En los últimos años,
los medios de comunicación y cierto tipo de empresas, algunas de muy dudosa
reputación, han descubierto el valor de este tipo de estadística como
instrumento de manipulación a través de la construcción y venta de “verdades”
que atraen la atención del público a partir del morbo que produce en los seres
humanos el supuesto conocimiento de los hechos futuros.
Sergio Rodríguez Gelfenstein / Especial para Con Nuestra
América
Desde Caracas,
Venezuela
El fenómeno de las
encuestas en tiempos electorales y el surgimiento de empresas que las realizan
han comenzado a copar el ambiente político en la mayor parte del mundo. Ello se
inscribe en una lógica de racionalidad que se sustenta en argumentos
científicos que permiten entregar información a los actores políticos y a los
propios electores respecto de la aceptación o no de un candidato. Nadie puede
dudar que la estadística es una ciencia (algunos la definen como metodología)
que trata de la recolección, presentación, análisis e interpretación de los
datos, así como de la proyección e inferencia de ellos. Existe desde tiempos
inmemoriales, se sabe que ya en la antigüedad era utilizada para realizar
censos y llevar controles sobre el pago de tributos.
