sábado, 30 de mayo de 2026

La polarización ideológica como estrategia política

La forma más común que utilizan actualmente las fuerzas de la derecha continental para aglutinar y galvanizar a sus simpatizantes es el de la polarización ideológica. Esta polarización implica “construir un enemigo fácilmente identificable” al que se le puedan atribuir todos los males imaginables para denigrarlo de todas las formas posibles, especialmente -hoy en día- a través de las redes sociales.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica


Hemos dicho que ese enemigo se “construye”, pero también podríamos decir que se “inventa”, porque en la práctica o no existe como tal, o es un reciclado de viejos fantasmas que ya tienen un sustrato bien cimentado en el imaginario social, aunque que ya no tengan más vigencia que la que les atribuyen los interesados en aprovecharse de un constructo ideático que sirvió de abono o aglutinante ideológico de otras épocas.

 

El ejemplo más relevante en este sentido es el del comunismo. En América Latina, el comunismo se instauró en los imaginarios sociales como el peor de todos los males durante la Guerra Fría, que aquí significó la coyuntura histórica en la que prevaleció la Doctrina de Seguridad Nacional. 

 

Habría que suponer que, con la salida del escenario global de la URSS en 1991, el comunismo y la lucha en contra de su penetración habría dejado de ser el objetivo fundamental de quienes se oponían a él. Sin embargo, como bien apunta Boaventura de Sousa Santos:

 

(…) la ideología implica la necesidad de crear enemigos a destruir. Éstos tienen varias escalas, pero la más global (y abstracta) es el comunismo. Cuarenta años después de que, al menos en el hemisferio occidental, han desaparecido los regímenes y partidos que defienden la implantación de sociedades comunistas, este continúa siendo el fantasma contradictoriamente más abstracto y más real. Para entender esto es necesario tener en cuenta (…) la ideología de extrema derecha: la creación incesante y capilar en el tejido social de una realidad paralela, inmune a la confrontación con la realidad real, llevada a cabo por las redes sociales y por las religiones reaccionarias (…) que vinculan fácilmente el comunismo y el aborto y así infunden un miedo abisal en poblaciones indefensas[1].

 

No se trata, sin embargo, de continuar exactamente con el mismo discurso, sino que ha habido actualizaciones en la Posguerra Fría que llevaron a reenfocar circunstancialmente al “enemigo”, adjudicándole calidades similares al del comunista como amenaza al modo de vida establecido o al statu quo: la civilización occidental y cristiana, la libertad y la democracia. A ello se añadieron otras formas contestarias al statu quo vigente, como el izquierdismo o progresismo, el indigenismo y el feminismo, así como cualquier oposición al desmantelamiento que el neoliberalismo tardío de nuestros días impulsa de conquistas históricas de los pueblos: la educación y la salud públicas, la privatización de empresas estratégicas (electricidad, agua, recursos naturales como minerales, petróleo, etc.) y la independencia de los poderes del Estado. 

 

En estas circunstancias, quien apuesta por lo público, lo común y la solidaridad social es un comunista que debe ser combatido y, de ser posible, extirpado del organismo social. Esta estigmatización está acompañada de un discurso descalificador llena de improperios, falsedades y tergiversaciones que, a veces, el desprevenido asocia con falta de información o cultura del emisor del discurso, pero que en realidad no es más que el producto de una bien pensada y aceitada estrategia político-comunicacional. Con ella, se dota a los seguidores de un bagaje ideológico referencial básico que les permite “entender” el mundo complejo que tienen por delante.

 

Ni quien emite ni quien recepciona el mensaje están interesados realmente en el contenido de verdad del mensaje que vehiculan. Lo que el primero busca es ofrecer un marco referencial comprensible que permita mantener cohesionada a su clientela; lo que busca el segundo es tener un espacio de afinidad social.

 

En las actuales circunstancias de ascenso de las opciones políticas de la derecha en América Latina, se torna fundamental pensar críticamente sobre estos escenarios y buscar la forma de neutralizarlos propositivamente.



[1] . De Sousa (2023, 14 de enero), “Brasil: advertencia a la navegación democrática”, en Con Nuestra América. Localizable en: https://connuestraamerica.blogspot.com/2023/01/brasil-advertencia-la-navegacion.html

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