El ascenso de la derecha ultraconservadora en Nuestra América demanda reflexión. Su virulenta retórica es una declaratoria de guerra orientada a profundizar el maloliente neoliberalismo y acentuar el deterioro de la calidad de la vida de las personas: muertes por hambre, desempleo, migraciones y discriminaciones diversas.
Jaime Delgado Rojas / AUNA-Costa Rica
“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”. Antonio Gramsci
Ese ascenso se percibe en los escenarios políticos con la pasarela de personalidades, algunas casi desconocidas, portavoces de la irracionalidad que abandera consignas retrógradas del repertorio político-cultural. Atacan al estado y promueven la evasión de impuestos y la corrupción; son entusiastas del mercado, pero no tan libre como para que destruya a sus lealtades más cercanas. A su vez incentivan el deterioro de los derechos humanos. Como una de sus fortalezas es la lucha ideológica, se amparan en prédicas de las iglesias neopentecostales, sus pastores y apóstoles para obtener base social entre sus feligresías.

