A 25 años del asesinato de los jesuitas
de la Universidad Centroamericana de El Salvador, la desigualdad, la impunidad,
la violencia y la alevosía impuestas por los grupos dominantes de Centroamérica
sigue campeando. En esas condiciones no puede haber desarrollo ni paz.
Rafael
Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica
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| Afiche conmemorativo de la comunidad jesuita de Panamá (Tomado de Jesuitas Centroamérica). |
En la madrugada del 16 de noviembre de
1989, el Batallón Atlacatl, fuerza de choque especializada en guerra
contraisurgente del Ejército de El Salvador, ingresó en las instalaciones de la
Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, entidad de educación superior
regenteada por jesuitas, y asesino a ocho personas, seis de ellas académicos de
dicha universidad, y dos mujeres que trabajaban en servicios domésticos con
ellos.
La masacre ahí perpetrada se dio en el
marco de la ofensiva que llevaba a cabo el Frente Farabundo Martí para la
Liberación Nacional (FMLN) en San Salvador, la ciudad capital del país, y que
había llevado al régimen de Alfredo Cristiani a sentirse acorralado.














