos grandes reuniones casi se sobreponen en el tiempo, pero están a años luz de distancia por lo que cada una representa en el mundo contemporáneo: El G-20 es el grupo de los que tienen la sartén por el mango y están viendo cómo salen de esta crisis mundial (que ellos mismos generaron) con la menor cantidad de rasguños posible. La ASA es algo totalmente inédito aunque no por ello menos ansiado y esperado: la relación y colaboración entre nosotros, entendiendo el “nosotros” como los que hemos sido colonizados, explotados y vilipendiados a través de la historia.
Hace muchos años, a inicios de la década de los 90, académicos holandeses ofrecieron a sus pares costarricenses capacitarlos en ciertas áreas de promoción de la cultura popular en las que ellos se habían convertido en expertos, merced a conocimientos y habilidades adquiridas en África. Ante los gastos que significaba llevarlos hasta Costa Rica, pues había que pagarles de acuerdo a tarifas holandesas, se propuso establecer el contacto directo entre costarricenses y africanos, pues estos últimos no solo eran los posesores de los conocimientos originales sino, también, cobraban diez veces menos que sus colegas europeos. La petición fue denegada airadamente por los holandeses y nunca se pudo llevar a cabo; ellos, que abogaban por la diseminación del conocimiento y el fortalecimiento de las identidades culturales populares, se espantaban ante la posibilidad que los “pueblos oscuros” entraran en contacto directamente, sin su mediación y tutela.
Las ciudades de Libreville, en Gabón, y Kampala en Uganda, se encuentran ambas prácticamente sobre el ecuador del mundo en territorio africano, pero para poder viajar en avión de una a otra debe volarse hasta París, Francia, para de ahí tomar un enlace que regresa a los viajeros hasta la otra ciudad africana.
Son las huellas vivientes del colonialismo. Son los lazos siempre conscientemente reforzados de la dependencia de las ex-colonias hacia los centros metropolitanos, que sacan ingente provecho de todo ello.
Durante años se ha discutido en la Organización de Naciones Unidas la necesidad que existe de que países desarrollados destinen una mínima parte de su producto interno bruto a la cooperación internacional. Desde el punto de vista de los países pobres, no se trata de una “ayuda”, como la que ofrece la beata que quiere ganarse el cielo al mendigo que extiende la mano cadavérica. No, se trata más bien de una mínima restitución de las inmensas riquezas que han sido transferidas desde el Sur hacia el Norte desde tiempos inmemoriales, y que han sido piedra de toque en la construcción de las sociedades opulentas que hoy se catalogan como “desarrolladas”. A pesar de la evidencia de los hechos y la urgencia por hacer algo para enmendarlos minimamente, ha sido imposible alcanzar las misérrimas cotas establecidas.
Este mundo desigual en el que los latinoamericanos hemos salido perdiendo siempre debe cambiar. Deben construirse relaciones de otro tipo a las que han prevalecido hasta nuestros días, pero nadie nos dará nada a partir de su buena voluntad. Somos nosotros, y solo nosotros, los que las impulsaremos, teniendo conciencia que los obstáculos y dificultades que se erigirán para que sean posibles serán muchísimos.
Hace escasamente una semana, de vuelta hacia su país después de participar en la Asamblea General de la ONU, el señor presidente de la pequeña República de Costa Rica, el señor Oscar Arias Sánchez, hizo una escala en la capital cultural de la Centroamérica light, Miami. Ahí, en un foro de hombres de negocios (quién sabe si habría también mujeres), el señor presidente costarricense tildó de “pintorescos” a gobernantes latinoamericanos que, precisamente, son protagonistas de la iniciativa ASA en la que, por cierto, su país no participa. Es esta una muestra clara de uno de los obstáculos más importantes que estas iniciativas de acercamiento Sur-Sur tienen: la existencia de la dominación en nuestro propio interior, en nuestra propia conciencia, que nos hace despreciar lo que parte de nosotros mismos. Es la mentalidad colonial que prevalece, tantos años después de la independencia política a cuyo aniversario doscientos nos aproximamos en América Latina.
Superarla es un reto insoslayable, y apoyar las iniciativas como ASA que bogan en esa dirección, una tarea obligatoria de todos “nosotros”.