viernes, 4 de noviembre de 2011

Al capitalismo financiero no le gusta la democracia

La democracia vale como excusa para derrocar gobernantes respondones sentados sobre océanos de petróleo, pero no vale para los griegos a los que los mercados exprimen hasta la última gota. Podríamos preguntarnos: ¿es solo el capitalismo en su etapa neoliberal el que está reñido con la democracia o, más en general, es el capitalismo el que no puede convivir con ella?

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Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

rafaelcuevasmolina@hotmail.com

A la señora Angela Merkel, Canciller alemana; al señor Nicolás Sarkozy, Presidente de Francia, y a sus congéneres (europeos y de allende el Atlántico), se les paralizó la mueca de felicidad que tenían tras haber arribado a un acuerdo sobre la deuda griega cuando el Primer Ministro de ese país, Yorgos Papandreu, les salió con la noticia que realizaría un referéndum para ver si los griegos estaban de acuerdo con las condiciones draconianas que les habían sido impuestas por el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea.

Papandreu, un socialista al que le ha tocado enfrentar la crisis que heredó de sus antecesores, en el filo de la navaja ante el rechazo popular a la oleada de medidas antipopulares que ha tenido que tomar, se jugaba el todo por el todo con esta propuesta: quedarse o irse de la Unión Europea y, con ella, recibir o no los miles de millones de euros que le ofrecen para “salvar” a Grecia.

Salvar a Grecia, como es de sobra sabido en nuestros días, significa, para la Comisión, el Banco y el Fondo Monetario, en primer lugar capitalizar los bancos; los mismos, por cierto, que en buena medida llevaron a la situación próxima a la bancarrota en la que se encuentra ese país.

Salvar Grecia, para ellos y los señores y señoras que coyunturalmente ejercen como presidentes o primeros ministros en los distintos países de la Unión Europea, significa echar los costos de la crisis sobre la población griega, sobre los pensionados, los asalariados y, más en general, sobre todos los ciudadanos de a pie a quienes, por cierto, los inescrupulosos banqueros y más de algún “analista” echan las culpas de todo por haberse sobrepasado en el consumo y haber abusado de los servicios sociales.

El problema es que a esa gente de a pie de la península helena parece que no le gusta el salvataje que le están aplicando; es algo parecido a lo que le pasa a muchos españoles, quienes el 15 de mayo pasado iniciaron el movimiento de los indignados porque en su país se tomaron medidas similares a las que también indignan a los griegos.

Quiere decir esto que la gente de a pie, que es la inmensa mayoría de la población griega, siente que no es a ella a la que están salvando sino, más bien, a los bancos de su país, instituciones financieras que han hecho el gran negocio de su vida con esta crisis.

Ante las crecientes protestas que ponían en riesgo su gobierno, Papandreu decidió llamar a refendum, es decir, a uno de los mecanismos de consulta popular más democráticos que se conocen. Fue ahí donde sus pares europeos pusieron el grito en el cielo: ¿cómo se le ocurre a este señor consultar al pueblo tratándose de algo tan importante?

Es decir, señoras y señores, la tan cacareada democracia aquí está de más, viene sobrando, es un estorbo. Más aún, es una soberana irresponsabilidad: los bancos no pueden esperar, los mercados se ponen nerviosos como si fueran a la primera cita con la mujer de la que están perdidamente enamorados (es una mala metáfora: los mercados no se enamoran).

Los mercados, pues, hablaron a través de unos de sus miles de ventrílocuos, los jefes de estado europeos, y obligaron a Papandreu a revocar su exabrupto democrático. Que sirva, además, de escarmiento y recordatorio para todos: la democracia vale como excusa para derrocar gobernantes respondones sentados sobre océanos de petróleo, pero no vale para los griegos a los que los mercados exprimen hasta la última gota.

Podríamos preguntarnos: ¿es solo el capitalismo en su etapa neoliberal el que está reñido con la democracia o, más en general, es el capitalismo el que no puede convivir con ella?

Lo que sí es cierto es que la crisis griega desnudó el límite al cual puede llegar la democracia burguesa en el marco del capitalismo realmente existente en el mundo contemporáneo.

Todo lo demás es puro verso.

Correa, el Banco Mundial y la dignidad latinoamericana

Si ante cada amenaza, cada carta de condicionalidad, cada emisario del Banco Mundial o el FMI, los presidentes y presidentas latinoamericanas plantaran cara a esa forma del neocolonialismo y del intervencionismo, la historia política de América Latina no sería ese largo inventario de abyecciones y arrodillamientos -trastocado solo por algunas excepciones- que tanto humillan la dignidad de los pueblos.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

Cada vez menos trascendentes para el futuro de América Latina, las Cumbres Iberoamericanas, instrumento de la política exterior española para la región, se han convertido en uno de los escenarios más visibles del de la pérdida de influencia de la diplomacia ibérica (basta mencionar su poca capacidad de convocatoria de mandatarios) y del cambio en el balance de fuerzas con respecto de la antigua metrópoli.

En la Cumbre de Santiago de Chile en 2007, un exabrupto protagonizado por el Rey de España y el Presidente de Venezuela fue instrumentalizado por la prensa hegemónica para desprestigiar al líder bolivariano y atizar el fuego de la oposición en su país y el resto del continente: saturando a los televidentes con las imágenes del borbónico monarca mandando a callar a Hugo Chávez, se invisibilizaba la discusión de fondo que propició el hecho, y que tenía que ver con la historia de despojos a la que ha sido sometida América Latina, el papel que desempeñan en esa empresa de siglos las transnacionales españolas en nuestros países y la participación de figuras de la derecha ibérica –como el expresidente José María Aznar- en la maniobras de desestabilización de gobiernos democráticamente electos.

Ahora, en la recién pasada Cumbre de Asunción, el emplazamiento del presidente de Ecuador, Rafael Correa, a los organismos financieros internacionales (OFI) y en particular a la vicepresidenta del Banco Mundial, Pamela Cox, reavivó la discusión en torno al papel que cumplen estos agentes del imperialismo financiero, y de modo particular, en su intervencionismo en la política latinoamericana a lo largo del período de contrarreforma neoliberal abierto en la década de 1980.

Correa dijo que la presencia de los OFI era improcedente en un foro democrático y acusó a la burócrata del Banco Mundial de haber cancelado un crédito de $200 millones de dólares para Ecuador en 2005, como un mecanismo de chantaje para que su país aplicara una política económica en favor de los grandes capitales e intereses hegemónicos extrarregionales” (Question Digital, 30-10-2011).

No faltaron, por supuesto, las visiones sesgadas y parciales del hecho presentadas por algunos medios de comunicación. El diario La Nación de Argentina, propiedad del poderoso Grupo Clarín –principal opositor del gobierno argentino- calificó de “grotesca intolerancia” la posición del presidente de Ecuador, y sentenció: Los desplantes absurdos, como el de Correa en Asunción, sólo evidencian la dramática pequeñez de sus actores” (La Nación, 01-11-2011).

Probablemente para el Grupo Clarín la grandeza de un gobernante radica, más bien, en gestos como los de aquel expresidente argentino de la década de 1990, que en el éxtasis de su entreguismo al gran capital local y transnacional, llegó a justificar el impacto social de las políticas económicas impuestas por los OFI argumentando, con un cinismo sin paragón, que “pobres hubo siempre y los habrá siempre”.

Pero lejos de ser una pose, la actitud de Correa es consecuente con sus ideas y su trayectoria política, como lo demuestra en su libro Ecuador: de Banana republic a la No República, en el que describe con absoluta claridad y contundencia el rol político que desempeñan los OFI en América Latina: siempre al servicio de los intereses de la plutocracia mundial y del marketing ideológico del neoliberalismo.

En el año 2003 tuve la oportunidad de entrevistar al ya fallecido expresidente de Costa Rica, Rodrigo Carazo Odio (1978-1982), quien en 1980 debió enfrentar una grave crisis económica y política por su decisión de expulsar del país a los emisarios del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial. La razón: condicionaban el otorgamiento de créditos al cumplimiento de un programa neoliberal de férrea disciplina fiscal y el recorte en el presupuesto para la inversión pública (sobre todo, en salud, educación y servicios públicos). Recordando aquellos momentos y los motivos de su decisión, Carazo decía: “Yo pagué ese precio y lo hice con gusto, a pesar de lo que decía la prensa y los grupos interesados. Las consecuencias que ellos dicen que se pagaron fueron las de la dignidad, esa es la realidad. No hubo hambre, sino dignidad con supervivencia. En el sur del continente han vivido experiencias muy serias por obedecer al poder que impulsa la globalización: el Banco Mundial y el FMI. Pero si no queremos ver lo que pasa allí, nos van a cocinar en la misma parrillada, como un trozo de carne más”.

Si ante cada amenaza, cada carta de condicionalidad, cada emisario de los OFI, los presidentes y presidentas latinoamericanas plantaran cara a esa forma del neocolonialismo y el intervencionismo, la historia política de América Latina no sería ese largo inventario de abyecciones y arrodillamientos -trastocado solo por algunas excepciones- que tanto humillan la dignidad de los pueblos.

Vea AQUI el video de la intervención del presidente Rafael Correa en la Cumbre Iberoamericana

La XXI Cumbre Iberoamericana de Paraguay: enfocando algunos trasfondos

En la actual realidad latinoamericana, el amalgamiento de dos proyectos es casi regla general. Pese a los desastres del proyecto neoliberal, éste aún persiste y continúa atacando, sobre todo en sus principios privatizador y desregulador. El proyecto desarrollista integral se le yuxtapone, no lo desplaza totalmente y avanza lentamente. Se trata de una lucha que aún hoy continúa.

José Antonio Gómez Pérez* / Especial para Con Nuestra América

Desde Ciudad Panamá

Los recién pasados días, 28 y 29 de Octubre de 2011, fue celebrada la XXI Cumbre Iberoamericana, en Asunción-Paraguay. La misma fue convocada bajo el lema: "Transformación del Estado y Desarrollo". Jefes de Estado de 22 países asistieron; 11 no concurrieron y presentaron sus excusas. De Centroamérica, presentes estuvieron los presidentes de Guatemala y Panamá, los mandatarios de de Costa Rica, Nicaragua, El Salvador y Honduras estuvieron ausentes; y los de Argentina, Brasil, Uruguay y Venezuela tampoco concurrieron a dicho conclave.

A continuación, mi lectura de las noticias sobre el evento y sus conclusiones. Tres aspectos me llamaron la atención, y aquí los expongo a consideración de los amables lectores.

Nuevas alertas ante el neoliberalismo.

Durante el evento, la situación europea y sus crisis de la deuda soberana y las recetas neoliberales que actualmente se están adoptando fue un tema que ocupó atención importante; principalmente en relación a España y Portugal.

Al respecto, las intervenciones dejaron muchas críticas, remarcándose que: “América Latina, que de crisis sabe y también de situaciones críticas, ha dejado claro que no aplaude la catarata de ajustes que ha realizado la Unión Europea, Por el contrario, su proyecto político es exactamente el opuesto: Más Inversión Pública, Más Políticas Sociales y Más Estado, pese a quien pese”.

En el trasfondo de este párrafo del tema de discusión, hay que destacar dos aspectos importantes. Uno, las nuevas alertas contra el neoliberalismo y sus ajustes. Otro, el concepto general del proyecto político antineoliberal.

Panamá: Un Estado competente para un país competitivo

Un Estado competente demanda una sociedad capaz de someter a control la gestión pública. Y esto solo es posible en la medida en que todos los sectores de la sociedad ejerzan el derecho a la organización, sin la cual es imposible una participación verdadera.

Guillermo Castro H. / Especial para Con Nuestra América

Desde Ciudad Panamá

Para Elmer Miranda, allí donde se encuentre

La expresión “Estado competente” pertenece al economista panameño Elmer Miranda, que ha planteando desde mediados de la década de 1990 la necesidad de vincular de un modo nuevo la gestión estatal a las oportunidades de desarrollo que surgen para Panamá a partir de la incorporación del Canal a su economía interna. El tema, sin duda, persiste en la vida nacional, más como una demanda sentida que como una reivindicación política. Por lo mismo, el planteamiento de Miranda merecería ser objeto del debate que haga posible convertirlo en la reivindicación que merece ser.

Ese debate contribuiría, además, a que nuestra vida política se aleje del juego a las escondidas entre precandidatos a puestos públicos de elección, y se acerque a la construcción de un verdadero programa de desarrollo nacional, distinto de raíz a la combinación de ofertas filantrópicas y oportunidades de negocios que entre nosotros pasa por tal. Así, por ejemplo, podría señalarse que, para ser competitivo, el país no necesita administrar mejor el Estado que tiene, sino crear uno que sea nuevo en su capacidad para servir con eficiencia a los mejores intereses del país, de estructura más sencilla, y abierto a un efectivo control social de la gestión pública.

Elecciones en Nicaragua

En un país cuyos índices de desarrollo humano son de los más bajos de América Latina, se agradece que se le ponga un poco de atención a los que menos tienen.

Artículo relacionado: "Con una candidatura cuestionada y avances sociales, Daniel Ortega será reelecto", de Giorgio Trucchi

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

rafaelcuevasmolina@hotmail.com

El próximo domingo 6 de noviembre habrá elecciones en Nicaragua. El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y su candidato, Daniel Ortega, llevan, según las encuestas, todas las de ganar, pues el porcentaje que lo separa de su más próximo rival, el derechista Fabio Gadea, es más que considerable.

El FSLN y su candidato, sin embargo, forman parte de los anatemizados y perseguidos por “populistas, irresponsables y autoritarios”. Les pasa igual que a Chávez en Venezuela o a Correa en el Ecuador, que a pesar de que ganan las elecciones arrasadoramente con todas las de la ley, siempre se encuentra algún pelo en la sopa que deslegitima su elección.

Guatemala: Dignificar la memoria de los asesinados y desaparecidos

Como dijera alguna vez Luis Cardoza y Aragón en alguno de sus poemas, la muerte siempre llega tarde, porque la vida siempre se le adelanta. Y nosotros hemos podido volver a ser felices porque vemos los rostros de nuestros padres en el amor, en la indignación frente a la injusticia, en los nietos que no conocieron, en la esperanza inapagable en un mundo mejor.

Discurso en el acto de dignificación y solicitud de perdón por parte del Estado guatemalteco por el asesinato de Carlos Alberto Figueroa y Edna Ibarra de Figueroa, pronunciado el pasado 28 de octubre.

Carlos Figueroa Ibarra / Especial para Con Nuestra América

Lic. Eddy Armas, Secretario de la Paz

Lic. César Dávila, Presidente de la Comisión Nacional de Resarcimiento

Dra. Dora Ruth del Valle, Comisionada Presidencial Coordinadora de la Política del Ejecutivo en Materia de Derechos Humanos

Señores y señoras del Honorable Presidium

En nombre de la familia Figueroa Ibarra, Figueroa Santa Cruz, Figueroa Cotorogea, Figueroa Carrillo, Guzmán Schwartz Figueroa, Tischler Figueroa quiero empezar diciendo que a todos nosotros nos da mucha alegría encontrarnos en este lugar y en este acontecimiento. Están presentes no solamente integrantes de nuestras familias, sino también las otras familias que tenemos, la familias afectivas, los amigos y amigas de nuestros padres, aquellos que todavía están y aquellos que siempre vivirán en nuestra memoria, también están presentes buena parte nuestros amigos y amigas de la primera juventud y aun de la infancia y sobre todo están presentes todos los compañeros y compañeras de sueños e indignaciones.

Pero quiero decir que para nosotros hay una presencia especialmente significativa en este acto solemne de dignificación en memoria de nuestros padres Carlos Alberto Figueroa y Edna Ibarra de Figueroa. Se trata de mi querido amigo de juventud y compañero de estudios del Instituto Modelo, Ricardo Lemus Monroy así como de su señora esposa Patricia Girón de Lemus. Ricardo es hermano y cuñado de Maria Josefina Lemus Monroy de Navarro y Francisco Fernando Navarro Mejía. Josefina y Francisco Fernando, ambos psicólogos, cumplieron su cita con el destino el 28 de mayo de 1980 cuando un grupo de sicarios del Ejercito Secreto Anticomunista, es decir el ejército nacional disfrazado, los asesinó en uno de los tramos del periférico de la ciudad.

Chile 2011: el despertar de la conciencia ciudadana.

A partir de las numerosas movilizaciones ciudadanas (no sólo estudiantiles), el reclamo y la conciencia social se expandieron a tal punto que el mismo modelo neoliberal de desarrollo, exitoso en la acumulación de capital y en el crecimiento económico, es puesto en cuestión.

Manuel Barrera R. / Especial para Con Nuestra América

Desde Santiago de Chile

Este año 2011 en Chile se ha producido un fenómeno social sorprendente: un fuerte e inesperado despertar de la conciencia ciudadana. Es la culminación de un proceso que probablemente se ha venido gestando en los últimos años y que coincide con lo acontecido a nivel internacional, aunque acá la crisis financiera y del empleo ha tenido un impacto limitado. Este despertar ha traído consigo, entre otras importantes novedades, que el pasado reciente (20 años) se aprecia desde una nueva perspectiva: mucho de lo que en su tiempo se percibió como adecuado, aceptable o plausible ha devenido en mezquino, temeroso, vacilante. Durante los años de la dictadura los chilenos fueron tratados como clientes no sólo por las empresas de servicios y el comercio sino también por el Estado. Esto varió sólo parcialmente con los gobiernos de la Concertación. Pues bien, ahora piden ser tratados como ciudadanos.

Sobre el terrorismo

El término "terrorista" no es nada inocente; su utilización arrastra una tácita condena: habría una violencia legítima -la que puede ejercer un Estado contra otro, o la que ejerce contra insurrectos que se alzan contra el orden constituido-, y una violencia no legítima a la que le cabe el mote -casi despectivo- de "terrorismo". La diferencia estriba no precisamente en una consideración ética sino en un ordenamiento jurídico que se desprende, en definitiva, de relaciones de poder.

Marcelo Colussi / Especial para Con Nuestra América

Desde Ciudad de Guatemala

mmcolussi@gmail.com

"Cuando se acepta sin reaccionar la violación de uno cualquiera de los derechos humanos fundamentales, todos los demás están en peligro. (…) Solo cuando una cultura de los derechos humanos (…) se convierte en parte integrante del patrimonio moral de la humanidad, se puede mirar con serena confianza el futuro". Juan Pablo II


No cabe ninguna duda que la muerte violenta de cualquier persona, en cualquier parte del mundo y por las razones que sea, es siempre deplorable. La violencia misma, aunque sea "la partera de la historia" (¿será ese nuestro destino inexorable?), es deplorable.

Sin entrar en la discusión -por otro lado, sumamente compleja, eterna- acerca de la violencia y sus causas, y mucho menos sin pretender en modo alguno su justificación, lo menos que puede decirse es que la misma hace parte constitutiva del fenómeno humano. Por qué y qué puesto tendrá en un futuro, escapa a las intenciones del presente escrito. Lo cierto es que -sin querer en absoluto con esto buscar su entronización- la violencia está entre nosotros, y define en buena medida lo que hoy podemos entender por humano. Digámoslo con una imagen elocuente: cuando el primer ser humano bípedo bajó de los árboles y fabricó el primer producto "civilizado", no natural, lo primero que lo empezó a alejar del animal fue, nada más y nada menos que una piedra afilada, ¡un arma! Más allá de las continuas declaraciones por la paz, la guerra y la violencia están entre nosotros como algo ¿normal? Al menos, hay que aceptarlo, acompañan nuestra vida.

Desde hace ya unas décadas, hacia fines del siglo XX, va estableciéndose como una táctica militar un tipo amplio y difuso de acciones al que se le ha ido dando el impreciso nombre de "terrorismo". Quienes otorgan ese nombre tienen una idea determinada de lo que entienden por él; en ese sentido pueden acusar a alguien de "terrorista", por supuesto con un carácter despectivo, criminalizante. Quienes reciben el epíteto -que no es nada liviano, por cierto- jamás se autodefinen como "terroristas", y por otro lado lejos están de poder compartir con orgullo el concepto con el que son mentados.

El nuevo sistema internacional de Balance de Poder

El Balance de Poder que se está consolidando excluye a la mayoría de naciones del planeta de la toma de decisiones, dejando estas en manos de un pequeño grupo de potencias que establecerán nuevas normas de comportamiento internacional augurando un mundo en el que se extinguirán los conflictos entre ellas, pero se pondrá en grave peligro la paz y la estabilidad en los países del sur del planeta.

Sergio Rodríguez Gelfenstein* / Especial para Con Nuestra América

Desde Caracas, Venezuela

La realidad internacional se ha logrado entender a partir de la caracterización de los sistemas que la regulan. Hasta comienzos del siglo pasado imperó en el mundo un régimen de balance de poder que comenzó a resquebrajarse al triunfar la Revolución rusa, la cual fue manifestación de un cambio ideológico distinto en la orientación imperante en el mundo. Así, el mundo de balance de poder dio paso al mundo bipolar a partir de 1945.

La desaparición de la Unión Soviética en 1991, marcó el fin de una época que condujo a un período de caos del sistema internacional que se extendió durante toda la última década del siglo pasado como consecuencia de sistemas que trataban de imponerse y que derivaron en dos grandes tendencias:

1. Hacia la multipolaridad, la lucha por la paz, la protección del medio ambiente, la emergencia de actores que hasta ahora no tenían una presencia relevante y, en general, una lógica que pretendía poner la cooperación y el mejoramiento de la vida de los ciudadanos en el centro del quehacer internacional

2. Hacia la pretensión de Estados Unidos de establecerse como el hegemón en un sistema unipolar, poniendo en el centro los temas de seguridad y defensa y la agenda militar

En septiembre de 1990, en vista del avance de las tropas iraquíes sobre Kuwait, el Presidente George Bush expuso su propia idea respecto al sistema internacional y su visión del modelo de cooperación que se debía construir al hacer referencia a un “Nuevo Orden Mundial” durante su discurso ante el Congreso de Estados Unidos: “Ha iniciado una nueva sociedad entre las naciones (…) Nos encontramos en un momento único y extraordinario. La crisis en el Golfo Pérsico, ofrece la oportunidad de avanzar hacia un período de cooperación. Nuestro quinto objetivo –un nuevo orden mundial- emerge de estos tiempos turbulentos (...) Una era en la que las naciones del mundo, Este y Oeste, Norte y Sur, puedan prosperar y vivir en armonía”

Estudiantes, universidad y terror

Ante la debacle económica y hegemónica en curso, se intenta aterrorizar la población, disuadir las fuerzas populares/nacionales, contener el tsunami de la protesta ante rapiña y codicia, de decenas de millones de jóvenes, obreros, campesinos, clase media, desempleados, robados de su futuro en centro y periferia capitalista.

John Saxe-Fernández / LA JORNADA

De Honduras, México, Chile y Costa Rica llegan noticias de una ofensiva contra el estudiantado, la autonomía universitaria y los fundamentos filosófico-científicos de la educación media-superior y superior. Es intensa y extensa la indignación por el brutal asesinato de Carlos Sinuhé Cuevas M., activista y estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y de los estudiantes de la Universidad Autónoma de Honduras (UNAH) Rafael Vargas Castellanos, hijo de la rectora de la UNAH, y Carlos Pineda, de la Facultad de Derecho, cuyos cuerpos fueron encontrados con señales de tortura.

“Este hecho de violencia”, dice la Asociación Centroamericana de Sociología (ACAS), “castiga nuevamente a los sectores intelectuales que se han pronunciado contra las prácticas represivas, ante las cuales los organismos estatales guardan una postura pasiva, permitiendo que la impunidad continúe dejando inerme a la ciudadanía”.

La dificultad de manejar nuestros desacuerdos

En otras épocas, nos enfrentamos con dureza corrientes que teníamos estrategias diferentes y opuestas para cambiar el mundo. Fuimos derrotados. Hoy nadie puede asegurar que tiene en sus manos el trazado de un camino para llegar a buen puerto.

Raúl Zibechi / LA JORNADA

Cuando millones de personas en todo el mundo empiezan a ocupar los espacios públicos, calles y plazas, edificios abandonados por el mercado y edificios de instituciones estatales, aparecen nuevos debates que afectan, de modo casi inevitable, a las fuerzas que luchan por un mundo nuevo. En meses recientes se han hecho visibles serias contradicciones que afectan a los movimientos tanto del centro como de la periferia, a los que actúan tanto en países gobernados por fuerzas conservadoras como de izquierda.

Por momentos, el carácter de esas contradicciones parece revivir viejos debates entre socialdemócratas y comunistas, entre estalinistas y trotskistas, o entre los partidarios de la vía armada y la electoral. Algo de eso sucede, pero afloran además divergencias que los movimientos antisistémicos no han resuelto y que amenazan con neutralizar las luchas en curso. No sólo se trata de divisiones más o menos serias y profundas, sino que esas divisiones a menudo revelan la existencia de objetivos opuestos en un contexto en el cual nadie tiene una estrategia para hacer realidad la célebre consigna Otro mundo es posible.

¿Hemos entrado en una nueva era?

La disminución del peso del dólar, la desintegración de los sueños europeos, la carrera armamentística en Asia y la parálisis de la ONU son indicadores de cambio que anuncian que hemos cruzado una línea divisoria histórica.

Paul Kennedy / El País

Un parteaguas es una línea divisoria de aguas, un límite entre dos zonas en las que las aguas caen en direcciones opuestas. La palabra puede emplearse también para describir un fenómeno histórico y político: un hito, un momento trascendental, el instante en el que las actividades y circunstancias humanas atraviesan la línea divisoria que separa una época de la siguiente. Mientras ocurre, son muy pocos los contemporáneos que se dan cuenta de que han entrado en una nueva era, a no ser, claro está, que el mundo esté saliendo de una guerra cataclísmica, como las de Napoleón o la II Guerra Mundial. Pero esas transformaciones históricas tan bruscas no son el objeto de este artículo. Lo que nos interesa aquí es la lenta acumulación de fuerzas transformadoras, en su mayor parte invisibles, casi siempre impredecibles, que, tarde o temprano, acaban convirtiendo una época en otra distinta. Nadie que viviera en 1480 podía reconocer el mundo de 1530, 50 años después; un mundo de naciones-estado, la ruptura de la cristiandad, la expansión europea hacia Asia y las Américas, la revolución de Gutenberg en las comunicaciones. Tal vez fue la mayor línea divisoria histórica de todos los tiempos, al menos en Occidente. Lea el artículo completo aquí...

sábado, 29 de octubre de 2011

Centroamérica: una región que pone los muertos

Centroamérica es, en muy buena medida, la que paga las consecuencias de un modo de vida que está llevando a todo el Planeta al despeñadero, pero a ella en primer lugar.

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

rafaelcuevasmolina@hotmail.com

Centroamérica es una región ubicada en el centro de múltiples acontecimientos, procesos y hechos que caracterizan a nuestra época.

Es región geoestratégicamente ubicada entre países productores y consumidores de droga, puente por el que pasan cargamentos de toneladas y toneladas de cocaína. El tráfico de drogas es el gran negocio con el que lucran, para variar, las mafias norteamericanas.

En efecto, el comercio de la droga produce anualmente unos $80,000 millones, de los cuales $5,000 se quedan en los países productores del sur y $75,000 en el país del norte. En Centroamérica, sin embargo, se “rebalsa” muy poco de las ganancias fabulosas del negocio.

En esta región los grandes cárteles mafiosos se pelean entre sí el territorio por donde transitará el oro blanco. Tienen a su disposición miles de armas de todo tipo que provienen del “libre mercado” de instrumentos mortíferos estadounidense que proporciona más del 90% de ellos.

Tienen a su disposición, también, elementos de los cuerpos de élite de los ejércitos centroamericanos, formados para la guerra contrainsurgente, que ahora constituyen su fuerza de choque. Y tienen a una inmensa población sumida en la pobreza que los ven como alternativa para salir de su estado de postración.

Centroamérica es, también, espacio de acción de incontables redes de tráfico de personas. Personas que van en busca de trabajo en el norte; personas que, engañadas, son traficadas para ejercer la prostitución; personas que serán objeto de adopciones ilegales; personas de las que solo se trafican algunas de sus partes: sus órganos vitales.

Las redes del tráfico de personas han caído últimamente bajo la atención de los Estados Unidos en su afán por contener la avalancha de migrantes que cruzan sus fronteras. Hasta a CNN se le ha salido su veta humanitaria y ha iniciado toda una campaña contra el tráfico de personas. No nos engañemos: esto forma parte de la estrategia más conservadora norteamericana que ve en los migrantes la razón de todos sus males.

Estas redes de tráfico de almas tratan a su “mercancía” de la forma más inhumana. Muchos de los que corren tras un coyote[1] mueren en los desiertos del sur de los Estados Unidos o son masacrados en el tránsito por México.

Centroamérica es, también, una de las regiones que están siendo golpeadas con más fuerza, y lo será aun más en el futuro, por el cambio climático. En ella se alternan sin solución de continuidad sequías y diluvios que dejan todos los años tras de sí otra estela de muertos que se suman a los de la violencia producto del narcotráfico y del tráfico de personas.

Bien vistas las cosas, este estrecho puente que une (y separa) a la América del Sur de la América del Norte, sufre las consecuencias de la bonanza, el regodeo y los hábitos de consumo de otros que no son, por cierto, centroamericanos.

Como se sabe, el principal consumidor de drogas del mundo son los Estados Unidos; como hemos dicho más arriba, el negocio que deriva de ese desaforado consumo es norteamericano. Como también se sabe de sobra, el calentamiento global y el cambio climático es producto del mal desarrollo de las sociedades del norte, especialmente de los Estados Unidos. Y, para terminar, el tráfico de personas (de mujeres, de órganos, de migrantes) tienen como destino los Estados Unidos.

Es decir que Centroamérica es, en muy buena medida, la que paga las consecuencias de un modo de vida que está llevando a todo el Planeta al despeñadero, pero a ella en primer lugar.

Como dijeron los presidentes de Guatemala y El Salvador en la reunión realizada el 25 de octubre pasado con ocasión de los desastres de las últimas lluvias: en Centroamérica, lo que ponemos son los muertos.



NOTA

[1] . Se llama coyote en Centroamérica y México a la persona que sirve de guía en el tránsito que llevan a cabo los migrantes entre su lugar de origen y su destino, generalmente los Estados Unidos de América.

Argentina, ese sol de mayo…

Como el triunfo de Ollanta Humala en Perú hace unos meses, el de Cristina Fernández, ahora, confirma la posibilidad de seguir avanzando en la dirección abierta hace poco más de una década con las movilizaciones populares antineoliberales.

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Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

Durante los años de la década de 1990, Argentina fue el “alumno ejemplar” del neoliberalismo en América Latina: sus gobiernos, endeudados hasta el tuétano con los organismos financieros internacionales, pero devotos de la liberalización económica, las privatizaciones y el desmantelamiento de las empresas y servicios públicos, eran presentados como modelos a seguir para el resto del continente. Eran los tiempos de las relaciones carnales con el capital extranjero y el imperialismo. Esa bomba de tiempo explotó en el 2001, con la crisis financiera, pero sobre todo con la crisis social y política que marcó un punto de inflexión en la historia reciente del país.

Hoy, con un rumbo distinto al de la noche neoliberal, una renovada militancia de la juventud y mucho por cambiar todavía, los tiempos son más auspiciosos. El triunfo de Cristina Fernández en las elecciones del domingo anterior, con un récord de votación (casi 54% de los sufragios), con mayoría en la Cámara de Diputados y un mejor escenario en el Senado, completa un ciclo político –la era del kirchnerismo, la definen algunos-, cuyos capítulos más importantes quizás están por escribirse.

Pieza fundamental de esta victoria, como lo reconoció la presidenta electa en su discurso, fue el trabajo y el legado político del expresidente Néstor Kirchner, quien desde los difíciles momentos que sucedieron a la crisis del 2001, siempre yendo de menos a más, despuntó como un estadista capaz de enrumbar a la nación argentina por un camino de promoción de los derechos humanos y lucha contra la impunidad, inclusión social, crecimiento económico, fortalecimiento de la tradicional clase media y reivindicación de la soberanía nacional frente a los poderes financieros transnacionales, y todo esto, sin perder nunca de vista su fuerte compromiso con la unidad e integración latinoamericana. Esa ruta fue continuada, con estilo propio y en circunstancias y coyuntura particulares (como el conflicto con los empresarios del campo o la muerte de su esposo), por la presidenta Fernández.

Si bien su triunfo ha sido contundente, todavía queda mucho por hacer en Argentina. Hermes Biner, dirigente del Frente Amplio Progresista y segundo candidato más votado (17% de los sufragios), lo dijo con claridad: “Hay 10 millones de pobres, la mitad de los niños viven en esos hogares, el 40 por ciento de los trabajadores está en negro y faltan más de 2 millones y medio de viviendas”.[1] He allí desafíos urgentes en la agenda presidencial para los próximos años, a los que se puede sumar la peligrosa tendencia a la extranjerización de la economía y el avance del extractivismo depredador en la explotación de recursos naturales. Pero más allá de esta necesaria crítica, lo cierto es que los cambios en Argentina son reales y el masivo respaldo popular lo demuestra de manera contundente.

Desde una perspectiva nuestroamericana, el principal acierto, en nuestro criterio, ha sido la temprana articulación del proyecto nacional kirchnerista con las nuevas realidades latinoamericanas de la época. En un hecho rico en significados y que anticipaba la vocación regional del nuevo bloque en el poder, conviene recordar que en la toma de posesión de Nestor Kirchner en mayo del 2003, los presidentes Fidel Castro, Hugo Chávez y Lula da Silva destacaron como invitados sui géneris allí donde no hacía mucho tiempo se paseaba una galería de mandatarios y tecnócratas neoliberales. Castro afirmó en aquella ocasión, ante un público masivo en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires: El sol que vi esta mañana en el homenaje a Martí y a San Martín, el sol que vi al llegar a este país y el que siento en esta escalinata. Este sol es el de las ideas que pueden traer paz, que pueden traer soluciones”.[2]

Y en 2007, cuando Cristina Fernández recibió la banda presidencial, el panorama ya era distinto: una nueva arquitectura de la integración regional en torno a la UNASUR estaba en marcha y nuevos gobernantes –Rafael Correa, Evo Morales, Michelle Bachelet, Tabaré Vázquez- daban un rostro distinto a una América Latina que se sacudía de viejos dogmas e imposiciones.

Ese es el mensaje que envía Argentina al resto de nuestra América: como el triunfo de Ollanta Humala en Perú hace unos meses, el de Cristina Fernández, ahora, confirma la posibilidad de seguir avanzando en la dirección abierta hace poco más de una década con las movilizaciones populares antineoliberales.

Especialmente significativo es el hecho de que se consolide en Suramérica una tendencia de centroizquierda, nacional-popular, que ha permitido –no sin dificultades, en un proceso de prueba y error- la construcción de rumbos posneoliberalos y el surgimiento de liderazgos políticos no necesariamente subordinados a los intereses geopolíticos de las grandes potencias –EE.UU y Unión Europea-, como ha sido tradicional en la región.

Ojalá que ese sol del mayo argentino, del que habló el líder cubano, ese sol de la ideas y las emancipaciones, de las soluciones pensadas y construidas desde acá, no se oculte en el sur ni en el resto de nuestra América.


NOTAS

[1] Vales, Laura. “El otro bunker que pudo tener un festejo”. Página/12, Buenos Aires, 24 de octubre de 2011. Disponible en: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-179608-2011-10-24.html

[2] Bruschtein, Luis. “Un mensaje a los que quieren bombardear Cuba”. Página/12, Buenos Aires, 27 de mayo de 2003. Disponible en: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-20664-2003-05-27.html

Cuba, tu grandeza no se bloquea

Más allá si 186 países (95.2% de la población mundial) son o no capaces de doblegar el poder de la soberbia, la insensatez, la mentira y el terror, lo cierto es que el chaleco de la integridad moral y dignidad a prueba de bloqueos y embargos seguirá blindando a la Grande de las Antillas.

José Toledo Alcalde / Especial para Con Nuestra América

Desde Lima, Perú

Este martes 25 de Octubre el mundo celebró la vigésima victoria de la opinión de la Naciones Unidas en favor del desbloqueo económico, comercial y financiero de los EEUU en contra de Cuba. La votación fue apabullante: 186 a favor (17 países), 3 abstenciones (Islas Marshall, Micronesia y Palau) y 2 países en contra (USA e Israel). Impávidos escuchamos a la representación estadounidense (Ronald Godard) autoproclamarse como el principal benefactor de la Grande las Antillas en materia económica y de derechos humanos. El canciller cubano, Bruno Rodríguez, no dudó en desmentir “flagrantes mentiras”.

La vergonzosa e intransigente postura norteamericana no puede ser atribuida a la voluntad general de su pueblo. El movimiento internacionalizado “Ocupa Wall Street” llegando a la ciudad china de Zhengzhou, capital de la provincia de Henan, da fe que el mundo ya no tolera más intransigencia. No creemos que la política internacionalmente arbitraria sea el sentir mayoritario del pueblo norteamericano y mundial. Ni siquiera sus más cercanos aliados como Colombia, Francia, Italia, Inglaterra, entre otros, se han solidarizado con tamaña absurda postura.