“la intervención humana en la Naturaleza acelera, cambia o detiene la obra de ésta,” y […] “toda la Historia es solamente la narración del trabajo de ajuste, y los combates, entre la Naturaleza extrahumana y la Naturaleza humana”.
José Martí[1]
El límite entre un tiempo que ha sido y otro que está por ser constituye una zona gris entre un pasado que persiste y un futuro que va siendo constituido en torno a diferentes opciones de mañana. Así, en lo que hace a nuestro tiempo el filósofo eslovaco Richard Stahel (1974) ha planteado que nos encontramos
en un precario ámbito temporal y espacial, a caballo entre las fronteras de diferentes épocas. Este estado de transición surge a medida que la familiar y tranquilizadora era del Holoceno se desvanece gradualmente, mientras que la llegada de la era post-Antropoceno permanece esquiva e indefinida. En medio de esta fase de transición, la ambigüedad se vuelve omnipresente. Las certezas del pasado se desvanecen progresivamente, para dejarnos lidiando con las realidades inciertas e indefinidas del futuro. En esta era del Antropoceno, caracterizada por su liminalidad, nuestra existencia está impregnada de una sensación de imprevisibilidad y duda. [2]





