sábado, 21 de marzo de 2026

Cumbre de Miami y presidenciales en Colombia

La Cumbre realizada por Trump con los mandatarios de 12 gobiernos de ultraderecha debe alertarnos sobre lo que está en juego en las presidenciales en Colombia.

Consuelo Ahumada / Para Con Nuestra América
Desde Colombia

Entre el fragor de la guerra en el Medio Oriente y los afanes propios de las elecciones parlamentarias, en Colombia pasó casi desapercibida la cumbre convocada por Trump el pasado 7 de marzo en Miami. Una reunión muy selecta, a la que solo se invitó a 12 presidentes de la región, todos ellos y ellas afines a su proyecto de ultraderecha. 
 
Se trataba de formalizar la creación de la iniciativa Escudo de las Américas, concebida como una coalición militar para reforzar el principio de defensa colectiva en el hemisferio occidental. Acorde con su sesgo marcadamente bélico, su promotor dejó en claro que la única forma de “derrotar a nuestros enemigos es apelando a nuestros aparatos militares”, “desatando el poder de nuestros ejércitos”.
 

Dos días antes, Pete Hegseth, Secretario de Guerra, había organizado la Conferencia de las Américas contra los carteles, en la sede del Comando Sur de la Florida. Con la asistencia de representantes de 18 países del hemisferio, se estableció la estructura militar que se utilizaría para combatir el narcoterrorismo.

 

Se anunció la utilización de acciones excepcionales, incluida la militarización interna, la expansión de inteligencia y la presión sobre los gobiernos. 

 

Todo esto se da en cumplimiento de la llamada doctrina Donroe, centrada en la reconquista de Latinoamérica y el Caribe, anunciada en diciembre y estrenada con el asalto a Venezuela el 3 de enero pasado.

 

Los objetivos que se plantean para el Escudo de las Américas son claros y contundentes: combatir el narcotráfico y la inmigración, y contener la “creciente influencia de potencias extrahemisféricas en la región”. Es decir, China, Rusia e Irán. 

 

En la declaración suscrita, se insiste en la gobernanza democrática, la economía de mercado y en unas políticas de seguridad firmes. Se menciona también la necesidad de combatir el “marxismo cultural” y el “socialismo continental”. Se rechaza el concepto del “Sur Global”. 

 

A la reunión no fueron convocados los mandatarios de Brasil, México y Colombia, por sus evidentes divergencias políticas con EEUU. No importa que estos dos últimos países hayan sido durante décadas el eje de su fracasada guerra contra las drogas.    

 

En cuanto a decisiones concretas, se formalizó la realización de operaciones transfronterizas conjuntas contra organizaciones criminales, con una intervención más abierta de Washington en los asuntos de seguridad de la región. 

 

Un día antes de la cumbre, tropas estadounidenses y ecuatorianas adelantaron un operativo conjunto en contra de un campamento de los Comandos de la Frontera, integrado por disidentes de las antiguas FARC, cerca de la frontera con Colombia. 

 

El gobierno y el Ejército de Colombia denunciaron en estos días incursiones militares ecuatorianas en nuestro territorio. Noboa se convirtió ahora en el nuevo mejor aliado de Trump y viene impulsando no solo un cerco comercial, sino también violaciones a la soberanía territorial de Colombia. 

 

Es claro también que, a raíz de la incursión de EEUU en Venezuela y de las graves tensiones posteriores que se vivieron en nuestro país, en la frontera colombo-venezolana se ha intensificado también la lucha conjunta contra el narcotráfico y los grupos ilegales, así como las presiones de Trump al respecto.

 

En últimas, de lo que se trata es de desplegar un mayor poder sobre el gobierno colombiano para endurecer su estrategia antidrogas y privilegiar ante todo la salida militar frente a los grupos armados.  

 

Con ello, se busca romper la vía de la negociación y de la inversión y transformación territorial, defendida y puesta en práctica con muchas dificultades por el gobierno de Petro, mediante su ambicioso proyecto de Paz total.

 

Por supuesto que esta presión es un asunto clave del debate en la campaña presidencial colombiana, en la medida en que se ajusta a la trayectoria de la ultraderecha colombiana, por lo que hay que ponerle atención.

 

En la Cumbre de Miami Trump se refirió también a Cuba, en su particular estilo chabacano: “Está en sus últimos momentos de vida, no tienen dinero, no tienen combustible. Tienen un mal régimen que ha sido malo por mucho tiempo”. “Estamos esperando el gran cambio que pronto llegará a Cuba”. 

 

Una amenaza que sube de todo cada vez, por lo que también hay que tomarla muy en serio.

Sin duda, un punto central de Escudo de las Américas es contener el avance de China en la región. Las tensiones al respecto se expresaron en la Cumbre, particularmente en relación con el Canal de Panamá, que Trump anunció que recuperaría desde el comienzo de su segundo mandato. 

 

 El objetivo es limitar el avance de China en el continente y en particular en la vía interoceánica. Por allí pasa cerca del 40 % de todo el tráfico estadounidense de contenedores. China no opera el canal, pero sí tiene importantes inversiones en la zona, además de ser su segundo usuario.

 

Es claro que hoy en día en Latinoamérica y el Caribe predominan mandatarios afines a la ultraderecha y la derecha. Muchos de ellos y ellas se sienten identificados con la figura de Trump y se esfuerzan por complacerlo. Por ello, el magnate, entre amenazas, insultos racistas y halagos, encontró la ocasión para forjar una alianza que le permita afianzar su estrategia en la región.

 

Entre tanto, la CELAC aparece por completo rezagada. Ni siquiera pudo pronunciarse conjuntamente frente a la agresión a Venezuela ni frente a las amenazas contra Cuba. De hecho, la cumbre de Miami rompe con la declaración de Latinoamérica y el Caribe como zona de paz, que hiciera la organización en 2014. https://sela.org/declaran-america-latina-y-el-caribe-como-zona-de-paz/

 

El retroceso del progresismo en la región ha sido considerable, por lo que no podemos permitirnos más derrotas. La alerta ahora es ante todo para Colombia y Brasil.

 

Terminemos con un asunto bastante preocupante en la situación actual de Colombia. Abelardo de la Espriella, uno de los dos candidatos fuertes del uribismo a la presidencia, se reunió hace dos semanas con Christopher Landau, subsecretario de Estado para el Hemisferio, en un hecho que constituye una clara intervención en la campaña electoral colombiana.  

 

Lo hizo igualmente con María Elvira Salazar, una de las representantes principales de la ultraderecha latinoamericana asentada en Miami.

 

El candidato también sostuvo un encuentro privado el pasado 27 de enero con Marco Rubio, pocos días antes de la reunión de Petro con Trump. Él mismo señaló que ambas eran un paso fundamental para el futuro del país.  

 

Todo ello es parte de la estrategia de la oligarquía colombiana de buscar el apoyo de Trump para romper con la continuidad el proyecto progresista en Colombia.

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