sábado, 7 de marzo de 2026

La circunstancia Antropoceno

La circunstancia Antropoceno aún debe ser encarada desde los conflictos sociales que la animan, vinculando la geocultura ambiental con la cultura geopolítica de nuestro tiempo.


Guillermo Castro H./ Especial para Con Nuestra América

Desde Alto Boquete, Panamá


Conocer y comprender el proceso de transición que caracteriza a nuestro tiempo es de gran importancia para quienes aspiran a incidir en su desarrollo. Se trata, en efecto, de la circunstancia en que esa tarea debe ser ejercida, la cual tiene un nombre que abarca al planeta entero y a todas las formas de vida que lo habitan. Se trata del Antropoceno, “la época actual en la que los humanos y nuestras sociedades nos hemos convertido en una nueva fuerza geofísica global”. 

 

A eso se refiere un breve artículo elaborado por dos geólogos y un historiador, todos de gran prestigio, publicado por la Real Academia Sueca de Ciencias en 2007. Allí se nos dice del Antropoceno que

 

comenzó hacia 1800 con el ascenso de la industrialización, cuyo rasgo central fue la enorme expansión del uso de combustibles fósiles. Utilizamos la concentración del dióxido de carbono como un único indicador sencillo para rastrear la progresión del Antropoceno. Desde un valor preindustrial de 270-275 ppm, el dióxido de carbono había aumentado a cerca de 310 ppm hacia 1950. De entonces acá, la iniciativa humana ha conocido una notable expansión, la Gran Aceleración, con consecuencias significativas para el funcionamiento del Sistema Tierra. La concentración atmosférica del dióxido de carbono ha aumentos de 310 a 380 ppm desde 1950, y cerca de la mitad del aumento total desde la era preindustrial ha ocurrido en apenas los últimos 30 años. La Gran Aceleración está alcanzando un nivel crítico. Sea cual sea el resultado, las próximas décadas seguramente serán un punto de giro en la evolución del Antropoceno.[1]

 

Visto así, el término Antropoceno se corresponde con una época en la historia de la Tierra en la cual las actividades humanas “se han tornado tan ubicuas y profundas que rivalizan con las grandes fuerzas de la naturaleza y están empujando a la Tierra hacia una terra incognita planetaria.” Con ello, la Humanidad ha pasado a ser parte muy activa de un proceso en el cual la Tierra “se está moviendo con rapidez hacia un estado biológicamente menos diverso, menos boscoso, muy cálido, y probablemente más húmedo y tormentoso.” 

 

Ese proceso opera en dos direcciones simultáneas: por un lado, la del impacto humano sobre el planeta; por otro, la de los efectos y las opciones ante ese cambio por parte de nuestra especie. Para plantear el problema en esos términos, los autores recurren a dos conceptos de especial importancia. Uno es el de Sistema Tierra, y el otro el de Cambio Global.

 

El concepto de Sistema Tierra, nos dicen, “se refiere al conjunto de ciclos interactivos de flujos de energía física, química y biológica de escala global que proporcionan el sistema de soporte a la vida en la superficie del planeta.” Esta definición, agregan, 

 

va mucho más allá de la noción de que los procesos geofísicos que abarcan los dos grandes fluidos de la Tierra – el océano y la atmósfera – que generan por sí mismos el sistema planetario de soporte a la vida. En nuestra definición, los procesos biológicos / ecológicos son una parte integral del funcionamiento del Sistema Tierra, y no meros receptores de los cambios ocurridos en el componente acoplado océano-atmósfera del Sistema. Un segundo rasgo crítico consiste en que las interacciones y retroalimentaciones al interior del Sistema Tierra son tan importantes como los factores externos de cambio, como el del flujo de energía desde el sol. Por último, el Sistema Tierra incluye a los humanos, nuestras sociedades y nuestras actividades; por tanto, los humanos no son una fuerza externa que perturba lo que sería un sistema natural, sino más bien una parte integral e interactiva del propio Sistema Tierra.

 

Por otra parte, el concepto de cambio global designa “los cambios tanto biofísicos como como socioeconómicos que están alterando la estructura como el funcionamiento del Sistema Tierra.” Así, el cambio global incluye 

 

alteraciones en una amplia gama de fenómenos de escala global: uso del suelo y cobertura del suelo, urbanización, globalización, ecosistemas litorales, composición de la atmósfera, flujo fluvial, ciclo del nitrógeno, ciclo del carbono, clima físico, cadenas alimentarias marinas, diversidad biológica, población, economía, uso de recursos, energía, transporte, comunicación, y demás. Interacciones y vínculos entre los diversos cambios así listados también forman parte del cambio global y son tan importantes como los propios cambios individuales. Muchos componentes del cambio global no ocurren de manera lineal, sino que manifiestan no linealidades fuertes.

 

A partir de esas categorías, los autores se plantean la relación entre la especie humana y el planeta del que depende su existencia concentrando su atención en tres problemas críticos. 

En primer lugar, se preguntan si la huella de la actividad humana sobre el ambiente es perceptible, y cómo ha evolucionado a lo largo del tiempo. Enseguida, intentan comparar la magnitud y la intensidad del impacto humano con la variabilidad natural del ambiente de la Tierra, y entender si los efectos humanos son similares o mayores que los de las grandes fuerzas de la Naturaleza en su influencia sobre el funcionamiento del Sistema Tierra. Y finalmente se preguntan cuáles son los desarrollos socioeconómicos, culturales, políticos y tecnológicos que alteran las relaciones entre las sociedades humanas y el resto de la naturaleza, y llevan a acelerar los impactos sobre el Sistema Tierra.

           

El desarrollo de ambos conceptos hace parte del vasto y complejo proceso de cambios por el que atraviesa la geocultura ambiental del Antropoceno. En ese proceso convergen y debaten planteamientos diversos. Unos enfatizan las raíces tempranas de la preocupación por el impacto ambiental de la industrialización del mundo Noratlántico.[2] Otros señalan que la idea misma de un Sistema Tierra en cuyo seno tiene lugar un proceso de Cambio Global se debe al desarrollo de las ciencias que estudian ese sistema a partir de la década de 1980.[3]

 

Esa labor -y sus debates- está en marcha en múltiples centros de gestión del conocimiento del planeta. Ella hace parte del proceso de formación de una nueva geocultura ambiental forjada a partir de la década de 1970, cuando empezaron a hacerse evidentes las primeras grandes consecuencias de aquella Gran Aceleración en el crecimiento económico del mercado mundial – y de la demanda de recursos naturales, y la producción masiva de desechos contaminantes – durante las décadas de 1950 y 1960, tras la Segunda Guerra Mundial. La primera alerta sobre el carácter integral de esas consecuencias ocurrió quizás con la publicación en 1972 del libro Los Límites del Crecimiento, producido por un equipo de especialistas en la dinámica de sistemas del Instituto Tecnológico de Massachusetts, que advertía sobre la imposibilidad de un crecimiento infinito en un planeta finito, e inauguró el camino hacia el debate de los problemas de la sostenibilidad del desarrollo, aún en curso.[4]

           

Así las cosas, interesa notar que nuestro siglo XXI tomó forma en el momento en que aquella Gran Aceleración alcanzaba su cénit con el proceso de globalización, e iniciaba el proceso de crisis que encaramos hoy, cuando la incapacidad para encarar ese problema – entre otros – socava la eficacia del propio sistema internacional. Lo importante, aquí, es que la geocultura ambiental emergente encuentre entre nosotros las estructuras de expresión que faciliten su transición a la geopolítica ambiental que demanda nuestro tiempo. 

 

Ese logro aún está por dar sus mejores frutos. En ese terreno, es grande la responsabilidad del Sur global, que ha desempeñado – y desempeñará – un papel de primer orden en la formación y desarrollo de la transición al Antropoceno. La Gran Aceleración que se inicia en la década de 1950, por ejemplo, tiene entre sus causas el vasto proceso de descolonización que siguió a la II Guerra Mundial, que vinculó como nunca la producción de materias primas y alimentos, y la oferta de mano de obra barata en el Sur a la intensificación de la industrialización y la exportación de capitales en el mundo Noratlántico y Japón, y abrió paso al deterioro creciente de la base de recursos naturales de nuestras sociedades.[5]

 

La circunstancia Antropoceno aún debe ser encarada desde los conflictos sociales que la animan, vinculando la geocultura ambiental con la cultura geopolítica de nuestro tiempo. Tal es una tarea pendiente de la mayor importancia entre nosotros si aspiramos a contribuir a un Cambio Global que nos conduzca a todos a la sostenibilidad del desarrollo humano a través de la circunstancia Antropoceno.

 

Alto Boquete, Panamá, 6 de marzo de 2026


NOTAS

 

[1] Steffen, Will; Crutzen, Paul J.;  y McNeill, John (2007): “The Anthropocene: Are humans now overwhelming the great forces of nature? Ambio, Vol. 36, No 8, December 2007. Royal Swedish Academy of Sciences. https://www.jstor.org/stable/25547826  

 

[2] Al respecto, por ejemplo, Fressoz, Jean Baptiste (2014): “Perdiendo la Tierra a sabiendas. Seis gramáticas ambientales cerca del 1800”. https://www.academia.edu/19596740/_Loosing_the_earth_knowingly_Six_environmental_grammars_around_1800_in_Hamilton_Gemenne_and_Bonneuil_The_Anthropocene_and_the_global_environmental_crisis_Routledge_2014

 

[3] Así, por ejemplo: Hamilton, Clive y Grinevald, Jacques (2015): “Was the Anthropocene anticipated?”. The Anthropocene Review, 2015 (Vol 2 (1). https://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/2053019614567155

 

[4] Al respecto, https://fundacionsistema.com/wp-content/uploads/2015/07/TEMAS181_PDF_MayorZaragoza.pdf

[5] Al respecto: Castro, Fidel (1992): “Discurso de Fidel Castro en Conferencia ONU sobre Medio Ambiente y Desarrollo Rio de Janeiro, 12 de junio de 1992”. https://rds.org.co/es/novedades/discurso-de-fidel-castro-en-conferencia-onu-sobre-medio-ambiente-y-desarrollo-1992

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