sábado, 28 de agosto de 2021

Un recuento del genocida bloqueo impuesto por Estados Unidos en contra de Cuba

 Cuba ha recibido una ofensiva mediática sin precedentes. En esta esta operación, el Pentágono ha desplegado toda su fuerza, sin importar los efectos en las actividades económicas y las adversas condiciones que soporta el pueblo.

Ximena Roncal Vattuone* / Para Con Nuestra América

Desde Puebla, México


Antes como hoy, el Caribe continúa siendo uno de los espacios de mayor relevancia en términos geoestratégicos. Además de ser un territorio con una basta diversidad histórica y cultural, posee ricas cuencas petroleras y la selva más grande y biodiversa del mundo, de ahí su importancia estratégica para Estados Unidos. No es de extrañar que Cuba, como fuerza contrahegemónica, se encuentre prácticamente cercada por el cuartel del Comando Sur emplazado en Haití, así como por las bases militares en Guantánamo y Florida.

 

Ya en 1954, en la mal llamada Declaración de Solidaridad para la preservación de la Integridad política de los Estados Americanos contra la intervención del Comunismo Internacional, el entonces secretario de los Estados Unidos, Jhon Foster Dulles, advertía lo que años más tarde sería la política en contra de Cuba “que el comunismo internacional ha creado una situación de grave amenaza que pone en peligro la seguridad interna de los países americanos y afecta la paz del continente. Esa amenaza es más grave en la zona del Caribe debido a su importancia estratégica”.

 

En 1962, el gobierno norteamericano, tolerante con las dictaduras militares, emprende una cruzada de ataques hacia Cuba al acusarla de identificarse con el comunismo mundial. Al considerarla una amenaza -porque sus valores no eran compatibles con los valores democráticos del hemisferio- decide imponer el más genocida de los bloqueos en el ámbito económico, comercial y financiero, no sin antes exigir a los países miembros a romper relaciones diplomáticas con la Isla, evidenciando la violación flagrante de dos de los principios de la también decadente Organización de Estados Americanos (OEA), el de No Intervención y la Inviolabilidad del territorio. Recordemos que un año antes, en 1961, el gobierno norteamericano fracasó en su intención de invadir Playa Girón.

 

Desde entonces, Cuba ha recibido una ofensiva mediática sin precedentes. En esta esta operación, el Pentágono ha desplegado toda su fuerza, sin importar los efectos en las actividades económicas y las adversas condiciones que soporta el pueblo. Los paladines de la justicia (demócratas o republicanos) recrudecen el bloqueo cuando así lo consideran necesario. Por ejemplo, en 1992 aprobaron la resolución 4168 denominada Ley Torricelli, la cual establece sanciones para cualquier país o empresas estadounidenses en terceros países que se “atrevan” a realizar negocios con Cuba, además de prohibir el ingreso de barcos con fines comerciales a puertos cubanos. Con esta resolución se ha profundizado el aislamiento de la Isla y con ello una larga lista de atropellos a pesar de que tanto organismos internaciones, movimientos sociales como gobiernos han levantado las voces exigiendo el cese del bloqueo y del hostigamiento a este país. 

 

En un marco de amenazas y castigos, y después de un periodo de aparente recomposición y restablecimiento de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos en el gobierno de Barack Obama que reconocía que Estados Unidos “empujaba a Cuba al abismo”, a inicios del 2020, la situación en contra de la Isla se volvió a recrudecer debido a la embestida de las sanciones económicas que la administración de Donald Trump impuso. La crueldad del bloqueo se intensificó con la activación de la Ley de alcance extraterritorial Helms-Burton promulgada por Bill Clinton, la cual tiene por objetivo obstaculizar la inversión y las transacciones financieras con Cuba, aunado a las sanciones impuestas por los Estados Unidos a los buques de transporte petrolero provenientes de Venezuela, obstaculizan el ingreso y suministro de petróleo a la Isla. 


Asimismo, tal y como marca la Ley, se condicionó el envío de remesas a mil dólares por trimestre y la restricción de viajes por razones no familiares, eliminando el turismo a una nación cuyos ingresos provienen de manera importante de este sector. No conforme con esto, la lista de empresas cubanas donde los ciudadanos estadounidenses tienen prohibido realizar cualquier tipo de transacción comercial aumenta a más de 240.

 

La propia Comisión Económica para América Latina (CEPAL) estimaba los impactos del bloqueo al señalar que, en 2020, “el PIB de Cuba se contrajo un 8,0% ante el recrudecimiento del bloqueo, la imposición de medidas de confinamiento y restricción de la movilidad, y el desplome del comercio exterior de bienes (17,0% del total exportado)”.

 

La llegada de Joseph Biden no ha significado ningún cambio en relación a la política exterior implementada por su antecesor, no ha sacado a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo ni ha modificado ninguna de las 240 medidas coercitivas aplicadas por el gobierno de Trump. Al contrario, además de evidenciar la continuidad de los objetivos estratégicos ilegales e inhumanos en contra de esta nación, ha decidido imponer medidas adicionales sin importar los tiempos de pandemia  

 

Pese a la crueldad del bloqueo, y a la intensificación de desabastecimiento de productos básicos, no se ha socavado el valor soberano de este país. En materia de salud no solo patentiza su vocación de cooperación y solidaridad internacional histórica a través de extender las misiones de salud desplegadas en distintos países del mundo, sino a los avances de investigación en la ciencia médica, la  biotecnología y la tecnología   en salud que la ha llevado a desarrollar  la producción de  cinco vacunas contra el Covid 19,  siendo la única nación de América Latina en producir vacunas contra el devastador virus y el único país con  una baja letalidad por esa enfermedad.

 

Es claro que, para el decadente imperio, Cuba continúa siendo una amenaza a su seguridad nacional, sobre todo considerando que no ha podido contrarrestar la ofensiva popular antineoliberal. Sus intentos han fracasado con Bolivia, Argentina, Chile, la permanente amenaza de invasión hacia Venezuela y el posible triunfo de Lula en Brasil. Hoy este heroico Pueblo enfrenta el más cruel despliegue de una nueva agresión estadounidense, cuya fase de dominación es cada vez más violenta y utilizando el pretexto de la crisis sanitaria y sus repercusiones está implementando un plan desestabilizador que “justifique” su intervención militar. 

 

Cómo es posible que Washington -líder mundial en intromisión revestida de asistencia humanitaria- esté promoviendo una campaña de un “corredor humanitario” con el pretexto de la pandemia, cuando prohibió a los fabricantes IMT Medical AG y Acutronic, la venta de respiradores pulmonares artificiales, instrumentos clave para la atención a los pacientes más graves de la enfermedad, o de medicamentos a empresas norteamericanas porque el bloqueo lo impide. Una doble moral de una política genocida e inhumana. 

 

El presidente Andrés Manuel López Obrador, con la solidaridad que caracteriza a México, señaló que para ayudar a Cuba “primero se debe de suspender el bloqueo” y que sean los cubanos quienes tomen sus propias decisiones. La pandemia ha agudizado las tensiones sociales en los distintos países de América Latina donde Cuba no es la excepción, pero que sin duda el bloqueo agudiza y profundiza la compleja situación que desde hace varias décadas enfrenta con valentía el Pueblo cubano.

 

No se quiere una intervención humanitaria al estilo de Washington que violenta la soberanía de los Pueblos, los ejemplos son muchos; instamos al gobierno norteamericano de Biden a respetar y acatar la resolución de la Asamblea General de las Naciones donde 184 países rechazaron de manera contundente el bloqueo en contra de Cuba. Mi solidaridad y profundo respeto al pueblo y gobierno de Cuba.


*Docente de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla


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