sábado, 23 de julio de 2011

Toma de posesión de Ollanta Humala: un paso más cerca de nosotros mismos

La tendencia política dominante a la que esta semana se suma el Perú con la toma de posesión de Ollanta Humala, implica esta aplicación prioritaria hacia lo nuestro. Aunque no lo parezca, este es uno de los retos mayores que tenemos.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

rafaelcuevasmolina@hotmail.com

La llegada al poder político de Ollanta Humala en el Perú el próximo 28 de julio, después de reñidísima campaña electoral en la que tuvo como contendiente principal a Keiko Fujimori, ratifica la tendencia dominante en la actualidad en América Latina, que lleva a la sustitución de los proyectos abierta y salvajemente neoliberales, por otros que buscan sociedades más equitables en el continente con las mayores disparidades económicas y sociales del mundo.

Aunque todas estas experiencias comparten algunos rasgos en común, esa sustitución se encuentra marcada por las características y condiciones específicas de cada país. Los rasgos en común son básicamente dos: 1) apostar por políticas sociales orientadas a beneficiar a amplios sectores de la población marginados de los “beneficios” del desarrollo capitalista en su etapa neoliberal y 2) privilegiar las relaciones de cooperación y ayuda mutua entre nosotros mismos, es decir, entre los latinoamericanos.

Pero este proceso de acercamiento entre latinoamericanos se lleva a cabo en un marco de respeto a la diversidad prevaleciente. Esta es una característica que adquieren estos procesos alternativos en el siglo XXI, cuando se ha entendido que la imposición de modelos, la mayoría de las veces provenientes de fuera del continente, llevan en última instancia al fracaso. Es decir que, ahora, prevalece la realidad sobre la teoría y no al contrario.

Pero esta nueva situación plantea retos inmensos. En primer lugar, la de conocer y pensar nuestras propias realidades con nuestras cabezas. No se trata, desde luego, de desechar las experiencias y las propuestas de otras partes del mundo, sino de verlas y, eventualmente, utilizarlas, a partir del prisma de lo que necesitamos. No se trata, tampoco, de “casarse” con una u otra teoría, propuesta o idea, como nos pasó tanto en el pasado, sino de construir a partir de lo que se nos ofrece hilvanando nuestras propuestas a partir de objetivos propios. Todo aporte debe incorporarse en nuestro análisis bajo la óptica de la idea martiana según la cual los aportes teóricos provenientes de realidades externas a la latinoamericana son bienvenidas, siempre y cuando se hagan desde la óptica de nuestros intereses y necesidades. En este sentido, hemos propuesto con anterioridad llamar a esta perspectiva tener una visión “desde acá”, lo que implica no tomar tales aportes como normas a ser seguidas a pie juntillas, sino más bien como referencias que pueden y deben ser reinterpretadas, con el fin de que puedan ser útiles como herramientas teóricas adaptadas a las características de la realidad latinoamericana. El resultado de tal perspectiva resulta, muchas veces, después de la selección crítica, el relacionamiento inédito y la incorporación de elementos nuevos, en un aparataje teórico original.

Siendo la realidad latinoamericana variada y multiforme, los resultados de nuestros análisis también tendrán que serlo con necesidad.

Es este, entonces, un tiempo de revaloración de lo que otros, en distintos momentos de nuestra historia, han pensado y propuesto; también de acercamiento a los conocimientos, hasta ahora desligitimados, emanados de grupos sociales marginados y muchas veces discriminados como, por ejemplo, los indígenas.

La tendencia política dominante a la que esta semana se suma el Perú con la toma de posesión de Ollanta Humala, implica esta aplicación prioritaria hacia lo nuestro. Aunque no lo parezca, este es uno de los retos mayores que tenemos pues, acostumbrados como estamos al seguidismo y a la copianditis, hemos desarrollo por años de años todo un aparataje de justificaciones y reconocimientos dirigidos a legitimar la repetición de papagallos.

Crear es intentar, probar, errar y acertar. Crear es compromiso, responsabilidad y esfuerzo.

Estamos inmersos, por lo tanto, en un tiempo que demanda de nosotros intentar, probar, errar y acertar; compromiso, responsabilidad y esfuerzo.

Los jóvenes en el centro de la tormenta

La cuarta parte de los niños y jóvenes de América Latina y el Caribe no tienen trabajo estable y se encuentran en riesgo de ser afectados por el crimen, ya sea como víctimas o perpetrándolo.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

Conservo con singular aprecio un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina, la obra fundamental del uruguayo Eduardo Galeano, correspondiente a la primera edición de 1971. Allí, con su maestría reconocida, el autor utilizó una poderosa metáfora para dar título a la introducción del libro: “Ciento veinte millones de niños en el centro de la tormenta”.

Era la tormenta de la exclusión, la pobreza y la desigualdad; del subdesarrollo y la expoliación de nuestros países por parte de los grandes poderes económicos y militares del mundo, en la que se agitaban millones de menores latinoamericanos en aquella época del siglo XX.

Cuarenta años después de publicada la obra de Galeano, esa imagen cobra renovada vigencia en momentos en que distintos organismos internacionales dan a conocer informes sobre las problemáticas que asuelan hoy a los niños y jóvenes latinoamericanos.

Los datos estadísticos, como siempre, son irrefutables: según la Organización de Estados Americanos (OEA), los jóvenes de entre 15 y 29 años, unos 150 millones de personas, representan el 57% de la población de América Latina y el Caribe; de ellos, el 60% no han completado la escuela secundaria, y la cuarta parte, unos 38 millones, no tienen trabajo estable y se encuentran en riesgo de ser afectados por el crimen, ya sea como víctimas o perpetrándolo.

Las distintas formas de criminalidad en la región, vinculadas al narcotráfico, la delincuencia y la violencia social, son particularmente agresivas con esta población: el 90% de las muertes por disparos corresponde a niños o jóvenes, para quienes la posibilidad de perder la vida por homicidio es 30 veces mayor que la de un joven europeo.

Además, ya es un hecho que la participación de las mujeres jóvenes en pandillas aumentó entre un 15% y un 25%, lo que habla tanto de una enorme capacidad de reclutamiento de estas organizaciones, como del deterioro del tejido social y los sistemas de protección y bienestar en las sociedades latinoamericanas (La Jornada, 29-06-2011).

En México y Centroamérica, por ejemplo, las regiones más violentas del continente, el reclutamiento de niños y jóvenes para actividades criminales adquiere dimensiones alarmantes.

El Comité de los Derechos del Niño de la ONU recibió informes que estiman entre 15 y 20 mil el número de adolescentes involucrados en la guerra contra el narcotráfico en México. Por su parte, el obispo de Coahuila, en el norte del país, denunció recientemente que los cárteles de la droga pagan $120 dólares semanales a niños menores de 12 años que utilizan como vigías (La Jornada, 14-07-2011). Y a los jóvenes de entre 12 y 16 años, los emplean para el traslado de droga y para que den sus primeros pasos como sicarios.

Asimismo, las investigaciones de la Red para los Derechos de la Infancia en México aportan otros elementos de este oscuro panorama: “actualmente 35 mil niños y jóvenes operan con pandillas trasnacionales como la Mara Salvatrucha y Los Zetas, mientras que la M-18, que opera en conjunto con el cártel de Sinaloa, enrola alrededor de 8 mil niños y jóvenes” (Rebelion, 19-07-2011).

Este es el retrato de la nueva tormenta de nuestro tiempo, tanto o más peligrosa que aquella de la que escribió Galeano. Una andana de calamidades sociales que exterminan poco a poco a la juventud latinoamericana, y que si se quiere enfrentar de manera integral y radical, primero es necesario entenderla como resultado directo del capitalismo neoliberal y dependiente que impera todavía en la región (donde el narcotráfico es una de las más dinámicas y lucrativas actividades económicas); y de la pulsión destructiva de la cultura del consumo y la violencia que acompaña a la actual crisis civilizatoria.

Alguna vez, otro uruguayo, el poeta Mario Benedetti, se preguntó en sus versos: “¿qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de rutina y ruina?” Y respondió:

“les queda respirar/ abrir los ojos

descubrir las raíces del horror

inventar paz así sea a ponchazos

entenderse con la naturaleza

y con la lluvia y los relámpagos

y con el sentimiento y con la muerte

esa loca de atar y desatar”.

Hoy, diríamos que también les queda indignarse. Rebelarse contra un orden que provoca la muerte, y sembrar vida contra la desesperanza. Y a todos nosotros y nosotras nos corresponde acompañarlos en esa lucha: testigos como somos de un drama que, de prolongarse, solo puede traer más dolor y sufrimiento a nuestra América.

Ollanta Humala y la jauría rabiosa

La jauría mediática completa -no sólo de Perú, sino de América Latina-, apuntaló sus editoriales contra el nuevo presidente peruano por visitar Cuba.

Abner Barrera R. / AUNA-Costa Rica

(Fotografía: En La Habana, el presidente electo Ollanta Humala fue recibido por el canciller cubano Bruno Rodríguez).

Días antes del viaje de Ollanta Humala, presidente electo de Perú, hacia México, de donde se trasladaría luego a Cuba, la prensa cavernaria de la derecha peruana aulló a todos los vientos. El motivo: la visita del presidente peruano a la isla soberana. Ni siquiera hablaron del viaje que realizaría primero Humala a México, país capturado por el narcotráfico y el crimen organizado. No les importó a los publicistas los desafíos que la realidad mexicana presenta a la región. La jauría completa -no sólo de Perú, sino de América Latina-, apuntaló sus editoriales contra el nuevo presidente peruano por visitar Cuba.

El reciente electo presidente de Perú culminó su periplo por los países sudamericanos, cuando el pasado 15 de julio llegó a Venezuela, donde fue recibido por el mandatario Hugo Chávez. La manada, sin mostrar ningún respeto por la salud de líder bolivariano, cuestionó esa visita. En Caracas, Humala expresó: “Vengo con mucho cariño a conversar, a mirar hacia adelante y a darle fuerzas en esta batalla personal que está llevando”. Como es sabido –y hoy ya resulta hasta cómico en la política peruana- la oligarquía de la derecha limeña, sin mostrar ninguna prueba, ha calumniado reiteradamente a Humala, de haber recibido fondos del gobierno de Chávez para financiar sus campañas electorales (el 2006 y 2001). En días recientes, a propósito del viaje a Venezuela, en uno de los diarios limeños, la jauría aulló, publicando una foto de los dos mandatarios (Humala y Chávez) saludándose; el aullido decía: “Uña y carne”.

Como los rugidos de la perrería son abundantes, al azar, escogemos uno, donde la periodista le pregunta al político José Barba Caballero: “¿Es un error del presidente electo terminar sus viajes visitando Venezuela y Cuba?” Él responde: “Sí, claro que sí. Primero, no se perdía nada si los omitía. Terminar visitando a dos dictadores de muy mala estirpe. Ir a inclinarse ante las barbas ensangrentadas de un dictador sanguinario como Fidel Castro y saludarlo como si fuera un venerado maestro dice mucho de quien pretende ser un presidente democrático.” El que así opina -Barba Caballero- es un político que se ha paseado por todos los partidos de derecha, buscando ser electo en el Congreso de Perú; sus últimos manotazos como agónico tipejo del circo neoliberal, fue animar la fracasada candidatura presidencial del mediocre publicista Jaime Bayly.

Ha sido el mismo Fidel Castro quien ha expresado, en más de una oportunidad, que visitar a Cuba es una manifestación de independencia. A pesar que, ya no vivimos los años de la guerra fría (entre Estados Unidos y la Unión Soviética), sin embargo ésta está viva de parte de los Estados Unidos contra la Revolución Cubana. No es cualquier jefe de Estado el que se atreve a visitar a la Isla, porque tiene que tomar en cuenta lo que piensa Estados Unidos, algunos temen represalias económicas o políticas, no quieren disgustar a Estados Unidos, o porque están buscando alguna ayuda o préstamo de los organismos económicos internacionales como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo o el Fondo Monetario Internacional. Por eso visitar la isla soberana es un acto de valentía aunque la jauría rabiosa expida todo tipo de espumarajos.

En la entrevista que le hiciera el sacerdote brasileño Frei Betto a Fidel Castro en 1985 (que resultó en la publicación del libro Fidel y la religión), el Comandante dice “De modo que conocemos mucha gente que incluso mira con simpatía las actividades de Cuba, pero debe tener en cuenta todos los intereses antes de tomar la decisión casi heroica de venir a Cuba. Visitar a Cuba se convierte, realmente, en una manifestación de independencia”.

En la madrugada del reciente martes 19 de julio, al arribar Humala a la Isla, dijo: “Andamos de gira para visitar a un pueblo hermano, el pueblo de Cuba, a plantear una agenda abierta con su presidente”. Estas declaraciones convirtieron los sueños de la jauría en pesadilla.

El diario digital Cubadebate registra que en su estancia en Cuba, Humala revisó con el presidente Raúl Castro el estado de las relaciones y “apostó por fortalecer la cooperación en áreas como la sanidad, la educación, el deporte, la cultura y la economía”. Señala que el presidente peruano “se mostró especialmente interesado por el programa para erradicar el analfabetismo que Cuba ha llevado a cabo en otros países de la región como Venezuela o Bolivia”. Mientras Ollanta Humala busca promover este beneficio para miles de peruanos analfabetos, hace tres semanas el actual presidente de Perú Alán García (que termina su mandato el próximo 28 de julio), irresponsable y populistamente, dijo que Perú es un país libre de analfabetismo. García cree que el analfabetismo se elimina por decreto.

La rabia de la jauría no pudo ser menor, cuando se enteró que Humala almorzó con el “demonio” Fidel Castro, encuentro que el electo mandatario peruano calificó de “alegre” y en el que hablaron de diversos temas e intercambiaron impresiones sobre el panorama político regional. Y como si fuera poco, Humala criticó el bloqueo económico de Estados Unidos hacia Cuba y consideró “una vergüenza que en el siglo XXI haya este tipo de situaciones que la verdad no ayudan a la integración de América”. Estas últimas declaraciones, la jauría prefirió no publicarlas, porque no querían hacerse eco de una voz más que se levanta a favor de la Revolución Cubana y en contra del imperialismo estadounidense.

Perú se suma al cambio de época

El próximo 28 de julio se abre una nueva etapa en el país andino. Un nacionalista de izquierda llega a la cúspide de un país tradicionalmente reacio a los cambios. Humala buscará ser un moderado más que un revolucionario, un Lula más que un Chávez, pero apuntará sus miradas a los vecinos regionales antes que al norte.

Germán Gonaldi / Agencia Periodística de América del Sur

El reciente triunfo de Ollanta Humala en las elecciones presidenciales de Perú dio a los procesos políticos latinoamericanos otro capítulo que alimenta la esperanzas de millones de personas que ven que su hora ha llegado: la hora de equilibrar la balanza del poder, la hora de acabar con la desigualdad política y económica, la hora de los pueblos.

Humala, un nacionalista de izquierda con pasado militar, ganó en su segundo intento de llegar al poder, tras aquellas elecciones de 2006 cuando cayó ajustadamente en ballotage con Alan García, luego de ganar en primera vuelta. La experiencia se dio vuelta en esta elección histórica y pudo superar a la candidata del “status quo”, Keiko Fujimori, hija del autócrata ex presidente que hoy pasa sus días tras las rejas. Lea el artículo completo aquí…

Crece oleada contra modelo extractivo

La actual oleada andino-amazónica contra el modelo extractivo viene creciendo desde las profundidades de la sociedad peruana desde hace más de una década.

Raúl Zibechi / LA JORNADA

La reacción de los pueblos contra el modelo extractivo es cada vez más intensa y se está conformando una alianza de hecho entre diversos sectores sociales. Hace pocos meses fueron los obreros que construyen la central hidroeléctrica de Jirau, sobre el río Madera, en el estado brasileño de Rondonia, los que se levantaron contra las pésimas condiciones de trabajo. Hace dos años fueron los indígenas amazónicos de Bagua, en Perú, los que enfrentaron las concesiones petroleras, con un saldo de más de 30 muertos.

En junio el levantamiento fue en el sur peruano, abarcó buena parte del departamento de Puno y se dirigió contra proyectos mineros e hidroeléctricos. Desde hace varios años la resistencia a la minería viene creciendo en toda la región. Tambogrande y Ayavaca se inscribieron en los últimos años en la historia de la resistencia a la minería, ambos en el norte peruano. Hace dos meses, en Cocachacra, en el sur del país, la población consiguió frenar el proyecto minero Tía María. Allí donde la población puede expresarse, lo hace masivamente contra la minería trasnacional. Lea el artículo completo aquí…

Salvador Allende: suicida no, héroe

En las dramáticas circunstancias en las que cayó combatiendo el primer presidente socialista electo en América Latina, determinar quien tiró del gatillo no hará diferencia alguna ni cambiará la historia: Allende es un mártir.

Jorge Gómez Barata / Argenpress.info

Aunque en el léxico forense sea técnicamente correcto; ofrendar la vida por una causa en la que se cree desde la perspectiva inteligente del luchador social, es un acto de tal grandeza que reducirlo al suicidio, es no sólo inexacto sino mezquino. Salvador Allende es un héroe, un paradigma del ser humano capaz de asumir la muerte como un servicio y entregar la vida para plantar una semilla y levantar una bandera.

En las dramáticas circunstancias en las que cayó combatiendo el primer presidente socialista electo en América Latina, determinar quien tiró del gatillo no hará diferencia alguna ni cambiará la historia: Allende es un mártir y tanto los autores intelectuales que desde Washington dieron la luz verde al golpe como sus ejecutores materiales, los fascistas al mando de Augusto Pinochet, fueron sus verdugos. Ningún tecnicismo cambiará la historia.

Tal vez inmolación sea una expresión más apropiada, aunque todavía sin la fuerza de convicción y la plasticidad necesaria para expresar la dimensión humana, el dolor de aquella acción y el alcance de una tragedia semejante. En este caso decir que no existen palabras para describir el gesto es literalmente cierto. Quizás un poeta con las luces de Silvio Rodríguez que fue capaz de encontrar los giros necesarios para reivindicar la necedad hasta hacerla heroica, encuentre la metáfora apropiada.

Empujado a una situación extrema en la cual entregarse sería humillar una causa, faltar a la palabra empeñada ante el pueblo y la Patria y de cierta manera admitir que la brutalidad y el fascismo podían prevalecer por sobre el líder al que el pueblo había confiado su destino, Salvador Allende, un hombre inteligente y bueno, prefirió negarles la razón. Su muerte puede haber sido la primera victoria de la resistencia.

Obviamente los fascistas hubieran preferido no tener que bombardear La Moneda ni matar al presidente, para ellos hubiera sido más rentable atraparlo y desmoralizarlo exhibiéndolo en la derrota. Con su muerte Salvador Allende frustró el plan y sumó su vida al baldón que las hordas fascistas echaron sobre sí mismas al faltar al juramento de fidelidad a la Constitución.

Salvador Allende facilitó las cosas para que fuera la historia y no el fascismo quien lo juzgara. Eso es exactamente lo que ocurrirá cuando el pueblo chileno transite por aquellas “grandes alamedas” que él avizoró como parte de un brillante porvenir. No es la forma de su muerte sino el contenido de subida lo que confiere la inmortalidad de que disfruta para siempre en el más allá de los pueblos.

Allá nos vemos.

El liderazgo para la Venezuela socialista

Un líder socialista no debe parecerlo; sino que debe serlo. Por lo que en su accionar debe dar demostración de ser un auténtico demócrata; que su prédica sobre el pueblo es sincera; que lo guían nobles y profundos sentimientos humanos.

Nelson Pineda Prada* / Para Con Nuestra América

En el año 1999, se inicia un profundo proceso de transformación de la formación social capitalista dependiente venezolana. El diagnóstico de la Venezuela puntofijista, clientelar, partidocrática, elitista, excluyente, subdesarrollada, que empobreció al pueblo venezolano, nos decía que ésta tenía que ser objeto de una transformación radical. Que no había cabida para las reformas. Por lo que, dicho proceso, debía conducir a la formulación de un nuevo modelo de desarrollo. A un nuevo proyecto de nación. Que tuviera al venezolano como el centro de su estructuración, sin excluidos. Verdaderamente democrático, por tanto de democracia participativa y protagónica. Solidario y exigente. Serio y responsable, en la distribución de la riqueza nacional.

Se inició, de tal manera, una revolución pacífica y democrática. En menos de un año, se transformó el marco constitucional del país, con lo cual se cumplió el compromiso de dotar a Venezuela de una nueva Carta Magna.

T.S. Kuhn, en su obra: La estructura de las revoluciones científicas, nos dice que "las crisis son una condición previa y necesaria para el nacimiento de nuevas teorías", y que "la decisión de rechazar un paradigma es siempre, simultáneamente, la decisión de aceptar otro, y el juicio que conduce a esa decisión involucra la comparación de ambos paradigmas con la naturaleza y la comparación entre ellos", ya que "la transición de un paradigma en crisis a otro nuevo del que pueda surgir una nueva tradición de ciencia normal, está lejos de ser un proceso de acumulación, al que se llegue por medio de una articulación o una ampliación del antiguo paradigma".

De allí que sea -precisamente- esa transición, hacia el establecimiento de un nuevo paradigma, a lo que Kuhn llamó Revolución Científica.

Pues bien, avanzar en la edificación de una nueva formación social venezolana exige al liderazgo, que le corresponda conducir dicho proceso, entender que el Socialismo del Siglo XXI no es igual a los modelos socialistas existentes o que existieron en otras latitudes. Que éste fragua su estructuración en la realidad venezolana. Es venezolano. Lo cual no significa que algunas de sus políticas, puedan ser coincidentes con las de otras experiencias societales.

Tiene que ser un liderazgo imaginativo y creador. Tiene que entender que su gran misión, es la de diseñar un modelo de desarrollo social nuevo; cuya edificación debe trascender el rentismo tradicional; que debe transformar el "Estado Capitalista" actual en un "Estado Socialista", que ese es el cambio de paradigma requerido. 

Tarea que no es fácil, ni se logra por decreto. El liderazgo para la transformación socialista tendrá que dotarse de una formación política sólida. Debe hacerse de un real conocimiento -y una real interpretación- de nuestro proceso socio-histórico. Debe saber que Venezuela fue incorporada al sistema económico mundial en calidad de país productor de materia prima y consumidor de productos industriales. Sistema Económico que las grandes potencias organizaron de acuerdo con sus intereses y dispusieron de su inigualable poder para imponerlo. "Sistema Mundo" que hay que transformar. Debe entender, por tanto, que el tiempo presente es otro.

Un líder socialista no debe parecerlo; sino que, debe serlo. Por lo que en su accionar debe dar demostración de ser un auténtico demócrata; que su prédica sobre el pueblo, es sincera; que lo guían nobles y profundos sentimientos humanos, por lo que la justicia social, la equidad, la igualdad, trascienden la condición de valores morales que se le atribuye en la sociedad capitalista, para convertirse en principios caracterizadores y determinantes de una conducta verdaderamente socialista.

El liderazgo de la Venezuela Socialista debe desechar toda conducta clientelar, todo "familismo amoral". Debe entender que, a diferencia de lo postulado por Weber, el carisma es una cualidad que se atribuye a aquellas personas que atraen y son atraídas por el pueblo. Cuyo liderazgo es construido a partir de la trasmisión de ideas y creencias, estructuradas a partir de una lógica del poder.

El líder socialista tiene que ser consciente que él no es un "ser aparte", dotado de poderes sobrenaturales. Que como bien lo dice Lipovetsky: "El ideal moderno de subordinación de lo individual a las reglas racionales colectivas ha sido pulverizado, el proceso de personalización ha promovido y encarnado masivamente un valor fundamental, el de la realización personal, el respeto a la singularidad subjetiva, a la personalidad incomparable..."

Pero sobre todo, el liderazgo para la edificación de la Venezuela socialista, deberá estar convencido de que ello es posible; y, más que posible, que es una necesidad.

Sólo así haremos realidad la utopía.

*Agradecemos el envío de este texto al señor Lenín Pérez Rangel, Segundo Secretario Encargado de la Sección de Prensa, de la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela en Costa Rica.

Espejo latinoamericano para la crisis europea

En estos días, cuando buena parte de Europa se asoma al espejo, quizás pueda ver el rostro de América Latina. La imposición de un régimen macroeconómico de austeridad sólo llevará a las economías de la región a la profundización de la recesión y la crisis.

Alejandro Nadal / LA JORNADA

Los titulares sobre deuda soberana y cesación de pagos en Europa abundan en estos días. Y parece que son el eco de lo acontecido con la crisis de la deuda en América Latina de los años ochenta. Ese episodio desembocó en lo que se llamó la década perdida en la región, pero en realidad, el quebranto en Latinoamérica ha perdurado más allá de aquél decenio trágico. El calvario para los ciudadanos de América Latina es una lección que en la Unión Europea no puede ignorarse.

Al igual que en varios países de Europa, el sobre-endeudamiento en la región latinoamericana se acompañó de la voracidad e irresponsabilidad del sector financiero internacional. Durante la segunda mitad de los años setenta, los bancos de las economías desarrolladas enfrentaron la necesidad de reciclar sus recursos a través de préstamos imprudentes en busca de ganancias rápidas. Los países con una mayor base de recursos naturales fueron los más buscados. Lea el artículo completo aquí…

¿Acabarán con Panamá la corrupción y la especulación?

Mientras que en EE.UU., en muchos países de Europa y América Latina la defunción de la ideología “neoliberal” se oficializó y se está invirtiendo en planes de desarrollo, en Panamá el “muerto” continúa con el despilfarro de recursos.

Marco A. Gandásegui, h. / ALAI

El “neoliberalismo” ha muerto, viva el “neoliberalismo”. Según el economista Alejandro Nadal, “los economistas conservadores (neoliberales) han salido desprestigiados por la crisis. Después de todo, prometieron prosperidad, igualdad y hasta un mundo menos enfermo desde el punto de vista ambiental. Lo único que nos entregaron fue un colapso económico gigantesco, con desempleo y pobreza. Deberían estar escondidos, llenos de vergüenza”.

Sin embargo, en algunos países como Panamá, México, Colombia y Chile, los “neoliberales” siguen aplicando recetas que sólo tienen como fin trasladar riquezas de los bolsillos de los trabajadores a las cuentas bancarias de los especuladores. Es decir, Panamá sigue del brazo de las políticas neoliberales que fueron abandonadas por la mayoría de los países de América latina y, en gran parte, por EEUU.

El presidente Ricardo Martinelli tiene al país entretenido con un circo montado por el gobierno y la oposición, mientras los especuladores neoliberales siguen arrancándole el último suspiro al país. Lea el artículo completo aquí…

Frente a la crisis: cuatro principios y cuatro virtudes

Todos los esfuerzos serán en balde si la Cumbre Río+20 de 2012 se limita solamente a discutir medidas prácticas para mitigar el calentamiento global, sin discutir otros principios y valores que pueden generar un consenso mínimo entre todos y dar así sostenibilidad a nuestra civilización.

Leonardo Boff / Servicios Koinonia

Goza de plena actualidad esta frase de Einstein: «el pensamiento que ha creado la crisis no puede ser el mismo que va a solucionarla». Es demasiado tarde para hacer sólo reformas, éstas no cambian el pensamiento. Necesitamos partir de otro pensamiento, fundado en principios y valores que puedan sustentar un nuevo ensayo de civilización. O si no, tendremos que aceptar un camino que nos lleva al precipicio. Los dinosaurios ya lo recorrieron.

Mi sentimiento del mundo me dice que hay cuatro principios y cuatro virtudes capaces de garantizar un futuro bueno para la Tierra y la vida. Aquí solamente voy a enunciarlos, sin espacio para profundizar en ellos, cosa que he hecho en varias publicaciones en los últimos años.

El primero es el cuidado. El cuidado es una relación de no agresión y de amor a la Tierra y a cualquier otro ser. Lea el artículo completo aquí…

El Buen Vivir o la disolución de la idea del progreso

El Buen Vivir tiene su cuota de romanticismo, pero a la vez ofrece una vigorosa dosis de realismo. Recuérdese que estos estilos de vida, que propugnan la relación armónica entre los seres humanos y de éstos con la naturaleza, con todas las limitaciones que se les pueda encontrar, fueron la base para que las culturas indígenas puedan resistir más 500 años de colonización y explotación.

Alberto Acosta y Eduardo Gudynas / CEPRID

El concepto de “Buen Vivir” ha cobrado notoriedad a partir de los debates en América del Sur, y en especial por sus recientes formulaciones constitucionales. Es justamente desde la visión de los marginados por la historia, desde los pueblos y nacionalidades indígenas, desde donde se plantea el Buen Vivir como una oportunidad para construir otra sociedad sustentada en la convivencia del ser humano en diversidad y armonía con la naturaleza, a partir del reconocimiento de los diversos valores culturales existentes en cada país y en el mundo.

Esta idea en Ecuador se expresa como Buen Vivir o sumak kawsay en kichwa, mientras que en Bolivia se le invoca como Vivir Bien, suma qamaña en aymara, o ñandareko en guaraní y sumak kawsay en quechua. En la construcción del concepto se desnudan los errores y limitaciones de las diversas teorías del llamado desarrollo, se cuestionan algunas de sus bases fundamentales ancladas en la idea de progreso, y a la vez se abren las puertas a otras opciones alternativas. El Buen Vivir no es, entonces, un desarrollo alternativo más dentro de una larga lista de opciones, sino que se presenta como una alternativa a todas esas posturas. Sus avances más importantes han tenido lugar en Bolivia y Ecuador. Se trata de una idea plural que sigue en construcción y discusión, no sólo en estos países andinos. Lea el artículo completo aquí…

Martí y el periodismo nuestroamericano

Martí sacudió a Hispanoamérica desde sus revistas decimonónicas, toca aplicarlo ahora —con creatividad— al periodismo de los tiempos modernos.

Randy Saborit / LA JIRIBILLA

En desempolvar la manera de hacer periodismo de José Martí en pro de Nuestra América está parte de la clave para acertar en el blanco de la recepción en estos tiempos vividos al sur de la frontera de México con EE.UU.



A través de su medular ensayo “Nuestra América” —publicado por primera vez el 1ro. enero de 1891 en la Revista Ilustrada de Nueva York— sentenció: “En el periódico, en la cátedra, en la academia, debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del país”.



Un periodismo autóctono, que conociera los elementos naturales de la región al sur del Río Bravo, promovió y ejerció Martí desde la Revista Venezolana, La América y La Edad de Oro, las cuales dirigió.



El Maestro, como conocedor del don de la propaganda, sabía que las trincheras de ideas valían más que las de piedra, y en consecuencia se dedicó a perpetuarlas, esencialmente, a través de planas impresas.



Para lograr que los pueblos desconocidos se dieran prisa en hacerlo, concibió publicaciones que ayudaron a descubrir las riquezas intelectuales y naturales de la Patria grande. Lea el artículo completo aquí…

domingo, 17 de julio de 2011

Guatemala, enseñanzas del asesinato de Facundo Cabral: el estado, cuando quiere, funciona.

En la “exótica” Guatemala se hace paradigmáticamente realidad aquella idea que plantea que el Estado es un instrumento de clase. Aquí funciona con poco de legitimación, poco de consenso y mucho de exclusión.

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

rafaelcuevasmolina@hotmail.com

Recurrentemente, analistas y columnistas nacionales y extranjeros hablan del Estado guatemalteco como uno fallido. Las circunstancias, dicen, especialmente la arremetida del narcotráfico, le ha superado ampliamente y, corrupto, decrépito, ineficiente y pobre, prácticamente no tiene salida posible.

No repetiremos aquí cifras, hechos y procesos que respalda estas afirmaciones. Son muchas, contundentes, escalofriantes, y los guatemaltecos lo viven con miedo, todos los días, a todas horas y en todo lugar.

El asesinato del cantautor argentino Facundo Cabral, nos descubre ahora una nueva faceta de ese Estado dizque fallido: su eficiencia. No habían pasado 72 horas después que el artista hubiera sido acribillado a balazos en las calles de Ciudad de Guatemala cuando ya había detenidos, investigaciones en varios países, información bastante completa de las actividades empresariales de su acompañante.

Es decir que, en eso del funcionamiento del Estado guatemalteco, el sol no sale igual para todos: solo cuando él quiere, camina.

¿Quiere decir esto que no hay corrupción, ineficiencia y falta de recursos? Claro que sí las hay, pero existe un aparato que puede funcionar cuando se lo propone, pero para ello se necesita que exista un verdadero interés por hacerlo funcionar. En este caso, el de Facundo Cabral, el motor que mueve ese interés se puso en marcha porque la víctima era un extranjero conocido cuya muerte aumentaba el descrédito que ya tiene el país en el extranjero y que, además, no estaba inmerso en la red de intereses económicos, políticos y mafiosos que se disputan el país. Por eso es más “fácil” resolver el caso.

En la “exótica” Guatemala –como la llama el periódico Página 12 de Argentina- se hace paradigmáticamente realidad aquella idea que plantea que el Estado es un instrumento de clase. Aquí funciona con poco de legitimación, poco de consenso y mucho de exclusión. Y a quien no le guste, garrote, pues para eso fue hecho el ejército, aunque repitan continuamente la cantaleta, que ni ellos mismos se creen ya, que están ahí para cuidar la soberanía nacional.

El Estado como botín para repartir prebendas, para armar negociados, para encubrir trapos sucios. Un Estado a la medida de sus mezquinos intereses y necesidades de clase que hoy por hoy pasan por la colusión con las mafias internacionales que trafican droga, armas y personas de sur a norte y de norte a sur. Decir que el Estado está colapsado, que es fallido, les conviene, y hacen todo lo posible porque sea realidad.

Estos mafiosos son los mismos, aunque reciclados y con nuevos aliados (ellos son flexibles y saben estar a tono con los tiempos), que supieron hacer de la guerra un negocio; que la aprovecharon para acaparar tierras en zonas en donde se suponía que había petróleo, como sucedió en la franja transversal del norte; que no escatimaron la excusa de la lucha contra la subversión para desalojar a los legítimos dueños de la tierra y acapararla; que fundaron instituciones financieras (como el Banco del Ejército) que fue mampara para el enriquecimiento y el acaparamiento de fortunas que hoy son la base de sustentación de mucha de la actividad delictiva que tiene a Guatemala como está.

No hay casualidades, entonces, y quien quiera ver, que vea. Los que hoy vienen a rasgarse las vestiduras y prometen que sabrán poner en orden, con mano dura como antes, la casa, pertenecen a la estirpe de los bandidos de siempre y no hay que confundirse: no se han arrepentido de nada de lo que hicieron, lucran y viven a costillas de la situación que crearon, y siguen siendo tan violentos y prepotentes como siempre.

El Estado no es una entelequia buena o mala de por sí; depende de quiénes son los que se encuentran administrándolo, de qué intereses y necesidades de clase se expresan en él. Por eso en Guatemala, mientras los mismos de siempre sigan encaramados en él y hagan y deshagan a su antojo, el Estado seguirá siendo fallido, y solo cuando le interese, funcionará.

jueves, 14 de julio de 2011

El Bicentenario y la visión de Bolívar

¿Cuánto de la idea grandiosa de Bolívar, de esa poderosa visión por la que tantos hombres y mujeres, durante generaciones, consumieron y sacrificaron sus vidas, hemos alcanzado los latinoamericanos que vemos la luz del Bicentenario?

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

El Bicentenario del inicio de las luchas emancipadoras y por la independencia de América Latina, con sus celebraciones y debates en los últimos dos años, nos ha invitado a mirar de nuevo, con sentido crítico, lo mucho que de común tienen nuestras historias, culturas e identidades diversas, y las enormes posibilidades de futuro que todavía encierran en los albores del siglo XXI.

Al cabo de dos siglos, un balance del estado de situación de nuestros países y de los desafíos a los que se enfrentan, nos señala rumbos y tareas inconclusas en el objetivo del concretar el doble proyecto de liberación y unión de los pueblos latinoamericanos y caribeños.

Esta visión de la unidad nuestraamericana fue expuesta por vez primera, con osadía emancipadora y claridad inédita, por Simón Bolívar en ese documento fundacional del pensamiento latinoamericano que se conoce como Carta de Jamaica, del año 1815. Allí escribe: “Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo”. Esta idea, a la que consagra su vida, la enriquecería a lo largo de los años con una prolífica producción político-literaria, templada al fuego de los combates en cordilleras, valles y llanos, como en cabildos, asambleas y congresos.

En su Carta, Bolívar se propone exponer “el resultado de mis cavilaciones sobre la suerte futura de la América; no la mejor, sino la más asequible”. Así, anticipando un porvenir que entonces apenas podía ser imaginado, el Libertador vislumbra en la unión de las antiguas colonias de la América Hispana, ese “pequeño género humano” constituido por pueblos con una lengua y cultura compartidas por los pueblos, las bases para construir “la más grande nación del mundo”, con “un solo gobierno que confederase los diferentes Estados que hayan de formarse”. Pero esta unión, explica, si bien puede alcanzarnos la independencia real y el gobierno libre, “no nos vendrá por prodigios divinos, sino por efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos”.

Son grandes las posibilidades que el Libertador otea en el horizonte de la América meridional, pero también lo son las amenazas que se tienden sobre las nuevas repúblicas que apenas intentaban venir al mundo: los enfrentamientos entre los partidos democrático, militar y aristocrático por el poder; la emergencia de una oligarquía apoyada por la fuerza de las armas, que no toleraría la democracia; el interés de las potencias por hacerse del control de territorios estratágicos –como el istmo centroamericano- para dominar las rutas comerciales entre Asia, América y Europa; las riquezas y abundancia de recursos, que despiertan divisiones, odios profundos y guerras internas y externas; o el oro y la esclavitud, inseparables en la conquista y colonización del territorio y los pueblos americanos, pero enemigos mortales “de todo régimen justo y liberal”.

En las líneas de su Carta, Bolívar habla de los problemas y obstáculos de su tiempo, pero su diagnóstico, casi doscientos años después, no deja de asombrar por su vigencia, por lo mucho que todavía tiene que decirle al presente. ¿Cuánto de su idea grandiosa, de esa poderosa visión por la que tantos hombres y mujeres, durante generaciones, consumieron y sacrificaron sus vidas, hemos alcanzado los latinoamericanos que vemos la luz del Bicentenario?

Pensar América Latina en las actuales condiciones de crisis de la civilización, y actuar políticamente por nuestra segunda y definitiva independencia, debería llevarnos a romper las cadenas que nos atan a las nuevas formas del imperialismo (financiero, cultural, militar), que eternizan en nuestros países las condiciones estructurales de exclusión, pobreza, violencia y colonialismo interno, enquistadas a un sistema que se sostiene, desde hace siglos, sobre los privilegios de unos pocos a costa de los sacrificios de muchos. Y esto no puede hacerse desde otro cause ético, político y cultural que no sea el de la opción por los oprimidos y los pobres de la tierra.

El fracaso neoliberal en Centroamérica y las próximas elecciones en Guatemala

Los hechos indican hoy el fracaso rotundo de una política se llame libertaria o neoliberal. Y ningún puño amenazante resolverá los severos efectos de dicho fracaso.

Carlos Figueroa Ibarra / Especial para Con Nuestra América

Desde Puebla, México

En las elecciones de septiembre de 2011, el elector en Guatemala tendrá en las boletas electorales una mayoría de candidaturas entusiastas del neoliberalismo, una con una muy moderada voluntad posneoliberal y otra más que es crítica del neoliberalismo. Esta última, representada por la alianza del Frente Amplio de la URNG-ANN-MNR y el Movimiento Político Winaq, muy probablemente tendrá una exigua votación. La candidatura de distancia moderada con el neoliberalismo, representada por Sandra Torres, ni siquiera es seguro en estos momentos que pueda participar en el proceso electoral. El dogma neoliberal seguirá pues sin cuestionamientos serios en el plano electoral. A diferencia de lo que sucede en los países circundantes a Guatemala, en donde la crisis objetiva del neoliberalismo es acompañada por una crisis de hegemonía en el mismo, en Guatemala la preocupación fundamental es el de la violencia delincuencial y la inseguridad ciudadana. No se articulan las mismas al fracaso económico social que el neoliberalismo está observando en buena parte del mundo. Paradójicamente el fracaso neoliberal es tan evidente que la derecha neoliberal prefiere de manera vergonzante asumir el apelativo de “libertaria”. Acaso el nombre suene más bonito pero representa lo mismo: una política económica y concepción del mundo fracasada y responsable de un enorme sufrimiento humano.

Los saldos neoliberales en Centroamérica son impresentables. En el plano productivo el neoliberalismo sustituyó el modelo desarrollista de agroexportación combinado con una industrialización sustentada en el mercado común centroamericano por un modelo sustentado en remesas, exportaciones no tradicionales, turismo, maquilas y narcotráfico. El crecimiento promedio del PIB en Centroamérica y Panamá entre 2002 y 2011 es un mediocre 3.5%. Cifra que se beneficia del crecimiento del PIB en Panamá que estuvo entre 10 y 12% antes de la crisis mundial. Pero el crecimiento de Panamá no se sustenta en una economía real sino en la presencia en el país de un centro financiero que atrae capitales que no tienen ninguna incidencia productiva en el país. Las cifras del PIB después del 2008 son negativas y revelan el fiasco productivo del neoliberalismo. Los datos de pobreza y extrema pobreza de la SIECA en 2010 revelan también el fiasco social del neoliberalismo: en Guatemala el 46% de la población es pobre o miserable, en Honduras lo es el 54% mientras que en Nicaragua tal cifra es de 57%. Pero estas cifras están hechas desde la complacencia pues la SIECA entiende que pobreza es vivir con 60 dólares al mes mientras que extrema pobreza lo es vivir con 30 dólares. Desde esta perspectiva los guatemaltecos que ganan 100 dólares (aproximadamente 750 quetzales) formarían parte de las clases medias… En todo caso no le veo muchas ventanas a un modelo económico que después de dos décadas mantiene en la pobreza y la miseria a entre el 40 y 60% de la población. En Guatemala casi el 25% de los niños están por debajo de la talla acorde de su edad y el 50% están por debajo de su peso. No lo digo yo, lo afirma la CEPAL.

En las próximas elecciones el pueblo de Guatemala acudirá a votar desesperado por el rampante crecimiento de la violencia delincuencial. Buena parte votará por la mano dura y auguro que si gana Pérez Molina dentro de cuatro años el país estará ensangrentado por la aplicación de una política de seguridad sustentada preferentemente en la violencia del Estado y la violencia delincuencial continuará. Porque el problema de la violencia delincuencial y la inseguridad pública no es un problema imputable solamente a un mal gobierno. Es el resultado de una política neoliberal que no ha dado resultados en empleos, elevación de la calidad de vida, eliminación de la pobreza y alternativas para los jóvenes. El problema que llevará a buena parte del electorado a votar por Pérez Molina no es un problema de Guatemala. Hoy el Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras) es la región más violenta del mundo. Datos recogidos por el Sistema de Información Estadística de la Organización Mundial de la Salud (WHOSIS por sus siglas en inglés) nos indican que en el segundo lustro de la primera década del siglo XXI la violencia delincuencial creció a pasos agigantados en dicha región. El Salvador que en 2005 registraba una tasa de 48.8 subió en el 2006 a 55.3 homicidios por cada 100 mil habitantes. En dos años Guatemala subió de manera espectacular sus índices de violencia porque entre 2004 y 2006 pasó de 28.5 a 45.2. Honduras se comportó de similar manera porque en 2004 su tasa de homicidios fue de 31.9 por cada 100 mil personas, mientras que en 2005 subió a 35.1, en 2006 a 42.9 y en 2007 49.9 y en 2009 un estudio la ubicaba en 57.9.

Disculpen los lectores este artículo lleno de cifras. Pero hechos son amores y no buenas razones. Y los hechos indican hoy el fracaso rotundo de una política se llame libertaria o neoliberal. Y ningún puño amenazante resolverá los severos efectos de dicho fracaso.