Hoy, el gobierno de los Estados Unidos intenta crear una narrativa –para ocultar la farsa- negando lo que el propio Trump ha reconocido, pues hace pocos meses el mismo mandatario estadounidense aseguró que contra Cuba han hecho todo y no han podido derrocar la Revolución, y además ha reconocido que sí implementan un bloqueo económico, comercial y financiero contra la isla al que desde enero pasado sumaron un bloqueo total de petróleo con amenazas a cualquier país, empresa u organización que proporcione el hidrocarburo a Cuba, todo esto dicho con descaro por Trump, pero ahora Marco Rubio cree poder engañar al pueblo cubano dirigiendo un mensaje en el que usa como señuelo la cantidad de 100 millones de dólares para atraer a todo aquel que desee traicionar a su patria; el hecho sería risible sino fuera ridículo. Además, la acusación contra el comandante Raúl Castro no solo carece de cualquier índole moral, sino que también es una mentira más usada como propaganda de guerra.
Los hechos del 24 de febrero de 1996 están documentados desde esa misma fecha, el gobierno de los Estados Unidos tiene toda la información porque le fue proporcionada por el gobierno socialista de Cuba desde antes de que acontecieran, ya que forman parte de una de las tantas campañas de agresión y provocación efectuadas tanto por el gobierno imperialista como por las organizaciones contrarrevolucionarias situadas en Miami, organizaciones abiertamente terroristas de las cuales Cuba ha informado a detalle; es decir, Estados Unidos sabe y sabía la verdad desde muchos meses antes, pero prefiere manipular la información buscando un pretexto para realizar una invasión militar, aunque ante los ojos del mundo lo absurdo y ridículo de las acusaciones son muestra de la desesperación del imperialismo que se sabe en decadencia y aletea antes de ahogarse; la tragedia del imperio es su propia farsa.
Hoy el pueblo cubano está firme con su Revolución, dando muestra una vez más de su capacidad de resistir los embates imperialistas, y de que la unidad entre pueblo y gobierno se mantiene con fortaleza, algo que el imperialismo detesta y se niega a sí mismo para continuar realizando estas campañas cínicas. Raúl Castro, como Fidel, es un ejemplo y un líder revolucionario reconocido y respaldado por el pueblo, su ética humanista lo coloca por encima de sus agresores, pues ni Trump ni Rubio tienen el reconocimiento moral de su pueblo; la grandeza de Raúl está en su sencillez, en su inteligencia como estratega y en su visión como revolucionario, pues ha sabido dar todo por el bienestar de su patria socialista.

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