La vida no está
destinada a desaparecer con la muerte sino a transfigurarse alquímicamente a través
de la muerte. Oscar Niemeyer solamente ha pasado al otro lado de la vida, al
lado invisible. Pero lo invisible forma parte de lo visible.
Leonardo Boff / Servicios Koinonia
No tuve muchos
encuentros con Oscar Niemeyer, pero los que tuve fueron largos y densos. ¿De
qué iba a hablar un arquitecto con un teólogo sino sobre Dios, sobre religión,
sobre la injusticia de los pobres y sobre el sentido de la vida?
En nuestras
conversaciones sentía a alguien con una profunda saudade de Dios. Me envidiaba
porque, considerado por él una persona inteligente, aun así creía en Dios, cosa
que él no conseguía. Pero yo lo tranquilizaba diciéndole: lo importante no es
creer o no creer en Dios, sino vivir con ética, amor, solidaridad y compasión
por los que más sufren. Pues al atardecer de la vida, lo que cuenta son esas cosas.
Y en este punto él estaba muy bien situado. Su mirada se perdía a lo lejos con
un leve brillo.