sábado, 18 de junio de 2011

La educación en Chile: cuestión política

Digámoslo con todas sus letras: el neoliberalismo muestra la estatura de su fracaso, justamente, en todas aquellas cuestiones importantes para la sociedad, en primer lugar la educación.

Álvaro Cuadra / ALAI

Si hay algo que queda claro de los últimos paros y manifestaciones estudiantiles es que el tema de la educación se inscribe entre las grandes cuestiones políticas no resueltas en el país. Las demandas planteadas por los estudiantes, profesores y académicos es clara: La educación es un derecho y no una mercancía más expuesta a los avatares del mercado. Desde el punto de vista neoliberal se trata, desde luego, de una herejía que contradice todos los manuales de economía liberal en los que se han formado las elites.

Contra la presunta razón neoliberal, habría que recordar que en la historia de las luchas sociales en Chile, la educación gratuita y de calidad para todos ha sido una bandera enarbolada por los más diversos sectores políticos, desde don Pedro Aguirre hasta Salvador Allende. Lea el artículo completo aquí…

Las revoluciones contra las vanguardias

Los movimientos en curso cuestionan de raíz la idea de vanguardia, de que es necesaria una organización de especialistas en pensar, planificar y dirigir al movimiento.

Raúl Zibechi / LA JORNADA

Las potentes movilizaciones que atraviesan el mundo están desbordando tanto democracias como dictaduras, regímenes nacidos de elecciones y de golpes de Estado, gobiernos del primer y del tercer mundo. No sólo eso. Desbordan los muros de contención de los partidos socialdemócratas y de izquierda, en sus más diversas variantes. Desbordan también los saberes acumulados por las prácticas emancipatorias en más de un siglo, por lo menos desde la Comuna de París.

Naturalmente, esto produce desconcierto y desconfianza entre las viejas guardias revolucionarias, que reclaman organización más sólida, un programa con objetivos alcanzables y caminos para conseguirlos. En suma, una estrategia y una táctica que pavimenten la unidad de movimientos que estarían condenados al fracaso si persisten en su dispersión e improvisación actuales. Lo dicen a menudo personas que participan en los movimientos y quienes se felicitan de su existencia, pero que no aceptan que puedan marchar por sí mismos sin mediar intervenciones que establezcan cierta orientación y dirección. Lea el artículo completo aquí…

Artículo relacionado: “Las revoluciones de la gente común”, de Raúl Zibechi

EE.UU. renovará operaciones militares desde Panamá

Todo indica que a corto plazo EEUU completará la construcción y operaría y ejecutaría misiones desde casi una docena de bases “aeronavales” situados sobre costas panameñas.

Marco A. Gandásegui, h. / ALAI

Con motivo de la creciente militarización de Panamá por parte de EEUU con la complicidad de los gobiernos de turno y, especialmente, el presidido por el actual mandatario, Ricardo Martinelli, es conveniente revisar que significó para los panameños esta presencia de las fuerzas armadas norteamericanas en el siglo XX.

En el transcurso de la pasada década aparecieron dos libros de autores norteamericanos sobre la política exterior de EEUU en materia militar, teniendo como estudio de caso a Panamá. El primero fue de John Lindsay Poland, promotor activo de los derechos humanos y de causas ambientales, publicado en 2003. El segundo fue publicado en 2007, de Peter Sánchez, oficial del Ejército de EEUU y especialista en ciencia política.

Ambos libros reúnen una extensa bibliografía para enfocar la evolución de la política exterior norteamericana, en particular lo concerniente a su expansión militar. Por un lado, en su estudio sobre la ocupación militar norteamericana de Panamá, Lindsay Poland presenta (casi en forma de denuncia) los daños “colaterales” causados en materia ambiental. Por el otro, Sánchez recrea la ideología que subyace en la política exterior de EEUU planteando lo que considera los beneficios y errores cometidos en el caso de Panamá durante la ocupación militar en el siglo XX. Lea el artículo completo aquí…

Un silencio sobre el pasado de Brasil

Queda la esperanza de que a alguna hora, más temprana que tardía, Dilma haga honor, como siempre lo hizo, a la memoria de su propio pasado personal y de toda una generación que empeñó la vida por la democracia que ahora tenemos.

Eric Nepomuceno / Página12

Que Dilma Rousseff, una mujer valiente que, como dijo el compositor y escritor Chico Buarque de Hollanda en un acto de campaña, “ya probó su valor, ya pasó por todo y supo seguir adelante”, haya aceptado decretar sigilo absoluto y por tiempo indeterminado sobre documentación histórica de Brasil es algo que el tiempo tendrá que explicar. De momento, la única explicación posible son las presiones y chantajes que enfrenta en el Congreso, especialmente en el Senado. Imponer un silencio oceánico sobre la historia brasileña –e incluso sobre su propia historia personal, ya que padeció cárcel y tortura durante la última dictadura militar– es algo inesperado. Es fácil imaginar la clase de presión a que se vio sometida para postergar sine die la apertura de documentos clasificados como ultra-secretos, y que van del siglo XIX al período de la última dictadura militar que nos sofocó. Inicialmente, se preveía un plazo de 50 años para que se levantase el sello de “ultra-clasificado”. Ahora no hay plazo. Lea el artículo completo aquí…

Eje del Pacífico contra CELAC

Toda tesis genera una antítesis; toda acción una reacción. A UNASUR, al ALBA, a la Comunidad le opone Estados Unidos el escuálido Eje del Pacífico, la orientación de cuyos gobiernos no se debe a la voluntad de sus pueblos expresada democráticamente, sino a exterminios masivos apoyados por los marines.

Luis Britto García / www.luisbrittogarcia.blogspot.com

Con disgusto, preocupación y desconcierto deben estudiar los analistas imperiales a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Esta colosal unión de 38 países americanos, que excluye a Estados Unidos y Canadá, comprende 550.018.000 habitantes distribuidos en 20.446.902 km2, y la mayoría de sus presidentes son izquierdistas o por lo menos progresistas: Cristina Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Dilma Roussef en Brasil, Raúl Castro en Cuba, Rafael Correa en Ecuador, Leonel Fernández en República Dominicana, Álvaro Colom en Guatemala, Daniel Ortega en Nicaragua, Fernando Lugo en Paraguay, Ollanta Humala en Perú, José Mujica en Uruguay, Hugo Chávez Frías en Venezuela, muchos de las Guayanas y los países antillanos. Administran la inmensa mayoría de la población, del territorio y del Producto Bruto de América Latina y el Caribe. Lea el artículo completo aquí…

El Che: la Sierra y el Llano

Prólogo al libro “Diario de un combatiente” (Ocean Sur, 2011), presentado el pasado 14 de junio en La Habana.

Armando Hart Dávalos / www.tercerainformacion.es

Quienes lean las páginas de este libro, observarán que la heroicidad y la entrega a un propósito de redención universal del hombre van unidos en el Che a una excepcional capacidad intelectual, talento y gracia para describir en detalle lo que otros hombres suelen pasar por alto, dejar en el olvido o en un lugar recóndito de la memoria. Pero el Che, en su sinceridad sin límites, solo comparable a la generosidad y solidaridad infinitas que poseen los espíritus excepcionalmente dotados para asumir la verdad y la justicia de forma radical, dejaba por escrito todo, o casi todo lo que pasaba por su inteligencia cáustica y refinada.

Debemos agradecerle al argentino-cubano haber recreado su vida guerrillera de forma tal que, en el futuro del cual somos parte y en la posteridad más lejana de los que vivirán bien entrado el siglo XXI sea posible conocer y disfrutar de las peripecias ocurridas en las montañas de Oriente durante los años forjadores de la Cuba nueva que emergía de las entrañas de una vieja historia: la de las glorias bolivarianas y martianas.

Algunos han escrito sobre el Che interpretándolo parcialmente, y en muchos casos de forma caprichosa y ocultando o simplemente obviando los matices, ofreciéndonos así una imagen caricaturesca de un pasado al que solo es lícito recurrir con inteligencia y amor. Cuando no se tiene lo uno ni lo otro se escapa lo esencial y, por tanto, se pierden el privilegio y la dicha íntima de exaltar lo más noble y trascendente de esta historia. Lea el texto completo aquí…

sábado, 11 de junio de 2011

Los nervios de los mercados

Muchas veces, por más que se haga para mantenerlos ecuánimes, los mercados, veleidosos, se encabritan y exigen pruebas de lealtad. Eso es lo que le están pidiendo a Humala y, por eso, hacen como que se ponen nerviosos.

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

rafaelcuevasmolina@hotmail.com

(Fotografía: Terrorismo mediático. Portada del diario Perú21, del 31 de mayo de 2011, pocos días antes de la elección presidencial)

Ganó Ollanta Humala en el Perú y los mercados “se pusieron nerviosos”. La bolsa limeña cayó en picada y CNN inmediatamente hizo foro con los especialistas latinoamericanos de derecha instalados en las universidades norteamericanas que, unánimemente, llegaron a la conclusión que el nacionalismo populista del presidente electo era el culpable de ponerlos en esa posición tan lamentable.

¿Cómo hacer para tranquilizarlos? Eso está bien sabido y aprendido: hay que darles seguridades, facilidades, cobijo. Tratarlos delicadamente, no estorbar la libre circulación de los capitales; el feliz asentamiento de las inversiones de las transnacionales; ofrecerles rebajas de impuestos; aduanas abiertas; facilidad de trámites; no molestarlos mucho con engorrosos trámites ni melindres ambientales y boberías de ese tipo.

Ollanta Humala puso nervioso a los mercados, como frecuentemente los pone Hugo Chávez, Rafael Correa y a veces Cristina Fernández y otros desalmados que no tienen en cuenta su delicadeza. Como todos ellos son odiosos nacionalistas populistas, no toman en cuenta que los mercados tienen alterado el sistema nerviosos central en estos días, que su punto neurálgico, el sistema financiero, tiene un virus que lleva ya dos años rondándolo y no hay forma de encontrarle cura. Y encima, vienen estos populistas nacionalistas y pretenden aguarles la fiesta en la periferia latinoamericana en donde, más bien, debían estar agradecidos que ellos sigan funcionando en medio de tanto pobrerío.

Ollanta Humala, por razones diversas, pero principalmente porque no tienen mayoría en el congreso peruano, no pretende hacer cambios espectaculares en la economía del país. Ha dicho claramente, sí, que pondrá especial atención en las políticas sociales que permitan, por lo menos, atemperar la pobreza. También, que participará entusiastamente en instancias de integración latinoamericana que ya están en marcha. No es nada del otro mundo. Más bien se trata de acometer tareas que se han postergado demasiado tiempo. Desafortunadamente, parece que la economía peruana seguirá girando alrededor de la industria extractiva, especialmente la minera, y la atracción de capitales maquileros, que no hacen más que ofrecer trabajo precario a los peruanos. Nada extraordinario en el contexto de América Latina.

Los mercados, sin embargo, a pesar de todas las seguridades, se ponen nerviosos. Es que a lo mejor Humala mintió en la campaña electoral y ahora, ya asegurado su triunfo sobre la Fujimori, decide aliarse al eje del mal. No está de más echarle un ojo a su historial que deja en evidencia sus inclinaciones románticas hacia los desposeídos. Por eso, los mercados apostaban por Keiko, de quien no dudaban en absoluto que estaba de su lado.

El sacrosanto cuido que debe prodigársele a los mercados se ha transformado en un dogma de la era neoliberal. Evitar que se pongan nerviosos en un deber de todo político serio. Es más, ellos son un termómetro de esa seriedad política: si están tranquilos, el político es responsable; si están intranquilos, se está aproximando a zona peligrosa; si los pone nerviosos es, seguramente, un irresponsable.

El mercado es, pues, una especie de amigo en el que todos pueden confiar. Si está contento, tranquilo, relajado, no se enoja y las bolsas de Nueva York, de Londres, de Frankfurt suben, la plata (muchas veces imaginaria, evanescente, falsa) corre a raudales, los ejecutivos de Wall Street se recetan millonarios incentivos y los tecnócratas de nuestros países sonríen porque crecen las exportaciones.

Muchas veces, sin embargo, por más que se haga para mantenerlos ecuánimes, los mercados, veleidosos, se encabritan y exigen pruebas de lealtad. Eso es lo que le están pidiendo a Humala y, por eso, hacen como que se ponen nerviosos.

Centroamérica “fallida”… ¿y el capitalismo neoliberal inocente?

En el debate sobre los “Estados fallidos” en Centroamérica, periodistas, políticos, militares, policías y diplomáticos padecen de una sospechosa tendencia a eximir de juicios críticos al modelo económico y social -propio del capitalismo neoliberal de nuestros días- que incuba a criminales, narcotraficantes y toda clase de organizaciones delictivas.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

(Fotografía: La Asamblea General de la OEA discutió la crisis de violencia y narcotráfico en Centroamérica)

La tesis de que Centroamérica va en camino a convertirse –si no lo es ya- en una región de “Estados fallidos”, está profundamente asentada, casi de modo incontestable, en el sentido común dominante de las elites gobernantes, los medios de comunicación hegemónicos y los grupos de poder político-económico (especialmente, en aquellos que están vinculados al nuevo mercado de la seguridad privada).

A esta idea del inminente colapso de los países del istmo, le acompaña otra de singular cariz: la solución a la nueva crisis centroamericana pasa por el reforzamiento de los aparatos de seguridad y represión, por las alianzas y planes regionales (al estilo de las iniciativas Mérida o Colombia) y, por supuesto, requiere el aumento de la ayuda financiera de los Estados Unidos (otra forma de profundizar los compromisos con los intereses geopolíticos de ese país). En ese sentido, por ejemplo, el Ministro de Seguridad de Honduras, cuyo gobierno ha demostrado sus afectos por los militares norteamericanos, aseguró recientemente que esa cooperación financiera debía pasar de los $200 millones de dólares actuales, a $900 millones de dólares.

En la Asamblea de la Organización de Estados Americanos, celebrada en San Salvador en días pasados, también abundaron los diagnósticos sobre la delicada situación que experimenta Centroamérica: asediada por la inseguridad ciudadana, la violencia, el crimen organizado y el narcotráfico. En este foro, como era de esperarse, las posibles soluciones no pasaron del ya reiterado –pero todavía poco efectivo- compromiso de los Estados miembros para diseñar un plan regional de seguridad, que se dará a conocer hasta el próximo año en Bolivia.

Fuera del frenesí mediático, el manejo político del tema o las declaraciones diplomáticas, y por supuesto, sin menospreciar el dolor que provocan las muertes cientos de familias, es claro que algo no anda bien en los discursos que enuncian a Centroamérica como región “fallida”. Y no anda bien porque periodistas, políticos, militares, policías y diplomáticos padecen de una sospechosa tendencia a eximir de juicios críticos al modelo económico y social -propio del capitalismo neoliberal de nuestros días- que incuba a criminales, narcotraficantes y toda clase de organizaciones delictivas.

Porque, ¿quién podría negar que el narcotráfico, a pesar de su ilegalidad e informalidad, no es hoy un componente central de la economía capitalista, que moviliza miles de millones de dólares anuales en todo el mundo? Y la violencia que desatan las rivalidades y la lucha por mercados entre bandas del crimen organizado, ¿acaso no tiene un inocultable contenido de clase? Basta con repasar el perfil socioeconómico de las víctimas de las masacres: se asesina sin piedad a campesinos e indígenas, pero no a los terratenientes; y en los registros de muertos, abundan las legiones de reclutados del pobrerío urbano, pero difícilmente se encontrarán ejecutivos de compañías transnacionales, banqueros o inversionistas extranjeros.

¿Es inocente, entonces, ese modelo de sociedad neoliberal, de democracia restringida y procedimental, que hace del mercado un dios, del éxito a toda costa el supremo valor, y del egoísmo una religión? Con Estados encorsetados por el neoliberalismo, no es posible desarrollar una política social, económica y cultural coherente con las expectativas de bienestar de los pueblos. Desgraciadamente, tal perspectiva está ausente en el debate sobre la violencia y el narcotráfico en Centroamérica, y más bien, se imponen los enfoques militaristas y policíacos.

En todo caso, resulta evidente la necesidad de recuperar las capacidades –o construirlas allí donde sea necesario- de los Estados para atender las necesidades de amplios sectores de la población, afectados por la pobreza, la falta de oportunidades, el abandono y la desigualdad. Está ampliamente documentado que allí donde el Estado no llega, o pierde el control de zonas urbanas y rurales, los narcotraficantes expanden su dominio.

Es un error pensar que solo con más militares y policías, más fusiles y equipos de inteligencia y espionaje, o con leyes más estrictas y políticas de cero tolerancia, se resolverán las desigualdades que traspasan y fracturan las sociedades centroamericanas, y que están en la raíz de los problemas profundos de la región. Sin justicia social, democracia auténtica y participativa, sin abolir el racismo y la segregación cultural, sin redistribución de la riqueza, ningún plan de seguridad será sostenible en el largo plazo.

A lo que se debe aspirar es a transformar radicalmente las históricas estructuras de exclusión y desigualdad de Centroamérica. Lo demás, es el intento de poner un parche más en eso que Sergio Ramírez, el escritor nicaragüense, bien ha definido como una red llena de huecos.

Cuba: El truhán y su “nuevo” show

Ahora que el pueblo revolucionario se apresta a la ejecución de los acuerdos aprobados, los enemigos no quieren quedarse con los brazos cruzados y tratan de alterar el orden y minar la reputación y el decoro de la Revolución.

Abner Barrera Rivera / AUNA-Costa Rica

El truhán santaclareño Fariñas decidió iniciar -el pasado 03 de junio-, otra vez una huelga de hambre. Lo hizo en mal momento, porque el mundo en estos días ha estado pendiente de otras noticias; los grandes medios estuvieron dedicados a informar sobre el retorno de Manuel Zelaya a Honduras, las manifestaciones de protesta de los indignados en España, los ataques de la OTAN contra el Líbano y la reciente elección presidencial del líder de la izquierda peruana Ollanta Humala. Por eso la figura del escuálido huelguista, que suele ser presentado semidesnudo por la prensa contrarrevolucionaria todavía no ha logrado ocupar los grandes titulares mediáticos como otras veces. La misma CNN, vocera oficial de los grupúsculos contrarrevolucionarios en Cuba ha estado “distraída” en otros asuntos, por ejemplo, participando de la guerra sucia contra la candidatura de Ollanta Humala en Perú. Pero pronto el santaclareño aparecerá en los grandes medios, a cada rato y a todo color.

Este nuevo show –en realidad es un show viejo-, tiene como objetivo dizque exigir al gobierno de la Isla que juzgue a los responsables de la muerte de Juan Wilfredo Soto, quien falleció en el hospital Provincial Arnaldo Milián Castro, en Santa Clara. Fariñas afirma que la muerte de Soto es consecuencia de haber sido golpeado por la policía. Lo que de buenas a primeras llama la atención, es que dicha muerte sucedió hace más de un mes y recién ahora el huelguista decidió emprender esta medida de fuerza. Todo indica que sus jefes de la Sección de Intereses Norteamericana (SINA) en La Habana actuaron con retraso y le dieron muy tarde las instrucciones a Fariñas para esta nueva odisea. Soto falleció el pasado 08 de mayo y la causa de su deceso ha sido ampliamente explicada por los profesionales cubanos de la salud. Lo que sucede es que ni siquiera el huelguista se ha enterado (o se hace el desentendido), que ante tanta calumnia las autoridades cubanas explicaron convincentemente lo sucedido en una Nota Informativa publicada en el periódico Granma.

Ahí se puede leer: “El 6 de mayo, dicho ciudadano ingresó en el citado hospital al presentar dolor abdominal intenso, provocado por una pancreatitis aguda. Posteriormente se diagnostica, además, una descompensación de otras enfermedades de base como la miocardiopatía dilatada, una hiperlipidemia (exceso de grasa en sangre), una diabetes y hepatitis crónica producto de hígado graso. Las pruebas patológicas practicadas al occiso, arrojaron una muerte de tipo natural, estableciéndose como causa preliminar: "shock multifactorial por fallo multiorgánico, debido a una pancreatitis. No se observaron signos de violencia internos o externos.”


Pero como se trata de un nuevo show orquestado desde la SINA, no hay explicaciones que valgan. Inclusive los propios familiares del fallecido aclararon lo sucedido; su hermana Rosa Soto García, dijo que él “padecía varias enfermedades, entre ellas gota, hipertensión arterial, migraña y crecimiento del corazón, razón por la cual recibía atención médica desde hacía muchos años”, reconoció que Juan Wilfredo “llevaba una vida muy desordenada y no cumplía las indicaciones médicas”. Doña Rosa añadió: “Eso de que lo golpearon es una gran mentira. No tenía ninguna marca de golpeadura, todo es un invento de la propaganda contrarrevolucionaria. Estamos muy dolidos con esta campaña que se ha formado, causante de un gran dolor en la familia".


Como puede verse, la SINA y sus peones -entre ellos el truhán Fariñas-, no respetan sentimientos ni dolores ajenos; están decididos a utilizar la muerte de ese hombre para acusar al gobierno cubano, levantar calumnias y buscar publicidad para los contrarrevolucionarios (otro premio para el huelguista no le vendría nada mal). El poder mediático reaccionario tampoco ha logrado ponerse de acuerdo, porque presentan al huelguista como escritor, psicólogo, periodista, defensor de los derechos humanos, profesor, poeta, etc.; pronto lo llamarán candidato a la presidencia de Cuba o nominado al Premio Nobel de la Paz.

Como es de conocimiento general, durante el último año el gobierno cubano (inclusive contra la voluntad del pueblo) poco a poco fue liberando presos contrarrevolucionarios, quienes años atrás habían puesto en peligro la soberanía nacional. Además fue desmontando y develando, gracias a los órganos del Ministerio del Interior, toda la guerra sucia empleada por la mafia de Miami, la SINA y los contrarrevolucionarios en la isla. Así los enemigos de la revolución se quedaron sin pretexto ni bandera para luchar. A esto se suma el amplio apoyo popular a los resultados del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba realizado en abril pasado, que tuvo también una gran repercusión internacional. Ahora que el pueblo revolucionario se apresta a la ejecución de los acuerdos aprobados, los enemigos no quieren quedarse con los brazos cruzados y tratan de alterar el orden y minar la reputación y el decoro de la Revolución.

En memoria de mis padres

Mi padre solía decir “el enemigo es social, no personal”. Y esta enseñanza la he asumido desde el día en que vi en los periódicos de Guatemala las fotos de los cadáveres ensangrentados de mis padres.

Carlos Figueroa Ibarra / Especial para Con Nuestra América

Desde Puebla, México

Hace unos meses escribí en mi columna mi oposición a la pena de muerte. Era la respuesta a una convicción profunda. Uno de los lectores me hizo el favor de enviarme un comentario en el que me reprochaba mi postura y agregaba: “Cómo se ve a simple vista que Ud. no ha sido afectado por la violencia extrema, por eso se atreve a emitir tal opinión”. Desgraciadamente esto no es así. Sufrí en carne propia la violencia extrema y estuve a punto de ser asesinado por los sicarios del llamado Ejército Secreto Anticomunista (ESA). Por fortuna salvé la vida y viví en el destierro durante largos doce años. Pero otros colegas universitarios, que fueron amenazados de muerte por el ESA junto a mí, no corrieron mi suerte: Julio Alfonso Figueroa Gálvez, Jorge Romero Imery y Ricardo Juárez Gudiel fueron inmisericordemente asesinados. En el caso de Jorge, a la sazón Director de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad de San Carlos de Guatemala, su destino fue más atroz aun, porque fue secuestrado, torturado y finalmente asesinado. Su cuerpo fue enterrado y no fue encontrado sino meses después.

Pero también me vi afectado por la violencia extrema porque el 6 de junio de 1980, mis padres Carlos Alberto Figueroa y Edna Ibarra Escobedo, psicólogos de profesión, fueron asesinados a nombre del ESA. Ese viernes a las 10 de la mañana, al salir a cumplir sus labores habituales en su consultorio de atención psicológica, fueron perseguidos por autos conducidos por sus asesinos materiales. Finalmente mis padres fueron alcanzados en una de las calles de la colonia Ciudad de Plata y literalmente arrasados con fuego de metralleta. Recuerdo muy bien las fotos que la prensa publicó al día siguiente aunque esto lo hice desde San José, ciudad en la que había comenzado mi vida de exiliado. El auto gris de marca japonesa de mi padre se encontraba destrozado por las balas y en su interior yacían mis padres con el rostro que desde niño les vi cuando dormían. Una amiga, Katina de León Rodríguez, tenía los periódicos en las manos y no quería enseñármelos. Le pedí que me los diera para asumir de una buena vez lo que tarde o temprano tenía que ver. Y recordé una estrofa de un poema de Luis Cardoza y Aragón en la que dice que la muerte siempre llega tarde, porque la vida siempre se le adelanta.

No he albergado odio a lo largo de estos 31 años. Los hechores materiales eran pobres diablos a los que sus jefes les pagaban unos cuantos quetzales para hacer su labor. Seguramente buena parte de ellos estan muertos porque eran material desechable para los que los dirigían. Mi querido amigo de juventud, Hugo Arce, escribió en alguna ocasión que uno de ellos era un esbirro llamado “El Gato” Gudiel. Ignoro si esto es cierto. Lo que si resulta cierto es que algunos de los autores intelectuales que los dirigían viven y viven en la impunidad. Eran parte de los aparatos represivos instalados en el ejército y las policías del gobierno de Romeo Lucas García, quien murió sin conflictos de conciencia porque la memoria se le borró. Lucas García era solamente la cabeza visible, no necesariamente la más inteligente, de un aparato criminal que asesinó y desapareció a miles y miles de guatemaltecos y guatemaltecas. Ese aparato criminal era sostenido por el puñado de privilegiados expoliadores que se sintieron amenazados por los aires de revolución social que inundó a Centroamérica después del triunfo sandinista de julio de 1979. Por todo ello si algún odio tengo no es de carácter personal. En todo caso lo tendría hacia un sistema que hacía uso de la dictadura terrorista para reproducir de manera ampliada el insultante boato de una minoría que coexistía con una enorme miseria social. Mi aversión continúa ahora por un sistema social que pregona la democracia mientras sume en la miseria a millones de personas, juega electoralmente con sus necesidades, hipócritamente considera a la “limpieza social” como la solución a la rampante violencia delincuencial que vivimos, permite la existencia de poderes ocultos, arrasa a los campesinos indígenas del Polochic, envenena campos y ríos con la minería abierta y enferma a sus habitantes, despoja de sus bienes a la población rural que vive en la zona de los megaproyectos, nutre a buena parte de la clase política con el ejercicio sistemático de la corrupción y hoy ha sumido a Guatemala como parte de la región más violenta del mundo. Mi padre solía decir “el enemigo es social, no personal”. Y esta enseñanza la he asumido desde el día en que vi en los periódicos las fotos de los cadáveres ensangrentados de mis padres.

Nada fue igual en mi vida desde el 6 de junio de 1980. Pero también he aprendido que se puede volver a ser feliz y recuperar la llama de la esperanza.

Venezuela: ¿apoyar, apoyar críticamente, no apoyar?... He ahí el dilema

Con lo que hemos estado viendo últimamente, se abren serias dudas. Y es ahí donde se plantean estos dilemas: ¿apoyar a un Chávez que se quiere congraciar con la derecha colombiana? Más allá de las explicaciones tácticas que puedan argüirse, ¿es eso estratégico? ¿Pueden levantarse esos valores? ¿Se acepta una guitarra de regalo de Shakira pero se entregan luchadores revolucionarios?

Marcelo Colussi / Especial para Con Nuestra América

Desde Ciudad de Guatemala

“Los que hacen las revoluciones a medias no hacen más que cavar sus propias tumbas”. Consigna del Mayo francés, 1968

Si este texto estuviera escrito por un “peso pesado” (Noam Chomsky, Ignacio Ramonet, Eduardo Galeano…) seguramente sería leído con más detenimiento. De un autor menor, es menor el impacto logrado. ¿Lo leerá alguien incluso?

¿Por qué empezar con esta referencia, provocativa sin dudas? Para dejar indicado cómo todavía estamos atados, demasiado atados, quizá enfermizamente atados a la noción de VIP. Sí, así como suena: VIP, very important people, “gente muy importante”. Lo que sucede en Venezuela es una palmaria –y quizá patética– demostración de ello.

Para la gente de izquierda (dejamos de momento la discusión en torno a qué es exactamente “ser de izquierda”: ¿progresista, anticapitalista, optar por la lucha armada como herramienta de cambio, socialdemócrata al modo escandinavo, Daniel Ortega lo es actualmente, lo fue antes, o Lula en Brasil, lo es no ser homofóbico, votar por el PSOE en España?), pues bien: para la gente de izquierda en su más amplio sentido, el proceso que se abrió en Venezuela hace algunos años fue una fuente de esperanza. Esa es (¿era?) su fuerza: devolver una esperanza que había sido secuestrada. Lea el artículo completo aquí…

Artículo relacionado: “Ideologías de la revolución y fervor ideológico”, de José Steinsleger

Camino a la unidad de América Latina

Pese a sus límites, los proyectos de unidad e integración, a lo largo de nuestra historia, sentaron las pautas para que cobrara forma la convicción de que latinoamericanos y latinoamericanas formamos parte de una sola nación, dividida de manera artificial por quienes pretendieron mantenerla en disputas constantes para dominarla.

Isabel Soto Mayedo / Propuestas vía Cuba

Largo resultó el camino recorrido con tal de alcanzar la unidad de América Latina, sueño por concretar y hacia el cual son volcados colosales esfuerzos en este siglo frente a la preponderancia de los bloques regionales por encima de los Estados, en el orden de la política, la economía y la guerra.

Por estos días comienza a perfilarse la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), nuevo espacio para el intercambio sin sujeción a poderes foráneos que para algunos constituye “el suceso político más trascendente de la región en sus últimos 100 años”.

Este mecanismo unionista pretende superar lo alcanzado por otros de su tipo en el área, pensados y articulados desde que las otrora colonias rompieran las cadenas con las metrópoli española y emprendieran camino por las vías republicanas, 200 años atrás. Lea el artículo completo aquí…

Artículo relacionado: “La CELAC traduce una nueva relación de fuerzas hemisféricas”, de Adrián Fernández

Panamá: El Comando Sur y el nuevo régimen de seguridad

El ejercicio de Panamax que se inaugura el próximo mes, para la supuesta defensa contra una insurrección popular panameña, es un buen ejemplo de los planes militares que tiene nuestro Ministerio de Seguridad y los actuales gobernantes.

Marco A. Gandásegui, h. / ALAI

El Comando Sur de EEUU anunció que en agosto de 2011 realizará sus maniobras militares Panamax en torno al Canal de Panamá. Invitó a un total de 17 países de la región, incluyendo a Panamá, para que participen en el operativo de 15 días. Las maniobras, un triste remanente de la guerra fría, son parte de la novena versión de los ejercicios multinacionales Fuerzas Aliadas Panamax.

El año pasado, los norteamericanos realizaron una operación similar para enfrentar una supuesta insurrección popular panameña. Según un despacho de prensa fechado en aquella época, “el Comando Sur defendería el Canal de Panamá contra un levantamiento de los pueblos indígenas y comunidades campesinas que pretenden desestabilizar al Estado panameño”. Para este año, el Comando Sur aún no ha anunciado quienes son los enemigos de los 2,000 efectivos participantes. Lea el artículo completo aquí…

Perú: Nuevo centro del conflicto geopolítico regional

El triunfo de Ollanta Humala coloca al Perú en el ojo de una tormenta geopolítica entre el proyecto hegemonizado por Washington, la Alianza del Pacífico, y la UNASUR y el Mercosur donde Brasil juega un papel determinante.

Raúl Zibechi / ALAI

(Fotografía: Ollanta Hulala, presidente electo del Perú, y Dilma Roussef, presidenta de Brasil)

Rose Likins, embajadora de Washington en Lima, jugó un activo papel en la campaña electoral a favor de Keiko Fujimori. Desde que fue nombrada en el cargo, en agosto de 2010, se mostró contraria a la candidatura de Humala y durante la campaña electoral para la segunda vuelta del 5 de junio, mantuvo reuniones privadas con grupos de la sociedad civil en las que apoyó sin matices a Keiko, según señala Jim Lobe (IPS, 6 de junio).

No es para menos. Perú es un país clave para el proyecto estadounidense de mantener una presencia hegemónica en la región andina, desde tres puntos de vista. Perú tiene una extensa frontera con Brasil, pero es además la frontera por donde fluye el río Amazonas y algunas importantes vías de comunicación, y es básicamente una frontera de selva. En segundo lugar, es la frontera más cercana a los estratégicos puertos del Pacífico, por los cuales fluye una parte importante del comercio exterior entre Brasil y Asia, o sea China. Se trata de las vías interoceánicas que componen la IIRSA (Integración de la Infraestructura Regional Suramericana), el proyecto de integración estratégico para la región y para el futuro de Brasil.

En tercer lugar, en Perú residen algunas importantes bases militares del Comando Sur que componen un amplio anillo que rodea a Brasil, desde el norte (Panamá y Colombia) hasta el sur (Paraguay). Sin el control sobre Perú, la estrategia militar del Pentágono está desarticulada y depende de lo que suceda en Colombia, país que queda rodeado de fronteras potencialmente hostiles. Lea el artículo completo aquí…

El ejemplo mapuche

La huelga de hambre de los comuneros mapuches ha dejado de ser un tema judicial. Es un problema político y social, como siempre lo ha sido. Nada tiene que ver con el terrorismo. El mapuche es un pueblo que lucha pacíficamente por su tierra y por su identidad.

Manuel Cabieses / Clarín (Chile)

Con el escenario político-social copado por las movilizaciones contra el proyecto HidroAysén y las protestas estudiantiles, han tenido escasa resonancia las condenas contra los comuneros mapuches sentenciados a brutales penas de presidio por el Tribunal Oral en lo Penal de Cañete y luego por la Corte Suprema. Esta última recalificó el delito de “homicidio frustrado” en contra de un fiscal por “lesiones menos graves”, y rebajó las penas por robo de madera. Pero en definitiva, Héctor Llaitul fue condenado a 15 años y Ramón Llanquileo, Jonathan Huillical y José Huenuche a ocho años cada uno.

Ni siquiera la huelga de hambre de casi 90 días de estos presos mapuches parece haber impresionado a la opinión pública y mucho menos a la inmutable “clase política”, absorta en los próximos juegos electorales. La sentencia de la Corte Suprema deja fuera de lugar cualquier otra iniciativa en el plano judicial. Tiene razón el presidente del tribunal, Milton Juica, cuando devuelve la iniciativa de solución al campo político. Los mapuches seguirán encarcelados si no hay una decisión en contrario del Poder Ejecutivo, vía indulto presidencial. Desde luego, ellos no dejarán de luchar porque no están dispuestos a rendirse ante la injusticia. Así lo indica la historia de ese pueblo que enorgullece a la nación chilena. En síntesis, la condena de Llaitul y sus compañeros es una vergüenza que debe ser corregida en el espacio que controla el poder político. Lea el artículo completo aquí…