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sábado, 14 de diciembre de 2019

Ecología y teología de la liberación

La Ecología integral y la Teología de la Liberación tienen algo en común: ambas parten de un grito. La Ecología del grito de la Tierra, de los seres vivos, de los ecosistemas agredidos por el tipo de crecimiento material ilimitado que no respeta los recursos limitados de la Tierra.

Leonardo Boff / Servicios Koinonia

La Teología de la Liberación nació al escuchar el grito de los pobres económicos, de las clases explotadas, de las culturas humilladas, de los negros discriminados, de las mujeres oprimidas por la cultura patriarcal, de los LGBT y portadores de necesidades especiales. Todos gritan por liberación. De esta escucha nacieron las distintas tendencias de la Teología de la Liberación: la feminista, la indígena, la negra, la histórica entre otras. En todas ellas el respectivo oprimido es siempre el sujeto y protagonista principal de su correspondiente liberación.

Es importante recordar que ya en los años 80 del siglo pasado quedó claro que la misma lógica que explota a los oprimidos y a las clases empobrecidas, explota también la naturaleza y la Tierra. La marca registrada de la Teología de la Liberación es la opción por los pobres, contra la pobreza y en favor de su liberación.

sábado, 13 de julio de 2019

Michael Löwy: “El Papa tiene un espíritu radical”

Uno de los principales pensadores marxistas analizó a Francisco en un diálogo con la teóloga argentina y profesora universitaria Emilce Cuda.

Emilce Cuda / Página12

Michel Löwy, autor de Cristianismo de la Liberación. 
“El papa Francisco, si bien tiene sus raíces en la cultura cristiana de liberación latinoamericana, combinada con la teología católica progresista argentina de la Teología del Pueblo, en un cierto momento va más allá, es más radical, más antisistémico”, dice Michel Löwy en este diálogo realizado en su departamento de París.

El autor de Cristianismo de Liberación. Perspectivas marxistas y ecosocialistas –libro que la editorial El Viejo Topo acaba de publicar en Europa– no solo es uno de los principales intelectuales del marxismo actual, sino también coautor e impulsor del Manifiesto Ecosocialista Internacional. Judío y ateo, ganó prestigio por sus investigaciones sobre la Filosofía y Teología de la Liberación latinoamericana en relación con lo político.

sábado, 5 de marzo de 2016

México: Hacia una teología de la liberación ecológica y social

Pensamos que existen las condiciones para que la Iglesia católica mexicana y especialmente sus bases sociales adopten e implementen la teología de la liberación ecológica y social contenida en la encíclica de Francisco, y se sumen de manera explícita a las “batallas por la vida” que hoy ejecutan cientos de miles de ciudadanos, especialmente los más marginados.

Víctor M. Toledo / LA JORNADA

Dos son los magnos problemas que la humanidad debe resolver a mediano plazo para evitar el colapso: los tremendos impactos que ocasiona y continuará ocasionando sobre el equilibrio ecológico del planeta, y la vergonzosa desigualdad social que alcanza ya su máximo histórico. Lo anterior supone una “transformación civilizatoria” que será ejecutada por millones de ciudadanos dotados de una “conciencia cósmica o planetaria” organizados no para tomar el poder sino para construirlo desde abajo. Toda idea, propuesta, solución, tecnología, creencia e institución que se abstenga, obstruya o se oponga a esas dos necesidades, a esos dos requisitos para la supervivencia humana y de su entorno, terminará desplazada por la urgencia de la crisis. Las grandes religiones monoteístas e imperiales de hoy no serán la excepción. La crisis civilizatoria pondrá también a prueba, en más de un sentido, a las religiones del mundo.

sábado, 13 de febrero de 2016

Gustavo Gutiérrez evalúa actualidad de la Teología de la Liberación y el papado de Francisco

Considerado el padre de la Teología de la Liberación (TdL), Gustavo Gutiérrez sigue siendo admirado por varias generaciones de teólogos. El sacerdote dominico, con estilo simple y franco, concedió una entrevista exclusiva a Adital para hablar sobre la actualidad de la TdL, quiénes son los pobres de América Latina y cómo evalúa el contexto político en el continente.

Cristina Fontenele / ADITAL

El teólogo Gustavo Gutiérrez.
Sobre el encuentro con el Papa Francisco, en la Asamblea de Cáritas, en 2015, el teólogo dice reconocer en el pontífice a un hombre valiente, que conduce la Iglesia en un momento de Kairós, que, en griego, significa momento cierto, oportuno.

Sobre la fuerza de la juventud, Gutiérrez bromea diciendo que no basta ser joven para promover cambios, pues un ser libre puede seguir variados caminos. Animado, el sacerdote explica a Adital la importancia del humor, que también puede ser una forma de comunicación, además de ayudar al ser humano a avanzar en la edad.

sábado, 30 de enero de 2016

Francisco ante la teología de la liberación

En América Latina es conocido ampliamente cómo operó un proceso de represión interna marginando a los teólogos y agentes pastorales; nombrando obispos conservadores y sumisos a la centralidad romana. La mancuerna Wojtyla-Ratzinger minó los ensayos pastorales y las innovaciones latinoamericanas.

Bernardo Barranco / LA JORNADA

El Papa Francisco.
El progresismo católico ha mirado con entusiasmo los giros y signos que el papa Bergoglio ha incrustado en su pontificado. En su toma de posesión al externar su célebre frase “quiero una Iglesia pobre y para los pobres”, contribuyó para que inmediatamente los católicos progresistas se identifiquen con el nuevo Papa. El nombre de Francisco, la sencillez, el alejamiento de los lujos principescos, los duros cuestionamientos a la economía internacional, los radicales mensajes a los movimientos populares, la publicación de Laudato si, han sido señales inequívocas de un giro que recupera el espíritu y la letra del Concilio Vaticano II.

sábado, 12 de julio de 2014

La teología de la liberación, ¿una anciana moribunda?

A pesar de la persecución de que ha sido objeto, la Teología de la Liberación no se ha rendido a la ortodoxia vaticana, ni ha renunciado a sus primeras intuiciones ni al principio-liberación, pero tampoco se ha quedado en la foto fija de sus orígenes.

Juan José Tamayo / La Ventana (Cuba)

“Efectivamente, las figuras relevantes de la Teología de la Liberación (TL) son personas ancianas y, como tal, como la expresión de lo que fue, está muy anciana, si no es que ya está muerta... Hoy en día no está más el tema de la teología de la liberación, que había sido planteada con una base sociológica que no cuadraba con la base teológica”.

No, no son afirmaciones estas de sectores lefebvristas, neoconservadores o integristas, ni de la Congregación para la Doctrina de la Fe, tan propensa a desacreditar las tendencias teológicas que no coinciden con la teología romana. Han sido pronunciadas por monseñor Carlos Aguiar Retes, todopoderoso presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), y difundidas por la Agencia Católica de Información ZENIT. Las ha hecho en un momento tan significativo como el encuentro del CELAM con el papa Francisco, cuando el Vaticano está dando muestras de acercamiento a dicha teología.

sábado, 31 de mayo de 2014

Marco histórico de la evolución de la Teología Latinoamericana de la Liberación

Guillermo Meléndez / Observatorio Eclesial


En este ensayo distinguiremos dos grandes tiempos o períodos históricos en el desarrollo de la Teología Latinoamericana de la Liberación (TLL): uno de nacimiento y crecimiento, entre 1968 y 1984, y otro de redefinición y maduración de nuevas tareas, desde entonces hasta hoy. Según Richard (2003), el contexto eclesial del primer período coincidió en general con un tiempo de reforma en la Iglesia Católica (IC). El contexto del segundo período, por el contrario, al menos hasta la reciente elección del papa Francisco, ha sido de contrarreforma o restauración, la cual, entre otros objetivos, ha perseguido de manera explícita erradicar la TLL . Cada uno de esos contextos eclesiales, claro está, ha tenido a su vez su respectivo contexto sociopolítico y económico.

sábado, 10 de agosto de 2013

El otro Papa, el otro Boff…

Los gestos de simplicidad, de modestia y de cercanía a la gente de parte del Papa Francisco han sido hasta ahora, para teólogos como Leonardo Boff, la prueba más contundente de un cambio positivo dentro de la Iglesia desde marzo de este año.

Sergio Ferrari* / Especial para Con Nuestra América
Desde Brasil

El teólogo Leonardo Boff
(fotografía de Sergio Ferrari).
En torno a la visita del Papa Francisco a Brasil en los últimos días de julio, el teólogo brasileño de la liberación y de la ecología Leonardo Boff no escatimó sus elogios hacia el nuevo Obispo de Roma, a quien considera un hombre “libre de espíritu”; le emparenta en ciertas virtudes al mismo Francisco de Asís y lo reivindica por su “espléndido rescate de la razón cordial”. Para Boff, el jefe vaticano es “una figura fascinante que llega al corazón de los cristianos y de otras personas”.

El legado mayor durante su visita a Brasil fue su (propia) figura, enfatizó Boff en una entrevista con este corresponsal, apenas finalizado el periplo del Pontífice. “Representó el más noble de los líderes, el líder servidor  que no hace referencia a sí mismo sino a los demás, con cariño y cuidado, evocando esperanza y confianza en el futuro…”.

sábado, 3 de agosto de 2013

El Papa en su laberinto

Pobre el Papa en su berenjenal de contradicciones, queriendo imitar al humilde galileo en medio de la jauría de lobos que prevalecen en la Iglesia, entre los oropeles dorados del Vaticano y debiendo custodiar los miles de millones de dólares que descansan en las arcas del Vaticano, eufemísticamente llamado Instituto para las Obras de la Religión.

Rafael Cuevas Molina/ Presidente AUNA-Costa Rica

El Papa Francisco: entre la fe, la maquinaria mediática, los guiños progresistas y las contradicciones.
Poco ha tenido que hacer el Papa para que regresen al redil algunos de los más  connotados teólogos de la liberación que no hace mucho tiempo fueron denostados y apartados de la Iglesia. Uno de ellos es Leonardo Boff, por ejemplo, quien no esperó ni siquiera a que hiciera alguno de los gestos que tanto han deslumbrado al progresismo latinoamericano, para ponerse de su lado y clamar por abrirle una línea de crédito que le permitiera construir una Iglesia diferente.

Han sido varios, pero pocos, no muchos, los gestos del Papa Francisco que han abierto estas expectativas de que, por fin, la Iglesia Católica deje de ser ese elefante blanco anclado en el medioevo, reaccionario y retardatario en que se ha convertido en nuestros días. Lejos está esta Iglesia de sus orígenes, aquellos en los que, según su propia tradición, un humilde hijo de carpintero desafió el statu quo no solo con la palabra sino también con su estilo de vida.

sábado, 25 de febrero de 2012

Con Medellín Dios pasó por América Latina. ¿Con quién pasa ahora?

Cómo será el paso de Dios por América Latina y con quién pasará está por ver, y en definitiva es cosa de Dios. Pero es cosa nuestra anhelarlo, trabajar por ello, y aprender de cómo ocurrió en el pasado alrededor de Medellín

Jon Sobrino* / ADITAL

Los diez años de Medellín (1968) a Puebla (1979) fueron únicos en la época moderna de la Iglesia católica en América Latina. Después comenzó un declive al que Aparecida (2007) quiso poner freno, aunque hasta ahora queda mucho por hacer.

Al hacer este juicio, no nos fijarnos en la iglesia tal como la analizan los sociólogos, sino que nos fijamos en "el paso de Dios”. Sin duda es más difícil de calibrar, pero toca la dimensión más honda de la Iglesia, y al servicio de qué debe estar. En definitiva qué aporta a los seres humanos y al mundo como un todo. Y obviamente hay que preguntarse "qué Dios” es el que pasa por la historia en un momento dado.

Medellín fue un salto cualitativo. Irrumpieron los pobres, y en ellos irrumpió Dios. Fue un hecho fundante que penetró en la fe de muchos y configuró a la Iglesia.

sábado, 15 de octubre de 2011

Del quinto evangelio: Proclamación del Cristo del Corcovado

Bienaventurados los que no desisten, sino que resisten e insisten en que el mundo puede ser diferente y lo será, un mundo donde la poesía camine junto al trabajo, la música se junte con las máquinas, y todos se reconozcan como hermanos y hermanas, viviendo en la única Casa Común que tenemos, este bello y luminoso pequeño planeta Tierra.

Leonardo Boff / Servicios Koinonia

En sus 80 años, el 12 de octubre de 2011.

En aquellos días, al completar 80 años de existencia, el Cristo del Corcovado se estremeció y se reanimó. Lo que era cemento y piedra se hizo carne y sangre. Extendiendo sus brazos, como quien quiere abrazar el mundo, abrió la boca, habló y dijo:

«Bienaventurados vosotros, pobres, hambrientos, enfermos y caídos en tantos caminos sin un buen samaritano que os socorra. El Padre que es también Madre de bondad os lleva en su corazón y os promete que seréis los primeros herederos del Reino de justicia y de paz.

Ay de vosotros, dueños del poder, que desde hace quinientos años chupáis la sangre de los trabajadores, reduciéndolos a combustible barato para vuestras máquinas de producir riqueza inicua. No seré yo quien os juzgue, sino las víctimas que hicisteis, detrás de las cuales yo mismo me escondía y sufría.

sábado, 30 de julio de 2011

Ley del Talión = mano dura

Julia Esquivel es teóloga y poeta guatemalteca, de la Teología de la Liberación. Tiene una larga trayectoria como activista de Derechos Humanos en su país y Centroamérica. En diciembre de 1994 recibió el Doctorado Honoris Causa en Teología por la Universidad de Berna, Suiza. En este texto, comparte con los y las lectoras de Con Nuestra América una reflexión sobre la llamada “mano dura” en América Latina.

Julia Esquivel V. / Especial para Con Nuestra América

Toda América Latina está llena de memorias de “manos duras” Es una receta tan vieja como la humanidad. Por cierto, una humanidad des-humanizada. Es la muy conocida fórmula del ojo por ojo y diente por diente, o el que me la debe, me la paga. Las viejas películas de vaqueros del oeste están llenas de ejemplos de bravucones y super-machos que vivían obedeciendo ciegamente a esa consigna.

Lastimosamente, no sólo en las películas sino que también en la misma Historia, los “manos duras” han sobrado. Las familias, los gobiernos, las instituciones educativas, militares, policiales, judiciales y hasta los barrios y aldeas, están atiborrados de ejemplos de “manos duras”. Son las sociedades empantanadas en el machismo las que producen este tipo de hombres. Basta con recordar algunos nombres: Anastasio Somoza, Manuel Estrada Cabrera (“El Señor Presidente”), Augusto Pinochet; el añorado por sus fans, don Jorge Ubico, Lucas García, Stroesner, en Paraguay, Hitler en Alemania, Francisco Franco en España, Stalin en la Unión Soviética, y el ejemplo aún vivito y coleando aquí en nuestra lastimada Guatemala, el Patriarca del F.R.G. y otros…

Los convertidos a la ley de Talión añoran personajes así. Sobre todo cuando se promueven tan eficientemente el crimen organizado, la venta de armas y las numerosas empresas de seguridad particular. Son partidarios de la mano dura los machitos que desde el Congreso se oponen a reglamentar el próspero comercio o libre mercado de armas. Para ellos la solución a casi todos los problemas está en la limpieza social y en la Ley del Talión. Son fieles creyentes del conocido proverbio: muerto el perro, se acabó la rabia. Lea el artículo completo aquí...

sábado, 16 de abril de 2011

Los pobres y la liberación

¿Por qué los pobres soportan tanta dominación? Porque se sienten tan poco frente a sus dominadores que pierden el coraje. Por miedo, por falta de audacia, por falta de confianza en sí mismos. Falta una evangelización fuerte, capaz de suscitar la verdadera fe. Existe toda una cultura dominante que les enseña que son incapaces, impotentes, condenados a su condición de dominados, porque no existe otra sociedad posible.

José Comblin / ADITAL (Artículo inédito)

La historia de la humanidad es la historia de un conflicto permanente, una verdadera guerra entre algunos que consiguen acumular más poder dominando a los demás y las víctimas dominadas. Los vencedores obligan a los vencidos a trabajar a su servicio cuando los precisan, o los abandonan sin recursos cuando no los precisan más. Los vencedores se apropian de todos los recursos que están en la tierra y en los mares. Los otros viven de aquellos que los poderosos quieren dejarles. Esta fue la visión marxista de la historia. Pero no era original, porque ya había sido señalado en la Biblia. La Biblia habla de los pobres y de los ricos. Los pobres son los vencidos en la guerra, y los ricos son los vencedores. La historia de América es una figura ejemplar de esa condición de la humanidad. Lea el artículo completo aquí…

sábado, 5 de marzo de 2011

Recordar en marzo: Rutilio Grande y Monseñor Romero

En Rutilio Grande y en Monseñor Romero se unió la fe y la justicia, y eso se constituyó en una buena nueva que irrumpió en un mundo deshumanizado por la opresión y la represión.

Carlos Ayala Ramírez* / Adital

Del origen de la palabra "recordar” se dice que viene del latín "recordari”, formada de "re” (de nuevo) y "cordis” (corazón). Según esto recordar quiere decir mucho más que tener a alguien presente en la memoria; significa volver a pasar por el corazón. Cuando recordamos tomamos distancia de la urgente actualidad para sacar a luz todo ese pasado nuestro y ponerlo de nuevo a resonar. Marzo, para la historia de la Iglesia salvadoreña y latinoamericana, es ciertamente un mes para recordar en el sentido original de esta palabra, es decir, volver a pasar por el corazón la vida y el legado de dos mártires: el padre Rutilio Grande (asesinado el 12 de marzo de 1977) y Monseñor Óscar Romero (asesinado el 24 de marzo de 1980). Del primero queremos recordar su utopía cristiana (animadora de nuevas realidades históricas) y del segundo su profecía (que cargó con los horrores de esa realidad).

La utopía que inspiraba la vocación del padre Grande, la podemos visualizar en su conocida homilía del 13 de febrero de 1977, pronunciada en una gran concentración popular en Apopa, a raíz de la expulsión del padre Mario Bernal; el contexto era ya de una clara persecución a la Iglesia que había hecho su opción por los pobres y la justicia. Algunos párrafos de esa importante homilía describen en un lenguaje bíblico popular, tanto sus sueños de futuro como la realidad por la que atravesaba el país en ese momento.

Decía Rutilio:"Un Padre común tenemos todos los hombres. Luego todos somos hijos de tal Padre, aunque hayamos nacido del vientre de distintas madres aquí en la tierra. Luego todos los hombres, evidentemente, somos hermanos. Todos por igual unos de otros. Pero Caín es un aborto en el plan de Dios. Y existen grupos de caínes…Dios, el Señor, en su plan, a nosotros nos dio un mundo material… Un mundo para todos, sin fronteras. Así lo dice el Génesis…Luego, una mesa común con manteles largos para todos, como esta Eucaristía. Cada uno con su taburete. Y que para todos llegue la mesa, el mantel y el conqué…”.

Dijo además: "Las estadísticas de nuestro pequeño país son pavorosas a nivel de salud, a nivel de cultura, a nivel de criminalidad, a nivel de subsistencia de las mayorías, a nivel de la tenencia de la tierra. Todo lo arropamos con una falsa hipocresía y con obras suntuosas. ¡Ay de ustedes, hipócritas, que de dientes a labios se hacen llamar católicos y por dentro son inmundicia de maldad! ¡Son caínes y crucifican al Señor cuando camina con el nombre de Manuel, con el nombre de Luis, con el nombre de Chabela, con el nombre del humilde trabajar del campo…”.

La idea central de su predicación fue la del padre común; esta idea pertenece a la tradición cristiana y tiene consecuencias muy concretas: los bienes de la tierra, obra del creador, son comunes y se ordenan al bien de todos los seres humanos; éstos son simples administradores y no propietarios de los bienes, de modo que el derecho a la propiedad se considera limitado y relativo; retener en exclusividad los bienes comunes es un robo y, consiguientemente, deben ser devueltos a los pobres, no en calidad de beneficencia, sino de justicia. La utopía por la que dio la vida el padre Rutilio es la que proclama los bienes compartidos, la fraternidad, la igualdad, el amor incluso a los enemigos y la justicia. En una palabra, la utopía del reinado de Dios.

¿Y qué decir de la profecía de Monseñor Romero? Profecía y martirio han estado estrechamente vinculados en su vida. En este sentido, es considerado un profeta en la línea de los grandes profetas de Israel. En efecto, José Luis Sicre, un experto biblista, sostiene que "un auténtico profeta en el sentido bíblico de la palabra surge rara vez. En la historia de Israel quizás no hubo más que ocho o diez. Ustedes (los salvadoreños) –afirma Sicre- han tenido la suerte de haber conocido a uno de ellos: a Monseñor Romero”.

La profecía del arzobispo mártir, partió de su amor y de su compromiso hacia los pobres. Él consideraba que la Iglesia traicionaría su mismo amor a Dios y su fidelidad al evangelio si dejara ser "voz de los sin voz”, si dejara de ser defensora de los derechos de los pobres, si dejara de ser animadora de todo anhelo justo de liberación, si dejara de ser orientadora, potenciadora y humanizadora de toda lucha legítima para construir una sociedad más justa. Según Monseñor Romero, el mundo de los pobres nos enseña dónde debe encarnarse la Iglesia para evitar la falsa universalización que termina siempre en connivencia con los poderosos. El mundo de los pobres nos enseña cómo ha de ser el amor cristiano que busca ciertamente la paz, pero desenmascara el falso pacifismo, la resignación y la inactividad. El mundo de los pobres nos enseña que la sublimidad del amor cristiano debe pasar por la imperante necesidad de la justicia para las mayorías y no debe rehuir la lucha honrada. El mundo de los pobres nos enseña que la liberación llegará no sólo cuando los pobres sean puros destinatarios de los beneficios de gobiernos o de la misma Iglesia, sino actores y protagonistas de su lucha y de su liberación. La denuncia profética de Monseñor Romero, pues, no es una denuncia que parte de valores abstractos o de mundos genéricos. Al igual que los profetas bíblicos, la suya es una palabra historizada: parte del mundo de los pobres (oprimidos y reprimidos) y de su especial preocupación y amor por ellos. En Israel eran huérfanos, viudas, emigrantes. En El Salvador eran campesinos, catequistas, miembros de organizaciones populares, integrantes de las comunidades eclesiales de base, sacerdotes, religiosos, torturados, masacrados, desaparecidos.

Si recordar es volver a pasar por el corazón, es decir, dejarnos afectar por su legado y testimonio, mucho tendremos que recordar sobre todo en un mundo que está necesitando del profetismo-utópico al estilo de Jesús de Nazaret. En Rutilio Grande y en Monseñor Romero se unió la fe y la justicia, y eso se constituyó en una buena nueva que irrumpió en un mundo deshumanizado por la opresión y la represión. Unir la fe y la justicia es una de las herencias fundamentales que ambos nos dejaron, tan necesaria para el mundo de hoy, y tan ausente en muchos ámbitos del cristianismo que predomina.

*Director de Radio Ysuca de El Salvador (http://www.ysuca.org.sv/)

sábado, 29 de enero de 2011

Samuel Ruiz (1924-2011), el profeta mexicano del siglo XX

Don Samuel es, junto a don Sergio Méndez Arceo, el símbolo más profético de la Iglesia mexicana del siglo XX, y uno de los pastores más importantes de la pastoral indígena en nuestro continente y el mundo.

Enrique Dussel* / LA JORNADA

(Fotografía: Don Samuel Ruiz junto al Subcomandante Marcos, en 1995)

Ha muerto el 24 de enero el santo profeta de Chiapas, digno sucesor de Bartolomé de las Casas. Este último comenzó su lucha en favor de los pueblos originarios de América en el ya lejano 1514 en el pueblito de Sancti Espíritu de Cuba. Fue obispo de Chiapas desde 1544 hasta 1547, en que fue expulsado por la oligarquía de los conquistadores que ya dominaban esa tierra maya, por su lucha en favor de los pueblos originarios. Algo más de cuatro siglos después, y como continuando la labor de Bartolomé, fue nombrado en 1959 don Samuel Ruiz, a la edad de 35 años, obispo de Chiapas (siendo el más joven del episcopado mexicano de esos años).

Había nacido el 3 de noviembre de 1924 en Irapuato. Estudió primero en León; obtuvo su doctorado en hermenéutica bíblica en la Gregoriana de Roma. Era un hombre letrado, director del seminario de León (como Miguel Hidalgo lo fue del de Valladolid). Asistió al II Concilio Vaticano, participando todavía dentro de las filas del episcopado conservador. Le tocaron tiempos de profunda renovación de la Iglesia y las convulsiones políticas del 68. En ese tiempo cambiará drásticamente su posición teórica y práctica. Será su comunidad indígena maya la que lo confrontará con la miseria, la opresión, la dominación política, económica, cultural y religiosa que la oligarquía chiapaneca había orquestado como herencia de los conquistadores y de los terratenientes contra ese pueblo originario. El joven obispo sufre una conversión radical.

Ya en 1968 fue uno de los cuatro oradores (sobre el tema de la pastoral indígena) en la Conferencia de Medellín del Celam, donde manifestó su calibre latinoamericano. Brillará en América Latina como miembro de una camada de obispos que optaron por los pobres del continente, junto a Helder Camara, en Brasil; Leónidas Proaño, en Ecuador, y Óscar Romero, en El Salvador. Será uno de los reformadores de la Iglesia, fundamentando bíblicamente la revolucionaria teología de la liberación que estaba naciendo. Pero aún más, la llevó a la práctica con su pueblo indígena chiapaneco. Aprendió dos lenguas mayas y se transformó en el profeta de su pueblo. Esto le traerá grandes enemistades, persecuciones, aun de aquellos que hoy, después de su muerte, lo ensalzan. Decía de él, y de don Samuel, el obispo de Cuernavaca don Sergio Méndez Arceo: “Nosotros unificamos al episcopado mexicano. ¡Todos están contra nosotros!” Perseguido por los potentados, los terratenientes, los políticos y hasta por algunos de sus sacerdotes, con indomable brío, con paciencia de indígena, con sacrificio titánico, recorriendo innúmeras veces su diócesis en camioneta, avioneta o a caballo, estaba presente consolando, alentando y dirigiendo a las “comunidades” mayas.

Todas lo tenían por tatik (como el tata de los tarascos que fue Vasco de Quiroga); nombrado por ellos mismos “Protector del pueblo indígena”. Contra viento y marea, y contra la opinión de muchos en el Vaticano (que como decía San Juan de la Cruz a un hermano observante estricto: “¡Cuídate de ir a Roma, partirás descalzo (reformado) y volverás calzado (corrompido)!”), transformó la Iglesia y la sociedad chiapaneca, educó a los líderes indígenas, que de catequistas llegaron a ser diáconos. ¿Qué fueron muchas y muchos comandantes zapatistas sino catequistas de don Samuel Ruiz? Don Samuel creó proféticamente la conciencia de lucha de su pueblo, del cual, por otra parte, aprendió todo.

Por ello, en la celebración de su muerte (no es contradictorio que el pueblo reunido junto a su cadáver exultara un cierto espíritu de profundo regocijo), se gritaba, en algunos casos machete en mano: “¡Samuel vive, la lucha sigue!”; o aquella crítica a la Iglesia de tantas traiciones: “¡Queremos obispos al lado de los pobres!” Esa Iglesia ocupada en la beatificación de su burocracia (cuyo miembro supremo se le vio fotografiado junto a R. Reagan, o a A. Pinochet, y que se encolerizó ante la presencia de un humilde Ernesto Cardenal de rodillas, y sin embargo ministro de Estado de la revolución sandinista, junto al gran cartel en el que se leía en la Plaza de la Revolución: “¡Entre cristianismo y revolución no hay contradicción!”

Don Samuel no fue sólo una figura mexicana. Era una personalidad profética latinoamericana, defensor de los derechos humanos de los humildes, de los inmigrantes en toda Centroamérica. Era una figura mundial, recibiendo premios internacionales y doctorados honoris causa en las más diversas y encumbradas universidades en reconocimiento a su pensamiento y a su acción.

Don Samuel es, junto a don Sergio Méndez Arceo, el símbolo más profético de la Iglesia mexicana del siglo XX, y uno de los pastores más importantes de la pastoral indígena en nuestro continente y el mundo. No queda sino alegrarse con el pueblo cuando exclamaba: “¡Samuel vive, la lucha sigue!” Como Walter Benjamin escribía, se trata de un “mesianismo materialista” (si por “materialista” se entiende cumplir responsablemente con los deberes para con la vida de los pobres y explotados, como los indígenas chiapanecos). Samuel fue heroicamente consecuente con aquél: “¡Tuve hambre y me dieron de comer!” (que del Osiris egipcio pasó a Isaías y al fundador del cristianismo, del cual Samuel fue un digno testimonio).

*Filósofo, emérito de la Universidad Autónoma Metropolitana

sábado, 9 de enero de 2010

Exorcismo

Vivimos hoy un tiempo que es el fin de otros tiempos. Y en una circunstancia así, no es sano, ni es útil, dejarse arrastrar por los vicios de la polémica al uso entre nuestros políticos cuando se trata de temas como el del fracaso de la Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático en Copenhague.
Guillermo Castro H. / Especial para CON NUESTRA AMÉRICA
Desde Ciudad de Panamá

A medida que la crisis global se prolonga y se torna más compleja, el diablo recupera espacios que la razón ocupaba apenas ayer. El miedo, ya no la esperanza, pasa a ser el sentimiento dominante, y el razonamiento cede su lugar a la satanización. De ello da ejemplo el artículo “Ocaso de la Teología de la Liberación”, de Samuel Gregg, Director de Investigaciones del Acton Institute, distribuido por la agencia AIPE y publicado el 3 de enero de 2010 en El Panamá América.
El título puede resultar atractivo, pero el artículo no hace mucho más que invocar pronunciamientos del Papa Benedicto XVI – de reconocida trayectoria como adversario de la Teología de la Liberación – para descalificar a los pensadores y las ideas más características de la misma, reduciéndolos a “un grupo de edad avanzada y con cada día menor influencia en la Iglesia católica”, que alguna vez fueron “considerados como la vanguardia”. Y como argumento final, señala que, de acuerdo a la revista Economist, “países como Brasil, que en una época eran el epicentro de la teología de la liberación, se han superado, logrando que millones de habitantes salgan de la extrema pobreza.”
Si bien nada de esto es nuevo, la publicación recoge algunos comentarios de lectores que le dan un atractivo refrescante. Uno advierte a los lectores que el Acton Institute “promueve, detrás de la religión católica, la libre empresa sin cortapisas, o sea, el rambocapitalismo”; otro recuerda que el Presidente Lula, de Brasil, se formó en el marco de un sindicalismo activamente promovido y apoyado por esa teología, lo que ayuda a entender el compromiso de su gobierno en la lucha contra la pobreza. Pero el más atractivo, sin duda, proviene del lector que, tras señalar que “la teología de la liberación es anticristiana porque promueve el enfrentamiento y odio entre pobres y ricos, en lugar de promover el amor entre las personas independientemente que sean pobres o ricos”, añade que sus teólogos sustituían a Cristo “por Marx, Fidel, Lenin y otros ateos comunistas” y, ante su fracaso, “se están refugiando ahora en el ecologismo radical.”
No cabe duda del aporte de la teología de la liberación al ambientalismo latinoamericano. La obra de Leonardo Boff, por ejemplo, ha contribuido de manera decisiva a crear y consolidar en este ambientalismo un perfil ético que ha sido decisivo en su capacidad para resistirse a las tentaciones de la búsqueda de soluciones puramente tecnológicas a los problemas ambientales. Pero ni de esos se trata en estos tiempos, sino más bien de que la civilización creada por los humanos a lo largo de los últimos cuatrocientos años ha venido a quedar en la situación del ídolo con el que soñó Nabucodonosor en el Libro de Daniel:
“La cabeza de la estatua era de oro puro; el pecho y los brazos de plata; el vientre y los muslos de bronce; las piernas de hierro y una parte de los pies era de hierro y la otra de barro. Mientras estaba mirando, de un monte se desprendió una piedra, sin que nadie la empujara, y vino a dar contra los pies de la estatua y los destrozó. En un momento, el hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro quedaron todos convertidos en polvo, como el que se ve en verano cuando se trilla el trigo, y el viento se lo llevó sin dejar el menor rastro. Pero la piedra que dio contra la estatua se convirtió en una gran montaña que ocupó toda la tierra”. (Daniel, 2, 31-35)
No es el caso elaborar aquí sobre este símil. Baste decir que el ídolo que hemos creado depende de una base de sustentación natural cada vez más debilitada por el abuso de que ha sido objeto, y bien puede quedar convertido en polvo bajo el impacto de la crisis creada por ese abuso. En este sentido, vivimos hoy un tiempo que es el fin de otros tiempos. Y en una circunstancia así, no es sano, ni es útil, dejarse arrastrar por los vicios de la polémica al uso entre nuestros políticos cuando se trata de temas como el del fracaso de la Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático en Copenhague.
Hay que entender ese fracaso más allá de sí mismo, poniéndolo en este contexto de cambio de épocas. En esa perspectiva, por ejemplo, comparar lo ocurrido en Copenhague con los resultados de Rio 92, que abordó una temática mucho más amplia y compleja, aunque quizás menos urgente.
La diferencia no puede ser mayor. Rio 92, en un clima de celebración y compromiso, produjo un acuerdo básico de consenso entre gobernantes y gobernados, sintetizado en documentos como la Carta de la Tierra y la Agenda XXI. Copenhague, en medio de enfrentamientos de los participantes entre sí, y de la policía danesa con las organizaciones ambientalistas, produjo dos documentos no sólo distintos, sino antagónicos: la declaración del grupo de los mayores responsables del problema, y la del Klimaforum.
Rio dejó una sensación de avance. Copenhague deja una muy distinta. Para unos, al menos no hubo retroceso; para otros, como en Macbeth, se ha llegado a la mitad del lago de la sangre, donde da lo mismo retroceder que seguir adelante, y para otros más el retroceso es tan evidente como imparable. En todo caso, parece evidente el colapso del sistema internacional como mecanismo de mediación y construcción de consenso.
En tiempos así, la desesperación es la peor de las consejeras, y la búsqueda de chivos expiatorios se convierte en la táctica favorita para eludir realidades... y responsabilidades. Lo planteado a cada uno, y a todos los campos de la actividad humana, es el desafío de la pertinencia. Y esto incluye naturalmente a la historia ambiental, en sí misma como en sus relaciones con el conjunto de la cultura nueva que ya emerge al calor de la descomposición de aquella otra, aún vigente pero cuya creciente irrelevancia se hace manifiesta en el hecho de que abunda en respuestas tanto como carece de preguntas.
Quizás hayamos entrado ya, sin darnos cuenta, a una nueva fase en la historia del sistema mundial, en la que pasamos de la relación bilateral entre lo "nacional" y lo "internacional", a otra, de carácter múltiple y más complejo, entre lo "local" y lo "global". Quizás, también, sean lo glocal y lo complejo - y ya no las categorías correspondientes a las dicotomías simples de antaño entre ciencias duras y blandas, etc.- lo que defina el ámbito de la historia ambiental en un mundo en el que, finalmente, la historia ambiental sea la historia a secas, como lleguen a serlo también la educación ambiental, la economía ambiental y la política ambiental que conocemos hoy.

sábado, 10 de octubre de 2009

Pedro Casaldáliga: "Pueden quitárnoslo todo menos la fiel esperanza"

Entrevista al teólogo de la Liberación don Pedro Casaldáliga: “La utopía es hija de la esperanza. Y la esperanza es el ADN de la raza humana. Pero ha de ser una esperanza creíble, justificable y que actúa”.
Pedro Ramiro, María González Reyes y Luis González Reyes / LA VENTANA
A sus 81 años, el obispo emérito de la diócesis de São Felix do Araguaia es uno de los más destacados representantes de la Teología de la Liberación y se ha convertido en un referente para la izquierda latinoamericana. Desde que hace cuatro décadas llegó a Brasil para quedarse, su trabajo en defensa de los derechos de los pueblos indígenas y de los grupos sociales más oprimidos, así como su apoyo a los movimientos brasileños de campesinos sin tierra y a la revolución sandinista en Nicaragua en los años ochenta, hacen que Pedro Casaldáliga sea parte fundamental de la memoria viva de la lucha por la dignidad y por la liberación de los pueblos en América Latina.
A mediados del pasado mes de agosto, Pedro Casaldáliga recibía a un grupo de activistas sociales del Estado español en su humilde casa de São Felix, en el estado brasileño de Mato Grosso, para reflexionar que "la mundialización nos ha dado la oportunidad de reconocer que somos una sola humanidad. Somos todos iguales, debemos serlo, en dignidad y en oportunidades". Así se daba inicio a una conversación en la que se trató desde la situación política de Brasil hasta las perspectivas actuales de la Teología de la Liberación, pasando por el modelo de consumo o los retos de la izquierda latinoamericana.
Desde la perspectiva que da el llevar ejerciendo muchos años el compromiso con las personas más desfavorecidas del planeta, ¿qué significado tiene para ti hoy la solidaridad?
—La pregunta que se hace desde el Primer Mundo es ¿qué podemos hacer nosotros? Pues renunciar, por fin, que ya es mucho pedir, al privilegio de ser Primer Mundo. Renunciar a esta condición excepcional de una mínima parte de la Humanidad, si la comparamos con la inmensa mayoría de todo el Tercer Mundo. Estamos intentando subrayar siempre que la solidaridad ha dejado de ser aquella solidaridad paternalista, de enviar la ropa, los medicamentos, ciertos recursos... Ha de ser una solidaridad que va y que viene, mucho más concreta y mucho más exigente: damos y recibimos, para que también la propia solidaridad, además de alimentar personas y curar enfermedades, facilite y estimule la vivencia de la propia cultura. «Porque nosotros ayudamos a personas que tienen una cultura, que no son simplemente un estómago y unas venas, sino que son pueblos. Por eso, hemos de procurar que la solidaridad sea constante, consciente, autocrítica, local y global: de ida y de vuelta».
Cuando te viste con Fidel Castro hace veinte años, él afirmó que "la Teología de la Liberación ayuda a la transformación de América Latina mucho más que millones de libros sobre el marxismo". ¿En que se basa actualmente la Teología de la Liberación?
—A día de hoy, hay diferentes teologías de la liberación. Lo que se ha hecho es incorporar más explícitamente temas, sectores de la sociedad, de la vida, que antes no eran tan considerados. Han ido surgiendo las cuestiones asociadas a los indígenas, las mujeres, la ecología, los niños de la calle... Ahora, se trata de una teología enriquecida por las reivindicaciones de esos grupos emergentes y, por eso, la Teología de la Liberación ya es muy plural en sus objetivos, siempre dentro de la reivindicación de la liberación.
«Cuando pedimos liberación para el pueblo negro, pedimos que pueda sentirse con orgullo negro, y que no le sea privada la cátedra, la función publica, el gobierno, que no haya la segregación que todavía hay. Y es que cuando yo vine a América Latina, hace cuarenta y un años, los negros, en su inmensa mayoría, no se reconocían como tales. Incluso, se estiraban el pelo para que no pareciera cabello de negro. Ahora están recuperando su orgullo, su identidad.
«Algo parecido ha ocurrido con la población indígena. Cuando llegué a Brasil se decía que había 150.000 indios, mientras hoy hay un millón. En esta región, por ejemplo, los indígenas tapirapé reconquistaron su territorio, los karajá han reconquistado asimismo una parte de sus territorios, los xavante también... y todo eso tiene espíritu de Teología de la Liberación.
«Una de las críticas que se le hace a la Teología de la Liberación por parte de los conservadores es que se trata de una teología muy materialista, que se preocupa mucho de intereses materiales, de necesidades físicas y olvida el espíritu, la oración. Ante eso, yo reivindicaría tres o cuatro trazos que serían indispensables en la Iglesia de Cristo: el primero, la opción por los pobres; el segundo, conjugar fe y vida; el tercero, la Biblia en manos del pueblo; cuarto, la solidaridad auténticamente fraterna».
¿Qué ha permitido que cuajase en América Latina?
—En América Latina, la Teología de la Liberación se desarrolló en un momento muy oportuno: acababa de acontecer el Concilio Vaticano II, en el año 1968.
«Cuando yo llegué aquí corrían vientos de cambio, tenían lugar las dictaduras militares, con lo que el contexto fue propicio para plantar pie y echarse a la liberación. Además, en América Latina hay una cierta unidad de continente. Es el único continente que puede llamarse la patria grande: “Nuestra América”, como decían los libertadores. Eso facilitó que surgiese una teología característicamente latinoamericana.
«Recuerdo siempre cómo las persecuciones, los exilios, las torturas, los mártires, conjugaron mejor toda la realidad latinoamericana. Aquí en Brasil a veces se sentía que estábamos un poco distantes de la América Latina hispanoparlante: un país demasiado grande, con otro idioma... Pero después de todas esas dictaduras militares, donde se mezclaron los cantos y se mezcló la sangre, América Latina es más ella, y es ella y el Caribe. Eso sí, yo prefiero la expresión “Nuestra América”, porque los libertadores usaban más esa denominación: Bolívar, Martí, Sandino, Fidel…»
En la Agenda Latinoamericana que elaboráis cada año, que sirve de base de trabajo a muchos activistas del continente, en 2009 habéis puesto como título "Hacia un socialismo nuevo". ¿Qué quiere decir esto del socialismo nuevo?
—¿Quién lo sabe? (risas) Se podría decir también izquierda, o socialismo, pero en cualquier caso hay unas cuantas exigencias indispensables: primero, no se puede tener como objetivo el lucro; segundo, ha de haber una cierta igualdad, unos niveles bastantes igualitarios, por ejemplo, en los salarios de un ministro y de un campesino; se ha de reivindicar un intercambio de países de igual a igual y, finalmente, no se puede aceptar que el capital se haga el dueño del trabajo, de la economía y de la propia democracia.
Como estamos viendo con el caso de Honduras, ¿pueden volver los tiempos de los golpes de Estado a América Latina?
—¿Quién sabe? Al menos, en Nicaragua y El Salvador ya no podrá haber nunca lo que hubo: habrá injusticias, habrá situaciones complicadas, pero una revolución bastante popular no se pierde por completo.
«Eso sí, el hecho de que un país pueda ser masacrado constantemente y no haya nadie que pueda intervenir en eso, da prueba de que la Humanidad está mal. El socialismo no puede aceptar la idea del colonialismo, del imperialismo. En este sentido, debemos gratitud a Cuba, porque, con todos sus pecados y sus excesos, el hecho de contestar tercamente al imperio es un gran servicio para América Latina y para el mundo. En ese sentido, una política mundializada podría suponer una oportunidad global».
Has venido haciendo también mucho hincapié en el problema del consumismo.
—Hasta ahora el consumismo ha sido visto como un exceso de vanidades, que si hay que tener cuarenta pares de zapatos, dos televisiones, etc. Pero esto es mucho más serio: se consumen derechos, se consumen necesidades. Si hay un veinte por ciento de personas y familias que están en la situación de estar bien, que viven en la civilización del bienestar, hay un ochenta por ciento que no tiene lo fundamental. El consumismo es capitalista, y todo lo malo que tiene el capitalismo lo tiene el consumismo. Si comparas lo que pasa cuando hay un terremoto en Japón y cuando sucede en Honduras, ves que en un sitio mueren tres personas y en el otro, dos mil. Los países del Primer Mundo se permiten ir haciendo, y detrás de nosotros, dicen, el diluvio. Porque lo primero que se mira no es el mundo, es la propia casa.
Para la agenda del año que viene, proponéis como lema "Salvémonos con el planeta".
—Dentro de esta visión de globalidad, descubrí por fin que el planeta es nuestra única casa. Y no hay modo de salvarnos nosotros si no salvamos el planeta. Mejor aún: es bueno recordar que podemos acabar los hombres completamente y el planeta seguirá. Hasta por egoísmo, diríamos, ahora nosotros solo nos salvamos si es con el planeta.
«Se ha creado una conciencia que antes no existía: la Amazonia ha sido prácticamente descubierta, por decirlo así, en los últimos tiempos. Para la Iglesia, no existía la Amazonia. Hubo actitudes de algunos "avanzados", más bien con ideas bucólicas que políticas, que eran definidos como unos quijotes simpáticos pero no pasaban de ahí. Últimamente, con la globalización, diversos técnicos y científicos recuerdan que la cosa va en serio. Y se ha llegado a una postura más política».
Frente a todo ello, ¿qué se puede hacer?
—Ha de ser un gran proceso de conversión, un cambio de mentalidad. Mientras que creamos que podemos tener todo lo que queramos, no hay solución. Precisamente porque la situación es global, ha de llegar a todas las bases la propuesta de dar una conciencia crítica sobre la situación real. Cada familia tiene el derecho y el deber de poner un cierto tope: si por un lado el padre está en una ONG de solidaridad y por otro lado el hijo está consumiendo a mansalva, con esa conducta estamos desmoralizando lo que estamos construyendo.
«Es bueno que salgan tantas noticias en boletines alternativos, para que nos demos cuenta de lo que está pasando. Como dicen muchos especialistas, no va a haber problemas: ya los hay y llegamos tarde, había que resolver las cosas anteayer. Otros, más esperanzados, dicen que todavía hay tiempo, que aún se pueden resolver los problemas. Sólo que para eso se necesitan políticas oficiales. Es un gesto que una familia tenga un coche en vez de tener tres, pero no resuelve el problema del petróleo».
¿Dónde queda entonces la política?
—Solo se puede resolver el problema si hay, de forma simultánea, políticas oficiales y políticas domésticas, grupales, de partidos, asociaciones, ONG. Como se está diciendo mucho ahora, hay que trabajar localmente y globalmente. Hay que dar más valor a la política. Hay que meterse en política, hay que asumir la vocación política. Si no, nos quedamos en cantar canciones de protesta. La política ha sido desmoralizada, ha ido quedando en manos de gente sin conciencia social ni responsabilidad. Tanto los partidos como los sindicatos han supuesto muchas decepciones, pero continúan siendo válidos, aunque ya no son tan hegemónicos porque también hay muchos movimientos sociales y ONG que son muy valiosos.
«Las mejores ONG son las muy politizadas: cuidan de ayudar estimulando, ayudar propiciando la acción y la formación. Se debería pedir que las ONG hicieran un examen de conciencia política. Porque están ayudando, sí, pero ¿y estructuralmente? La Iglesia católica siempre ha hecho caridad, pero si no nos metemos con las estructuras, continuaremos con unas que son nefastas».
A un año de las elecciones generales en Brasil, ¿cuál es tu valoración del Gobierno de Lula?
—Lula, aunque quisiera, no podría hacer un Brasil socialista. Ahora bien, él podría propiciar muchos gestos que fueran hacia el socialismo: rebajar los salarios de los más ricos y subir el de los más desfavorecidos; facilitar oportunidades a los grupos humanos que no las tenían; poner el trabajo por encima del capital; no entregarse en cuerpo y alma al agronegocio, sino a la agricultura familiar. ¿Se puede exportar? Claro que sí, pero no dando prioridad a lo que no es prioritario. Su lema del mandato ha sido: “que todos los brasileños coman una vez por día”. Eso es un paso de proto-socialimo, qué menos que eso, ¿no? Pero, así con todo, hay millones que no comen cada día. Y qué jefe de Estado ha tenido la popularidad del ochenta por ciento que ahora tiene Lula».
¿Cómo valoras el papel de los movimientos antiglobalización, los encuentros del Foro Social Mundial y las organizaciones que defienden que "otro mundo es posible"?
—Esa conciencia mundializada nos ayuda a comprender que debemos transformar el mundo. No vale con cuidar solo la propia casa y el propio país. La utopía se hace así más posible, porque ya es una utopía con visión política, de solidaridad, con actitudes concretas. Años atrás, ¿quién podría pedir un gobierno mundial? Hoy, hablar de ello ya no es tan utópico. La utopía es hija de la esperanza. Y la esperanza es el ADN de la raza humana. Pueden quitárnoslo todo menos la fiel esperanza, como digo en un poema. Ahora bien, ha de ser una esperanza creíble, activa, justificable y que actúa.
«Por eso la Teología de la Liberación ha insistido tanto en la praxis: si decimos que Dios es amor, hay que practicarlo; si es vida, hay que potenciar la vida. La religión no es praxis, nos decían, es fe. Pero la fe sin praxis es una quimera, y también un sarcasmo. Teóricamente, la cosa está clara; ahora, en la práctica, vamos a ver…»

Pedro Ramiro es investigador del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) - Paz con Dignidad; María González Reyes y Luis González Reyes son miembros de Ecologistas en Acción. Esta entrevista ha sido publicada en el nº 39 de la Revista Pueblos, septiembre de 2009, de donde fue tomada.