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sábado, 8 de abril de 2023

Desafíos latinoamericanistas del siglo XXI

 Desde que se inició la guerra en Ucrania (febrero, 2022), América Latina es una región presionada para definir posiciones alineándose con Occidente, esto es, con Estados Unidos y Europa, aliados en la OTAN. Hemos tenido experiencias similares en otros tiempos.

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda / www.historiaypresente.com

No hubo problema en apoyar a los Aliados durante la II Guerra Mundial (1939-1945), pues existió una clara conciencia contra el Eje nazi-fascista, a pesar de iniciales resistencias de grupos en países como Argentina o Brasil, por la existencia de familias provenientes de la migración alemana, que incluso adquirieron influencia social o política. En los países latinoamericanos se elaboraron “listas negras” con la guía de las embajadas norteamericanas, como ocurrió en Ecuador, en cuya lista aparecen no solo alemanes, sino también algunos italianos, varios japoneses y además ecuatorianos vinculados con ellos por razones de negocios.

sábado, 4 de febrero de 2023

Renacen ideales latinoamericanistas

 Dos acontecimientos tienen especial significación para la historia contemporánea de América Latina: la VII cumbre de la CELAC realizada en Argentina el pasado 24 de enero (2023) y las declaraciones de la comandante del Comando Sur de los EE.UU., General Laura Richardson, difundidas el día 19 (https://bit.ly/3HmP9MD), sobre las que han circulado algunas referencias con traducción al español.

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda / 
www.historiaypresente.com

La CELAC nació en 2010 como foro de los países latinoamericanos y caribeños, con exclusión de los EE.UU. y Canadá, para tratar de convertirse en alternativa a la desprestigiada OEA, que es un instrumento del americanismo monroísta. La CELAC nunca ha sido del agrado de los EE.UU. Pero su debilidad también proviene de no haberse constituido como un organismo independiente, con administración y recursos propios. 

sábado, 28 de enero de 2023

Latinoamericanismo y panamericanismo: a propósito de la CELAC

 Hay dos proyectos, que se han visto las caras en América desde los mismos inicios de nuestra vida republicana, latinoamericanismo y panamericanismo. Cada uno busca la asociación colectiva, la unidad, la marcha conjunta, pero desde el principio ha quedado claro que tienen grandes diferencias.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

El panamericanismo es, básicamente, una idea de los Estados Unidos, a quienes les interesa asociarse para sacar réditos para sus propios intereses. En esa visión, América Latina es vista como espacio en el que las grandes compañías norteamericanas tienen, como acaba de decir con gran claridad la jefa del Comando Sur, una fuente enorme de materias primas.

sábado, 25 de septiembre de 2021

La CELAC: Monroismo contra Bolivarianismo

 Las dos perspectivas sobre las relaciones norte-sur en el continente americano,  fueron expresadas claramente por el presidente Nicolás  Maduro en  la Sexta Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC).   

Carlos Figueroa Ibarra / Para Con Nuestra América

Desde Puebla, México


En el contexto de su discurso en dicha cumbre  además de enfrentarse a los ataques de los presidentes Abdo de Paraguay y Lacalle de Uruguay, las llamó “Monroismo” y “Bolivarianismo”. La perspectiva monroista de las relaciones entre Estados Unidos de América y el resto del continente: “América para los americanos (estadounidenses)”. La perspectiva bolivariana de la unidad latinoamericana: “La unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres, sino inexorable decreto del destino. Unámonos y seremos invencibles” (Bolívar). 

sábado, 4 de septiembre de 2021

Panamericanismo, OEA y un debate necesario para nuestra América

 El presidente mexicano López Obrador, en su audacia diplomática, nos enfrenta a la necesidad de abrir un debate impostergable para nuestra América: ¿qué hacer con la OEA?

Andrés Mora Ramírez / AUNA


En mayo de 1891, José Martí publicó en La Revista Ilustrada de Nueva York una crónica sobre la Conferencia Monetaria de las Repúblicas de América, celebrada en Washington en marzo de ese año. La profundidad de su análisis, la claridad de sus argumentos, así como la agudeza de sus apreciaciones ante aquel primer convite panamericanista lanzado por Washington a los pueblos de nuestra América -precisamente en la génesis del desarrollo imperialista de la potencia del norte-, hacen que el texto de Martí navegue a dos aguas entre el género periodístico y el ensayo político. La vigencia de las ideas plasmadas en aquella crónica también está fuera de duda, porque en sus páginas resuenan sentencias que iluminan, hasta el presente, nuestra comprensión de las relaciones interamericanas: “dos cóndores, o dos corderos, se unen sin tanto peligro como un cóndor y un cordero”; “mientras no sepan más de Hispanoamérica los Estados Unidos y la respeten más (…), ¿pueden los Estados Unidos convidar a Hispanoamérica a una unión sincera y útil para Hispanoamérica?”; “lo primero que hace un pueblo para llegar a dominar a otro es separarlo de los demás pueblos”[1]

sábado, 8 de junio de 2019

¿Latinoamericanismo o americanismo?

El latinoamericanismo fue, desde sus orígenes, una postura de independencia y soberanía en la que se identificaban los países nacientes después de haber concluido el coloniaje. El americanismo fue, en sus orígenes, un postulado para la continentalización, bajo la hegemonía de los EEUU.

Juan J. Paz y Miño Cepeda / Firmas Selectas de Prensa Latina

Hace una década, varios países latinoamericanos conmemoraron el bicentenario del inicio de los procesos de independencia frente al coloniaje español. Correspondían a un hecho: después de la independencia de Haití en 1804 y bajo las condiciones creadas por la invasión de Napoleón a los reinos de España y Portugal, entre 1809 y 1812 se produjeron los primeros movimientos autonomistas en Hispanoamérica y especialmente se instalaron Juntas de Gobierno -todavía proclamaron fidelidad al Rey- en varias ciudades.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Latinoamericanismo frente a bloqueo a Cuba

América Latina es la región que mejor puede defender sus propios intereses y sin duda, encabezar la defensa de Cuba y el cuestionamiento al injusto y brutal bloqueo que los EEUU han mantenido en contra de Cuba. 

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda / Firmas Selectas de Prensa Latina

La década de 1960 en América Latina se inició con el triunfo de la Revolución Cubana, el 1 de enero de 1959. En ese momento, más del 70% de las exportaciones e importaciones de Cuba provenían de los Estados Unidos, gobernado por el republicano Dwight D. Eisenhower (1953-1961), quien inició el embargo de bienes contra Cuba (estaban excluidos alimentos y medicinas) en octubre de 1960, como represalia por las expropiaciones de propiedades a compañías norteamericanas.

Sin embargo, fue con el presidente John F. Kennedy (1961-1963) cuando la guerra fría se instaló definitivamente en América Latina. En su primer discurso presidencial (20/enero/1961), Kennedy marcó los ejes de esa “guerra: 1) nueva “alianza para el progreso”; 2) oposición a toda agresión, subversión y potencia hostil; 3) los EEUU serán la potencia hegemónica del continente (https://bit.ly/2yE81D0). En marzo de 1961 la nueva estrategia de los EEUU en América Latina se concretó en el programa Alianza para el Progreso (ALPRO).

sábado, 14 de mayo de 2011

Latinoamericanismo vs. imperialismo

"Latinoamericanismo vs. Imperialismo" (2009, Ocean Sur), es una compilación de discursos de Fidel Castro, preparada por el politólogo y filósofo cubano Luis Suárez Salazar. Un libro en el que las ideas van entretejiendo un marco de interpretación de nuestra realidad contemporánea, que conserva su vigencia y su proyección de futuro con un auténtico sello latinoamericanista.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

¿Pueden entenderse las luchas de nuestros pueblos por la construcción de sociedades más justas, libres y humanas, al margen de la inocultable disputa política, comercial, económica y cultural entre latinoamericanismo e imperialismo? ¿Acaso ha sido otra la historia de nuestra América en los últimos dos siglos? ¿Ha cesado esa contradicción en nuestros días, o por el contrario, acecha hoy con más fuerza que antes?

Tales son algunas de las preguntas que incita la lectura del libro Latinoamericanismo vs. Imperialismo (2009, Ocean Sur), una compilación de discursos de Fidel Castro, preparada por el politólogo y filósofo cubano Luis Suárez Salazar.

Gracias a la selección de las intervenciones del líder revolucionario, así como a la contextualización de los hechos y sus oportunos comentarios, el profesor Suárez Salazar logra trazar un panorama completo del devenir de la Revolución Cubana en el escenario internacional, en el período que va de 1959 a 2006.

En el conjunto de la obra, las reverberaciones de los discursos y las palabras lanzadas a tiempo y contra el curso de los tiempos –cuando lucían más sombríos-, engarzan el rumbo de esa Revolución con las luchas populares, antiimperialistas, anticolonialistas y de liberación nacional de los pueblos de América Latina y el Caribe desde la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días: una relación profunda e inseparable de ese otro proceso mayor que es la batalla por la que, en palabras de José Martí, será nuestra segunda y definitiva independencia.

En el libro, que lleva al lector desde la explanada municipal de la ciudad de Montevideo a la Plaza de la Revolución en La Habana, las ideas del líder cubano van entretejiendo un marco de interpretación de nuestra realidad contemporánea, que conserva su vigencia y su proyección de futuro con un auténtico sello latinoamericanista: ese que está presente en la defensa de Cuba contra las agresiones de Estados Unidos y la OEA –mampara del panamericanismo-, o el llamado finisecular a combatir la deuda externa, el neoliberalismo y derrotar los planes de creación del ALCA; un latinoamericanismo que gravita, también, en la denuncia de la pobreza, el analfabetismo y el subdesarrollo que carcomen a la América Latina, a los que contrapone el internacionalismo humanista latinoamericano gestado desde la Isla rebelde; y que en lo cultural, lo vemos en las evocaciones del ideario de Bolívar, Martí, Juárez y los libertadores de la primera independencia, y en su llamada urgente a avanzar en la unidad y la integración de los pueblos.

Este latinoamericanismo, que es tanto sensibilidad y solidaridad ante los oprimidos por el imperialismo, como la afirmación de un camino propio para una comunidad de pueblos con vínculos insoslayables, hace parte también de lo que el filósofo uruguayo Arturo Ardao llamaba “una nacionalidad en proceso histórico de organización”.

Por eso, no es casual que en los discursos incluidos en Latinoamericanismo vs. Imperialismo aparezcan, con familiaridad, personajes y movimientos cuyo legado atraviesa fronteras de espacio y tiempo, para constituirse en una herencia colectiva indispensable para comprender a nuestra América: así vemos desfilar por las páginas del libro a Augusto Cesar Sandino y su gesta antiimperialista en Nicaragua; a los presidentes Lázaro Cárdenas, en México, defiendo los recursos naturales del país, o a Salvador Allende en Chile, guiando la construcción del socialismo por la vía electoral; a la Revolución Sandinista, en Nicaragua, que articula sus empeños liberadores con las guerrillas guatemaltecas o el Frente Farabundo Martí de El Salvador; el nacionalismo progresista del general Omar Torrijos en Panamá; o el surgimiento de liderazgos y procesos más recientes, como el de Lula da Silva y el Partido de los Trabajadores en Brasil, y Hugo Chávez y la Revolución Bolivariana en Venezuela.

Cabe un doble mérito para el compilador y para la obra como tal: el de ofrecernos una perspectiva histórica de los cambios ocurridos en la región durante las últimas décadas, y que el vértigo de los acontecimientos y las colosales presiones que a diario enfrentan estos procesos políticos, no nos permite ver con claridad. Y además, el de recordarnos, por medio de la colección de discursos, lo que ya José Martí advertía a finales del siglo XIX: la pelea contra el imperialismo, desde nuestra condición latinoamericana, se debe hacer “no a mano ligera, sino con conciencia de siglos”.