sábado, 14 de marzo de 2026

Fiesta en un campo de golf de Florida

 Pocas veces se ha visto a tantos mandatarios latinoamericanos reunidos tan alegres y tan dóciles, aunque el anfitrión del cónclave los insulte por el idioma que hablan y esté con ellos con el tiempo acotado porque tiene compromisos más importantes que atender.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

Sucedió en Mar-a-Lago, la ostentosa residencia del presidente Donald Trump, en donde alineó a dichos presidentes en un acuerdo que llamó Escudo de las Américas para nuevamente -por enésima vez- anunciar que ahora sí acabaran con el narcotráfico.
 
Sin necesidad de ser un atento analista ni estar especialmente interesado en el tema, cualquiera puede recordar que alianzas, tratados, planes y estrategias similares ya han sido impulsadas en el pasado por los Estados Unidos. Ahí están, por ejemplo, los llamados Plan Colombia, La Iniciativa Mérida y el Plan Puebla-Panamá, que si para algo sirvieron fue para incrementar la presencia militar norteamericana en nuestras tierras, reprimir al movimiento popular y establecer bases militares. El narcotráfico no solo siguió rampante, sino que se incrementó.
 
A Estados Unidos lo que le interesa realmente son dos cosas: detener la creciente presencia china en la región, en donde ya hay países que la tienen como principal socio comercial, y tener acceso irrestricto a las riquezas naturales. Todo lo demás es cuento.   
 
Y ninguno de los presidentes ahí presentes lo ignora, pero se siente felices de ser invitados a la mesa del patrón, se sienten honrados, y quienes quedan fuera del convite se aprestan a justificar que ellos no fueron, pero que son bien portados -como es el caso del presidente de Uruguay- y que de seguro después los toman en cuenta; o se especula en su país que perdió el favor del imperio y debe cuidar sus espaldas porque ha entrado en una etapa de debilidad -como es el caso del presidente de Guatemala.
 
Quienes no entran en la categoría de firmante del tal Escudo de las Américas debe andar con pies de plomo, especialmente México, Colombia y Cuba. Ya Venezuela ha recibido su dosis de escarmiento y la tienen maniatada, pero México sigue con veleidades nacionalistas, Cuba sigue resistiendo y en Colombia parecen afianzarse las fuerzas de izquierda, lo cual es muy desagradable para el anfitrión del encuentro, al que se le ha ocurrido una idea genial: “hacer la paz a través de la fuerza”. Ha de haberse desvelado muchas noches para llegar a tan sintética expresión que, en resumidas cuentas, es más de lo mismo: sin no hacen lo que digo, los metemos en cintura. Nuevamente, ahí está el ejemplo de Venezuela.
 
A los doce mandatarios todo eso les parece muy bien. Estaban tan felices que hicieron una rebatiña para quedarse con el bolígrafo con el que el anfitrión firmó el acuerdo. Claro que, además del bolígrafo, ingenuamente esperan recibir algo más. El presidente de Costa Rica, por ejemplo, dijo que espera que Donald Trump se dé cuenta que ellos vetaron a compañías chinas como Huawei, que no forman parte de la Franja y La Ruta y que, en general “están reduciendo la injerencia de ese país”, por lo que deben ser tratados de forma diferente. Traducción: quítennos el arancel del 10% que pende sobre nuestras exportaciones.
 
Siendo, como somos, su reservorio seguro de recursos naturales necesarios para asumir su papel de potencia tonante en decadencia, este tipo de alianzas o tratados se multiplicarán en el futuro. Ahí acudirán los presidentillos que, desafortunadamente, han salido electos en estos tiempos oscuros, y seguramente multiplicarán sus gestos de vergonzosa sumisión. Ya dará otra vuelta la rueda de la historia y llegarán momentos más dignos. Para entonces, téngase por seguro, el tal Escudo de las Américas propagandeado por Donald Trump habrá pasado a dormir el sueño de los justos y nadie se acordará de él.

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