sábado, 14 de diciembre de 2019
Ecología y teología de la liberación
sábado, 13 de julio de 2019
Michael Löwy: “El Papa tiene un espíritu radical”
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| Michel Löwy, autor de Cristianismo de la Liberación. |
sábado, 5 de marzo de 2016
México: Hacia una teología de la liberación ecológica y social
sábado, 13 de febrero de 2016
Gustavo Gutiérrez evalúa actualidad de la Teología de la Liberación y el papado de Francisco
| El teólogo Gustavo Gutiérrez. |
sábado, 30 de enero de 2016
Francisco ante la teología de la liberación
| El Papa Francisco. |
sábado, 12 de julio de 2014
La teología de la liberación, ¿una anciana moribunda?
sábado, 31 de mayo de 2014
Marco histórico de la evolución de la Teología Latinoamericana de la Liberación
sábado, 10 de agosto de 2013
El otro Papa, el otro Boff…
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| El teólogo Leonardo Boff (fotografía de Sergio Ferrari). |
sábado, 3 de agosto de 2013
El Papa en su laberinto
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| El Papa Francisco: entre la fe, la maquinaria mediática, los guiños progresistas y las contradicciones. |
sábado, 25 de febrero de 2012
Con Medellín Dios pasó por América Latina. ¿Con quién pasa ahora?
Cómo será el paso de Dios por América Latina y con quién pasará está por ver, y en definitiva es cosa de Dios. Pero es cosa nuestra anhelarlo, trabajar por ello, y aprender de cómo ocurrió en el pasado alrededor de Medellín
Jon Sobrino* / ADITAL

Los diez años de Medellín (1968) a Puebla (1979) fueron únicos en la época moderna de la Iglesia católica en América Latina. Después comenzó un declive al que Aparecida (2007) quiso poner freno, aunque hasta ahora queda mucho por hacer.
Al hacer este juicio, no nos fijarnos en la iglesia tal como la analizan los sociólogos, sino que nos fijamos en "el paso de Dios”. Sin duda es más difícil de calibrar, pero toca la dimensión más honda de la Iglesia, y al servicio de qué debe estar. En definitiva qué aporta a los seres humanos y al mundo como un todo. Y obviamente hay que preguntarse "qué Dios” es el que pasa por la historia en un momento dado.
Medellín fue un salto cualitativo. Irrumpieron los pobres, y en ellos irrumpió Dios. Fue un hecho fundante que penetró en la fe de muchos y configuró a la Iglesia.
sábado, 15 de octubre de 2011
Del quinto evangelio: Proclamación del Cristo del Corcovado
Bienaventurados los que no desisten, sino que resisten e insisten en que el mundo puede ser diferente y lo será, un mundo donde la poesía camine junto al trabajo, la música se junte con las máquinas, y todos se reconozcan como hermanos y hermanas, viviendo en la única Casa Común que tenemos, este bello y luminoso pequeño planeta Tierra.
Leonardo Boff / Servicios Koinonia
En sus 80 años, el 12 de octubre de 2011.

En aquellos días, al completar 80 años de existencia, el Cristo del Corcovado se estremeció y se reanimó. Lo que era cemento y piedra se hizo carne y sangre. Extendiendo sus brazos, como quien quiere abrazar el mundo, abrió la boca, habló y dijo:
«Bienaventurados vosotros, pobres, hambrientos, enfermos y caídos en tantos caminos sin un buen samaritano que os socorra. El Padre que es también Madre de bondad os lleva en su corazón y os promete que seréis los primeros herederos del Reino de justicia y de paz.
Ay de vosotros, dueños del poder, que desde hace quinientos años chupáis la sangre de los trabajadores, reduciéndolos a combustible barato para vuestras máquinas de producir riqueza inicua. No seré yo quien os juzgue, sino las víctimas que hicisteis, detrás de las cuales yo mismo me escondía y sufría.
sábado, 30 de julio de 2011
Ley del Talión = mano dura
Julia Esquivel es teóloga y poeta guatemalteca, de la Teología de la Liberación. Tiene una larga trayectoria como activista de Derechos Humanos en su país y Centroamérica. En diciembre de 1994 recibió el Doctorado Honoris Causa en Teología por la Universidad de Berna, Suiza. En este texto, comparte con los y las lectoras de Con Nuestra América una reflexión sobre la llamada “mano dura” en América Latina.

Julia Esquivel V. / Especial para Con Nuestra América
Toda América Latina está llena de memorias de “manos duras” Es una receta tan vieja como la humanidad. Por cierto, una humanidad des-humanizada. Es la muy conocida fórmula del ojo por ojo y diente por diente, o el que me la debe, me la paga. Las viejas películas de vaqueros del oeste están llenas de ejemplos de bravucones y super-machos que vivían obedeciendo ciegamente a esa consigna.
Lastimosamente, no sólo en las películas sino que también en la misma Historia, los “manos duras” han sobrado. Las familias, los gobiernos, las instituciones educativas, militares, policiales, judiciales y hasta los barrios y aldeas, están atiborrados de ejemplos de “manos duras”. Son las sociedades empantanadas en el machismo las que producen este tipo de hombres. Basta con recordar algunos nombres: Anastasio Somoza, Manuel Estrada Cabrera (“El Señor Presidente”), Augusto Pinochet; el añorado por sus fans, don Jorge Ubico, Lucas García, Stroesner, en Paraguay, Hitler en Alemania, Francisco Franco en España, Stalin en la Unión Soviética, y el ejemplo aún vivito y coleando aquí en nuestra lastimada Guatemala, el Patriarca del F.R.G. y otros…
Los convertidos a la ley de Talión añoran personajes así. Sobre todo cuando se promueven tan eficientemente el crimen organizado, la venta de armas y las numerosas empresas de seguridad particular. Son partidarios de la mano dura los machitos que desde el Congreso se oponen a reglamentar el próspero comercio o libre mercado de armas. Para ellos la solución a casi todos los problemas está en la limpieza social y en la Ley del Talión. Son fieles creyentes del conocido proverbio: muerto el perro, se acabó la rabia. Lea el artículo completo aquí...
sábado, 16 de abril de 2011
Los pobres y la liberación
¿Por qué los pobres soportan tanta dominación? Porque se sienten tan poco frente a sus dominadores que pierden el coraje. Por miedo, por falta de audacia, por falta de confianza en sí mismos. Falta una evangelización fuerte, capaz de suscitar la verdadera fe. Existe toda una cultura dominante que les enseña que son incapaces, impotentes, condenados a su condición de dominados, porque no existe otra sociedad posible.

José Comblin / ADITAL (Artículo inédito)
La historia de la humanidad es la historia de un conflicto permanente, una verdadera guerra entre algunos que consiguen acumular más poder dominando a los demás y las víctimas dominadas. Los vencedores obligan a los vencidos a trabajar a su servicio cuando los precisan, o los abandonan sin recursos cuando no los precisan más. Los vencedores se apropian de todos los recursos que están en la tierra y en los mares. Los otros viven de aquellos que los poderosos quieren dejarles. Esta fue la visión marxista de la historia. Pero no era original, porque ya había sido señalado en la Biblia. La Biblia habla de los pobres y de los ricos. Los pobres son los vencidos en la guerra, y los ricos son los vencedores. La historia de América es una figura ejemplar de esa condición de la humanidad. Lea el artículo completo aquí…
sábado, 5 de marzo de 2011
Recordar en marzo: Rutilio Grande y Monseñor Romero
Carlos Ayala Ramírez* / Adital
Del origen de la palabra "recordar” se dice que viene del latín "recordari”, formada de "re” (de nuevo) y "cordis” (corazón). Según esto recordar quiere decir mucho más que tener a alguien presente en la memoria; significa volver a pasar por el corazón. Cuando recordamos tomamos distancia de la urgente actualidad para sacar a luz todo ese pasado nuestro y ponerlo de nuevo a resonar. Marzo, para la historia de la Iglesia salvadoreña y latinoamericana, es ciertamente un mes para recordar en el sentido original de esta palabra, es decir, volver a pasar por el corazón la vida y el legado de dos mártires: el padre Rutilio Grande (asesinado el 12 de marzo de 1977) y Monseñor Óscar Romero (asesinado el 24 de marzo de 1980). Del primero queremos recordar su utopía cristiana (animadora de nuevas realidades históricas) y del segundo su profecía (que cargó con los horrores de esa realidad).

La utopía que inspiraba la vocación del padre Grande, la podemos visualizar en su conocida homilía del 13 de febrero de 1977, pronunciada en una gran concentración popular en Apopa, a raíz de la expulsión del padre Mario Bernal; el contexto era ya de una clara persecución a la Iglesia que había hecho su opción por los pobres y la justicia. Algunos párrafos de esa importante homilía describen en un lenguaje bíblico popular, tanto sus sueños de futuro como la realidad por la que atravesaba el país en ese momento.
Decía Rutilio:"Un Padre común tenemos todos los hombres. Luego todos somos hijos de tal Padre, aunque hayamos nacido del vientre de distintas madres aquí en la tierra. Luego todos los hombres, evidentemente, somos hermanos. Todos por igual unos de otros. Pero Caín es un aborto en el plan de Dios. Y existen grupos de caínes…Dios, el Señor, en su plan, a nosotros nos dio un mundo material… Un mundo para todos, sin fronteras. Así lo dice el Génesis…Luego, una mesa común con manteles largos para todos, como esta Eucaristía. Cada uno con su taburete. Y que para todos llegue la mesa, el mantel y el conqué…”.
Dijo además: "Las estadísticas de nuestro pequeño país son pavorosas a nivel de salud, a nivel de cultura, a nivel de criminalidad, a nivel de subsistencia de las mayorías, a nivel de la tenencia de la tierra. Todo lo arropamos con una falsa hipocresía y con obras suntuosas. ¡Ay de ustedes, hipócritas, que de dientes a labios se hacen llamar católicos y por dentro son inmundicia de maldad! ¡Son caínes y crucifican al Señor cuando camina con el nombre de Manuel, con el nombre de Luis, con el nombre de Chabela, con el nombre del humilde trabajar del campo…”.
La idea central de su predicación fue la del padre común; esta idea pertenece a la tradición cristiana y tiene consecuencias muy concretas: los bienes de la tierra, obra del creador, son comunes y se ordenan al bien de todos los seres humanos; éstos son simples administradores y no propietarios de los bienes, de modo que el derecho a la propiedad se considera limitado y relativo; retener en exclusividad los bienes comunes es un robo y, consiguientemente, deben ser devueltos a los pobres, no en calidad de beneficencia, sino de justicia. La utopía por la que dio la vida el padre Rutilio es la que proclama los bienes compartidos, la fraternidad, la igualdad, el amor incluso a los enemigos y la justicia. En una palabra, la utopía del reinado de Dios.

¿Y qué decir de la profecía de Monseñor Romero? Profecía y martirio han estado estrechamente vinculados en su vida. En este sentido, es considerado un profeta en la línea de los grandes profetas de Israel. En efecto, José Luis Sicre, un experto biblista, sostiene que "un auténtico profeta en el sentido bíblico de la palabra surge rara vez. En la historia de Israel quizás no hubo más que ocho o diez. Ustedes (los salvadoreños) –afirma Sicre- han tenido la suerte de haber conocido a uno de ellos: a Monseñor Romero”.
La profecía del arzobispo mártir, partió de su amor y de su compromiso hacia los pobres. Él consideraba que la Iglesia traicionaría su mismo amor a Dios y su fidelidad al evangelio si dejara ser "voz de los sin voz”, si dejara de ser defensora de los derechos de los pobres, si dejara de ser animadora de todo anhelo justo de liberación, si dejara de ser orientadora, potenciadora y humanizadora de toda lucha legítima para construir una sociedad más justa. Según Monseñor Romero, el mundo de los pobres nos enseña dónde debe encarnarse la Iglesia para evitar la falsa universalización que termina siempre en connivencia con los poderosos. El mundo de los pobres nos enseña cómo ha de ser el amor cristiano que busca ciertamente la paz, pero desenmascara el falso pacifismo, la resignación y la inactividad. El mundo de los pobres nos enseña que la sublimidad del amor cristiano debe pasar por la imperante necesidad de la justicia para las mayorías y no debe rehuir la lucha honrada. El mundo de los pobres nos enseña que la liberación llegará no sólo cuando los pobres sean puros destinatarios de los beneficios de gobiernos o de la misma Iglesia, sino actores y protagonistas de su lucha y de su liberación. La denuncia profética de Monseñor Romero, pues, no es una denuncia que parte de valores abstractos o de mundos genéricos. Al igual que los profetas bíblicos, la suya es una palabra historizada: parte del mundo de los pobres (oprimidos y reprimidos) y de su especial preocupación y amor por ellos. En Israel eran huérfanos, viudas, emigrantes. En El Salvador eran campesinos, catequistas, miembros de organizaciones populares, integrantes de las comunidades eclesiales de base, sacerdotes, religiosos, torturados, masacrados, desaparecidos.
Si recordar es volver a pasar por el corazón, es decir, dejarnos afectar por su legado y testimonio, mucho tendremos que recordar sobre todo en un mundo que está necesitando del profetismo-utópico al estilo de Jesús de Nazaret. En Rutilio Grande y en Monseñor Romero se unió la fe y la justicia, y eso se constituyó en una buena nueva que irrumpió en un mundo deshumanizado por la opresión y la represión. Unir la fe y la justicia es una de las herencias fundamentales que ambos nos dejaron, tan necesaria para el mundo de hoy, y tan ausente en muchos ámbitos del cristianismo que predomina.
*Director de Radio Ysuca de El Salvador (http://www.ysuca.org.sv/)
sábado, 29 de enero de 2011
Samuel Ruiz (1924-2011), el profeta mexicano del siglo XX
Don Samuel es, junto a don Sergio Méndez Arceo, el símbolo más profético de la Iglesia mexicana del siglo XX, y uno de los pastores más importantes de la pastoral indígena en nuestro continente y el mundo.
Enrique Dussel* / LA JORNADA

(Fotografía: Don Samuel Ruiz junto al Subcomandante Marcos, en 1995)
Ha muerto el 24 de enero el santo profeta de Chiapas, digno sucesor de Bartolomé de las Casas. Este último comenzó su lucha en favor de los pueblos originarios de América en el ya lejano 1514 en el pueblito de Sancti Espíritu de Cuba. Fue obispo de Chiapas desde 1544 hasta 1547, en que fue expulsado por la oligarquía de los conquistadores que ya dominaban esa tierra maya, por su lucha en favor de los pueblos originarios. Algo más de cuatro siglos después, y como continuando la labor de Bartolomé, fue nombrado en 1959 don Samuel Ruiz, a la edad de 35 años, obispo de Chiapas (siendo el más joven del episcopado mexicano de esos años).
Había nacido el 3 de noviembre de 1924 en Irapuato. Estudió primero en León; obtuvo su doctorado en hermenéutica bíblica en la Gregoriana de Roma. Era un hombre letrado, director del seminario de León (como Miguel Hidalgo lo fue del de Valladolid). Asistió al II Concilio Vaticano, participando todavía dentro de las filas del episcopado conservador. Le tocaron tiempos de profunda renovación de la Iglesia y las convulsiones políticas del 68. En ese tiempo cambiará drásticamente su posición teórica y práctica. Será su comunidad indígena maya la que lo confrontará con la miseria, la opresión, la dominación política, económica, cultural y religiosa que la oligarquía chiapaneca había orquestado como herencia de los conquistadores y de los terratenientes contra ese pueblo originario. El joven obispo sufre una conversión radical.
Ya en 1968 fue uno de los cuatro oradores (sobre el tema de la pastoral indígena) en la Conferencia de Medellín del Celam, donde manifestó su calibre latinoamericano. Brillará en América Latina como miembro de una camada de obispos que optaron por los pobres del continente, junto a Helder Camara, en Brasil; Leónidas Proaño, en Ecuador, y Óscar Romero, en El Salvador. Será uno de los reformadores de la Iglesia, fundamentando bíblicamente la revolucionaria teología de la liberación que estaba naciendo. Pero aún más, la llevó a la práctica con su pueblo indígena chiapaneco. Aprendió dos lenguas mayas y se transformó en el profeta de su pueblo. Esto le traerá grandes enemistades, persecuciones, aun de aquellos que hoy, después de su muerte, lo ensalzan. Decía de él, y de don Samuel, el obispo de Cuernavaca don Sergio Méndez Arceo: “Nosotros unificamos al episcopado mexicano. ¡Todos están contra nosotros!” Perseguido por los potentados, los terratenientes, los políticos y hasta por algunos de sus sacerdotes, con indomable brío, con paciencia de indígena, con sacrificio titánico, recorriendo innúmeras veces su diócesis en camioneta, avioneta o a caballo, estaba presente consolando, alentando y dirigiendo a las “comunidades” mayas.
Todas lo tenían por tatik (como el tata de los tarascos que fue Vasco de Quiroga); nombrado por ellos mismos “Protector del pueblo indígena”. Contra viento y marea, y contra la opinión de muchos en el Vaticano (que como decía San Juan de la Cruz a un hermano observante estricto: “¡Cuídate de ir a Roma, partirás descalzo (reformado) y volverás calzado (corrompido)!”), transformó la Iglesia y la sociedad chiapaneca, educó a los líderes indígenas, que de catequistas llegaron a ser diáconos. ¿Qué fueron muchas y muchos comandantes zapatistas sino catequistas de don Samuel Ruiz? Don Samuel creó proféticamente la conciencia de lucha de su pueblo, del cual, por otra parte, aprendió todo.
Por ello, en la celebración de su muerte (no es contradictorio que el pueblo reunido junto a su cadáver exultara un cierto espíritu de profundo regocijo), se gritaba, en algunos casos machete en mano: “¡Samuel vive, la lucha sigue!”; o aquella crítica a la Iglesia de tantas traiciones: “¡Queremos obispos al lado de los pobres!” Esa Iglesia ocupada en la beatificación de su burocracia (cuyo miembro supremo se le vio fotografiado junto a R. Reagan, o a A. Pinochet, y que se encolerizó ante la presencia de un humilde Ernesto Cardenal de rodillas, y sin embargo ministro de Estado de la revolución sandinista, junto al gran cartel en el que se leía en la Plaza de la Revolución: “¡Entre cristianismo y revolución no hay contradicción!”
Don Samuel no fue sólo una figura mexicana. Era una personalidad profética latinoamericana, defensor de los derechos humanos de los humildes, de los inmigrantes en toda Centroamérica. Era una figura mundial, recibiendo premios internacionales y doctorados honoris causa en las más diversas y encumbradas universidades en reconocimiento a su pensamiento y a su acción.
Don Samuel es, junto a don Sergio Méndez Arceo, el símbolo más profético de la Iglesia mexicana del siglo XX, y uno de los pastores más importantes de la pastoral indígena en nuestro continente y el mundo. No queda sino alegrarse con el pueblo cuando exclamaba: “¡Samuel vive, la lucha sigue!” Como Walter Benjamin escribía, se trata de un “mesianismo materialista” (si por “materialista” se entiende cumplir responsablemente con los deberes para con la vida de los pobres y explotados, como los indígenas chiapanecos). Samuel fue heroicamente consecuente con aquél: “¡Tuve hambre y me dieron de comer!” (que del Osiris egipcio pasó a Isaías y al fundador del cristianismo, del cual Samuel fue un digno testimonio).
*Filósofo, emérito de la Universidad Autónoma Metropolitana
sábado, 9 de enero de 2010
Exorcismo
Desde Ciudad de Panamá







