sábado, 15 de mayo de 2021

Argentina: Un huracán llamado Eva

 La muerte de Evita fue un antes y un después en la vida de la inmensa mayoría de los argentinos. Nada volvió a ser igual. Lentamente el viudo general se fue desmoronando y el movimiento justicialista erosionado en sus partes esenciales.

Roberto Utrero Guerra / Especial para Con Nuestra América

Desde Mendoza, Argentina


En tiempos negros colmados de covidiotas negadores de la verdad más concreta y evidente, vuelve con cada militante de la vida el recuerdo inmortal de Eva Perón, esa mujer extraordinaria que este mes hubiera cumplido 101 años. Sin embargo se fue a los 33, como Cristo, destrozada por un cáncer fatal, que los contreras vivaban con carteles. Amada y odiada como a ninguno, por mujer, por inteligente, por apasionada, por audaz, trasgresora y defender a los humildes como nadie lo hizo jamás en este país.

 

Si el peronismo es un sentimiento, ese sentimiento candente vino de Eva, capaz de dejar los terribles dolores de su enfermedad para contestar miles de cartas de puño y letra de quienes solicitaban ayuda a la Fundación que llevaba su nombre y poder colaborar con los miles y miles de habitantes que acudían a ella. En apenas seis años, su intervención logró progresos extraordinarios en la sociedad, como el voto femenino en 1947, la participación activa de la mujer en el Congreso o la gira por Europa que la instaló en el escenario mundial.

 

Su paso victorioso por la España franquista, le trajo dolores de cabeza al Caudillo aunque supo aprovechar la popularidad de Eva para plebiscitar y reafirmar su dictadura. La primera dama argentina le escapaba a Carmen Polo, esposa del tirano que deseaba envolverla en visitas monumentales, mientras ella quería ver los barrios humildes y conversar con los trabajadores. De allí que pensara que, en el espacioso y vacío palacio de El Escorial en que la alojaron, podían hacer un orfanato para los niños víctimas de la guerra civil. Vaya audacia. Cabe recordar que intercedió por la militante Juana Doña Jiménez, condenada a muerte a través de una carta que le entregó el niño, hijo de la condenada que fue indultada por la acción de Eva.

 

Así de simple e irreverente era ella que, en su corta estancia de veinte días supo ganarse el afecto del pueblo español. Miles de ellos fueron a despedirla al aeropuerto, agradecidos, sabiendo que mejorarían su pobre alimentación diaria, con el trigo y el maíz venidos de Argentina.

 

Un año después fundó la Fundación que llevaría su nombre y quedaría grabada en el corazón de millones de argentinos sacados de la miseria por ese huracán humano. Desde allí y bajo su estricta supervisión se construirían hospitales, escuelas, barrios, para que los trabajadores pudiesen vivir en esos chalecitos californianos que veían en el cine, con parqué de roble de Eslovenia. 

 

Los niños serían los privilegiados desde entonces, pudiendo tener juguetes gratuitos y participar de actividades deportivas desde donde salieron muchas figuras importantes de nivel internacional.

 

Las escuelas hogar siguen siendo un monumento vivo, un testimonio único de redistribución de la riqueza de un Estado de Bienestar que conoció su época de gloria con el peronismo y que el odio oligarca no ha podido erradicar a pesar de los bombardeos, asesinatos y persecuciones emprendidos desde 1955 en adelante y continúan sus herederos y beneficiarios.

 

Había nacido un 7 de mayo – mes de la gloriosa Revolución que dio nacimiento a la patria – en Los toldos, (la toldería del cacique Coliqueo desde 1860), un pueblo en el que aún recalaban los indios desplazados del genocidio civilizatorio efectuado por el ejército nacional; un pequeño caserío cercano a Junín, de cuyo fortín había sido comandante el Coronel Borges, abuelo de Jorge Luis, el célebre escritor. Quinta hija de una relación venida a menos, cuyo progenitor no quiso darle el apellido que llevaban sus otros hermanos y tuvo que llevar el materno, Ibarguren.

 

De Juana Ibarguren heredó su bella estampa y su blanquísima piel y una laboriosidad incansable. Su oficio de costurera sacó a la familia adelante cuando murió el estanciero Juan Duarte, su viejo amante, dejó de pasarles dinero. Tal vez por eso, cuando tuvo la Fundación sabía que una máquina de coser Singer era la tabla de salvación para cualquier mujer del interior del país.

 

De su abuela Petrona Núñez, retuvo el coraje de soldadera, de mujer de armas tomar en la frontera contra el indio, hablando de igual a igual. De su desconocido progenitor, vaya a saber qué desencuentros. Tal vez su irreverencia y rebeldía abrevaba en esas fuentes.

 

Esa mujer bastarda, pobre y puta, como la identificaban sus detractores, supo enjoyarse y enrostrarles su bronca a las damas de sociedad que ejercían la beneficencia, (todo el horror de la lástima) en sus celebrados tés canasta para recaudar fondos. Su sola presencia fue una afrenta insoportable para ellas, todas de doble apellido, enfrentarse a la actriz, primera dama, por juventud, belleza e inteligencia que supo gritarles sin pelos en la lengua, su dependencia añeja al patriarcado arraigado en la sociedad.

 

Mi memoria personal está marcada a fuego con su muerte. No había cumplido cinco años cuando escuché la sirena anunciando su deceso. Nos paralizamos todos, chicos y grandes. Eran las 20,25 del 26 de julio de 1952. Hora en que “la abanderada de los humildes pasó a la inmortalidad” como anunciaron las radios que a partir de ese momento y por quince días, solo pasaron música sacra. 

 

Un manto de tristeza cayó sobre los habitantes del inquilinato en que vivíamos con mi familia. Los llantos y gritos arañaron el cielo de esa noche de invierno, plomiza y lluviosa. Todo el pobrerío estuvo de duelo porque se había muerto la madre protectora. Al día siguiente las banderas de los edificios públicos aparecieron a media asta con un crespón negro y se improvisaron velatorios, uno de ellos en el Hospital Provincial Emilio Civit, donde mi tía se desempeñaba como caba enfermera. Todos sin distinción de rango hacían guardia las veinticuatro horas.

 

Años más tarde y antes de salir de la escuela industrial, cuando ingresé al Ferrocarril, aprendí que los ferroviarios teníamos ADN peronista; porque el General había nacionalizado los Ferrocarriles en 1948, explotado sobre todo por compañías inglesas que hacían y deshacían en materia de transportes. A partir de entonces nos identificábamos como socios o socito entre los compañeros del taller de locomotoras al que ingresé como aprendiz, porque desde entonces la empresa era de todos los argentinos. 

 

Después del golpe del ’55 los tiraron al muere, el Plan Larkin fue su sentencia y comenzaron a cerrarse ramales.

 

La muerte de Evita fue un antes y un después en la vida de la inmensa mayoría de los argentinos. Nada volvió a ser igual. Lentamente el viudo general se fue desmoronando y el movimiento justicialista erosionado en sus partes esenciales. Sin corazón, ese monstruo inmenso, ese maldito hecho burgués, según lo bautizó John William “Bebe” Cooke, siguió a los tumbos como dinosaurio herido; consumido a grandes dentelladas por los sectores liberales tradicionales que impulsaban al Ejército y a la cúpula de la Iglesia, con la anuencia del imperio del norte a volver al viejo orden dependiente.

 

Las usinas del odio se abrieron de par en par para eliminar de la faz de la tierra a quien tuvo el coraje de elevar a los condenados de la tierra, por cometer el terrible pecado de igualar sus deseos con los de la burguesía. ¿Cómo un cabecita negra podía tener colonias de vacaciones o estudiar en la Universidad? Imposible.

 

El 9 de marzo de 1956 en el Boletín Oficial de la República Argentina se publica el Decreto 4161 “en defensa de la democracia”, anunciando que se disuelve el partido Justicialista en sus dos ramas y se prohíbe el uso de sus símbolos, la difusión de su doctrina y se persigue a sus dirigentes, etcétera, etcétera. 

 

El gobierno democrático reelecto en 1952, cae por las armas “democráticas” y fusiladoras. En ese mismo mes de marzo de 1956, Argentina adhiere al Fondo Monetario Internacional y solicita su primer préstamo, atándose al yugo financiero internacional funcional al colonialismo. Ese orden subalterno que intentan negar los partidos conservadores y liberales vernáculos y los medios hegemónicos disfrazan de modernización occidental. Esnobismo cipayo si los hay.

 

La Tercera Posición y la reforma de la Constitución de 1949, con el establecimiento de los derechos sociales fueron estatutos legales e ideológicos excesivamente avanzados para ser permitidos por el tío Sam y sus lacayos locales, debiendo invertir demasiado dinero para comprar conciencias y frenar los avances de los derechos adquiridos. No en vano Winston Churchill aplaudió entusiasmado el golpe, para él era la misma alegría que la victoria de los Aliados.  

 

Desafío brutal que viene siendo castigado desde el fondo de la historia por los dueños del poder. Los conquistadores esclavistas mataron a Tupac Amaru, a millones de indios rebeldes, al Che Guevara y a todo aquel que se levante en contra de sus sagrados intereses.

Tanto odio y brutalidad quedó manifiesta cuando fue violado su cadáver embalsamado y tuvo que montarse una operación secreta para hacer desaparecer el féretro de Eva por parte del Ejército y ser devuelto décadas más tarde a la familia Duarte, quien lo tiene en su mausoleo en el Cementerio de La Recoleta. 

 

No sólo hicieron eso, sino que luego le cortaron las manos a Perón, porque su ejemplo estaba más vivo que nunca. 

 

Con todo, jamás podrán parar la furia de ese huracán llamado Eva porque está en el corazón de los pobres, esa marea humana que viene desde abajo; todos los que sufren desprecio y tienen sed de justicia.

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