Frente a los escenarios que se despliegan ante nuestros ojos, y que adquieren tintes apocalípticos, tendremos que forjar -de una materia que por ahora no se vislumbra con claridad- proyectos civilizatorios nuevos, amplios, diversos, humanistas y universalistas, capaces de revertir el paso acelerado de la Revolución Conservadora.
Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica
He tomado el título que encabeza este artículo de uno de los capítulos más sugestivos de la obra El naufragio de las civilizaciones (2019, Madrid: Alianza Editorial), del escritor y periodista libanés Amin Maalouf. Ganador del premio Aujourd'hui al mejor libro de geopolítica en Francia el año anterior, Maalouf desarrolla en este ensayo una interpretación crítica sobre la crisis civilizatoria de nuestro tiempo. Con un estilo que combina el relato testimonial y el análisis histórico-político, el autor indaga en las causas e implicaciones de las que considera son las principales transformaciones de las últimas décadas: desde el ocaso de su mundo materno, el universo levantino que empezó a derrumbarse en la segunda mitad del siglo XX y desembocó en el actual radicalismo islámico, hasta la reconfiguración en curso del sistema internacional que sobrevino tras el desmembramiento de la URSS, y que tiene como telón de fondo el ascenso de la Revolución Conservadora -con epicentros en coordenadas geográficas y culturales tan disímiles como Teherán y Londres, Roma y Washington, Pekín y Moscú-, cuyo horizonte ideológico influye de manera decisiva en la construcción del sentido común de nuestro tiempo.
