La intensa actividad de la generala Richardson en la región es expresión de la decisión estadounidense de militarizar la política hacia América latina y el Caribe y su necesidad de control y manejo de la región no solo en términos de sus intereses hemisféricos.
Sergio Rodríguez Gelfenstein / Especial para Con Nuestra América
Desde Caracas, Venezuela
Entre febrero y marzo del año pasado escribí un largo reporte titulado “La creciente presencia militar de la OTAN en América Latina y el Caribe”. En tres entregas daba cuenta de la fuerte injerencia de Estados Unidos y afirmaba que no sólo en Europa del este y en Asia-Pacífico, el conglomerado militar terrorista se estaba expandiendo, también al sur del Río Bravo. En ese entonces dije: “Otro tanto ocurre en América Latina y el Caribe, en la que Estados Unidos está iniciando un agresivo plan de expansión a lo largo de todas las latitudes y longitudes de la región”.