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sábado, 15 de junio de 2024

Matar la esperanza para que viva el mercado

 La idea de con el mercado todo y sin el nada, es de vieja data y la quieren vender como nueva. Los problemas sociales de un país no se resuelven solo con el mercado, tampoco con austeridad para los pobres y opulencia para los amigos cercanos al poder.

Abdiel Rodríguez Reyes / Para Con Nuestra América
Desde Ciudad Pamamá

Es un sueño de los grupos de poder económicos matar la esperanza. En términos sacramentales sería algo así: sacrificar como ofrenda la esperanza de un pueblo para darle vida al mercado como deidad. Como parte del mismo sueño, también lo es que sus intereses se conviertan en el sentido común de las mayorías. Así la alienación llegaría a su plenitud, reinaría la lobotomía. Muy a pesar de esa pretensión, ya las gentes no se comen el cuento de los políticos y sus asesores, ni tampoco de los expertos opinando. 

sábado, 22 de agosto de 2020

Del mercado

 En tiempos de Marx, el mercado mundial terminó siendo organizado como un sistema colonial, en el que un puñado de potencias europeas controlaba la producción y el comercio de sus posesiones de ultramar. Ese sistema vino a desintegrarse tras la gran guerra de 1914-1945 que, a partir de la transformación de las colonias en Estados nacionales abrió paso a la organización del mercado mundial como un sistema internacional. 

Guillermo Castro H. / Especial para Con Nuestra América

Desde Alto Boquete, Panamá


Conocer es resolver. Conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías… Los políticos nacionales han de reemplazar a los políticos exóticos. Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas.

José Martí[1]

 

El mercado es una estructura social para el intercambio de bienes y servicios. En su desarrollo hay dos momentos característicos. Uno es el del intercambio de excedentes ocasionales en sociedades primitivas, y otro el de la producción de excedentes con destino al intercambio en sociedades civilizadas, que habían culminado la transición a la agricultura y a la división del trabajo. Por esa vía se constituyó el gran mercado de México – Tenochtitlán que asombró a los conquistadores europeos por la diversidad de su oferta y por su organización y su limpieza, sin equivalente en las tierras de donde procedían.

sábado, 29 de julio de 2017

¿Dictaduras? La peor de todas: ¡dictadura del mercado!

Hoy día el mundo en su conjunto vive momentos de derechización sin precedentes. La ideología dominante hace del libre mercado y de esa cosa rara llamada “democracia” nuevos dioses intocables. Contradecir esto es un llamado a la condena: es hacer sentir dinosaurio anacrónico a quien lo osara hacer… o candidato a un balazo.

Marcelo Colussi / Para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala

La ideología dominante es la ideología de la clase dominante”, decía Marx. Expresado de otro modo: el esclavo piensa con la cabeza del amo. ¿Por qué? Porque la imposición de los grupos de poder es total: se da en el plano material y, quizá con más fuerza aún, en el campo cultural. Eso es la ideología en definitiva: la argamasa que solidifica una sociedad no permitiendo ver la lucha de clases que la mueve o, en todo caso, haciendo de esa lucha y de las diferencias sociales algo normal, natural.

Las clases dominantes, siempre a través de la historia en cualquier modo civilizatorio, ejercieron su poder en forma brutal, con el lenguaje de la violencia, pero también con la sutileza del discurso ideológico. Las diferentes instituciones que se fueron creando a través de la historia (familia, Estado, iglesias, la cultura en su sentido más amplio, la escuela, los medios de comunicación, etc.) son los instrumentos encargados de asegurar la transmisión ideológica. Lo cual no es sino otra forma de decir: de asegurar la continuidad de la explotación con un discurso de resignación e inevitabilidad ante las injusticias.

sábado, 22 de abril de 2017

Mundial, colonial, internacional, global

Tiempos difíciles estos, por lo nuevos que son y por los desafíos que plantean. La dificultad primera que nos presentan es la de entenderlos en lo que son. Fuimos educados y formados para el mundo del mercado internacional, y a menudo no contamos ni con las ideas ni con los conceptos adecuados para pensar y comprender el mundo del mercado global que va tomando forma en torno nuestro.

Guillermo Castro H. / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá

Utilizamos la palabra mercado muchas veces al día, y a menudo la adjetivamos con otras como global, internacional o mundial. En estas cosas, sin embargo, es bueno tratar de ser preciso. Habría que empezar por decir que el mercado es una estructura social que organiza el intercambio de bienes y servicios entre individuos y sociedades distintas. Como tal, existió desde mucho antes que el capitalismo, y seguirá existiendo cuando éste haya sido sustituido por otra forma de organización económica y social en algún momento del futuro.

Es probable, por ejemplo, que centros ceremoniales prehistóricos como el de Stonehenge en Inglaterra y El Caño, en Panamá, hayan cumplido una triple función de encuentro periódico entre comunidades distantes para la renovación de vínculos religiosos y políticos, y para el intercambio de bienes de especial valor. En nuestro Istmo, por ejemplo, la sal producida en el litoral del Arco Seco durante los meses de verano debe haber sido tan valiosa para los pueblos del Atlántico como lo era para los del Pacífico el oro que lavaban en los ríos de su región, mucho más mineralizada que la de las sabanas del Sur.

sábado, 19 de septiembre de 2015

El Estado y el mercado proceden de la sociedad

Si el modelo estatizante no nos convence ni nos conviene, peor aún el modelo neoliberal. Por eso es necesario abrir las puertas a nuevas propuestas que prioricen al ser humano y a la sociedad en general.

Fander Falconí / El Telégrafo (Ecuador)

Hemos vivido estos tiempos con una trinidad económica: Estado, mercado y sociedad. Los abusos del mercado han provocado pérdidas cuantiosas y eso permitió que algunas veces el Estado interviniera. Esta intervención era necesaria, pero con frecuencia estancaba la creatividad y el riesgo calculado; tal estancamiento devolvía el papel preponderante al mercado y el ciclo se repetía.

Pero hoy se ha visto que el tercer invitado a esta fiesta, la sociedad, era la llamada a poner orden. El mercado no puede funcionar sin regulación y control y el Estado, como regulador y controlador, también necesita cierto control. La sociedad debe incrementar su poder decisorio y su protagonismo.

sábado, 11 de junio de 2011

Los nervios de los mercados

Muchas veces, por más que se haga para mantenerlos ecuánimes, los mercados, veleidosos, se encabritan y exigen pruebas de lealtad. Eso es lo que le están pidiendo a Humala y, por eso, hacen como que se ponen nerviosos.

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

rafaelcuevasmolina@hotmail.com

(Fotografía: Terrorismo mediático. Portada del diario Perú21, del 31 de mayo de 2011, pocos días antes de la elección presidencial)

Ganó Ollanta Humala en el Perú y los mercados “se pusieron nerviosos”. La bolsa limeña cayó en picada y CNN inmediatamente hizo foro con los especialistas latinoamericanos de derecha instalados en las universidades norteamericanas que, unánimemente, llegaron a la conclusión que el nacionalismo populista del presidente electo era el culpable de ponerlos en esa posición tan lamentable.

¿Cómo hacer para tranquilizarlos? Eso está bien sabido y aprendido: hay que darles seguridades, facilidades, cobijo. Tratarlos delicadamente, no estorbar la libre circulación de los capitales; el feliz asentamiento de las inversiones de las transnacionales; ofrecerles rebajas de impuestos; aduanas abiertas; facilidad de trámites; no molestarlos mucho con engorrosos trámites ni melindres ambientales y boberías de ese tipo.

Ollanta Humala puso nervioso a los mercados, como frecuentemente los pone Hugo Chávez, Rafael Correa y a veces Cristina Fernández y otros desalmados que no tienen en cuenta su delicadeza. Como todos ellos son odiosos nacionalistas populistas, no toman en cuenta que los mercados tienen alterado el sistema nerviosos central en estos días, que su punto neurálgico, el sistema financiero, tiene un virus que lleva ya dos años rondándolo y no hay forma de encontrarle cura. Y encima, vienen estos populistas nacionalistas y pretenden aguarles la fiesta en la periferia latinoamericana en donde, más bien, debían estar agradecidos que ellos sigan funcionando en medio de tanto pobrerío.

Ollanta Humala, por razones diversas, pero principalmente porque no tienen mayoría en el congreso peruano, no pretende hacer cambios espectaculares en la economía del país. Ha dicho claramente, sí, que pondrá especial atención en las políticas sociales que permitan, por lo menos, atemperar la pobreza. También, que participará entusiastamente en instancias de integración latinoamericana que ya están en marcha. No es nada del otro mundo. Más bien se trata de acometer tareas que se han postergado demasiado tiempo. Desafortunadamente, parece que la economía peruana seguirá girando alrededor de la industria extractiva, especialmente la minera, y la atracción de capitales maquileros, que no hacen más que ofrecer trabajo precario a los peruanos. Nada extraordinario en el contexto de América Latina.

Los mercados, sin embargo, a pesar de todas las seguridades, se ponen nerviosos. Es que a lo mejor Humala mintió en la campaña electoral y ahora, ya asegurado su triunfo sobre la Fujimori, decide aliarse al eje del mal. No está de más echarle un ojo a su historial que deja en evidencia sus inclinaciones románticas hacia los desposeídos. Por eso, los mercados apostaban por Keiko, de quien no dudaban en absoluto que estaba de su lado.

El sacrosanto cuido que debe prodigársele a los mercados se ha transformado en un dogma de la era neoliberal. Evitar que se pongan nerviosos en un deber de todo político serio. Es más, ellos son un termómetro de esa seriedad política: si están tranquilos, el político es responsable; si están intranquilos, se está aproximando a zona peligrosa; si los pone nerviosos es, seguramente, un irresponsable.

El mercado es, pues, una especie de amigo en el que todos pueden confiar. Si está contento, tranquilo, relajado, no se enoja y las bolsas de Nueva York, de Londres, de Frankfurt suben, la plata (muchas veces imaginaria, evanescente, falsa) corre a raudales, los ejecutivos de Wall Street se recetan millonarios incentivos y los tecnócratas de nuestros países sonríen porque crecen las exportaciones.

Muchas veces, sin embargo, por más que se haga para mantenerlos ecuánimes, los mercados, veleidosos, se encabritan y exigen pruebas de lealtad. Eso es lo que le están pidiendo a Humala y, por eso, hacen como que se ponen nerviosos.