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sábado, 23 de julio de 2022

¿Hacia dónde va el matrimonio?

 El matrimonio es la forma social que toma la unión de varones y mujeres para reproducir la especie. A partir de esa unión se constituye la familia, que es considerada como la célula primera de toda sociedad. 

Marcelo Colussi / Para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala

Sin importar la forma que asuman tanto la familia en su conjunto como la unión de los progenitores, ese vínculo siempre se establece. En la gran mayoría de sociedades que ya dejaron atrás el estadio neolítico, aquellas donde existe la idea de propiedad privada, matrimonio y familia asumen la forma de una “institución”. Es decir: una instancia -en general debidamente legislada- que presenta formas específicas, procedimientos preestablecidos, rutinas, ritos. Ahora bien: como cualquier institución, entonces, también puede sufrir cambios a través del tiempo. 

sábado, 22 de noviembre de 2014

¿Cuánto tiempo le queda al matrimonio como institución?

Amigos con derechos, aminovios, parejas abiertas, matrimonios homosexuales…, a lo que podría agregarse, quizá con otro estatuto sociológico pero igualmente "inquietante" para una visión tradicional: sexo cibernético, relaciones en el espacio virtual, ¿muñecas y/o muñecos inflables de silicón?, etc., etc. Todo esto es nuevo, y aún sigue produciendo mucho escozor a las visiones conservadoras. Pero ahí están, tocando la puerta de nuestras atribuladas sociedades.

Marcelo Colussi / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala

"Adán y Eva y ¡no Adán y Esteban!", vociferaba un predicador evangélico, Biblia en mano. De todos modos el campo de la sexualidad y las relaciones afectivas en su sentido amplio siguen siendo –no hay otra alternativa parece– el doloroso talón de Aquiles de lo humano. ¿Por qué, indefectiblemente, en toda cultura y todo momento histórico, se ocultan las "zonas pudendas"? Pero, ¿por qué son pudendas?, justamente. ¿Por qué toda la construcción en torno a esto es tan pero tan problemática? El psicoanálisis nos da la pista (no queremos saber nada de la incompletud, de la falta, por eso tapamos los órganos que nos ¿avergüenzan?, porque descubren que estamos en una carencia original: no podemos ser al mismo tiempo todo, machos y hembras), aunque se prefiera una psicología de la felicidad que nos otorgue manuales y fórmulas de autoayuda para ¿triunfar en la vida? y asegurar el "amor eterno" (que, en realidad, no dura mucho). Resaltar la incompletud no es muy grato que digamos; mantener la ilusión de la completud obviando el conflicto a la base, es mucho más gratificante. Las religiones, en general, no dicen algo muy distinto a esta psicología de la buena voluntad. Por eso todavía siguen ocupando un importante lugar en la dinámica humana. Y la gente, aunque luego se separe, sigue cumpliendo con el rito del matrimonio, en una amplia mayoría de casos, en una iglesia, colocándose un anillo y jurándose fidelidad.