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sábado, 11 de diciembre de 2021

Vargas Llosa y el neofascismo

 El temor inunda  a la derecha dentro y fuera de Chile. Cuando celebraban “el fin de ciclo de los gobiernos progresistas”, pareciera que viene una nueva ola de los mismos.

Carlos Figueroa Ibarra / Para Con Nuestra América

Desde Puebla, México


Desde la izquierda  Mario Vargas Llosa es visto como alguien que  giró hacia la derecha. Ciertamente es un hombre lo suficientemente inteligente como para no repetir las aseveraciones ultraderechistas  frecuentes en estos tiempos. Él mismo se autoadscribe como un “demócrata”, uno de los  eufemismos con los cuales la derecha neoliberal quiere disfrazar su verdadera filiación. Su última novela, “Tiempos Recios”, dedicada al derrocamiento  de  Jacobo Arbenz en Guatemala y posterior asesinato de su derrocador, Castillo Armas, revela su agenda distinta a la de la derecha neofascista. El sentido de la novela es reprocharle a la derecha anticomunista el que le hayan regalado a la izquierda la figura histórica de Arbenz.

sábado, 14 de diciembre de 2019

Vargas Llosa en Guatemala: recuperando a Arbenz para la derecha

El martes 3 de diciembre de 2019, se presentó en la sala Efraín Recinos  del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias en Guatemala, “Tiempos Recios” de Mario Vargas Llosa.

Carlos Figueroa Ibarra / Especial para Con Nuestra América
Desde Puebla, México

Ante un auditorio repleto, el escritor  mantuvo un conversatorio sobre su novela  con el historiador Carlos Sabino y el escritor Francisco Pérez de Antón.  El conversatorio fue un diálogo entre derechas. La derecha neoliberal representada por Vargas Llosa, la ultraderecha en voz de Sabino, y una derecha (Pérez de Antón) que no se quiso meter “en el lío que se traían” el autor de “Conversación en La Catedral”  y el historiador revisionista que ha estado operando en Guatemala. Allí Vargas Llosa expresó verbalmente la operación ideológica con la que abre su última novela: la derecha le debe quitar Jacobo Arbenz a la izquierda.

Mario Vargas Llosa y el genio del impostor

Mario Vargas Llosa es sin duda un genial impostor; es un genio de la palabra usada para la ofensa de los pueblos. Su defensa de la democracia colisiona cuando se enfrenta al verdadero deseo popular como el que se manifiesta en Chile, Ecuador, Haití, Honduras, y cuando tiene enfrente la defensa soberana ante la injerencia imperialista como sucede en Bolivia, Venezuela, Nicaragua y Cuba.

Cristóbal León Campos / Para Con Nuestra América
Desde Mérida, Yucatán. México

I

Suele decirse en el habla popular que “a los arrepentidos quiere Dios”, Mario Vargas Llosa, escritor peruano convertido en español, aprendió muy bien esta frase y la ha hecho parte de su ideario político desde hace ya varias décadas. Arrepentido converso Vargas Llosa dejó atrás su militancia en el Partido Comunista Peruano y se afilió con exorbitante feligresía al liberalismo en sus expresiones más conservadoras, siendo a la fecha, un feroz vocero que celebra las atrocidades que el capitalismo despliega alrededor del mundo, como ejemplo reciente, declaró sin el más mínimo sentimiento de pudor durante una entrevista: “Veo con absoluta perplejidad lo que ocurre en Chile, reconozco mi perplejidad total”, haciendo gala de su común cinismo a la hora de hablar de las justas luchas de los pueblos latinoamericanos.

sábado, 26 de octubre de 2019

Guatemala: Sus tiempos siempre recios

El 8 de octubre recién pasado se puso a disposición de la comunidad lectora global el libro de Mario Vargas Llosa: Tiempos recios” (Editorial Alfaguara, España 2019).

Julie Abbott* / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala

Parada obligada es la visión de un autor prolífico y precedido por la fama y un Nobel, que además aspiró a ser presidente de Perú en 1990 y que tenemos que considerar una figura política informada y reflexiva. Se trata de sus letras hoy, en 2019, sobre hechos determinantes alrededor de la situación política de Guatemala a partir de  1944- y corre.  De la última página del libro -en la cual ya el narrador ha sido entrevistador y se erige primera persona - cito“ … la intervención norteamericana en Guatemala retrasó decenas de años la democratización del continente y costó millares de muertos, pues contribuyó a popularizar el mito de la revolución armada y el socialismo en toda América Latina.  Jóvenes de por lo menos tres generaciones mataron y se hicieron matar por otro sueño imposible, más radical y trágico todavía que el de Jacobo Árbenz”.

sábado, 19 de octubre de 2019

Guatemala: trabajando arduamente para Mario Vargas Llosa

El escritor peruano Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura, acaba de publicar una novela inspirada en los acontecimientos que, en 1954, dieron al traste en Guatemala con el gobierno democrático de Jacobo Árbenz Guzmán: “Tiempos recios”.

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA- Costa Rica

El relato de Vargas Llosa lleva de la mano al lector por los laberintos de una conspiración nacida de las entrañas de la compañía transnacional bananera United Fruit Company, la CIA y la atrasada oligarquía guatemalteca, que no pudieron tolerar las más mínimas reformas democráticas que permitieran modernizar al país, entre ellas una reforma agraria que no hacía sino expropiar, con compensación económica, tierras ociosas que las masas indígenas y campesinas necesitaban entonces –y necesitan aún ahora- para acceder a un mínimo de recursos para producir y subsistir.

“Tiempos recios”, Vargas Llosa contra la ultraderecha

Vargas Llosa coincide con la izquierda guatemalteca al decir en "Tiempos Recios"  que el derrocamiento de Arbenz -a partir de la mentira de su supuesto comunismo-,  no solamente jodió a Guatemala sino a América Latina entera.

Carlos Figueroa Ibarra / Especial para Con Nuestra América
Desde Puebla, México

Este fin de semana  he devorado la última novela de Mario Vargas Llosa titulada Tiempos Recios.  Es harto conocida la postura derechista del gran escritor, aunque su pensamiento conservador no lo lleva a la ultraderecha. Neoliberal y demócrata schumpeteriano, es demasiado inteligente como para compartir los dogmas anticomunistas de la ultraderecha guatemalteca. Tiempos Recios tiene como contexto el derrocamiento de Jacobo Arbenz Guzmán en 1954. Décadas enteras la ultraderecha ha justificado tal derrocamiento calificando a Arbenz de “comunista”. La novela tiene el mérito de refutar en el plano literario semejante estupidez, refutación que la historiografía seria se ha encargado de hacer desde hace muchos años, por ejemplo Shatered Hope (1991) de Piero Gleijeses.

sábado, 27 de julio de 2019

Mario Vargas Llosa: "cavernario, bobo y esquizofrénico" y sus presidentes mediocres

El 19 de julio pasado, en la inauguración de la 24 Feria Internacional del Libro de Lima, el escritor peruano y Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, criticó al Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, tildándolo de Dictador Mediocre, a lo que precisaremos algunas reflexiones.   

José A. Amesty R.  / Especial para Con Nuestra América
Desde Caracas, Venezuela
Vargas Llosa y el presidente peruano Martín Vizcarra.

No vamos a referirnos al primer término Dictador, porque ya está harto explicado y conocido que el Presidente Nicolás Maduro Moros triunfó en elecciones directas, universales y secretas, el 20 de mayo de 2018, con el 68% de los votos, por lo que es un mandatario constitucionalmente electo y legal.

sábado, 21 de marzo de 2015

Aquelarre vargallosiana contra América Latina

Ganado por el Imperio a través de jugosos premios y otros reconocimientos laudatorios, el autor de “La casa verde”, cambió de color, y pasó a formar parte de la cohorte de la Casa Blanca desde fines de los 60 y se afirmó en ese signo equívoco con el tiempo. Hoy, es casi el autor preferido por las fuerzas de dominación  que lo usan a su antojo para perpetuar el control colonial sobre Estados Vasallos.

Gustavo Espinoza M. (*)/http://nuestrabandera.lamula.pe

“El nuevo mundo es nuestra Patria;  su historia, es la nuestra, y es en ella que todos nuestros deberes esenciales, nuestros más caros intereses, nos obligan a examinar y a considerar atentamente el estado de nuestra presente situación y de las causas que en ella más han influido”.
Juan Pablo Viscardo y Guzmán. “Carta a los Españoles Americanos”,  París 1799

En los próximos días, la Universidad de Lima -uno de los entes académicos privados de la ciudad capital- será escenario de un nuevo “encuentro por la libertad” organizado por Mario Vargas Llosa. Esta cita -llevada a la práctica antes- tiene -también desde antes- un sólo propósito: atizar el odio contra el proceso emancipador de América Latina.

Acudirá, sin duda,  la crema y nata de la gusanería continental teniendo como primera agonista a la esposa de Leopoldo López, un contra revolucionario venezolano encarcelado en su país por alentar y urdir acciones terroristas de innegable factura.

sábado, 7 de marzo de 2015

El marqués y sus molinos de viento

La ceguera blanca del ensayo de José Saramago es la ceguera del marqués. Fama, arrogancia y su alineamiento a los grupos de poder lo hace víctima de sus propios fantasmas y ruindades, que al final es algo de lo que cada uno de nosotros y nosotras podríamos tener, pero no con la vil e ilustrada genialidad con la cual se maneja el marqués al servicio del imperio de la acumulación y culto al capital.

José Toledo Alcalde / Especial para Con Nuestra América
Desde Estados Unidos

Mario Vargas Llosa
La mayor virtud del literato es el haber hecho de la vida un escenario paralelo de existencias en donde la ficcion y la realidad se entrecruzan hasta no más saber cuál es cual y en tremenda aventura logra trasportar nuestra imaginación a niveles indescriptibles de experiencias en los océanos profundos de la subjetividad y objetividad. Es así como el fabuloso imaginario del Manco de Lepanto nos colocó en uno y mil escenarios de inagotables senderos de dulzura y sabiduría. Los molinos de Don Quijote, sus monstruos, aquellos a quien tenía que vencer a como dé lugar fueron desenmascarados permanentemente por el buen Sancho Panza, escudero, antítesis del caballero, de la nobleza enloquecida en sus absurdas fantasías. Que gran enigma de la historia permitirnos ser testigos de una quijotesca realidad, la políticamente desbalanceada y como siempre ilustradas fantasías conspiratorias del escribidor el Marqués Mario Vargas Llosa.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Sir Vargas Llosa: Por quién doblan sus hurras

¿Por quién o quienes suenan sus hurras, cual campanas ensordecedoras, Sir literato, por Escocia o por los archimillonarios que cuentan con centenas de propiedades y compañías en dicho país?  Es así como creo que con teorías lo único que hace es confirmar el tipo de Perú, civilizado y democrático, que usted quería cuando se postuló como candidato a la presidencia por su extinto partido político Movimiento libertas (1987).

José Toledo Alcalde / Especial para Con Nuestra América[1]

Nemo me impune lacessit ("Nadie me ofende impunemente")
Lema oficial, Reino de Escocia

Mario Vargas Llosa (de Mechaín Doroteo)
Aún en el clima del referéndum sobre la independencia de Escocia de las arcas políticas y fiscales de la Gran Bretaña, el premio nobel de literatura Mario Vargas Llosa (mencionado de otras maneras posteriormente) no se hizo esperar y manifestó su parecer al respecto, lo cual es absolutamente respetable, pero en esta oportunidad me permito algunas líneas de reflexión lo cual podría parecer una falta de respeto a la investidura del Sir literato.

La postura liberal del laureado Vargas Llosa no es secreto, ni menos aún material de información implícito. Las decenas, sino centenas, de sus opiniones en favor del modelo político-económico liberal son publicados en los últimos años por diarios como el español El País y últimamente el peruano La Republica. En un mundo de relaciones comunicacionales maniatadas por medios de prensa e información en donde el acceso es cuidadosamente editado  y no pocas veces transformado en favor de intereses de megas corporaciones financieras y económicas, es un “lujo” referirnos a opiniones de primera mano cómo los escritos del Nobel.

sábado, 18 de diciembre de 2010

La libertad de Vargas Llosa

El literato devenido estos días en un gran publicista de la ‘libertad’, “ignora” que en las calles de Estocolmo, Washington, Londres, Paris, Madrid y en cientos de ciudades más, el grito de libertad por los Cinco se abre paso exigiéndole justicia a una de las democracias liberales “ejemplares” del mundo.
Abner Barrera Rivera / AUNA-Costa Rica
En las últimas semanas, a propósito del otorgamiento del Premio Nobel de literatura, los grandes medios han saturado al mundo con imágenes de Vargas Llosa, presentándolo como un paladín de la libertad. Ha sido tan abundante la publicidad en ese sentido, que la gente no sabe si le otorgaron el Nobel por la literatura producida o por ser un predicador del neoliberalismo. Hasta donde se conoce no existe Premio Nobel para este último oficio.
Basta un vistazo a las noticias sobre el peruano-españolizado para comprobar que a la par de su foto aparece siempre la palabra libertad. De esa forma, lo que el poder mediático pretende presentar es que, Vargas Llosa es sinónimo de libertad; algo que él mismo cree. Para todos es conocido cuáles son los intereses que defienden los grandes medios y qué reflejos condicionados se proponen producir con eso. En este tiempo donde reina la gran crisis financiera internacional como resultado de la aplicación por varias décadas de las recetas de la economía de mercado, aparece el galardonado Vargas, repitiendo como una grabadora descompuesta, que la libertad es el camino de la prosperidad. En cualquier país donde los gobernantes no sigan el modelo económico sacrificial –de seres humanos y de la naturaleza- del capitalismo salvaje, Vargas vocifera ante las cámaras para pedir libertad y acusar a esos gobiernos de ser enemigos de la humanidad.
A propósito de su presencia en la capital sueca para cumplir con los rituales de la premiación, Vargas aprovechó su discurso ante los medios de todo el mundo, para presentarse como un liberal redentorista y un defensor de la democracia liberal en el mundo. Estocolmo fue la cresta de la ola, desde donde sintiéndose en la gloria, levantó la voz contra algunos gobiernos que no son de su simpatía. Aunque el título de su discurso “Elogio de la lectura y la ficción”, parecía anunciar que abordaría asuntos de la literatura, sin embargo se dedicó a hablar de política, de forma sectaria y fundamentalista, mostrándose así un Vargas cautivo de sus ideologías vetustas.
Semejante a otros trasnochados publicistas de la caverna internacional, no pudo faltar en su perorata la referencia calumniosa a la Revolución Cubana, colocándose así en el mismo antro de los mafiosos de Miami como Orlando Bosch, Posada Carriles o Carlo Alberto Montaner; al igual que ellos, se puso de lado de los asalariados contrarrevolucionarios financiados por la SINA en La Habana (¿Tan bajo puede caer un Premio Nobel?). Pero además de atacar a Cuba, el catequista neoliberal se refirió también a los gobiernos de Venezuela y Bolivia tratándolos de seudo democracias. El tipejo vive tan despistado en Europa, que “no se ha informado” que en estos tres países latinoamericanos, a pesar de la feroz campaña desatada contra sus gobiernos por parte del imperialismo yanqui, la derecha internacional, las oligarquías y los grandes medios, sus gobernantes gozan de un amplio respaldo popular. Pero como se trata de gobiernos dignos, que han escogido su propio camino, sin la tutela de los Estados Unidos, entonces el lenguaraz de la libertad, aprovecha para calumniarlos.
El discurso de Vargas reiteradamente alude a la defensa de la democracia, los derechos humanos y las libertades. Si Vargas realmente creyera y estuviera comprometido con lo que habla, tendría que condenar la falta de libertad y la violación de los derechos humanos en países que dicen ser modelos de democracias liberales como los Estados Unidos, Inglaterra, Francia o España, pero lo que él hace es invisibilizar los fracasos de las políticas neoliberales en esos países.
El predicador de la libertad por andar aislado en su propio papamóvil no ha escuchado el grito de libertad que recorre el mundo, no sólo en los países del sur, sino también en los del norte donde él suele radicar; se trata de la lucha por la libertad de los Cinco héroes cubanos presos en las cárceles de los Estados Unidos. Vargas no ha leído en los grandes medios -en los cuales él escribe- que el Gobierno cubano entregó al FBI pruebas irrefutables de los planes de atentados y sabotajes de los grupos terroristas de Miami contra la dirigencia y las instalaciones de la Revolución Cubana, y que el Gobierno de los Estados Unidos en lugar de colaborar en el desmantelamiento de esos grupos terroristas, respondió deteniendo a los Cinco y acusándoles sin ninguna evidencia de espionaje y de poner en peligro la seguridad de los Estados Unidos. Vargas no puede enterarse de esto en los grandes medios, porque las llamadas democracias liberales que él defiende, promueven un periodismo parcial que no tolera, que democracias populares como la de Cuba, pongan en jaque al imperio por su doble rasero en la lucha contra el terrorismo.
El literato devenido estos días en un gran publicista de la ‘libertad’, “ignora” que en las calles de Estocolmo, Washington, Londres, Paris, Madrid y en cientos de ciudades más, el grito de libertad por los Cinco se abre paso exigiéndole justicia a una de las democracias liberales “ejemplares” del mundo.
Hay que informarle al laureado Vargas que a ese grito de libertad se han sumado varios premios Nobel, que no han sido obnubilados por el galardón, sino que han puesto ese reconocimiento público al servicio de una causa tan noble y humana como es la lucha por la libertad de los Cinco cubanos. Entre ellos figuran Zhores Alferov; José Ramos Horta; Adolfo Pérez Esquivel; Máiread Corrigan Maguire; Rigoberta Menchú; Wole Soyinka; Nadine Gordimer; Darío Fo; José Saramago y Günter Grass. Estos cinco últimos son premios Nobel de Literatura.

Los desmanes del Nobel

Leer el discurso de aceptación del novelista lo obliga a uno, forzosamente, a tener que contrastarlo, compararlo con su obra, y nos da idea de la distancia que media entre el brillante narrador -capaz de hacernos ver el sentido y las trágicas, dramáticas o cómicas dimensiones de la realidad latinoamericana- y el acomodado pequeño burgués de Arequipa.
Guillermo Rodríguez Rivera*
Agradecemos el envío de este texto al Dr. Nils Castro Herrera
Los tiempos cambian y a veces no es para progresar.
Hay quien dice que Suecia, la única socialdemocracia que lo era de veras, -cuando todas las demás que usaban el nombre se escoraban a la derecha- es ya un encubierto miembro de la OTAN.
Han pasado los tiempos en que el partido de Olof Palme gobernaba conjuntamente con los comunistas y en el que Suecia era el único gobierno del occidente europeo que se permitía acoger a los jóvenes norteamericanos que quemaban su tarjeta de reclutamiento para no ser enviados a matar (o a morir) en las selvas de Vietnam, en la primera guerra que perdieron los Estados Unidos, porque nunca tuvieron ni siquiera una consigna con la que justificarla ante su pueblo.
Las cosas se han puesto peor desde que desapareció la Unión Soviética, ciertamente más hija de su padrastro Stalin que de su padre Lenin, pero que era una izquierda beligerante que permitía la existencia de otras, porque había izquierdas. Los Estados Unidos ahora muestran abiertamente que se sienten capaces de hacer lo que quieran, sin que nada ni nadie interfiera.
En Europa se está acabando todo: la izquierda ya no tiene casi partidarios (ni partidos) y como desapareció esa amenaza a la vieja burguesía y el fantasma de recorrido se ha mudado a otros sitios, va desapareciendo también la “sociedad de bienestar”, que era la vitrina para evitar que los desvariantes cayeran en manos de algún hijo de Marx.
Los nuevos paquetes que la UE acuerda con los administradores yanquis del FMI se aplican a los más pobres dentro de los privilegiados países de Europa: a griegos e irlandeses, al menos por ahora. Pero aunque sea por partes, el paquetazo neoliberal se va extendiendo: empiezan a retrasar la edad de la jubilación, a bajar las cuantías de las pensiones, a liquidar la seguridad social, a aumentar el desempleo.
Porque eso que empieza a perderse, aunque los europeos no lo sepan, era también una consecuencia de la existencia del comunismo que ellos se permitían el lujo de mirar de arriba abajo, sin sospechar el bien que les hacía.
Ahora Suecia les da asilo a los disidentes cubanos y su fiscalía acuerda con la Interpol la persecución, con alerta roja –como si fuera Martin Bormann o Jack The Ripper– del australiano Julian Assange, por fornicar con dos suecas amigas, dicen ellas que sin condón.
Ahora no hay reclutamiento obligatorio y “patriótico” en las fuerzas armadas estadounidenses. Los hijos de los millonarios ya no tienen que ir –o hacer como que van– a cumplir ese deber. Algunos cumplían y otros no: John F. Kennedy fue un valiente teniente en la Segunda Guerra Mundial; George W. Bush se pasó la de Vietnam entre los soldados de su padre en el estado de Texas, bebiendo whisky y dejando correr los años de peligro para luego encaramarse en la silla presidencial y mandar a los jóvenes a la guerra, cuando el supo esconderse muy bien de la suya. Ahora los soldados son los pobres, que arriesgan la posibilidad de morir no por patriotismo, sino por el salario que les pagan.
Acabo de leer –lo tengo ante mí– el discurso con el que Mario Vargas Llosa aceptó el Nobel de literatura que le fuera conferido por la obra de toda su vida.
Quisiera empezar diciendo que soy un declarado admirador del escritor Mario Vargas Llosa: lo sigo desde su temprana La ciudad y los perros y de aquella excelente noveleta titulada Los cachorros, que Casa de las Américas editó en los años sesenta. He accedido, como he podido, a sus novelas a pesar de que en Cuba no se editan.
Soy un decidido opositor de la idea de que los escritores que se han convertido en enemigos de la Revolución Cubana, no deben ser editados en nuestro país. Algunas personas entienden que esa exclusión es un castigo a nuestros enemigos ideológicos. Yo no lo veo así: creo que se castiga a los lectores cubanos cuando dejan de leer páginas excelentes: la medida, para nada afectará al escritor en cuestión. Tampoco sé si Vargas Llosa, como han hecho García Márquez o Julio Cortázar, amigos de la Revolución Cubana, cedería los derechos de sus novelas para ser editadas en Cuba, pero creo que el gran público lector que tenemos disfrutaría obras como La fiesta del chivo, apasionante crónica de la conspiración que puso fin a la vida del tirano dominicano Rafael Leónidas Trujillo.
Leer el discurso de aceptación del novelista lo obliga a uno, forzosamente, a tener que contrastarlo, compararlo con su obra, y nos da idea de la distancia que media entre el brillante narrador -capaz de hacernos ver el sentido y las trágicas, dramáticas o cómicas dimensiones de la realidad latinoamericana- y el acomodado pequeño burgués de Arequipa (elevado a burgués por su talento, su vanidad y sus temores) que abjuró no ya de la Revolución Cubana, sino de cualquier modalidad de marxismo o socialismo, para ser el escritor “admitido” al que celebra el mundo burgués de este tiempo, porque esa propia abjuración es el gran requisito para su admisión, mucho más que la excelencia de su prosa.
El marxista que fuera en su juventud nunca pretendió buscar otra lectura de Marx que se apartara del verticalismo soviético asumido por la Revolución Cubana: su desencanto lo llevó directamente a engrosar la momificada colección de demócratas liberales que han sido y que han sumido a la América Latina en esa subordinación a los intereses norteamericanos que pobló nuestros países de las dictaduras que el novelista dice despreciar, pero que eran la salida a la que los buenos demócratas liberales y sus jefes norteamericanos echaban mano cuando los pueblos se les ponían indóciles.
Don Mario dice repudiar esas tiranías –gestada la de Pinochet por el demócrata liberal Kissinger– aunque reverencia a sus propulsores. Don Mario, en fin, no fue el revisionista que busca otra verdad en la revolución, sino el arrepentido que abandonó la plaza de la tía Julia para irse al salón de la prima Patricia; el claudicante que, aunque persistan la explotación y las injusticias sociales que vio en su juventud, regresa al conformista redil de los demócratas liberales: no hay nada que hacer sino mantener la alternancia de gobiernos que protegen los privilegios de los de arriba, que son el verdadero poder.
De dientes para afuera se indigna porque América Latina ha incumplido con la emancipación de sus indígenas pero, como una Malinche andina, considera una “seudodemocracia payasa” el gobierno de Evo Morales en Bolivia, uno de los pocos regímenes democráticos del país donde mayor número de golpes militares han ocurrido en el mundo, en el que existe una feroz oligarquía que no ha podido socavar el abierto apoyo popular a Evo.
Que yo sepa, el presidente boliviano nunca se ha propuesto escribir una novela como La casa verde. Acaso intentar ese propósito que no conseguiría, sería una bufonada del dirigente sindical cocalero, pero esa bufonada es hipotética. La payasada de Mario Vargas Llosa sí tuvo lugar, cuando aspiró a la presidencia de Perú y fue vapuleado nada menos que por Alberto Fujimori. Acaso de esa desastrosa aventura presidencial provenga la herida no cicatrizada del novelista, y también la envidia que el político Evo Morales le provoca.
Don Mario irá a codearse en la historia política peruana –no rebasa ese localismo– con Prado Ugarteche, Belaúnde Terry, Alejandro Toledo y el diz que aprista Alan García. En su discurso sueco, menciona al nunca desmentido marxista que fue César Vallejo, quien seguramente se revolvería en su tumba de Montparnasse si lo escuchara. Sólo le faltaría invocar a José Carlos Mariátegui para que la comedia fuera perfecta.
Haydee Santamaría lo liberó de la farsa de mencionar al Che, y el ego de Don Mario nunca pudo perdonárselo. Ahí está el verdadero punto de quiebre del hispanoperuano: hasta ahí llegaron sus ínfulas de revolucionario. A ver quién logra liberarlo de citar al autor de España, aparta de mí este cáliz.
Recordaremos siempre al excelente narrador que es Mario Vargas Llosa. Se nos irá al basurero el adocenado político que se ha empeñado en ser. Quizás ahí le hubiera sido útil el consejo de su prima-esposa, que él mismo entiende como el mayor elogio que ha recibido: “Mario, para lo único, para lo que tú sirves es para escribir”.
*Guillermo Rodriguez Rivera es poeta y profesor titular de la Universidad de La Habana, en la Facultad de Letras y Arte.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Mario Vargas Llosa: egocentrismo y exabruptos de la intelectualidad neoliberal

A Mario sólo le interesan los espantos y fanatismos de un signo, a los que “hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos”, pues esos pocos terroristas “quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización” ¿A qué libertad y civilización se refiere? ¿Quiénes somos “nosotros”?
Gilberto López y Rivas / Rebelion
En memorable discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa volvió sobre sus pasos trillados en los ámbitos de la política y la reiteración autobiográfica, que con prosa impecable demuestra que fue y sigue siendo un hombre elegido para trascender su medio y enseñar al mundo que el sino del intelectual latinoamericano es ser marxista de joven y reaccionario de viejo, eso sí, laureado y adulado por la derecha cosmopolita y neoliberal a la que defiende y admira.
Del universo infantil y juvenil, en el que todo ayuda para forjar su destino literario y superar haber nacido en un país de “pobres y analfabetos”, Vargas Llosa pasa pronto en el corpus del discurso al mensaje de la ideología y la política. Así, se horroriza de que vivamos –según él— en una época en la que los espantos son los fanáticos, los terroristas suicidas que se sienten “poseedores de verdades absolutas”, sin mencionar, claro está, a esos otros terroristas de Estado, también convencidos de su verdad absoluta, que por su poder inconmensurable poseen una capacidad infinita de destrucción que puede aniquilar un país, como Irak, con sus millones de muertos, lisiados y desplazados. No, a Mario sólo le interesan los espantos y fanatismos de un signo, a los que “hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos”, pues esos pocos terroristas “quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización” ¿A qué libertad y civilización se refiere? ¿Quiénes somos “nosotros”?, la respuesta viene enseguida:
“Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando a la vida feral y acercándonos –aunque nunca llegaremos a alcanzarla—a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que sólo inventándola, escribiéndola y leyéndola podemos merecer. Enfrentándonos a los fanáticos homicidas defendemos nuestro derecho a soñar y hacer nuestros sueños realidad”. (Mario Vargas Llosa. Elogio de la lectura y la Ficción, Discurso Nobel, 7 de diciembre de 2010, Fundación Nobel 2010).
Curiosamente, como uno de los ejemplos de “democracia liberal” que pone nuestro insigne escritor, se encuentra México, país que en menos de dos décadas ha sufrido dos grandes fraudes electorales que han imposibilitado la llegada a la presidencia de la izquierda institucionalizada; con un 50 % de la población viviendo en pobreza alimentaria, patrimonial y extrema; con 30 mil muertos en los cuatro años de la presidencia usurpada por Calderón, otro demócrata liberal, quien con la cobertura de una “guerra contra el narcotráfico” ha llevado a cabo una limpieza social de jóvenes y pobres, como en Colombia, otro de los ejemplos de Mario; con cientos de desapariciones forzadas, presos políticos y criminalización de la protesta social; un país sumido en la vorágine de la violencia del crimen organizado y del Estado, que no son sino las dos caras del terrorismo neoliberal. ¿Pluralismo político? ¿Convivencia y tolerancia? ¿Derechos humanos? ¿Legalidad, elecciones libres, alternancia en el poder? Sí, claro, sólo en la literatura…de Vargas Llosa.
Después de hacer el necesario recorrido de su vida como marxista decepcionado por la variante estatista y burocrática del socialismo soviético, atacar a la Revolución Cubana y describir su tránsito al demócrata y liberal que es; una vez que nuestro escribano –en la Francia deslumbrante-- pasa del aldeanismo utópico literario al cosmopolitismo científico, Mario vuelve a la carga de su misión como apóstol de la democracia liberal, reiterando que Cuba es una dictadura y “su candidata a secundarla, Venezuela”, donde por cierto en viaje no hace poco pudo expresar libremente todo su odio antichavista, sin sufrir cárcel o deportación; califica a Bolivia y Nicaragua de “seudodemocracias populistas y payasas”, ah, pero eso sí, “en el resto del continente, mal que mal, la democracia está funcionando, apoyada en amplios consensos populares”.
En sendos párrafos explica de por qué siendo peruano de origen se acoge a otra nacionalidad, elogia a las “damas de blanco” en Cuba, los “resistentes venezolanos”, se queja de los gobiernos que son complacientes con los verdugos de estos “luchadores por la libertad” y, en su papel de criollo, ahora en misión indigenista, se autocritica por que la “emancipación de los indígenas es una responsabilidad exclusivamente nuestra y la hemos incumplido”, olvidando convenientemente que esas “victimas” que esperan la nueva salvación del liberalismo democrático, sin pedir permiso, están transitando por los caminos de la autonomía y la libre determinación.
En el ámbito de lo privado y para complacencia de las diversas corrientes del feminismo, es de antología la descripción de su esposa como la persona que “hace todo” para que el genio escriba, sin molestias engorrosas de la vida cotidiana que sufren de los demás mortales.
Vargas Llosa, ahora con el blasón del Nobel, con sus fieles escuderos, su vástago de mismo nombre, más otros intelectuales, que sin su talento literario le acompañan frecuentemente en estas lides, seguirá embistiendo desde los innumerables pulpitos a su disposición, a los molinos de viento del “totalitarismo de izquierda”, como moderno Quijote neoliberal en lucha permanente contra los demonios de la democracia.

sábado, 23 de octubre de 2010

Vargas Llosa y sus panegiristas

La libertad que defiende Vargas Llosa es la libertad del capitalismo, que sacrifica al ser humano y a la naturaleza en el altar del mercado. No hemos visto en estos últimos lustros que este “paladín de la libertad” haya hecho la más mínima objeción a gobiernos autoritarios, corruptos y violadores de los derechos humanos, como por ejemplo el de Álvaro Uribe en Colombia.
Abner Barrera / AUNA-Costa Rica
La reciente concesión del Premio Nobel de Literatura a Vargas Llosa recibió el espaldarazo mediático que desde hace varios años tenía el júbilo contenido. Muchos de los que hoy, desde los grandes medios halagan su premiación no lo hacen por las novelas del autor, sino porque siguen los mismos senderos políticos de Vargas. Ejemplos de esto lo encontramos en las recientes intervenciones de un par de cortesanos del laureado: el terrorista Carlos Alberto Montaner y el populista Alan García Pérez.
El primero de ellos, vinculado desde principio de los años sesenta a la Agencia Central de Inteligencia (CIA), con un largo historial terrorista que desde Miami y Madrid alienta, organiza y financia todo tipo de ataques contra los gobiernos de Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador. En el 2009 defendió abiertamente el golpe de Estado de Roberto Micheletti en Honduras y recientemente -30 de septiembre- el frustrado golpe de Estado en Ecuador.
El desvarío y cinismo del agente Montaner es tan descomunal, que al presentar a su amigo como un “fenómeno extraliterario” lo exhibe como mesías y defensor de la libertad en América Latina. ¿Quién es ese Vargas Llosa del que habla el publicista Montaner? La historia latinoamericana no registra su adhesión por ninguna parte con los condenados y oprimidos de nuestros pueblos. La libertad que defiende Vargas, es la libertad del capitalismo, que sacrifica al ser humano y a la naturaleza en el altar del mercado. No hemos visto en estos últimos lustros que, este “paladín de la libertad” que el terrorista adula, haya hecho la más mínima objeción a gobiernos autoritarios, corruptos y violadores de los derechos humanos como por ejemplo el de Álvaro Uribe en Colombia. Por el contrario la defensa de la libertad que pregona Vargas ha sido la de sus reiterados ataques a los gobiernos democráticos y populares como Venezuela, Bolivia y Ecuador; la libertad de este “fenómeno extraliterario” ha sido la de ponerse al servicio de las turbas reaccionarias de la derecha millonaria en estos países.
Por eso sus séquitos se rasgan las vestiduras, cuando Evo Morales Presidente de Bolivia afirma que, los premios Nobel nunca les serán otorgados a los anticapitalistas o antiimperialistas. Para Morales, el premio Nobel de Literatura este año fue concedido a un personaje caracterizado por sus reiterados ataques a él y a su Gobierno (en la misma línea política trazada por Washington). En breve: se ha premiado a un predicador del neoliberalismo, distinguido por inmiscuirse en asuntos internos de países contrarios a los dictados de Estados Unidos. Es conocido -y también ridículo-, que el ataque de Vargas a Evo Morales empezó, cuando éste una vez elegido en el 2005 Presidente se rehusó a usar saco y corbata; pequeños detalles que incomodaron al hombre de la cultura y las letras.
Ha sido el populista García Pérez, actual Presidente del Perú, quien ha salido en defensa del españolizado Vargas, diciendo “Estoy seguro que de literatura no le van a dar el premio Nobel de ninguna manera a mi amigo Evo Morales; quizá el premio Nobel de la constancia para ser candidato y presidente, o el premio Nobel de la reelección, puede ser”. La intervención de García es pasional y envidiosa, porque mientras Morales está facultado por la Constitución, para postular a una reelección inmediata en el 2014, García no, porque la Constitución peruana no se lo permite. Y a eso se suma que, mientras Morales tiene más del 57% de aprobación de su gestión, García sólo cuenta con un 31%.
Enfurecido el otrora autoconsiderado antiimperialista, pero hoy acérrimo administrador del capitalismo salvaje, defiende a Vargas, espetando: “Resulta un absurdo querer ofender a Vargas Llosa, y como Presidente del Perú y a nombre del pueblo del Perú, levanto eso que me suena a calumnia, a casi una infamia (…) a Vargas Llosa no le llegan esos calificativos”. Lo que pretende García es crear una cortina de humo, tratando de mostrar que entre él y Vargas existen buenas relaciones. Resulta que hace un mes, el “fenómeno extraliterario” renunció a seguir presidiendo el Museo de la Memoria en Lima; en una carta dirigida a García, protesta por el decreto 1097, que Vargas califica como "amnistía disfrazada" en favor de militares acusados de violar derechos humanos. Con ese decreto el Gobierno de García se proponía beneficiar al ex presidente Alberto Fujimori (quien derrotó a Vargas en las elecciones presidenciales de 1990) y a Vladimiro Montesinos, su ex jefe del Servicio de Inteligencia.
Como puede evidenciarse, en esa fiesta de ciegos de la derecha cavernaria, todos bailan la misma música, pero cada uno con su propio pañuelo y, queriendo o no, se delatan mutuamente.