sábado, 28 de marzo de 2026

De la especie y sus tareas

La gravedad del informe de la Organización Meteorológica Mundial se corresponde con la de su circunstancia, que es la del Antropoceno. Este nombre designa una etapa en la historia geológica de la Tierra, y en particular en la historia de la especie humana.

Guillermo Castro H./ Especial para Con Nuestra América
Desde Alto Boquete, Panamá


¡Patria o muerte, venceremos!,

dijeron los del Moncada,

Y Cuba vencerá

GCH


En coincidencia con las noticias sobre los desastres de las guerras que desgarran el sistema internacional, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha dado a conocer en Ginebra, Suiza, su informe anual sobre el estado del clima en el planeta, en el que revela que la cantidad de calor acumulado por la Tierra “alcanzó un nivel récord en 2025, con posibles consecuencias durante cientos –e incluso miles– de años.” El clima mundial, advierte el informe, “se encuentra en una situación de emergencia. Estamos llevando el planeta Tierra a traspasar sus límites. Todos los indicadores climáticos claves han superado el umbral de alarma”, como lo advirtiera el secretario general de la ONU, Antonio Guterres.
 [1]

 

Por primera vez, se nos dice, “este informe incorpora entre los principales indicadores climáticos el desequilibrio energético de la Tierra, que da cuenta de la rapidez con que la energía entra y sale del sistema del planeta.” En un ambiente estable, se agrega,

 

la cantidad de energía solar entrante es aproximadamente igual a la saliente, pero este equilibrio se rompe por el aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero (bióxido de carbono, metano y óxido nitroso), que provocan un calentamiento continuo de la atmósfera y del océano, así como deshielo de los glaciares.

 

Este desequilibrio ha venido acentuándose desde el inicio de los registros de observación en 1960, en particular durante los últimos 20 años, hasta alcanzar “un nuevo récord en 2025”, señaló la OMM. De este modo, la actividad humana “está trastocando cada vez más el equilibrio natural y sufriremos las consecuencias durante cientos y miles de años”.

El informe confirma que el periodo entre 2015 y 2025 marca los 11 años más cálidos jamás registrados, y que 2025 ocupa el segundo o tercer lugar, con una temperatura aproximadamente 1.43 °C superior al promedio del periodo 1850-1900. Dentro de ese proceso, “el año 2024, que comenzó bajo la influencia de un potente episodio de El Niño, sigue siendo el año más cálido jamás observado.”

           

La gravedad del informe de la OMM se corresponde con la de su circunstancia, que es la del Antropoceno. Este nombre designa una etapa en la historia geológica de la Tierra, y en particular en la historia de la especie humana. En esta etapa, los humanos hemos alcanzado la capacidad de ejercer sobre los sistemas que sostienen el funcionamiento del planeta, alterando las grandes regularidades del clima mediante la acumulación en la atmósfera de los gases de efecto invernadero que resultan de la adicción de nuestra especie al consumo de combustibles fósiles. A esto se refiere por ejemplo el informe de la OMM al señalar a “la actividad humana” en términos que pueden ser – y son – cuestionados desde las ciencias sociales y las Humanidades, tanto por la diversidad histórica, social, cultural – y tan a menudo conflictiva - de esa actividad, como por el carácter mismo de nuestra especie dentro de la diversidad de la vida en la Tierra.

 

Así, por ejemplo, el historiador Clive Hamilton ha planteado que el Antropoceno “plantea una circunstancia inédita en la cual la humanidad actúa como una fuerza natural dotada de voluntad, esto es, equivalente a un poder”, esto es, dotada de propósito y voluntad. En este sentido, dice,

 

ahora parece cierto que mientras los humanos estén en el planeta todas las épocas, eras, periodos y demás serán híbridos de fuerzas físicas y este nuevo poder. Esto sugiere que los modernos humanos tecnológicos no deberían ser vistos como una nueva fuerza a ser añadida a las naturales que la preexisten, sino a un poder único que ahora infunde a las naturales e interfiere para bien o para mal en su operación. […] En otras palabras, estamos entrando en un episodio geológico cuya designación depende no solo de reunir y evaluar los datos disponibles, sino además de impactos humanos en el sistema Tierra que aún no han ocurrido.[2]

 

Del camino que nos trae a esta circunstancia da cuenta el ensayo “Pensando en el Antropoceno”, del propio Hamilton y sus colegas Christophe Bonneuil y François Gemenne, publicado diez años atrás. [3] Allí nos recuerdan que

 

Cuando el ambiente ingresó formalmente en la política de los gobiernos a principios de la década de 1970 con las primeras conferencias internacionales y la designación de ministros del ambiente, las políticas se referían a la conservación. Esas políticas buscaron crear reservas naturales y parques nacionales, mientras eran aprobadas leyes de protección a especies en peligro (seguidas de manera deprimente por la sugerencia de que de todas maneras habíamos ingresado en la sexta extinción masiva). El periodo conservacionista temprano condujo a la necesidad percibida de una administración del ambiente, una estructura de gestión; la naturaleza no solo podía ser conservada, necesitaba ser administrada. Esto también probó ser insuficiente cuando la internacionalización de los problemas ambientales se hizo evidente. Ningún Estado podía manejarlos por sí mismo; incluso un ‘superpoder’ no estaba en capacidad de resolver la contaminación transfronteriza, los vertidos en el océano, el cambio climático y el agotamiento de la capa de ozono. Así, el ambiente se convirtió en materia de relaciones internacionales, de colaboración global, que de manera inevitable vino a mezclarse con otros problemas de la gobernanza global, desde tratados comerciales hasta arreglos sobre refugiados y las exigencias de la Guerra Fría. Los resultados fueron mixtos, para decir lo menos.

 

Dentro de ese carácter mixto cabe señalar al menos dos de esos resultados. Por un lado, se hace evidente que la conservación ha dejado de ser el objetivo central de la política ambiental de nuestro tiempo, que ahora se concentra en los problemas de la sostenibilidad del desarrollo humano – incluyendo en ello, por supuesto, a la conservación como una de sus herramientas. Por otro, ese cambio está asociado al hecho de que se entienda de manera cada vez más clara una verdad sistémica que sin embargo aún no encuentra su lugar de plenitud dentro de las formas de la presencia humana en el sistema Tierra: la de que si deseamos un ambiente distinto tendremos que crear sociedades diferentes.

 

La búsqueda de soluciones a ese problema – que se expresa de manera tan diversa en la multiplicidad de las sociedades existentes en el sistema mundial -resulta especialmente compleja en una circunstancia en la cual, además, lo que viene ocurriendo en nuestras relaciones con el entorno natural pone en cuestión a “nuestra capacidad para tomar decisiones sobre eventos que están más allá de la experiencia humana.” En efecto, el ingreso a la circunstancia del Antropoceno nos introduce en “una prolongada edad en la cual lo irreversible debe ser manejado de alguna manera, un permanente estado de adaptación, no solo con respecto a mares que ascienden a escalas de mil años, sino a procesos de decisión en los que el futuro de la Tierra ya no puede ser conocido.” Y en esa circunstancia, como los humanos que somos, “mientras buscamos nuestro camino en una semi ceguera, todos entendemos que lo que viene es demasiado grande para ignorarlo.”

 

De esa búsqueda, a la luz de tal conciencia, tratan la visión y la misión de la Ciudad. Desde ellas hacemos parte del desafío mayor que enfrenta la especie humana en los tiempos en que vivimos y podemos -debemos- asumir desde temprano y de la manera más creativa lo que nos dijera Hamilton en su ensayo: que el ser humano “siempre ha sido la anomalía, la criatura a un tiempo natural e innatural. El Antropoceno es tan trascendente porque la anomalía ahora está restructurando a la propia naturaleza.” Nunca han sido tan importantes la conciencia de nuestros propios límites, y la de la utilidad de la virtud en la lucha por el equilibrio del mundo.

 

Alto Boquete, Panamá, 26 de marzo de 2026

 

 

NOTAS: 

 

[1] La Tierra ha traspasado el umbral de alarma de calor: agencia de la ONU https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/03/24/ciencias/la-tierra-ha-traspasado-el-umbral-de-alarma-de-calor-agencia-de-la-onu

[2] Hamilton, Clive (2015): “Human destiny in the Anthropocene”. Hamilton, Clive; Bonneuil, Christophe y Gemene, Francois (2015): “Thinking the Anthropocene”. The Anthropocenne and the Global Environmental Crisis. Rethinking modernity in a new epoch. Routledge. Taylor and Francis Group. London and New York.

[3] Hamilton, Clive; Bonneuil, Christophe y Gemene, Francois (2015): “Thinking the Anthropocene”. The Anthropocenne and the Global Environmental Crisis. Rethinking modernity in a new epochRoutledge. Taylor and Francis Group. London and New York.

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