sábado, 23 de octubre de 2010

Centroamérica y la revolución guatemalteca de 1944

¿Estamos condenados los centroamericanos a no poder ir más allá que lo que el dictum de Imperio establezca? ¿Impulsar las transformaciones que necesitan nuestros países, para estar a la altura del siglo XXI, requiere pagar el precio que paga hasta hoy Cuba?
Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica
rafaelcuevasmolina@hotmail.com
El 20 de octubre de 1944 tuvo lugar, en “la pequeña y dulce Guatemala”, una revolución que pretendió abrir las puertas anquilosadas de su universo político, a los vientos de cambio democráticos que se respiraban en el mundo hacia finales de la Segunda Guerra Mundial. El resultado fue la llamada Revolución de Octubre, liderada por jóvenes militares, profesionales y estudiantes que echaron por tierra la dictadura de Jorge Ubico, quien había sido presidente de puño de hierro 14 años (1931-1944).
La Revolución de Octubre guatemalteca hizo cosas que, en otras partes, serían las normales de un país civilizado: creó legislación para normar las relaciones laborales entre patronos y trabajadores, dio autonomía a la universidad, creó la seguridad social, intentó una reforma agraria. Fueron “diez años de primavera” en el país de la eterna tiranía, pues en 1954 el experimento democrático guatemalteco fue cortado de tajo por la invasión de fuerza mercenarias desde Honduras, con apoyo de la CIA norteamericana.
De ahí en adelante reinó el terror: para reprimir cualquier intento de protesta u oposición a la imposición contrarrevolucionaria, se construyó un Estado contrainsurgente, expresión local de la política de seguridad nacional concebida e impulsada desde los Estados Unidos de América para toda la región latinoamericana.
Los avances logrados entre 1944 y 1954 fueron desmantelados y todo aquel que hubiera estado ligado a su implementación, o fuera su simpatizante, fue perseguido y asesinado, entre ellos, lo más granado de la intelectualidad y de los artistas de la época, personalidades de resonancia en el ámbito de la cultura latinoamericana que se vieron compelidos al exilio, la mayoría en México. Allá fueron a dar Augusto “Tito” Monterroso, Carlos Mérida, Rina Lazo, el mismo Miguel Ángel Asturias quien, años más tarde, sería Premio Nobel de Literatura.
Época nefasta aquella, en la que el “hágase” de los Estados Unidos prácticamente no encontraba oposición, más aún en una región como la centroamericana, ubicada en su mismo patio trasero. Era casi imposible vencer al destino geoestratégico que establecía un cerrojo de hierro casi infranqueable, y que solo la radicalidad de la Revolución Cubana logró quebrar en 1959, aunque a un precio altísimo que el Imperio aún le está haciendo pagar con el bloqueo al que la tiene sometida.
Desde entonces, mucha agua ha corrido bajo el puente. En 1979, por ejemplo, triunfó la Revolución Sandinista en Nicaragua. Fueron otros diez años de intensa construcción revolucionaria, aunque en un nuevo contexto mundial que le permitió proponer e impulsar cambios más radicales. Lo que permaneció inmutable fue la acérrima oposición norteamericana que sometió al país a una guerra que lo desangró. Puestos contra la pared, los sandinistas perdieron las elecciones de 1990.
Más recientemente, Honduras asomó tímidamente las narices al concierto de naciones que, en la región, intentan construir proyectos vinculados a lo nacional-popular. No le dieron el más mínimo chance de avanzar y los militares patearon el tablero en contubernio con los sectores más retrógrados del país, bajo la aquiescencia de una administración norteamericana que, apenas unos meses antes, había despertado esperanzas de relaciones más equitables con América Latina entre ciertos sectores latinoamericanos.
¿La timidez por llevar a cabo transformaciones más contundentes en El Salvador, por parte del gobierno del FMLN, responde al temor de seguir el destino de Guatemala, Nicaragua y Honduras? ¿Estamos condenados los centroamericanos a no poder ir más allá que lo que el dictum de Imperio establezca? ¿Impulsar las transformaciones que necesitan nuestros países, para estar a la altura del siglo XXI, requiere pagar el precio que paga hasta hoy Cuba?
Como dicen los mexicanos: ¡qué desgracia estar tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos!

La retórica de la (falsa)democracia como arma

Inacabada, en permanente construcción y siempre perfectible, la democracia no puede ser otra cosa sino la aproximación paulatina a las formas de organización política que mejor se ajusten a las necesidades y aspiraciones de nuestros pueblos.
Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica
(Ilustración: "CNN", de Robert García)
En un artículo periodístico publicado a finales de setiembre, el intelectual norteamericano Immanuel Wallerstein reflexionaba sobre las dificultades que supone definir qué es la democracia en nuestros días, especialmente por la instrumentalización de este concepto y sus significaciones en las actuales disputas geopolíticas del mundo. “Denunciar a otro país de antidemocrático –decía Wallerstein- se usa como justificación para entrometerse en países políticamente más débiles. Tales intromisiones no necesariamente tienen por resultado que lleguen al poder gobiernos más democráticos; son sólo diferentes o tal vez con políticas exteriores diferentes” (“Democracia, ¿en todas partes, en ninguna parte?”, LA JORNADA, 26/09/2010).
En América Latina, quizás como en ninguna otra región, esta retórica de la (falsa)democracia ha sido explotada de manera evidente por grupos nacionales o extranjeros, que se oponen a los procesos recientes de cambio social, político y cultural.
De Cuba a Honduras, de Venezuela a Argentina, o de Ecuador a Brasil, los medios hegemónicos -cajas de resonancia de los intereses de sus propietarios- invocan una “democracia” desprovista de problematizaciones históricas y tensiones contemporáneas, desde la cual elaboran la cartografía de “buenos” y “malos”, “amigos” y “enemigos”, que luego se emplea como arma de desestabilización política.
Basta con repasar los grandes relatos mediáticos, especialmente de aquellas empresas de comunicación afines a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), o que se nutren de la “producción de noticias” de cadenas de televisión como CNN, para comprobar cómo abundan las etiquetas identitarias, cargadas de connotaciones negativas, para caracterizar a gobiernos y movimientos sociales, y en general, a todos aquellos actores que, desde su otredad, constituyan una amenaza para la estabilidad y reproducción del orden capitalista neoliberal.
Así, las búsquedas de alternativas a este modelo hegemónico de sociedad, emprendidas en muchos de nuestros países, son presentada por un sector muy poderoso de los medios –sobre todo por su capacidad de difusión y control del mercado- como interrupciones de una democracia que nunca existió plenamente, o como derivas “autoritarias” y “populistas”, pero sospechosamente desvinculados de los procesos históricos que los originaron: todos ellos relacionados con la necesidad de revertir las condiciones de exclusión, marginalidad y desigualdad, que se encuentran la raíz de la formación de los Estados nacionales en América Latina.
Contra ese uso perverso de la retórica de la (falsa)democracia, en el que hoy se escudan las tendencias neogolpistas, nos parece acertada la afirmación de Wallerstein, cuando dice que “la democracia es una reivindicación y una aspiración que no se ha concretado aún”.
Inacabada, en permanente construcción y siempre perfectible, la democracia no puede ser otra cosa sino la aproximación paulatina a las formas de organización política que mejor se ajusten a las necesidades y aspiraciones de nuestros pueblos.
Democracia es construcción cultural profunda y no superficialidad mediática. Su consolidación, entonces, requiere menos de la estridencia publicitaria y de la dictadura del rating, y más de la educación crítica, la formación ciudadana y la participación del pueblo en las toma de decisiones. O dicho de otro modo, de oponer a la pasividad indolente, la revolución y la emancipación permanente.

Vargas Llosa y sus panegiristas

La libertad que defiende Vargas Llosa es la libertad del capitalismo, que sacrifica al ser humano y a la naturaleza en el altar del mercado. No hemos visto en estos últimos lustros que este “paladín de la libertad” haya hecho la más mínima objeción a gobiernos autoritarios, corruptos y violadores de los derechos humanos, como por ejemplo el de Álvaro Uribe en Colombia.
Abner Barrera / AUNA-Costa Rica
La reciente concesión del Premio Nobel de Literatura a Vargas Llosa recibió el espaldarazo mediático que desde hace varios años tenía el júbilo contenido. Muchos de los que hoy, desde los grandes medios halagan su premiación no lo hacen por las novelas del autor, sino porque siguen los mismos senderos políticos de Vargas. Ejemplos de esto lo encontramos en las recientes intervenciones de un par de cortesanos del laureado: el terrorista Carlos Alberto Montaner y el populista Alan García Pérez.
El primero de ellos, vinculado desde principio de los años sesenta a la Agencia Central de Inteligencia (CIA), con un largo historial terrorista que desde Miami y Madrid alienta, organiza y financia todo tipo de ataques contra los gobiernos de Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador. En el 2009 defendió abiertamente el golpe de Estado de Roberto Micheletti en Honduras y recientemente -30 de septiembre- el frustrado golpe de Estado en Ecuador.
El desvarío y cinismo del agente Montaner es tan descomunal, que al presentar a su amigo como un “fenómeno extraliterario” lo exhibe como mesías y defensor de la libertad en América Latina. ¿Quién es ese Vargas Llosa del que habla el publicista Montaner? La historia latinoamericana no registra su adhesión por ninguna parte con los condenados y oprimidos de nuestros pueblos. La libertad que defiende Vargas, es la libertad del capitalismo, que sacrifica al ser humano y a la naturaleza en el altar del mercado. No hemos visto en estos últimos lustros que, este “paladín de la libertad” que el terrorista adula, haya hecho la más mínima objeción a gobiernos autoritarios, corruptos y violadores de los derechos humanos como por ejemplo el de Álvaro Uribe en Colombia. Por el contrario la defensa de la libertad que pregona Vargas ha sido la de sus reiterados ataques a los gobiernos democráticos y populares como Venezuela, Bolivia y Ecuador; la libertad de este “fenómeno extraliterario” ha sido la de ponerse al servicio de las turbas reaccionarias de la derecha millonaria en estos países.
Por eso sus séquitos se rasgan las vestiduras, cuando Evo Morales Presidente de Bolivia afirma que, los premios Nobel nunca les serán otorgados a los anticapitalistas o antiimperialistas. Para Morales, el premio Nobel de Literatura este año fue concedido a un personaje caracterizado por sus reiterados ataques a él y a su Gobierno (en la misma línea política trazada por Washington). En breve: se ha premiado a un predicador del neoliberalismo, distinguido por inmiscuirse en asuntos internos de países contrarios a los dictados de Estados Unidos. Es conocido -y también ridículo-, que el ataque de Vargas a Evo Morales empezó, cuando éste una vez elegido en el 2005 Presidente se rehusó a usar saco y corbata; pequeños detalles que incomodaron al hombre de la cultura y las letras.
Ha sido el populista García Pérez, actual Presidente del Perú, quien ha salido en defensa del españolizado Vargas, diciendo “Estoy seguro que de literatura no le van a dar el premio Nobel de ninguna manera a mi amigo Evo Morales; quizá el premio Nobel de la constancia para ser candidato y presidente, o el premio Nobel de la reelección, puede ser”. La intervención de García es pasional y envidiosa, porque mientras Morales está facultado por la Constitución, para postular a una reelección inmediata en el 2014, García no, porque la Constitución peruana no se lo permite. Y a eso se suma que, mientras Morales tiene más del 57% de aprobación de su gestión, García sólo cuenta con un 31%.
Enfurecido el otrora autoconsiderado antiimperialista, pero hoy acérrimo administrador del capitalismo salvaje, defiende a Vargas, espetando: “Resulta un absurdo querer ofender a Vargas Llosa, y como Presidente del Perú y a nombre del pueblo del Perú, levanto eso que me suena a calumnia, a casi una infamia (…) a Vargas Llosa no le llegan esos calificativos”. Lo que pretende García es crear una cortina de humo, tratando de mostrar que entre él y Vargas existen buenas relaciones. Resulta que hace un mes, el “fenómeno extraliterario” renunció a seguir presidiendo el Museo de la Memoria en Lima; en una carta dirigida a García, protesta por el decreto 1097, que Vargas califica como "amnistía disfrazada" en favor de militares acusados de violar derechos humanos. Con ese decreto el Gobierno de García se proponía beneficiar al ex presidente Alberto Fujimori (quien derrotó a Vargas en las elecciones presidenciales de 1990) y a Vladimiro Montesinos, su ex jefe del Servicio de Inteligencia.
Como puede evidenciarse, en esa fiesta de ciegos de la derecha cavernaria, todos bailan la misma música, pero cada uno con su propio pañuelo y, queriendo o no, se delatan mutuamente.

América Latina: unidad o dispersión

La rápida reacción de la UNASUR frente los afanes bélicos del ex presidente de Colombia Álvaro Uribe contra Venezuela, y la intentona golpista en Ecuador, marcaron hitos históricos y en consonancia con el comentario de Simón Bolívar al decir: Nosotros no podemos vivir sino de la unión.
José Steinsleger / LA JORNADA (México)
Las guerras imperialistas en Asia central han colocado a nuestros pueblos en una situación análoga a la del decenio 1935-45, cuando a raíz de la crisis capitalista de 1929 y la Segunda Guerra Mundial, los estados pegaron un salto de calidad institucional que se mantuvo hasta finales los años setenta.
Después, el neoliberalismo envileció todo, dejando una secuela de hambre, desnutrición y miseria, de insalubridad, desempleo y criminalidad, de analfabetismo orgánico, funcional, y feroz embrutecimiento mediático.
La ideología neoliberal vejó el sentido de la política, reconcentró la economía, relativizó el concepto de justicia, alienó la educación, monopolizó la comunicación, y despojó de conciencia e identidad a pueblos enteros.
Drama que empieza a revertirse. Dejando atrás las formas de resistencia social que en el decenio pasado jalonaron las luchas populares, en varios países se libran, con intensidad desigual, contraofensivas políticas que tienen lugar en cuatro escenarios interconectados. Veamos:
1. Países con gobiernos que apuntalan sus conquistas revolucionarias (Cuba, Venezuela, Bolivia).
2. Países con gobiernos que recuperan la soberanía del Estado en la toma de las decisiones políticas y económicas (Ecuador, Brasil, Argentina, Nicaragua y, con altibajos, Uruguay, El Salvador, Paraguay).
3. Países con gobiernos doblegados por las oligarquías nativas y las corporaciones trasnacionales (México, Chile, Colombia, Perú, Panamá, Costa Rica, Honduras, Guatemala, República Dominicana).
4. Países con movimientos rebeldes que, por vía violenta (Colombia) y no violenta (México), reniegan del Estado.
La situación ideal no existe en ningún país. Sin embargo, en casi todos irrumpe con vigor el rechazo al capitalismo salvaje. Horizonte auspicioso y, a un tiempo, cargado de nubarrones: persistencia del bloqueo imperial a Cuba; golpismo estimulado por la CIA (Venezuela, abril 2002; Honduras, junio 2009; Ecuador, septiembre 2010); despliegue de la Cuarta Flota imperial; instalación de bases del Pentágono en Colombia (2009); caotización del Estado en México (2006-10); estacionamiento de tropas yanquis en Haití y Costa Rica, y agresivas campañas de confusión lanzadas por el único partido político que le va quedando a las derechas: el Partido Mediático.
A escala macro, los estados del Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, 1991) coordinan esfuerzos de integración económica subregional, en tanto los de la Alianza Bolivariana de las Américas (Alba, Venezuela, Cuba, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Dominica, Antigua-Barbuda, San Vicente-Granadinas, 2004), comparten intereses políticos y de cooperación con la Unión de Naciones del Sur (Unasur, 2007).
A diferencia de Colombia, México, Perú y Chile, el ALBA y la UNASUR han rechazado la celebración de pactos militares con Washington, así como la intromisión del Pentágono en los conflictos intrarregionales.
La rápida reacción de la UNASUR frente los afanes bélicos del ex presidente de Colombia Álvaro Uribe contra Venezuela, y la intentona golpista en Ecuador, marcaron hitos históricos y en consonancia con el comentario de Simón Bolívar al decir: Nosotros no podemos vivir sino de la unión.
Tal era el sentido de la anfictionía bolivariana. Tras la victoria sobre el poder militar español (Ayacucho, Perú, 1824), el Libertador convocó al Congreso en Panamá. El fracaso de esta reunión (Buenos Aires no envió delegados, los de México llegaron tarde), fue un golpe tan duro que Bolívar llegó a dudar de sus afanes unionistas. El segundo encuentro tendría lugar en Tacubaya, pero las luchas entre Iturbide y Guerrero no lo permitieron.
La disolución de la Gran Colombia (1830, Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá) acabó con el primer sueño bolivariano. Las guerras de independencia dejaron a nuestros pueblos en ruinas, y socorridos por la mano generosa de los ingleses, que dejó al continente hipotecado.
Decía el Libertador que las oligarquías nativas habían declarado la guerra a muerte contra la idea de la integridad, porque era contraria a los privilegios locales de las grandes familias... Y lo más triste es que se creen cambiando el mundo cuando lo que están es perpetuando el pensamiento más atrasado de España (Gabriel García Márquez, El general en su laberinto, Ed. Oveja Negra, Bogotá, 1989, p. 204).
Para Estados Unidos, todos los pueblos al sur del Bravo son latins, o sea, indios. Por ello, la integración económica y política con nuestras propias reglas del juego reclama de imaginación política y de ideas despojados de telarañas filosóficas, coartadas ideológicas, autoritarismo intelectual y subterfugios políticos.
Estatismo es concebir al Estado desde lecturas inconexas, chovinistas y descontextualizadas. Omitir el legado y las experiencias de los que nos precedieron en estos afanes, o dar por desaparecido el imperialismo yanqui en virtud de vaya a saber qué diversificación del centro, equivale a creer que otro mundo será posible, a costa de falsear los propios horizontes libertarios.

Estados Unidos: tensiones y compulsiones

El rechazo a la imperialización del continente, por medio del aparato institucional, público y privado del capital monopólico, se expresa en una resistencia popular y pacífica, a la militarización y para-militarización de la política exterior de Estados Unidos.
John Saxe-Fernández / LA JORNADA (México)
El golpe de 2009 que derrocó al presidente constitucional de Honduras, operativo similar a las intentonas contra Chávez y Evo Morales, también integrantes de ALBA, mostró tensiones en la ecuación civil-militar, dentro y fuera de Estados Unidos. Mientras Phillip Crowley, del Departamento de Estado (DdE), bajo instrucción de comportarse como voz de una Oficina de Colonias, le dijo al presidente Zelaya, con calculada insolencia, que eso le pasaba por seguir el ejemplo venezolano (hace poco, con igual arrogancia Estados Unidos le advirtió a Caracas y Moscú que vigilaría sus acuerdos nucleoeléctricos), la Casa Blanca condenó el atentado, pero se negó a calificarlo de golpe militar, aunque consumado por oficiales adiestrados por el Comando Sur del Pentágono (DdD) en contubernio con sus contrapartes en la base de Palmerola.
Cuando el público y las naciones de la región –incluido México y UNASUR– condenaron el fallido intento golpista contra Rafael Correa de Ecuador, el DdE adoptó la política de espera paciente antes de remover otra pieza de ALBA, diciendo que fue una protesta policial por motivos económicos, igual que The Wall Street Journal, Goldman Sachs, el Council on Foreign Relations y agrupaciones varias de Ecuador, cooptadas con fondos de la CIA/NED-AID-BID/Banco Mundial).
En la operación contra Correa fue central el rol de la oligarquía y de policías adiestrados –y reclutados– por el programa anti-drogas de Estados Unidos: en la toma de la legislatura; del aeropuerto (con sectores de la Fuerza Aérea); y la interdicción de otros puntos clave de comunicaciones terrestres y electrónicas. James Petras (globalresearch.ca) documenta que entre 2006 y 2008 Estados Unidos adiestró a 931 oficiales militares y policías de Ecuador, 526 de ellos policías usados para el despliegue de una estrategia que, dice el autor, tuvo tres componentes simultáneos: a) la diplomacia, ofreciendo mejorar las relaciones Estados Unidos-Ecuador; b) la subversión, por medio de la influencia ofrecida por el financiamiento policial-militar; y c) penetrando con fondos a organizaciones en todo el espectro político.
El rechazo a la imperialización del continente, por medio del aparato institucional, público y privado del capital monopólico, se expresa en una resistencia popular y pacífica, a la militarización y para-militarización de la política exterior de Estados Unidos, encaminada a revertir el refuerzo soberano y las conquistas de amplios movimientos sociales de la región. Como en Honduras, la intención con la Iniciativa Mérida, es hacerlo con represión a la usanza neo-nazi del Plan Colombia, un diseño de invasión/ocupación a base de vínculos estrechos del DdD/CIA con las contrapartes locales.
Voceros del Comando Norte (CN) –creado en 2002– corroboraron la información de la Sedena de que las fuerzas armadas de México (FAM) son adiestradas por el Pentágono: la prioridad número uno será nuestra asociación con México y destacan que la experiencia de Estados Unidos en contrainsurgencia y anti-terrorismo en Irak-Afganistán se transmite a las FAM quienes, según otra fuente del CN, con apoyo de oficiales de Estados Unidos, se enfrentan a grupos narco-paramilitares bien equipados, algunos...integrados por ex-militares o ex policías. Son nociones y rótulos que deben analizarse con cuidado de cara a denuncias como las del presidente afgano Hamid Karzai, en el programa This Week de la ABC, sobre los operativos de contratistas privados –textual– bajo patrocinio presupuestal de Estados Unidos que operan como escuadrones de asesinato, que desestabilizan matando miles de civiles bajo cubiertas varias, como paramilitares, narco-terroristas o narco-insurgentes.
Cuando H. Clinton dijo que los cárteles mexicanos se conducen como terroristas o grupos insurgentes, cobra peso la queja de Karzai, en especial por la asignación de 10 mil millones de dólares en el presupuesto 2011 del DdE, para contratistas de seguridad, bajo el rubro de resguardo de embajadas y otras instalaciones.

La doctrina Obama juega a la desestabilización del gobierno de Chávez

Acusaciones de un supuesto apoyo al terrorismo y poca colaboración en la lucha contra el narcotráfico, forman parte de la doctrina Obama y la campaña de la derecha contra Venezuela.
Diego Olivera / Barómetro Internacional
Muchas veces se ha definido a los partidos Demócratas de EE.UU como el sector moderado de esta nación, pero el mandatario Barack Obama ha desarrollado una intensa campaña, guerrista y golpista en América Latina, con la instalación de las bases militares en Colombia, con el apoyo al Golpe en Honduras y el reciénte intento golpista en Ecuador. Además apoya una intensa campaña contra el gobierno bolivariano de Venezuela, lo que va configurando al nuevo gobierno estadounidense como la nueva derecha actuando en Latinoamérica y en el resto del mundo, constituyendo un modelo policial y militar fuera de fronteras.
El ojo de esta campaña en nuestro continente esta centrado en Venezuela, luego de las recientes elecciones donde el gobierno de Chávez mantuvo la mayoría de los diputados a la Asamblea Nacional, desmontando el objetivo de que la oposición lograría una mayoría de diputados como vislumbraban los analistas de esa tolda política. Ante esta realidad se revive el tema del apoyo al terrorismo y la no cooperación del estado venezolano a los planes de la DEA y al asesoramiento de EE.UU en esa materia. El por qué de este interés contra el gobierno bolivariano está en lograr el control de las cuantiosas reservas petroleras, pero también debido a la importancia que han alcanzado las políticas del presidente Chávez a nivel regional e internacional, en la creación de instrumentos de cooperación, intercambios financieros y la propuesta de un nuevo mundo pluripolar.
España coopera pero da credibilidad a falsas acusaciones sobre apoyo a la ETA
Nuevamente la derecha española enfila sus baterías contra el proceso bolivariano. Aún recordamos la falta de cortesía del legislador español del PP, que vino a la elecciones del 26 de septiembre del 2010, donde declaraba y se entrometía con las instituciones venezolanas, o la portada de El País de España de esos días, que actuaba como un partido de la oposición venezolana, en lugar de dedicarse a la grave crisis que existe en España, donde debieron recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI), rememorando a la fatídica década de los 70, 80 y 90 del siglo XX en América Latina, donde nuestras naciones quebraron con sus planes de ajuste y la economía neoliberal.
Las estridentes declaraciones de las autoridades españolas de que 2 etarras fueron entrenados militarmente en Venezuela, fue el primer eslabón de una nueva campaña, en la que el gobierno de España de Zapatero pide respuestas a la parte venezolana, a pesar de la denuncia de la cancillería venezolana de que son falsas estas acusaciones. En recientes declaraciones el ministro español de Relaciones Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, consideró este jueves que Venezuela y España trabajan “de forma positiva” en las investigaciones para esclarecer los hechos sobre el supuesto entrenamiento de miembros del grupo separatista vasco ETA en el país latinoamericano.
Por su parte, el presidente venezolano, Hugo Chávez, indicó que “Ya nosotros hemos respondido al Gobierno español, afirmando que las acusaciones sobre el presunto vínculo de su gobierno con ETA forman parte del empeño de algunos grupos de poder, especialmente la derecha española, para tratar de involucrarlo con el terrorismo”. En este marco las autoridades de ambos países ratificaron “su más enérgica condena al terrorismo en todas sus formas y manifestaciones, comprometiéndose a fortalecer su cooperación para combatir ese tipo de acciones al margen de la ley”.
Luego nueva informaciones demuestran la manipulación y los acosos físicos de la Guardia Civil española sobre los vascos acusados Xavier Atristain y Juan Carlos Besance, que habían declarado haber sido entrenados militarmente en Venezuela, hecho que negaron al presentarse ante el juez del caso, manifestando apremios físicos. Según informa Aiert Larrarte, abogado de los acusados, las torturas que se usan no dejan marcas, “Si a una persona la dejan sin dormir cinco días o le provocan asfixia mediante la colocación de una bolsa de basura en la cabeza, eso no deja señales, pero es una tortura inaguantable”. Un hecho estas características debería ser analizado judicialmente, ya que existen contradicciones en las declaraciones, entre las policiales y las judiciales, pero para la prensa amarilla y la derecha la mentira reiterada muchas veces, es una verdad indiscutible (recordar las armas químicas de Irak, motivo para la invasión de EE.UU).
El intento de convertir a Venezuela como el trampolín de la droga
El gobierno de Obama agudiza su campaña internacional y cataloga al gobierno venezolano de no colaborar en el combate a la droga. El principal consumidor del mundo habla de controles de droga, muchas veces hemos escuchado que primero limpia tu casa, para dar consejos a los vecinos, porque la droga no se produce en Venezuela, viene de Colombia, donde los principales socios de EE.UU tampoco hacen mucho para erradicar los cultivos, siendo esta nación la principal proveedora de drogas (marihuana y cocaína).
Pero la realidad vuelve a superar la ficción y las artimañas de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) en su informe de que no hay control de de drogas. Un reciente informe de la Oficina Nacional Antidroga (ONA) de Venezuela demuestra, con cifras positivas del año 2010, la falsedad de estas afirmaciones: en los últimos 10 meses se han incautado 54 toneladas de droga en diferentes procedimientos realizados en todo el país, para alcanzar esta cifra se desarrollaron 6.476 procedimientos realizados en el país por la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), la Policía Nacional Bolivariana (PNB), el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y policías regionales y municipales. También se detuvieron 8.247 personas de nacionalidad venezolana y 278 extranjeros, incluidos 17 capos deportados por el Gobierno Bolivariano, que mantiene firme la cooperación internacional en la lucha frontal contra el narcotráfico.
Esto resultados denotan los logros alcanzados por los cuerpos de seguridad en acciones contra el tráfico ilícito de drogas y permiten corroborar los aportes de Venezuela en la lucha contra ese flagelo mundial. Estos 17 peligrosos jefes e integrantes de diferentes organizaciones dedicadas a la venta y distribución de drogas, solicitados por la Policía Internacional (INTERPOL), han sido capturados desde enero ha septiembre de este año. Las capturas y deportaciones se han realizado en estricto apego a los convenios internacionales y a la Constitución Nacional, al demostrar el compromiso de Venezuela en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico.
Además, el Gobierno nacional instaló unidades de escáner de cuerpo completo en los aeropuertos internacionales Simón Bolívar, de Maiquetía (dos); Arturo Michelena, de Valencia (una); La Chinita, de Maracaibo (una); y Santiago Mariño, de Porlamar (una). Además es bueno señalar que durante los períodos en que estuvo la DEA no hubo un solo detenido, y desde 2006 han sido deportados 54 jefes del narcotráfico.
Estas cifras dejan claramente demostrada la disposición del gobierno venezolano, para combatir el trafico y cultivo de la droga, que las actuales acusaciones forman parte de una planificada campaña, para desprestigiar el modelo democrático, nuevamente demostrado en las elecciones de diputados, con el consenso de de todos los partidos e invitados internacionales, demostrando un civismo desconocido en la política estadounidense.
Cada día surgen nuevas mentiras para tratar de apañar el trabajo del gobierno venezolano, que solo intenta crear un modelo de desarrollo socialista, en el marco de la unidad Latinoamérica, donde los recursos económicos puedan ser intercambiados, en instancias como el ALBA, MERCOSUR, UNASUR, no en un mundo unipolar, donde las fuerzas de las armas impongan los destinos de los pueblos.

Ecuador: Institucionalidad democrática

El nuevo modelo económico, y peor si lograra encaminarse al “socialismo del siglo XXI”, disgusta a los grupos del más alto poder económico en Ecuador. Y entre ellos existe un sector que fomenta la idea de que salir del actual gobierno es lo más conveniente para revertir un camino futuro en el que solo perderían sus intereses.
Juan J. Paz y Miño Cepeda / El Telégrafo (Ecuador)
(Ilustración de Umpiérrez)
Con la independencia, concluida a inicios de la década de 1820, nacieron las diversas repúblicas latinoamericanas. Prácticamente todas adoptaron el sistema presidencialista, dictaron constituciones y proclamaron la democracia, las libertades y los derechos individuales. Sin embargo, exceptuando países como Chile, Argentina o Costa Rica, donde las instituciones constitucionales se afirmaron desde mediados del siglo XIX, en los otros el mismo proceso tardó hasta fines de ese siglo e incluso hasta bien entrado el siglo XX. Todos los países tuvieron prolongadas épocas de conflictos entre caudillos, confrontaciones entre liberales y conservadores, luchas de sectores medios y populares, “golpes de Estado” y dictaduras.
Ecuador, nacido en 1830 al separarse de la Gran Colombia, ha tenido una larga historia de precaria construcción de sus instituciones democráticas. Ha sido lenta la superación del régimen oligárquico-terrateniente, pero también la edificación de su propio capitalismo. De allí deriva la matriz histórica que hace débiles a las funciones e instituciones del Estado.
Sobre esa raíz histórica, desde mediados de la década de los 80 del pasado siglo, los sucesivos gobiernos apuntalaron un modelo económico claramente identificado con los intereses de las cámaras de la producción, el capital financiero transnacional, las orientaciones del FMI y los postulados provenientes del “neoliberalismo”. En lugar de que ese modelo sirviera para fortalecer las instituciones del Estado y de la vida republicana, las debilitaron.
De manera que al progreso económico capitalista y al bienestar empresarial de la época, acompañó el sistemático derrumbe de los servicios públicos, la pérdida de la institucionalidad estatal y, finalmente, la crisis de la gobernabilidad, evidenciada en la sucesión de rebeliones populares aprovechadas por la clase política para derrocar “constitucionalmente” a Abdalá Bucaram (1997), Jamil Mahuad (2000) y Lucio Gutiérrez (2005). En apenas una década hubo siete gobiernos y un golpe de Estado.
No hay duda que desde el 2007 el modelo económico cambió. Desde las filas de la ultraizquierda y del intelectualismo revisionista, tal cambio no se ha dado, puesto que ha continuado la consolidación del “neoliberalismo” al que ahora también se le juzga como “extractivista”.
Pero ese no es el sentir de aquellos sectores empresariales privados y politizados que en los pasados veinticinco años se sintieron amparados por el Estado, veían sus intereses directos reflejados en él y consideraban que sus buenos negocios, a costa del retroceso y hasta ruina de la “cuestión social”, se enrumbaban a un soñado paraíso capitalista.
El nuevo modelo económico, y peor si lograra encaminarse al “socialismo del siglo XXI”, disgusta a los grupos del más alto poder económico en Ecuador. Y entre ellos existe un sector que fomenta la idea de que salir del actual gobierno es lo más conveniente para revertir un camino futuro en el que solo perderían sus intereses. Eso les ha conducido a ser actores políticos que no piensan en respetar ni fortalecer las instituciones de la democracia republicana.

Perú: El cambio y sus retos

Estar por el cambio y poner por delante las diferencias, los protagonismos personales o de grupo y no al país y sus mayorías es incoherente e irresponsable. Los que están por el cambio son muchos, pero requieren articularse, no mantenerse fragmentados.
Javier Diez Canseco / La República (Perú) y Alterinfos
(Fotografía: Susana Villarán, candidata del partido Fuerza Social a la Alcaldía de Lima)
El 3 de octubre millones de personas votaron por un rumbo distinto. Lo muestra Lima –al abrirse un resquicio entre los candidatos continuistas de una derecha corrupta y aparecer una figura nueva, Susana Villarán [Fuerza Social, FS]– en un triunfo que 60% de encuestados califica de izquierda. Lo evidencian los triunfos de candidatos por el cambio en Cajamarca, Junín, Piura, Cusco, San Martín, Arequipa, entre otros, y nuevas posibilidades en segunda vuelta regional.
¿Es un salto al vacío, como dice la prensa de la derecha continuista? ¿Eso hicieron Lula, Mujica, Morales, Correa, Funes en América Latina, o Barrantes en Lima? ¡Vamos! El cambio implica asuntos básicos.
1) La inclusión de amplios sectores sociales, hoy excluidos, en los beneficios del crecimiento económico. La gente quiere sentirlo en su calidad de vida, sus ingresos y salarios: redistribuir la riqueza concentrada en pocas manos y transnacionales con privilegios tributarios y concesiones injustas.
2) El cambio es también respeto, trato digno. Mucha gente está harta de atropellos y abusos, de ser “perros del hortelano”, ciudadanos de segunda, ineptos “para poner en valor su propiedades” y de ver cómo sus terrenos comunales, su pequeña propiedad o su esfuerzo laboral son entregados a grupos de poder sin consulta previa, sin cuidar el medio ambiente, el agro o el agua, por derechos míseros, salarios minúsculos y sin derechos laborales: “cholo barato”, desprecio a los pueblos indígenas y maltrato a los emprendedores que producen para el mercado interno, mientras la riqueza sale del país sin industrializarnos ni invertir en educación, salud, ciencia y tecnología o generar empleo digno.
3) Cambio es reconocernos como país multicultural, pluriétnico y multinacional.
4) Es transparencia y control ciudadano a la gestión de las autoridades elegidas y su manejo del dinero público. Terminar con la corrupción generalizada desde Fujimori y democratizar la representación política que hoy manipulan los lobistas de los grupos de poder.
5) Es desarrollo económico descentralizado y aprovechamiento de nuestros recursos naturales con respeto al medio ambiente, rentas justas al Estado y recuperar soberanía y decisión acerca del uso y destino de estos recursos, evitando nuevas vergüenzas como Camisea.
6) Es promover la Unidad Sudamericana para negociar desde una plataforma común en el mundo junto a Brasil.
Las fuerzas políticas y sociales que están por el cambio tienen gran responsabilidad en lograrlo. Deben levantar un programa común, concordado, y demostrar que pueden ser UNA alternativa de gobierno. Unirse para unir a gran parte del país por el cambio.
Frente a la derecha dividida por sus cuotas de poder, los que apuestan por el cambio deben poner por delante lo que los une a favor de la gente. Ninguno defiende un mercado sin controles ni un estatismo trasnochado. Ninguno puede sostener que no busca una reforma tributaria que distribuya mejor la riqueza y financie la educación, la salud, la vivienda, el agro, la generación de empleo, el apoyo a los emprendedores y a las mypes. Todos hablan de una democracia participativa y comunitaria, control ciudadano y transparencia, revocatoria de autoridades electas, para enfrentar la corrupción y legitimar una democracia desprestigiada e ilegítima. Nadie puede obviar el recuperar soberanía sobre nuestra economía y nuestros recursos naturales para el progreso y desarrollo para todos.
Estar por el cambio y poner por delante las diferencias, los protagonismos personales o de grupo y no al país y sus mayorías es incoherente e irresponsable. Los que están por el cambio son muchos, pero requieren articularse, no mantenerse fragmentados. Los principales son el PNP [Partido Nacionalista], las izquierdas, FS, los indigenistas, ambientalistas y movimientos regionales. Hay millones de independientes por el cambio. En la unión está la fuerza de la victoria. Quienes la obstruyan asumirán el costo de dar curso al continuismo.

La lucha por la tierra, por el territorio y por el planeta tierra

Para “ser político” y luchar por la emancipación no hay más alternativa que responder con nuevos avances en la libertad, la justicia, la democracia, y el socialismo y con el respeto a las distintas creencias y religiones. Esa es la clave universal de la transición al socialismo del siglo XXI.
Pablo González Casanova / Rebelion
Hay algo nuevo en la historia. Por una parte, el capitalismo, como modo de dominación y acumulación, ha entrado en una crisis terminal. Su capacidad de destruir ya no puede ser superada por la de construir, con ese “happy end” que Schumpeter veía en cada crisis económica. El capitalismo ya tampoco puede resolver los problemas de la justicia social y el desarrollo. Sus soluciones, por lo demás, excluyeron de sus beneficios a la inmensa mayoría de la humanidad. Hoy el neo-liberalismo aumenta aún más sus políticas de acumulación a costa de los trabajadores, los pueblos y las juventudes.
Lo que es imposible en el capitalismo escapa al campo de lo incierto. Sólo quienes trabajan para el imperialismo colectivo de Ananías intentan coléricos descalificar la autodestrucción y la impotencia moral del capitalismo. Para ocultar o prolongar su agonía el capitalismo se engaña así mismo: usa sofisticadas políticas de desinformación, de mentiras científicas, de campañas publicitarias millonarias, aparatosas y subliminales, de juegos de guerra abierta y encubierta, de millones de muertos virtuales y reales, con daños buscados y otros esperados, “laterales”.
Los embates del gran capital y su inmensa red de asociados y subordinados buscan –a confesión de parte—que pueblos y trabajadores pierdan su identidad, que partidos y sindicatos de izquierda no cumplan sus ofrecimientos y desilusionen a sus partidarios, que frentes y movimientos sociales abandonen sus rebeldías y se transformen en ONG’s con políticas paternalistas, o de “acción cívica”, como el discurso contrainsurgente las llama. El gran capital, y los estados de los países más industrializados que lo apoyan, impulsan las luchas contra el “terrorismo” que ellos mismos difundieron desde finales de los años cincuenta, y contra el “narcotráfico”, ambos útiles para dominar y vender armas, para “lavar dinero” y apropiarse de inmensas regiones estratégicas, ricas en recursos naturales y en mano de obra barata.
De estos crímenes, las fuentes oficiales y bancarias dejan abundantes pruebas “clasificadas” y “desclasificadas”, “encubiertas” y des-cubiertas por sus propios agentes, o por los expertos “hackers” que se meten hasta el cerebro del Pentágono sin que éste tenga la menor capacidad de identificarlos. El gran capital y el imperialismo se oponen abiertamente a ese supuesto “desarrollo” que iba a beneficiar a todo el mundo. Olvidan ese ilusorio “Progreso” que llevaría a la humanidad a un modo de vida cada vez mejor. Ni decir nada de aquella orgullosa “Civilización Occidental”, superior a cualquier otra. Ellos mismos destruyen cuanto tenían por bueno.
A más de incrementar el número de hambrientos, de enfermos curables, de sin empleo, de desechables, de extremadamente pobres y esqueléticos, de empobrecidos y des-regulados, los señores del gran capital persiguen con saña, aprisionan, expulsan, y eliminan entre fobias racistas y fanáticas, a quienes buscan escapar de los infiernos de la miseria y pretenden trabajar en las regiones metropolitanas del mundo. Los trabajadores inmigrantes, los “sin papeles”, son cosificados y deshumanizados con creencias racistas, darwinianas y con religiones de hombres blancos, padres de familias enternecedoras que se sienten amenazados por sus víctimas, y que hasta se ríen cuando las ven sufrir, o cuando juegan con sus cuerpos y humillan su dignidad.
Al mismo tiempo, en los círculos más altos del poder y la cultura científica y tecnológica se busca impedir la guerra loca, la MAD, o “Mutual assured destruction” en que es segura la destrucción mutua de los combatientes. Con sus más sofisticadas investigaciones no buscan lograr la paz sino hacer la guerra. Buscan una guerra en que queden a salvo de las respuestas atómicas que hoy los amenazan. El problema es insoluble. Por más supercálculos y modelos que hacen no logran resolver ni diseñar el escenario de una guerra nuclear en que puedan ganar. A sabiendas de eso, se entretienen haciendo “prácticas de guerra” con amenazas que intimiden al enemigo, y lo obliguen a incurrir en una implosión por exceso de gastos militares, y por fallas crecientes en la promoción de bienes y de servicios a la población. Ellos mismos fomentan y aprovechan esas fallas para alentar las luchas internas y las desestabilizaciones.
Hay otra novedad en la historia mundial. La lucha reciente y emergente de “los pobres de la tierra” es muy rica y alentadora. En ella aparecen recuerdos y experiencias de los intentos emancipadores que la precedieron. Surge una junta de humanismos con sus ideales y experiencias en los combates pasados y sus posibilidades creadoras enriquecidas para construir las bases de otra libertad, otra justicia, otra democracia, y otro socialismo. Sin la menor exageración, la lucha emergente corresponde a la más profunda de las alternativas al capitalismo, y la más acogedora de los distintos caminos que la humanidad ha seguido y sigue para su emancipación.
Sobre su expresión en América Latina querría decir unas palabras y decirlas en relación a las luchas por la tierra, por el territorio, y por el planeta tierra. En mi intento de comunicación no sólo procuro ser riguroso en el uso de mis fuentes e interpretaciones. También apelo a las contribuciones epistemológicas de la moral, y a los sentimientos que nos permiten descubrir verdades. Experiencias y decisiones conciernen el sentido de la vida propia. Aparecen en el sentido de la vida y de la lucha de los pobres de la tierra, que insisten en construir un mundo mejor. LEER EL ARTÍCULO COMPLETO

La Revolución Cubana: Cambios fundamentales en América Latina desde 1959

Cuba es una demostración de que no valen los modelos, sino las experiencias sistematizables. Tenemos una experiencia, hay que ver ahora en qué medida esa experiencia es capaz de autocorregirse, de mejorarse, de hacerse sistematizable, de servir a otros como experiencia pero no como modelo.
Aurelio Alonso / LA JIRIBILLA (Cuba)
Intervención en la Cátedra de los libertadores, 4 de agosto del 2010. Casa Nacional del Bicentenario. Buenos Aires, Argentina.
Voy a hacer una presentación algo informal, dado que comparto el panel con Atilio Borón y Julio Gambina, dos argentinos que dominan la realidad cubana tan bien como yo. He organizado unos ocho o nueve puntos para tratar de ceñirme a los 20 ó 25 minutos que me corresponden. Mi propósito no va a ser en esta ocasión atenerme al relato histórico interno. Voy a tratar más bien de colocar el experimento cubano de transición socialista en el escenario latinoamericano que recorrió hasta la actualidad, donde otros efectos transicionales se han desarrollado en este siglo XXI, pues creo importante que no nos quedemos en la interpretación, y ni siquiera en la comprensión, del relato local. Ni desde la apología de los logros de la Revolución Cubana, que no son pocos, ni desde las críticas de sus frustraciones, que tampoco son despreciables en número e intensidad.
Quiero comenzar con una reflexión sobre el tiempo. Recordar que la Revolución Cubana cumplió 50 años. Recordar también que el nuevo escenario de transformación en América Latina, en el que al fin la Revolución Cubana se puede insertar, legítimamente, en su contexto continental, tiene solo diez años. Es decir, este escenario de hoy cuenta, por una parte, con una total frescura y adolece, por otra, de una falta de acumulación experimental. Los cubanos contamos con una acumulación de experiencias muy rica; pero, a veces, nos falta la frescura para incorporar flexiblemente las transformaciones que la época demanda.
Como primer experimento de cambio radical en América Latina, el cubano se ha caracterizado, sobre todo, por mostrar su capacidad de resistir a todo tipo de presiones del imperio. ¡A todo tipo de presiones! A las directas, a las ejercidas a través de la América Latina y a las ejercidas por la implementación de la dominación norteamericana imperialista en el resto del mundo. A las económicas y a las armadas, a las diplomáticas y a las culturales. Quiero decir que hay que tomar en cuenta que aquella situación obligó a Cuba a resistir en soledad, a resistir prácticamente aislada. Y cuando digo aislada pienso en el bloqueo de los EE.UU. durante más de medio siglo, pero aislada también debido al corte que EE.UU. forzó en el seno de la Organización de Estados Americanos (OEA. Se impuso como nunca el panamericanismo imperial.
Solamente México mantuvo el reconocimiento diplomático a Cuba y las relaciones consiguientes; gesto que siempre Cuba ha agradecido. Se trataba de una nación mexicana que todavía no había sufrido los efectos de la expansión neoliberal de los 80 ni la devastadora desestructuración económica impuesta por el Tratado de Libre Comercio firmado con los EE.UU. y Canadá en 1994; proceso que ha erosionado sensiblemente la influencia de su acción con luces independientes en el concierto continental. Aunque ni siquiera el México de entonces podía darnos un respaldo material, como contribuir a suplir el corte de la cuota petrolera estadounidense a Cuba. No podía suplirlo, su soberanía estaba demasiado comprometida para tanto. Como dijo alguien: “tan lejos de Dios y tan cerca de los EE.UU.”; es que siempre se ha visto muy sometido a las presiones del Norte. Por lo tanto, considero que el apoyo mexicano fue importante pero más bien simbólico, cuando todo el resto de nuestro continente cortaba sus lazos con Cuba.
Se sumaron al efecto de aislamiento las reticencias europeas, fluctuantes pero significativas. Lo paradójico fue que el país que mantuvo mejores relaciones económicas con Cuba en Europa fue el que las tenía peores políticamente, incluso con fuertes diferendos con el poder revolucionario temprano: la España de la dictadura franquista. Hay datos curiosos, como por ejemplo, convenios azucareros con España en los 60, en momentos tensos de las relaciones bilaterales, que contaron con precios preferenciales más favorables que los convenios azucareros con la Unión Soviética en la misma época (por supuesto, Cuba no formaba parte aún del CAME1). Cuando Cuba entró al CAME en los años 70 el panorama se modificó. Entonces Cuba pudo edificar, al menos por dos décadas, un proyecto de desarrollo, que las condiciones adversas de los 60 no habían propiciado. Con los costos —hay que reconocer— de una nueva forma de dependencia. LEA EL TEXTO COMPLETO AQUÍ...

José Martí

Martí quería morir de cara al sol, quería morir como no suelen morir los pensadores, los intelectuales, los filósofos, los pensadores profundos como José Martí, que suelen morir en su escritorio, en su despacho o en su cama, pero que han atacado de un modo muy profundo al enemigo a través del arma poderosa que son las palabras, las ideas, los conceptos, la desmitificación del opresor, del derecho del opresor de oprimir al oprimido. Y ésa era la tarea de Martí.
José Pablo Feinmann / Página12 (Argentina)
(Ilustración: "El hacedor de almas", de Julio César Banasco)
José Martí es un hombre y un intelectual admirable; es un poeta deslumbrante, un escritor de una prosa profunda, rítmica, musical, ya sea al servicio de la militancia, a cuyo servicio la puso constantemente, la utilizó una y otra vez sin cesar a lo largo de su vida, o ya cuando la colocó al servicio de la obra poética que legó a una posteridad que lo recibe con alegría y lo tendrá en uno de sus lugares más destacados para siempre.
Porque Martí, además, representa en América quizá la imagen más acabada –junto con otros notables como Domingo Faustino Sarmiento, por supuesto– del intelectual comprometido, el intelectual que tiene una misión política que cumplir a la cual adosa su talento literario. O sea, el que tiene un talento literario siente que debe tenerlo para algo, que la literatura no se agota en sí misma sino que el don que ha recibido el escritor debe trascender al escritor mismo porque éste advierte que forma parte de una época, que está inmerso en una historicidad que lo condiciona profundamente y que cualquier cosa que haga o que no haga va a estar sobredeterminada, por usar este concepto que viene del fondo de los tiempos del viejo estructuralismo. Sobredeterminada por la historia, el entorno, la situación existencial en que cada uno está, y a la que nadie escapa, aunque diga “mi literatura no tiene nada que ver con nada, yo no comprometo mi literatura, mis palabras no se enlodan con la política, mi lenguaje no se enloda con la política, mi lenguaje es mío y me expresa a mí”.
El 26 de julio de 1953, el cuartel Moncada en Santiago de Cuba fue asaltado por unos guerrilleros que respondían a la conducción de uno llamado Fidel Castro. Cuando es llevado a juicio y cuando los jueces quieren saber quién es el ideólogo de este asalto, le preguntan entonces a Fidel Castro quién es el autor intelectual de esa operación que él y sus hombres acaban de cometer. No duda y dice: Es José Martí. Se habrán asombrado mucho los jueces, porque ignoraban que José Martí perteneciera a los hombres que, junto con el comandante Fidel Castro, habían asaltado el cuartel Moncada. Pero ocurre que la palabra de Martí había atravesado los años, que Castro y todos los que en ese momento comenzaban a luchar contra la sangrienta dictadura batistiana eran lectores de José Martí.
Martí habrá de escribir un poema dramático al que titulará Abdala y él dirá que está escrito expresamente para la patria. Abdala, entonces, le explica a su madre: “El amor, madre, a la patria no es el amor ridículo a la tierra ni a la yerba que pisan nuestras plantas. Es el odio invencible a quien la oprime; es el rencor eterno a quien la ataca y tal amor despierta en nuestro pecho el mundo de recuerdos que nos llama a la vida otra vez”. Entonces observemos que no confunde a la patria con la tierra. O sea, dice que el amor a la tierra es un amor ridículo. Es notable esto porque en estos días en nuestro país se identifica tanto a la patria con la tierra que es interesante que José Martí, que tiene algo más de talento que muchos hombres ligados a la tierra en la modalidad de la explotación y la posesión, diga lo contrario. Martí dice “el amor a la patria no es el amor ridículo a la tierra ni a la yerba que pisan nuestras plantas. El amor a la patria es el odio invencible a quien la oprime”. No olvidemos que dice esto en un momento en que el conquistador colonialista somete a su patria. “Es el rencor eterno a quien la ataca.”
Su vida comienza a realizarse en el modo de la errancia hasta que llega a EE.UU. A EE.UU. la llama la “América europea” y descubre muy pronto sus virtudes, pero también descubre cómo reaparecen ahí los vicios que creía haber dejado atrás en Europa y que no son lacras, son defectos, no quiero usar la palabra “lacra” que me parece una palabra muy de Fernández Retamar, que son defectos inherentes al capitalismo desarrollado. Martí vive en los EE.UU. y, bueno, ahí advierte que esa nación va a ser una nación imperialista que va a intentar apropiarse de la América latina, que la libertad de América latina para los EE.UU. será sólo un pretexto para ejercer el imperialismo de esa enorme nación sobre las naciones balcanizadas de América latina.
Martí era, además, un gran orador. Es posiblemente el más grande escritor americano junto con nuestro Sarmiento, si pensamos en el Facundo sarmientino, y escribe en todos los diarios del continente, ningún diario le cierra sus puertas porque se convierte en el batallador más importante por la libertad de Cuba y además se convierte en el gran batallador antiimperialista contra los EE.UU. Martí es el que señala primero que todos lo que va a ser la política norteamericana en América latina.
Emprende la lucha ya directa por la liberación de Cuba. La guerra contra España es una guerra totalmente abierta en 1895 y ahí va Martí con su enorme prestigio, un hombre al que ya llaman presidente pero que, sin embargo, va al primer puesto de la batalla. En esto se parece mucho a lo que vimos de Salvador Allende. Martí debió ser protegido en este sentido, se le debió decir –si no se le dijo será por la certeza de su negación–: “Vea, maestro, usted está para otra cosa, usted está para abrir nuestras cabezas, para volvernos lúcidos, para decir nuestras proclamas, pero no está para agarrar un fusil y actuar como un soldado de Infantería, tenemos otros para eso”, pero no es así. Martí siente tan imperiosamente que debe caer el colonizador español, que el 19 de mayo de 1895, en un lugar llamado Boca de Dos Ríos, lo sorprende una columna española. Martí avanza sobre esa columna y cae herido de muerte. La tropa cubana no puede recuperar su cadáver, los españoles lo llevan a enterrar a Santiago de Cuba, pero Martí quería morir de cara al sol, quería morir como no suelen morir los pensadores, los intelectuales, los filósofos, los pensadores profundos como José Martí, que suelen morir en su escritorio, en su despacho o en su cama, pero que han atacado de un modo muy profundo al enemigo a través del arma poderosa que son las palabras, las ideas, los conceptos, la desmitificación del opresor, del derecho del opresor de oprimir al oprimido. Y ésa era la tarea de Martí. Pero Martí quería morir de cara al sol y así murió.
Charles Dana, el que publicaba los artículos de Karl Marx y Engels, que en ese momento es el director del New York Sun, se entera penosamente de su muerte. Martí es llorado en Europa y también en EE.UU., y acá Fernández Retamar hace una interesante interpretación. Para él, afirma, no corresponde llamar a Europa y a EE.UU. países desarrollados, sino que él preferiría llamarlos países subdesarrollantes. Bueno, son las dos cosas, son países desarrollados porque a la vez son subdesarrollantes. Todo colonizador, el proyecto de todo colonizador, es subdesarrollante, porque el proyecto del colonialismo es lograr su propio desarrollo por medio del saqueo de la colonia. Y el saqueo de la colonia implica el subdesarrollo de la misma. Entonces todo país desarrollado se ha hecho a partir de un subdesarrollamiento del país colonial, del país sometido. En suma, hay países desarrollados porque los países desarrollados realizan una práctica subdesarrollante, que es la práctica colonizadora. Y esta práctica el capitalismo la realiza desde 1492, cuando Colón llegó a América para practicar la práctica subdesarrollante de los países de Europa, de los imperios colonialistas europeos.
Sus mensajes más precursores, los que más han prefigurado el futuro, a parte de la liberación del colonialismo español, son los que señalan las intenciones imperialistas y expansionistas de los EE.UU. Fernández Retamar omite algo porque dice que Martí “comprende, angustiado, que el próximo paso de EE.UU., conquistado el oeste, arrebatada la mitad de México y cicatrizada la Guerra Civil, será arrojarse sobre el resto de América y, en primer lugar, sobre Cuba”. Lo que no dice Fernández Retamar es que Marx y Engels apoyaban esta expansión norteamericana y hasta me atrevo a decir que, en caso de que EE.UU. hubiera invadido Cuba en el siglo XIX, en vida de Marx y Engels, éstos habrían aprobado esa invasión porque era la invasión del progreso, del desarrollo capitalista, la invasión de la burguesía que iba a instaurar un moderno sistema de producción del cual surgiría el proletariado industrial que verdaderamente habría de liberar a la isla de Cuba. La isla de Cuba, finalmente, hizo su revolución sin un proletariado industrial porque no lo tenía, pero la hizo con los campesinos respaldando el coraje de los hombres de Fidel Castro en ese temprano, y hoy lejano, enero de 1959.
Que Martí haya expresado una postura socialista es absurdo pedírselo, porque Martí no estaba para eso, Martí era un nacionalista revolucionario en una etapa muy concreta, en una etapa en que se tornaba necesario liberar a la nación del yugo imperialista. En esta etapa es toda la nación la que se libera. En la etapa socialista es la clase obrera la que, dominando a las clases explotadoras, se libera, eso es el socialismo. Pero lo que Martí hace es un nacionalismo popular revolucionario en el cual es la nación la que se opone a las pretensiones opresoras del colonizador. Esta fue la gran tarea de Martí, quien además incorpora en toda su temática la herencia que ellos, en tanto criollos, en tanto hombres cultos, tienen de los pueblos originarios. No es un hombre que haya olvidado de ningún modo la presencia del indio en la cultura de los países americanos.
En su Diccionario de autores latinoamericanos el escritor argentino César Aira, que sabe mucho de literatura y que es muy exigente, emite este juicio sobre la poesía de José Martí. Dice César Aira: “La poesía de Martí, Ismaelillo, Versos libres, Versos sencillos y las inconclusas Flores del destierro, es una de las más exquisitas y perfectas que se hayan escrito en la lengua española. Sus méritos como precursor del modernismo son secundarios ante su asombroso poder de iluminación. En cuanto a su prosa, abundantísima y casi toda ella circunstancial, es un modelo insuperable de maestría estilística y finura de pensamiento”.
Los textos circunstanciales son textos políticos, son escritos coyunturales destinados a la finalidad de la liberación de la patria ante el opresor colonialista. Voy a leer citas de sus Versos sencillos, que para él eran demasiado sencillos y les daba más valor a sus Versos libres, que son más complejos. Pero los Versos sencillos son de una extrema belleza y hasta serán reconocidos por todos porque son parte de una hermosa canción que es “Guantanamera” y que, bueno, no hay quien no la cante. “Yo soy un hombre sincero de donde crece la palma y antes de morirme quiero echar mis versos del alma. Yo vengo de todas partes y hacia todas partes voy, arte soy entre las artes, en los montes, monte soy. Yo sé los nombres extraños de las yerbas y las flores y de mortales engaños y de sublimes dolores. Yo he visto en la noche oscura llover sobre mi cabeza los rayos de lumbre pura de la divina belleza.”
Tiene otros de una densidad conmovedora: “Gocé una vez de tal suerte que gocé cual nunca cuando la sentencia de mi muerte leyó el alcaide llorando”. En estos Versos sencillos que, como vemos, son profundamente complejos porque penetran muy hondo en la condición humana, hay más adelante dos cuartetas donde habla del concepto de morir de cara al sol: “Yo quiero salir del mundo por la puerta natural, en un carro de hojas verdes a morir me han de llevar. No me pongan en lo oscuro a morir como un traidor. Yo soy bueno, y como bueno, moriré de cara al sol”.

El imperialismo permanente. La era de las intervenciones (1898-1933)

Entre 1898 y 1933 el imperialismo permanente presenció una desgarradora rivalidad entre viejas y nuevas potencias imperiales, que tuvo consecuencias incalculables sobre el futuro desarrollo económico, social y político de América Latina y del Caribe.
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Rodrigo Quesada Monge / Revista Globalización
Con algunos escritores a veces se tiene el sentimiento, a pesar de su enorme erudición y competencia en ciertas disciplinas humanísticas y sociales, de que se está frente a una descomunal exhibición de cinismo. Cuando se habla de imperialismo, regularmente la gente poco versada en estos asuntos, tiende a emitir una opinión casi siempre sustentada en los análisis, para llamarlos de alguna forma, hechos por los editorialistas de los periódicos, o por publicistas más o menos bien informados.
Pero cuando un académico de rango internacional se deja ir con determinado tipo de opiniones, muy viscerales valga decirlo, no deja de sorprendernos, porque las mismas parecieran haber sido emitidas al calor de un impulso; o pudiera ser que la edad ha dejado su trazo inmisericorde, sobre estudios e investigaciones apoyadas en el buen decir de aquello que realmente queremos escuchar. Uno de los grandes historiadores del siglo XX, el profesor David S. Landes, en su hermoso libro, el cual es una exhibición impresionante de erudición y sabiduría (más de cien páginas de bibliografía así lo atestiguan), también emite criterios azarosos y antojadizos, sobre temas y problemas para los que, pareciera, no estar debidamente capacitado. Dice Landes en el capítulo XX de su texto:
“Los estudiosos locales y los simpatizantes han atribuido el fracaso del desarrollo en Latinoamérica, aún más doloroso si se compara con lo ocurrido en América del Norte, a las fechorías de las naciones más ricas y poderosas. Esta vulnerabilidad se ha calificado de “dependencia”, lo que implica una situación de inferioridad en la que uno no es dueño de su propio destino, sino que debe plegarse a los designios ajenos. Huelga precisar que el Otro aprovecha su superioridad para apoderarse de la producción de las economías dependientes, como hicieron los primeros soberanos de la era colonial. La bomba que alimentaba al imperio se convierte así en la bomba del imperialismo capitalista.
Las tesis “dependentistas” han florecido en Latinoamérica. También se han exportado con éxito, haciendo eco, tras la Segunda Guerra Mundial, a los apuros económicos y a la concienciación política de las colonias recientemente liberadas. Los cínicos dirán incluso que las doctrinas de la dependencia han sido el producto más exportado por Latinoamérica. Pero son perjudiciales para el espíritu de empresa propio y para la moral. Al fomentar la propensión enfermiza a encontrar culpable a todo el mundo menos a uno mismo, promueven la impotencia económica. Aunque fueran ciertas, habría que desecharlas.
Este texto sorprendente, contrasta, sobre todo por el cinismo de la frase destacada por nosotros, al final del párrafo, con el resto del libro, posiblemente uno de los mejores trabajos que existe sobre la cultura occidental, publicados en inglés durante los últimos veinte años. Este tipo de argumento, utilizado por algunos intelectuales latinoamericanos, menos dotados, quienes se consideran a sí mismos “liberales radicales”, han dado origen al tratamiento desarrollado por una derecha histérica, que ahora nos habla “del idiota latinoamericano”, cuando se trata de escritores críticos y de pensamiento independiente, que se niegan a reconocer los dictados de Washington, como la última palabra en materia económica, política, diplomática, militar y cultural. Sin embargo, un pensamiento de izquierda pujante, imaginativo, y de gran poder de creación, como lo prueba la historia reciente en América Latina, ha dado un triste mentís a los aspavientos triunfalistas de los neoliberales en nuestros países, sobre todo con el aterrador telón de fondo de una crisis capitalista internacional cuyas consecuencias están todavía por verse.
Con este capítulo, entonces, el autor intentará honrar también, esos afanes críticos y reflexivos de un pensamiento historiográfico latinoamericano que busca darle nuevas respuestas y hacer nuevos planteamientos sobre viejos temas, como el imperialismo, a la luz de una bibliografía reciente no sólo en lengua española, sino también en inglés y francés. Latinoamericanistas con la cabeza ventilada, han hecho contribuciones decisivas para una comprensión más cabal de nuestros problemas más acuciantes, y ello hay que recuperarlo.
Según se indicó en el capítulo I de este libro, el imperialismo permanente posee un conjunto de características muy bien definidas, que lo convierten en un objeto de estudio indispensable para el entendimiento cabal de la historia contemporánea de América Latina. En esta oportunidad, son esas características, precisamente, las que trataremos de desplegar ante el lector, como se hizo en los capítulos anteriores.
Si el subdesarrollo es una cuestión mental, como diría, entre otros, el eminentísimo profesor Landes, a quien ya nos hemos referido, se hace obligatorio fijarse un poco más de cerca en la historia del Caribe, sobre la cual él no dice casi nada en su célebre libro. Para que el tratamiento de lo que llama “el estilo sudamericano” hubiera ido más allá de citar las consabidas adulteraciones históricas de Thomas Carlyle (1795-1881), procedentes de su ensayo sobre el dictador paraguayo, Dr. Gaspar Rodríguez de Francia (1756-1840), al profesor Landes se le debería demandar un poco más de trabajo sobre la historia del Caribe y de América Central.
Es bien conocida la insuficiencia de la filosofía de la historia para comprender el fenómeno del imperialismo en Nuestra América, como diría José Martí. Por ello, hemos dividido este capítulo en cuatro aspectos básicos, para comprender las acciones del imperialismo hacia América Latina y el Caribe durante los años que median entre 1898 y 1933. Tales aspectos son los siguientes:
- La guerra de 1898. Su legado.
- Los inicios de la ocupación de Nicaragua (1897-1912).
- La Doctrina Monroe y el Canal de Panamá (1903).
- De la crisis de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) a la Gran Depresión de 1929-1933.

sábado, 16 de octubre de 2010

El "reality show" de los mineros.

La estrategia comunicativa de los acontecimientos en la mina San José fue la de orientar la atención del público hacia dimensiones distantes de aquellas que, en última instancia, son las verdaderas causantes de la situación que ahí se vivió.
Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica
(Ilustración de Allan Mcdonald)
El cobre, la minería que se utiliza para extraerlo y el movimiento obrero vinculado a su explotación son emblemáticos de Chile. Su nacionalización constituyó un símbolo de las transformaciones que impulsó la Unidad Popular. La Ley de la Nacionalización del Cobre promulgada por el Presidente Salvador Allende, en julio de 1971, comportó el clímax de un largo proceso de lucha de los sectores políticos y del pueblo que siempre reivindicaron como una demanda de soberanía recuperar el cobre para los chilenos. Allende llamó a este hecho "lo más importante después de la Independencia de Chile".
La mina San José, escenario del “rescate de los mineros”, es de rango medio, por lo que no fue nacionalizada en su momento. Desde el mes de julio de este año, el sindicato había denunciado las precarias condiciones de trabajo, y había alertado sobre la inseguridad que privaba en ella, advirtiendo de la posibilidad de que sucediera algo como lo que, a la postre, sucedió.
Las condiciones de trabajo de los mineros chilenos son precarias, y se han visto deterioradas debido a la implementación de las consabidas políticas neoliberales que han regateado salarios y condiciones de trabajo.
Todo esto quedó opacado y pasó a un segundo plano una vez que los medios de comunicación colectiva, especialmente la televisión, asumieran la cobertura de los acontecimientos que se sucedían en la mina San José. La estrategia comunicativa fue la de orientar la atención del público hacia dimensiones distantes de aquellas que, en última instancia, son las verdaderas causantes de la situación que ahí se vivió.
Los televidentes nos enteramos de los gustos gastronómicos, la cantidad de hijos, primos y tíos de cada uno; hasta de los deslices amorosos de alguno, que se transformaron en la comidilla de todos y llevaron a la señora primera dama de la República de Chile a tomar partido por la esposa “de toda la vida”.
Una cobertura a la altura de la revistas Vanidades y Cosmopolitan, es decir, superficial, light, apta para todo público en horario de máxima audiencia.
Los medios de comunicación masiva se han constituido en los más importantes fabricantes de opinión pública. No hay espacio de la realidad que se les escape para llevar harina para su costal, que es el amplio costal de la enajenación al servicio de los intereses más retrogrados.
A la cabeza de estas estrategias comunicativas se encuentran las grandes cadenas de televisión que, cada vez más, se muestran como puntas de lanza del statu quo neoliberal adosado a los intereses de Washington. Hace un par de semanas, se cebaron con las elecciones venezolanas. En ellas, lograron colocar en la agenda electoral, como eje alrededor del cual girara la discusión, el tema de la seguridad ciudadana, problema agudo en ese país que, sin embargo, le convenía a la oposición que saltara a la palestra en un primer lugar.
Así, contando con un reportaje realizado por una televisora española, CNN montó una campaña casi sin precedentes que la convirtió en un protagonista más de las elecciones en ese país.
Algo parecido sucedió con el intento de golpe de estado perpetrado en Ecuador, que fue reducido a reivindicación salarial de la policía salida de cauce, ocultado las ramificaciones que tuvo hacia la oposición al gobierno de Correa.
Aparte de la noticia a la cual se le da seguimiento deformado in situ, se ejecutan otros niveles de la fabricación de esa visión de mundo afín a sus intereses: aprovechando las celebraciones del bicentenario de la independencia colombiana, Discovery Channel prepara un documental que recrea la marcha libertadora de Bolívar hace 200 años en ese país pero, esta vez, con columnas del ejército colombiano que, a lo lejos, son asediadas por fuerzas guerrilleras que, hoy por hoy, aparecen como el enemigo a derrotar para llegar a la libertad.
La televisión como Caballo de Troya.

Chile y los pobres de la tierra

Los treinta y tres mineros de Atacama están a salvo, pero las condiciones estructurales que lanzan a la precariedad laboral a hombres y mujeres chilenas, permanecen intactas.
Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica
“El afortunado
hace vista gorda
y el vilipendiado
carne de la horda”
Silvio Rodríguez
(Carta a Violeta Parra)

Y de pronto, el mundo descubrió a los mineros chilenos: fue necesario un accidente absolutamente previsible -con riesgo de muerte para 33 personas- y un rescate de antología, para que la “opinión pública” se percatara de los riesgos laborales a los que están expuestos los trabajadores por la explotación capitalista en las minas, las precarias condiciones de vida de quienes dependen de esta actividad económica, y la corrupción y negligencia de burócratas de agencias estatales y empresas privadas involucrados en el negocio minero.
Víctimas de las masacres perpetradas por la oligarquía -más de una vez- a lo largo de la historia de Chile, ahora los obreros de la mina San José han sido declarados héroes del bicentenario por el gobierno de Sebastián Piñera. Y, además, ofrecidos por la industria del entretenimiento y la comunicación como espectáculo para el consumo global: la operación de rescate, transmitida en directo a todo el mundo por la televisión, fue presenciada por más personas que la final del campeonato mundial de fútbol de Sudáfrica.
Sin duda, es justa la euforia y la alegría por el triunfo del ingenio y la resistencia humana, por la victoria de la vida sobre la muerte. Especialmente para los familiares y compañeros de los mineros. Pero no se puede obviar que hasta antes del accidente muy pocas personas, políticos y medios de comunicación se interesaban por las condiciones en que sobrevivían –o “mal vivían”- los trabajadores en el desierto de Atacama: su pobreza, su cotidiano drama personal y familiar. Hoy se sabe que sólo en la última década han muerto 373 mineros chilenos en accidentes laborales[1].
Por eso, quien lea con detalle los perfiles biográficos de los obreros rescatados de la mina San José, encontrará una metáfora del Chile contemporáneo, de sus paradojas, sus violentas exclusiones y la persistente desigualdad: allí se mezclaron los hijos de sobrevivientes de la dictadura militar de Augusto Pinochet y dirigentes sindicales, con migrantes bolivianos, agricultores y recolectores de frutas; vendedores callejeros, guardias de seguridad, carpinteros y taxistas, con deportistas retirados, mecánicos, jóvenes que abandonaron sus estudios… Todos obligados a internarse en las minas o sufrir hambre y mayores privaciones junto a sus familias.
Cada historia personal de los mineros, primicias por las que los medios de comunicación se lanzaron al desierto, a competir en el mercado de noticias, extrae de las entrañas de los relatos oficiales las profundas contradicciones de una sociedad presentada como “modelo” por los apologetas del neoliberalismo latinoamericano. Pero en la contracara de ese “modelo”, entre sus grietas, emerge una realidad distinta: a pesar de su abundante riqueza mineral y su promocionada apertura al “libre comercio”, el índice de distribución del ingreso por hogar en Chile apenas es similar al de Guatemala y Honduras[2], dos de las naciones más injustas y pobres de Centroamérica.
Y la pobreza, que según la última Encuesta de Caracterización Socioeconómica aumentó del 13,7% en 2006, al 15,1% en 2009, adquiere aquí características particulares, propias de la “modernización” de una sociedad neoliberal avanzada.
Un artículo de Martín Pascual Arias, publicado recientemente por Le Monde Diplomatique, sostiene que en Chile “a los pobres e indigentes no hay que buscarlos debajo de los puentes y hospederías, allí se encuentra una ínfima minoría. La mayoría de los pobres e indigentes son trabajadores, trabajadoras mayoritariamente, que tienen trabajo precario, inseguro y mal remunerado, o están cesantes por períodos prolongados. (…) El 70% de los pobres tiene empleo, y la mitad de los indigentes también lo tiene, pero el salario que reciben no les alcanza para superar la línea de la pobreza”[3].
Los treinta y tres mineros de Atacama están a salvo, pero las condiciones estructurales que lanzan a la precariedad laboral a hombre y mujeres chilenas, permanecen intactas.
Ese es el rescate mayor que queda pendiente: el de millones de pobres de nuestra América y el mundo, a quienes urge salvar del abismo de la exclusión, del analfabetismo, de las enfermedades, de la desigualdad y la discriminación, de la falta de oportunidades de realización humana, y de un futuro hipotecado a las fuerzas de un sistema económico que sacrifica el medio ambiente en el altar del lucro.
Con ellos y ellas, pobres de la tierra, debemos echar la suerte de este tiempo: con los “explotados y vilipendiados”, “los que acumulan con su trabajo las riquezas, crean los valores, hacen andar las ruedas de la historia”, de los que nos habla la Segunda Declaración de La Habana. Los protagonistas definitivos de la liberación de nuestros pueblos.
NOTAS
[1]En una década, han muerto en Chile en accidentes 373 mineros; 31, el último año”, La Jornada, 16 de octubre de 2010. Disponible en: http://www.jornada.unam.mx/2010/10/16/index.php?section=mundo&article=023n1mun
[2] Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (2010). Informe Regional sobre Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe. Pág. 27. Disponible en: http://www.idhalc-actuarsobreelfuturo.org/site/informe.php
[3] Martín Pascual Arias. “El empleo precario produce pobreza en Chile”, Le Monde Diplomatique-Chile, octubre de 2010. Pp. 6-7.

Chile: otra de enterramiento y rescate...

Enterrados del mundo, uníos...


Beto / Red Latina Sin Fronteras
lugar_beto@yahoo.es

Tengo un amigo cesante
que está noche se ha enterrado,
usted estará informado
por Youtube al instante.
Dejó las señas prestante
pa´ que lo saquen del hoyo,
por si alguien le da apoyo
con pala, chuzo y picota,
y rescatan al "pelota"
sacándolo del embrollo.

Quiere que por algún fono
llame a la Bío-Bío,
y transmita de corrío
el rescate con encono.
Vende derechos y bono
de su vida y salvación,
pa´ que transmitan la acción
en cadena nacional,
y vaya algún consejal
a seguir la operación.

Piensa que pa´ cuando salga
encontrará un trabajo,
que vivirá a destajo
cual cuico de blancas nalgas.
Será alguien, que algo valga
conocido en todos lados,
aplaudido, vitoreado
le lloverán los contratos,
dejará de estar pa´l gato
jodido y desesperado.

Pero me quedó la crema
pues perdí la dirección,
en donde este gueón
iba hacer su estratagema.
Sólo queda este poema
para hablar de un hombre bueno,
que se enterró en el seno
de la tierra pa´ vivir,
sólo me queda decir
que hay un cesante menos.

-Moral eeeeeeja-

Enterrados del mundo, uníos
salgan pronto para afuera,
no esperen que el Ra-Piñera
dialoge con los sufríos.
Entusiasmen al gentío
hagánlo a la brevedad,
caven pa´ la claridad
un túnel para el escape,
caven su propio rescate
destino a la Libertad.

15 de Octubre 2010
-a un día de la "enterrá" de mi compadre-